Observamos que muchos (aun dentro del movimiento nacional) se quejan, les molesta y/o piensan que los trabajadores organizados no deben participar en política

“Es alrededor de los sindicatos donde se centra la lucha nacional. Una lucha de todo el pueblo contra el coloniaje”. Juan José Hernández Arregui 

“Cada trabajador debe pensar que su futuro depende de lo que él haga y resuelva. Cuando los millones de obreros del país piensen así, se organicen y se unan, no habrá poder en la tierra que pueda hacer que sean engañados, defraudados y estafados en su voluntad”. Juan Perón

Juan Domingo Perón llevó a cabo una Revolución Nacional que quedó inconclusa con el golpe de Estado del 55 y fue retomada con la vuelta del líder popular aunque brevemente, porque a su muerte y al derrocamiento del gobierno constitucional le sucedió la profundización del 55 con el terrorismo de Estado genocida, y el establecimiento de las bases de un “nuevo modelo” dependiente: el neoliberalismo. Esa Revolución Nacional se cristalizó en la nacionalización de la estructura económica que desde mediados de siglo XIX se encontraba en manos británicas teniendo como destino el triste papel de un país dependiente. Esa condición semi-colonial fue la que el peronismo vino a destruir, para que “el dinero se haga argentino”, seamos independientes, soberanos y logremos instaurar la justicia social. Como sabemos, esa dependencia encuentra un actor interno que es la oligarquía. Sobre ella el peronismo avanzó significativamente pero no logró destruirla definitivamente, y ésta ensangrentó el país con tal que eso no sucediera, dejando inconclusa la Revolución Nacional que más ha avanzado en nuestra historia. 

Teniendo en cuenta este marco, el peronismo se enfrentó abiertamente contra el imperialismo británico, deteniendo el saqueo imperialista sobre nuestro país, y el norteamericano, obturando y retrasando su ingreso e imposibilitando el “cambio de collar”. Asimismo no se recostó en la Unión Soviética en el mundo bipolar, y por último se enfrentó a la oligarquía. Tamaños enemigos tuvo el peronismo, y sobre ellos logró edificar durante 10 años una patria libre, justa y soberana. Otorgándole a los trabajadores uno de los mejores niveles de vida, sino el mejor, al menos del continente latinoamericano, y dejando al país cerca del desarrollo de la industria pesada. La estructura sobre la cual hoy se monta el país es en gran medida la heredada por el peronismo, a pesar de que los gobiernos posteriores (con la excepción del modelo kirchnerista que volvió -aunque más tenuemente, claro-, a un proyecto ligado a la industria y la generación de trabajo), se encargaron de destruirla. Muchos se preguntan cómo Perón pudo tener tantos logros en tan poco tiempo, y con enemigos tan poderosos. La concepción y la práctica de Perón con respecto a la clase trabajadora nos da una clave de interpretación. Al mismo tiempo nos habla acerca del lugar de los trabajadores en el proyecto nacional durante el peronismo, nos sirve en términos comparativos con la experiencia de los últimos años, y como “brújula” en el camino de reconstrucción del movimiento nacional ante la embestida oligárquico-imperialista. Por último, recorre el texto el interrogante acerca del sector social que tiene preeminencia en el movimiento nacional, principalmente pensando si son los sectores medios, la “burguesía nacional”, o los trabajadores (organizados).

Para adentrarnos en el tema, observamos que muchos (aun dentro del movimiento nacional) se quejan, les molesta y/o piensan que los trabajadores organizados no deben participar en política. Al respecto Perón sostuvo en 1973 que “todos han venido sosteniendo que las organizaciones sindicales no deben intervenir en política. Es decir que, mientras las organizaciones políticas intervienen en el proceso sindical, los sindicatos no han de intervenir en el proceso político. Dado que la organización sindical se realiza para convertirse normalmente en un factor de poder, aquella premisa es totalmente falsa”, y por eso “cuando los obreros hayan renunciado a intervenir en los destinos del país esa será una determinación suicida para su propia clase y para sus propias organizaciones”. 

Entendiendo entonces la necesidad de la participación política de los trabajadores organizados, y siguiendo la enseñanza de Hernández que decía “se ha de recordar para hacer bien el trabajo que el fuego, pa calentar debe ir siempre por abajo”, Perón se lanzó a darle poder real a los trabajadores. El camino para lograr el objetivo comienza desde el “viejo” Departamento, ahora Secretaría, de Trabajo y Previsión Social (y en menor medida desde el Ministerio de Guerra y la Vice-Presidencia), en el periodo 1943-45. 

El entonces Coronel ya comienza a realizar esfuerzos por la unificación de la CGT. Piensa en la necesidad de la existencia de una sola central obrera, para fortalecer el poder de los trabajadores organizados. En este sentido expresó más tarde, en el 74 que “el justicialismo siempre se sustentó en el criterio de la indivisibilidad de la clase obrera organizada. Se requiere, en consecuencia, una sola central obrera”. Así, siendo Secretario de Trabajo y Previsión, en el año 1945 se unifica la CGT. Es que Perón piensa que “si los trabajadores se dividen pierden todo su poder. Esto lo vemos en muchas organizaciones (…) es como si no hubiera ninguna”. 

Antes de ser Presidente también otorga nuevos derechos como indemnizaciones, vacaciones pagas, el estatuto del peón rural, los tribunales de trabajo, licencias, prevención de accidentes de trabajo, capacitación técnica, etc. Asimismo, entre los años 1936 a 1940 los sindicatos habían firmado solo 46 convenios colectivos de trabajo, y tan solo entre los años 1944 y 1945 rubricaron más de de 700. Cómo venía transformando la Argentina que cuando el subsuelo de la patria se subleve el 17 de octubre, Perón insta a los trabajadores, hasta hace poco perseguidos, desde los balcones de la Casa de Gobierno:“ha llegado ahora el momento del consejo. Trabajadores: únanse; sean hoy más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa tierra la unidad de todos los argentinos”. 

Jauretche había dicho que el caudillo era el sindicato del gaucho, es decir, era la representación directa de los intereses de éstos. Muchos años antes Alberdi, en sus años mayores, había dicho algo similar, claro que en otros términos. Probablemente podemos ubicar allí el origen de la representación directa. El 2 de octubre del 45 se dicta la Ley de Asociaciones Profesionales. Los sindicatos son declarados entidades de bien público. Los trabajadores obtienen así el reconocimiento de sus derechos, se les da apoyo legal y cuentan con el estado como respaldo. A partir de ahora, los sindicatos (con personería o sin ella), no pueden ser intervenidos por el Estado. En este sentido, Perón en un discurso de 1950 dice que “el justicialismo comienza por convertir el sindicato, de una organización al margen de la ley, en una institución pública (…) le da estado legal a la existencia del sindicalismo”. Es que el tres veces presidente de nuestro país consideraba que “cuando el obrero ha estado en el .mundo sin organizarse ha sido juguete de las circunstancias y ha sufrido la mayoría de las injusticias sociales. La justicia social no se discute, se conquista, y se conquista sobre la base de la organización y, si es preciso de la lucha”.

Más tarde dicha ley incorporó el sindicato único por rama de industria, ya no por oficio, dándole un poder mucho más importante a los mismos. Un caso emblemático para observar el fortalecimiento que trae es el de la construcción que de 14 sindicatos distintos (pintores, albañiles, yeseros, carpinteros, colocadores de vidrios, colocadores de cerámicos, etc.), se unifica en un solo sindicato de la Construcción. En 1947 dicta los derechos del trabajador, dos años más tarde incorporados a la Constitución reformada. Vale resaltar en relación a los derechos el rol otorgado al sindicalismo por Perón, quien piensa que “es el sindicato el que hace que se cumplan los derechos del trabajador que figuran en la Constitución (…) El Estado lo hace en grande para todos, el sindicato en pequeño para sus asociados”. Derechos que la comisión argentina presentó en su ponencia en la reunión de la OIT de 1948 realizada en California, sorprendiendo a los demás países americanos y europeos quienes sostuvieron que los alcances y aspiraciones eran mayores que los de la OIT misma. 

Con las medidas a favor de los trabajadores y las entidades sindicales, éstas se convierten en verdaderas potencias financieras con capacidad para construir hoteles, hospitales, sitios de descanso, etc. En este punto es central la acción de Perón, observemos su concepción en un discurso de agosto del 50 donde expresa, para los que se escandalizan aún hoy que los sindicatos manejen dinero, construyan hoteles y/o manejen obras sociales, que “el gobierno va a dar a los sindicatos obreros todo el dinero que necesiten para construirse y organizarse: tener locales, sus mutualidades y sus escuelas (…) Busco que podamos organizar el movimiento sindical argentino con organizaciones poderosas y ricas. El gobierno está dispuesto a dar a las cooperativas obreras la oportunidad para que hagan negocios que les permitan ganar mucho dinero, en lugar de dárselos, como se hacía antes, a entidades capitalistas”.

La CGT reunificada con el paso de los años va a incrementar fuertemente su poder con una masiva sindicalización de los trabajadores, de esta forma, si en 1943 tenía 400 mil trabajadores en pocos años el número de afiliados asciende a 2 millones 750 mil. Se establecen asimismo los delegados de fábrica, una creación muy importante en el esquema de poder de los trabajadores. Se preocupa Perón también por que se organicen escuelas sindicales para los jóvenes dirigentes a lo largo y ancho del país, y como veíamos anteriormente participen de la política: “¿por qué razón van a renunciar las organizaciones a tener sus representantes en los tres poderes del Estado que son realmente los que gobiernan, dirigen y conducen la Nación? ¿O es que los obreros no tienen derecho a ser partícipes de esa conducción, que si la hacen los demás ellos tendrán muy poco que agradecerles?”. 

De esta forma, además del fortalecimiento de las entidades gremiales y la central obrera, comienza a hacer efectiva la participación en política otorgándole un rol central (la “columna vertebral”), en el movimiento nacional. Así, en el gobierno peronista, además del conocido 33% de las bancas (porcentaje que en algunos momentos fue mayor), reservada al movimiento obrero, que pintó el parlamento con los “colores del pueblo”, algo parecido quizás a lo que se puede ver hoy en la Bolivia de Evo Morales, tuvo otras medidas que le otorgaron un alto grado de poder y decisión a los trabajadores. Los trabajadores aparecen como quienes generan la riqueza, y como el sector social desde donde parten las soluciones a los problemas nacionales, por eso en el 74 Perón afirma que “en la comunidad a que aspiramos, la organización de los trabajadores es una condición imprescindible para la solución auténtica de los problemas argentinos”. Es que “las grandes líneas de coincidencia únicamente pueden nacer del pueblo (…) Necesitamos, pues, crear la fuerza requerida para sustentar una política nacional”.

La participación obrera en el gobierno es enorme, veamos algunas de las funciones y lugares destinados al mundo del trabajo. Ángel Borlenghi (del sindicato de Comercio), aparece como Ministro del Interior. Freire (del sindicato del Vidrio), como Ministro de Trabajo. Bramuglia (abogado de la Unión Ferroviaria –por entonces el gremio más grande del país-), como Ministro de Relaciones Exteriores. Juan Unamuno (del sindicato bancario), como Presidente del Banco Hipotecario Nacional. José Gago (también del sindicato Bancario), como Intendente de Buenos Aires.

Asimismo, el Secretario General de la CGT participaba de las reuniones de gabinete. En todos los ministerios existía una comisión con representantes de la CGT, a quien se debía consular sobre las acciones y medidas a tomar. También había directores obreros en diferentes organismos estatales como por ejemplo la Caja de Jubilaciones, y en las empresas nacionalizadas (recordemos que Perón nacionaliza una amplia franja de la economía, y crea la DINIE). Todos los días a las 6 de la mañana el Secretario General de la CGT se reunía con el Presidente Perón. La Casa de Gobierno, los ministerios o los gobiernos provinciales tenían las puertas abiertas para los sindicatos. También participaba de todas las audiencias del Presidente con los ministros. 

Una de las cuestiones que irritó mucho a los sectores patronales (aparece reiteradamente por ejemplo en el famoso Congreso de la Productividad), fue el poder de las comisiones internas en las fábricas. Al mismo tiempo, cualquier conflicto laboral era resuelto con la CGT como interlocutor. Asimismo, la Comisión Económica del Ministerio de Hacienda estaba presidida (entre los años 1946-1953), por el Secretario General de la CGT, cargo ocupado por entonces por Espejo. En ese ámbito se discutían los convenios colectivos de trabajo, y se fijaban las pautas salariales.

Si hay un cuerpo elitista en nuestro país es el de embajadores. Allí también hizo lo suyo la Revolución Nacional peronista, poniendo agregados obreros en las Embajadas, de los cuales varios fueron posteriormente nombrados Embajadores. Es el primer país del mundo que hace participar a los obreros en la representación exterior. Perón argumenta en 1946 que “ya funciona un curso de capacitación preparando a los agregados obreros que irán en representación de la República (…) De esta manera llegaremos no solamente a los círculos sociales más o menos amables sino a los centro de trabajadores del mundo”. Los dirigentes deben cursan en los mismos sindicatos cursos de economía, historia argentina, geografía, historia latinoamericana, historia del movimiento obrero, etc. Otros sitios reservados para la oligarquía son ocupados por “los olvidados” de ayer, y puestos ahora en la primera plana de la política oficial desde el plano simbólico, hasta las medidas concretas, como Mar del Plata, o el Teatro Colón.

Para finalizar, Perón siempre pensó y llevó a cabo su accionar político en términos de la Patria Grande. De esta forma, la cuestión sindical también la piensa en eso términos, de ahí que en 1952 ponga en marcha el proyecto de la Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas (ATLAS), cuya primera secretaría recae en José Espejo de la CGT (los agregados obreros en las embajadas habían cumplido un rol fundamental en este armado). La experiencia del ATLAS queda herida de muerte con el derrocamiento de peronismo en el 55, y termina desapareciendo. Es en la integración de la Gran Patria con que San Martín soñó, se encuentra una clave de la revolución nacional-latinoamericana, por esto sostiene Perón que “nosotros tenemos que ir hacia organizaciones gremiales continentales. Es decir que, si los políticos se unen, los gremialistas también deben unirse. Si algún día integramos el Continente Latinoamericano, la base de esa integración ha de ser la de los pueblos. No se construyen pirámides empezando por la cúspide, sino que es menester hacerlo comenzando por la base, y la base, para mí, son las organizaciones sindicales.

El controvertido empresario fue una figura clave en el peronismo como articulador de un programa económico que buscaba armonizar el interés nacional entre el capital y el trabajo. Por Julián Blejmar. Fuente: Página 12

José Ber Gelbard

Por su sueño de un país más justo enfrentó a la Sociedad Rural, a la Bolsa de Comercio, a las principales cámaras de la Unión Industrial Argentina, al FMI, a Clarín y La Nación. En definitiva, al Poder de la Argentina. Pero para llegar a ese punto, recorrería un muy largo camino desde Radomsko, la ciudad polaca en donde nació un 14 abril de 1917 y de la cual escapó a los once años huyendo del antisemitismo y la pobreza. En ese derrotero que fue la Argentina del siglo XX, José Ber Gelbard fue acompañado por sus ideales de una Argentina sin excluidos, su admirable y autodidacta capacidad empresaria y política, las habituales prácticas oscuras del gran empresariado para realizar sus negocios, y, fundamentalmente, Juan Perón.

Aunque jamás se reconoció peronista, sino un cuadro del Partido Comunista, ni la Confederación General Económica (CGE), organización gremial empresaria que creó en 1953 para nuclear a los pequeños y medianos empresarios nacionales, ni su cargo como ministro de Economía desde donde intentó modificar el rumbo que la oligarquía diversificada le había impreso al país, hubieran sido posibles sin el respaldo de Perón.

Perón encontró en Gelbard al gremialista empresario que podía ayudar a conformar su modelo corporativo basado en una “comunidad organizada” bajo acuerdos entre el Estado, los empresarios y los trabajadores. La primera experiencia de Gelbard como co-conductor de la política económica duró solo dos años, pues el Golpe de 1955 significó también la intervención de la CGE por parte de un régimen aliado con el tradicional poder económico.

Aquellos años de dictadura y democracia tutelada, encontraron a Gelbard formando parte de la “alianza populista” entre empresarios nacionales y trabajadores, la cual enfrentaba a la “alianza liberal” de la oligarquía pampeana asociada a las grandes industrias monopólicas y el capital extranjero y financiero. A la par, continuaba haciendo crecer sus negocios, centrados en el rubro hotelero, comercial, comunicacional, e industrial, fundamentalmente a través de la empresa de transmisores Wobron, de neumáticos Fate, y en la metalúrgica Acindar.

Según el investigador egresado de Harvard James Brennan, Gelbard “había logrado construir un emporio que además formaba parte de un poderoso grupo industrial. Sus contactos con el Estado habían dado beneficios en el pasado y eran esenciales para el futuro”, pero al mismo tiempo “Gelbard y su quipo económico estaban genuinamente preocupados por elevar el nivel de vida de los trabajadores, como parte de un proyecto para desarrollar un capitalismo nacional justo, que evitaría una revolución socialista en el país. Su preocupación no era tan solo hacer buenos negocios. Cuando hablaba de su oposición a un liberalismo antinacional y anticomunitario, y de su deseo de establecer un modelo humanista de desarrollo económico, no se trataba de un mero discurso hueco”.

Desde la CGE reinaugurada en 1958 bajo la presidencia de Arturo Frondizi, Gelbard suscribió diversos acuerdos con la CGT para modificar un rumbo económico que solo favorecía a los agroexportadores y los capitales monopólicos y extranjeros. Según señaló en una entrevista, la “receta basada en el ajuste del cinturón”, era “inmoral, injusta, y por si ello fuera poco, totalmente ineficaz” ya que “en nuestra concepción del proceso, no solo es justo mejorar el ingreso real de los trabajadores, sino que constituye un requisito para crear un gran mercado interno que sirva de expansión a las fabricas nacionales”. La presión de estas dos organizaciones gremiales, mayoritarias en sus bases en términos electorales, resultó clave para la vuelta a la democracia, que volvería a llevar al justicialismo a la presidencia, partido que designaría a Gelbard como ministro de Economía e implementaría el programa económico de la CGE.

El plan económico promovido desde los inicios por Gelbard constaba de fuertes regulaciones por parte del Estado, principalmente a través de veinte leyes que tenían como objetivo aumentar salarios, jubilaciones y otros beneficios sociales, promover la empresa nacional a través de la ampliación del consumo interno, limitar la competencia extranjera y otorgar una mayor disponibilidad de crédito público y privado. Todo ello, regulado por un Pacto Social entre empresarios y sindicatos, que posibilitaba un aumento y posterior congelamiento de los salarios, así como un congelamiento de los precios. Las divisas necesarias para este recambio económico, provendrían de la apertura de nuevos canales comerciales con el exterior, en las que los contactos de Gelbard con los países del bloque comunista resultarían claves, así como de una reforma agraria que obligaría a los terratenientes a incrementar su producción y otorgar parte de su rentabilidad en el Estado. De hecho, Gelbard no ocultaba que se iría “reduciendo la importancia relativa del sector agropecuario, lo que cambiara las fuentes tradicionales de poder en el país”, e incluso sostenía en relación a la oligarquía diversificada que “no queremos que Argentina sea una colonia rica, ni que estas mejoras lleguen siempre a un grupo selecto, generalmente parasitario de la población”.

Gelbard intentaba transmitir el carácter épico del Plan, al señalar que “mucho más fácil hubiera sido elaborar una política para mantener intacta la estructura de dependencia económico social. Pero lo que acabamos de hacer no fue un juego intelectual destinado a buscar un envase más bonito para enquistar la dependencia, sino una denodada investigación de los medios que nos permitan liberarnos cuanto antes de los nefastos poderes del colonialismo económico, ideológico y cultural”

La muerte de Perón en julio de 1974 fue también la muerte política de Gelbard, que se quedó sin su principal sostén. Presentó su renuncia a Isabel Perón en octubre de 1974. Pero antes de retirarse, emitió un discurso por cadena nacional donde resaltaba los logros obtenidos en su gestión, como un crecimiento del PIB del 10 por ciento, un aumento en participación de los trabajadores en la renta del 33,0 al 42,5 por ciento, y un descenso de la desocupación del 6,1 al 4,4 por ciento, además de un incremento de 800 millones de dólares en las reservas incluso después de desendeudarse con el FMI.

Además, dejó algunas definiciones, como que “a partir de 1955, las denominadas reglas de mercado, que existen y deben respetarse bajo ciertas condiciones, llevaron siempre miseria para el pueblo trabajador”; que “las tesis económicas aplicadas por los técnicos adiestrados en las grandes metrópolis extranjeras solo sirvieron para mantener nuestra dependencia”, y que los problemas económicos que persistían “tienen arreglo sin caer en cirugías monetaristas o reaccionarias”.

Gelbard regresó así a la gestión de su grupo económico, mientras el país se derrumbaba con una presidenta incapaz de resolver la extrema violencia y el caos económico y social. Para marzo de 1976, pocos días antes del derrocamiento de Isabel Perón, otorgó una entrevista a la revista Cuestionario, en la que señaló que existía “una campaña destinada a exhibir nuestras tragedias presentes como un resultado de la política económica aplicada entre mayo de 1973 y octubre de 1974, cuando la realidad es que estamos sufriendo las consecuencias de haber abandonado aquella política. La maniobra es clara: primero se hizo arriar las banderas del desarrollo con justicia social y soberanía, y ahora se trata de asegurar que nadie se atreva en el futuro a levantar estas mismas banderas. Hoy, no hay más que mirar la cara de la gente para ver su angustia”.

Luego del golpe cívico militar, que en una de sus primeras medidas intervino la CGE y la CGT con el objetivo de destruir vidas y registros de aquella alianza de empresarios nacionales y trabajadores que desde el primer peronismo le disputaba el poder a la alianza liberal, Gelbard se exilió a los Estados Unidos, tras lo cual los militares confiscaron sus cuentas y le retiraron su ciudadanía argentina, dejándolo apátrida. En octubre de 1977, un aneurisma cerebral acabó con su vida a los 60 años.


“Política Económica y Social: Ruptura de la Dependencia. Unidad y reconstrucción nacional con Justicia Social para la Liberación” – Disponible en nuestra Biblioteca Digital en la sección de documentos de presidencias peronistas

Contiene:

Mensaje del señor Ministro de Hacienda y Finanzas, Don José B.Gelbard – 1973

Objetivos de la política del Gobierno y del Programa de Reconstrucción

Acta de Compromiso del Estado

Declaración de la Asamblea de Gobernadores

Acta de Compromiso Nacional (CGT, CGE, Gobierno Nacional)

“En el acto del 1º de mayo, el presidente Macri dijo una frase de Juan Perón. Como toda cita abre un interrogante sobre lo que no se citó”. Por Juan Godoy*

El 1º de mayo pasado el presidente Mauricio Macri realizó un acto en conmemoración del Día de los Trabajadores en el microestadio del Club Ferrocarril Oeste, aquel ferrocarril que -¿sabrá el presidente?- fue el primero en nuestro país (inaugurado en 1857) y que pertenecía a la provincia de Buenos Aires, siendo un modelo de ferrocarril (era la línea con más lujos, con pasajes y fletes más baratos, etc.). Una línea que, a la vez que contraría la idea que trae nuevamente el macrismo (y por la cual el tren sería finalmente privatizado por Juárez Celman) de que “el Estado es mal administrador”, también tira “por la borda”, como demostró Scalabrini, la idea de que los británicos desarrollaron nuestros ferrocarriles.

Allí el presidente estaba acompañado por parte de su gabinete de CEOs y algún que otro representante de la patronal (¡perdón! decimos de los “trabajadores”). Observando la foto se destaca el gran número, en relación a los que están en el escenario, de sujetos vinculados al esclavismo, la trata de personas, el trabajo no registrado y/o la precarización laboral. Esto no en términos simbólicos, sino reales.

Veamos: estaba allí Ricardo Buryaile, integrante de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y hoy Ministro de Agroindustria, aquel que en 2008 por no pagar unos pesos más de impuestos llamó a disolver el Congreso y que fue denunciado por tener en sus extensos campos formoseños trabajadores no registrados y en condiciones de esclavitud. El “organizador” del acto fue Gerónimo “Momo” Venegas, ligado a la centenaria entidad que nuclea a los patrones del campo (la Sociedad Rural), al mismo tiempo que “representante” de un sector con más del 70% de trabajo no registrado, enorme cantidad de trabajo infantil, y pésimas condiciones de trabajo, llegando a situaciones de esclavitud siendo el mismo “Momo” cómplice de esta realidad. No asistió al acto, probablemente por estar lejos o quizás porque al parecer se alejó del gobierno en los últimos meses, el nombrado por Macri como Embajador en España (ex gobernador de Misiones), Ramón Puerta, también denunciado por trata de personas y trabajo esclavo. Ignoramos si andaba por ahí uno de los principales sostenes y aliados de la alianza Cambiemos, el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Luis Miguel Etchevehere, en cuyos campos se encontró trabajo esclavo. También se dejan ver en la foto, la conocida Patricia Bullrich, hoy ministra de Seguridad, ayer recortadora de los salarios estatales y las jubilaciones. Asimismo, podríamos nombrar al mismo presidente, cuya esposa (hoy Primera Dama) ha sido denunciada por la asociación La Alameda por trabajo esclavo, o él mismo que se dejó fotografiar en el “prostíbulo” de Raúl Martins, denunciado por su propia hija por proxenetismo y por regentear una red de trata de personas, también denunciado por financiar la campaña de Macri. Podríamos seguir, pero paremos aquí, pues no queremos abrumarlo con los datos, y nuestra intención aquí (más allá que esté vinculado) es más bien dar cuenta de otra cuestión.

Nos referimos a que el presidente en su discurso hizo mención (¡ay!) a Juan Perón y citó una frase del mismo. Cita Macri a Perón: “cada argentino tiene por lo menos que producir lo mismo que consume”. Como toda cita abre un interrogante sobre lo que no se citó. En este sentido queremos mostrar correctamente la frase de Perón y que la misma contraria lo que pretende decir y hacer el presidente. Pero no solo eso, sino también en pocos renglones “enjuicia” la política entreguista de los representantes de la oligarquía y el capital extranjero en nuestro país, hoy en el gobierno. En el discurso de Macri, ¡Perón pasa de ser un líder que llevó adelante una Revolución Nacional a favor de los trabajadores, a un simple justificador de las políticas de ajuste y explotación sobre los mismos!

Veamos: la idea de Perón que nos trae Macri originalmente está vinculada al muy conocido Congreso de la Productividad de 1954 sobre el que se ha escrito mucho (y en general muy mal). No pretendemos aquí entrar en los debates sobre dicho Congreso -excede nuestro propósito- pero reproducimos estas breves “conclusiones” de Norberto Galasso al respecto en su trabajo sobre Perón: “el propósito empresario (la “avivada”, como señala Juan -Perón-) se ha frustrado ante la resistencia de los trabajadores. Y él (Perón) legitima ese resultado al no adoptar, desde ese momento hasta su derrocamiento, en septiembre, ninguna medida propuesta por la CGE”.

La frase específicamente aparece en el texto escrito durante el exilio por Perón: La fuerza es el derecho de las bestias. ¿Qué dice allí Perón, más allá de lo reproducido por el presidente? La cita se encuentra en el tercer capítulo del libro, titulado “La traición al pueblo”, y que lleva como subtítulo “La reacción parasitaria”. El marco ya empieza a cambiar, ¿cierto? Dice Perón: “Los parásitos conforman un sector definido en todas las comunidades animales o humanas. Están en la naturaleza misma, como una maldición. Siempre y en todas partes, han existido los que producen y los que sólo consumen”. Basta preguntarse de qué lado están los funcionarios de la CEOcracia y el Presidente.

Sigue el líder: “El gobierno del Pueblo y la justicia social son dos cosas que el parásito no tolera. Ellos viven del trabajo ajeno y además quieren que ese trabajo sea despreciado, miserable y doliente. Esta es la mentalidad del parásito”. Claramente si hay algo que no tolera la oligarquía hoy gobernante son los gobiernos populares y las políticas para la justicia social. Estos meses de “revancha clasista” más desencarnada es demostración de ello. En la segunda parte hace referencia a los que “viven del trabajo ajeno”, ¡teléfono para el presidente y la mayoría de sus funcionarios! que siempre se han dedicado a vivir de los que producen la riqueza: los trabajadores. Solo se dedican a consumir la riqueza que otros producen. Son parásitos, y en su mentalidad parasitaria aparece la precarización laboral, hacia lo que la Alianza Cambiemos viene avanzando en este intento de volver a los años 30, al pre-peronismo vale decir, donde los trabajadores no tengan ningún derecho, y sean pisoteados por los patrones.

Más adelante continúa el planteo, y aparece la frase que dijo Macri, pero con algunas palabras más. Cuenta Perón: “el régimen justicialista había lanzado una “consigna negra” para los parásitos”. Es decir, la consigna era negativa para los que vivieron siempre del trabajo ajeno, sin producir, como el presidente y el elenco gobernante. La “consigna negra” era que “cada argentino debe producir, por lo menos, lo que consume”. La organización del Pueblo, el trabajo organizado iba cerrando el cerco alrededor de los que consumen sin producir. Ese fue uno de los motivos de la reacción”. En fin, los trabajadores avanzan con sus organizaciones sindicales y adquieren poder sobre el sector parasitario. Los convenios colectivos, la mayor sindicalización, las comisiones internas, la presencia en las decisiones del estado a través de los legisladores obreros, de su presencia en todos los ministerios, embajadas, etc. De ahí los crímenes y la violencia oligárquica, de ahí la reacción parasitaria, y para esta “recurrieron a la fuerza, “el derecho de las bestias”, para dilucidar un problema de opinión, utilizando para ello a las bestias mismas”.

Años más tarde, ya ocupando nuevamente la presidencia de nuestro país, Perón en su último texto, Modelo argentino para el proyecto nacional, vuelve a hacer mención a la frase que reprodujo Macri, como venimos viendo, a partir de una fuerte tergiversación de la idea. En este texto Perón dice otra vez que: “el trabajo es un derecho”, hoy vulnerado por el macrismo. Continúa Perón: “y un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume”. Pero como en el otro caso de los ’50, no termina ahí, sino que va al núcleo sosteniendo que “en el momento en que teníamos que rescatar a la sociedad argentina de una concepción liberal, los trabajadores configuraron la columna vertebral del proceso. En la comunidad a que aspiramos, la organización de los trabajadores es condición imprescindible para la solución auténtica de los problemas argentinos”. Y además “el Justicialismo siempre se sustentó en el criterio de la indivisibilidad de la clase obrera organizada. Se requiere, en consecuencia, una sola central obrera”.

Quizás el Presidente no debería pretender apoyarse en las ideas de Perón a partir de su tergiversación: puede quedar en evidencia como en este caso, y “salirle el tiro por la culata”. Probablemente sería mejor que sincere su discurso y cite a los clásicos Adam Smith, David Ricardo, o directamente a los que sustentan sus políticas como Friedrich August Von Hayek, o Milton Friedman, o por qué no a los locales Domingo Cavallo o Alfredo Martínez de Hoz.

Para terminar, consideramos que el poder de los trabajadores organizados hizo temblar a la oligarquía en los 40-50, que decidió un baño de sangre que comenzó en el 55 con el bombardeo, y tuvo su profundización en el terrorismo de Estado del 76, con la intención de enterrar el país industrial, las conquistas de los trabajadores y sus organizaciones. Esas mismas banderas que enarboló el peronismo y esos mismos trabajadores organizados vuelven a hacer temblar hoy a la oligarquía que pretende seguir profundizando el proyecto del 55, el 76 y los 90. Son los trabajadores de la Patria los encargados (una vez más) de enfrentar y esta vez sí enterrar definitivamente ese proyecto o nuestra bandera Patria hoy mancillada por la oligarquía extranjerizante y el imperialismo flameará sobre sus ruinas.

*Lic. en Sociología (UBA). Prof. Sociología (UBA). Mg. Metodología de la investigación (UNLa). Docente universitario (UNLa, UNAJ, IUNMA).

Los libros”La fuerza es el derecho de las bestias” y “El modelo argentino para el proyecto nacional”, disponibles para descargar en nuestra Biblioteca Digital.

“El problema actual es eminentemente político, y sin solución política no hay ninguna solución para otros sectores en particular.” J. D. Perón

Hace 43 años, un día como ayer pero de 1974, el General Perón presentaba en el Congreso Nacional la última actualización política doctrinaria de la Doctrina Nacional Justicialista, el MODELO ARGENTINO PARA EL PROYECTO NACIONAL, síntesis acabada del estadista y líder político más importante que ha dado el Continente y para nosotros en la actualidad, hoja de ruta fundamental donde escudriñar las aristas del Proyecto Nacional que la Patria demanda. En sus páginas y adelantándose lúcidamente a su tiempo histórico, reflexionó sobre los modos de revertir la dependencia colonial del país, el rol del imperialismo, las políticas económicas y las formas de organización política de la Nación, la justicia social, el desarrollo de una cultura nacional que enfrentase el neocolonialismo, la necesidad de lograr la soberanía científico tecnológica, el rol de la Universidad y de los intelectuales, la relevancia de la ecología, la organización institucional del proceso de cambio, etc.

Cientos de textos de escarnio y prevaricación se han escrito en torno al último Perón. Lo real es que antes del desenlace trágico que significó el 24 de marzo de 1976, el General se erigió como único garante del proyecto emancipador en el que durante toda su vida estuvo empeñado. Entonces, ganó las elecciones presidenciales con un 62 por ciento de votos. Y lo cierto es que entre el 25 de mayo de 1973 y el 1 de julio de 1974 se desarrolló una política de gobierno que, en pocos meses, fue capaz de contener la inflación, elevar el salario real, reducir el desempleo, aumentar la participación de los trabajadores en el PBI, consensuar una Ley de contratos de trabajo, reactivar el mercado interno y fomentar la producción industrial, nacionalizar la banca y el comercio exterior agropecuario, reglamentar el capital extranjero, poner en marcha la construcción de represas hidroeléctricas y el suministro eléctrico por energía nuclear, llenar las aulas universitarias de nuevos estudiantes, diseñar un Plan para el autoabastecimiento energético, incorporar al país al Movimiento de Países No Alineados, expulsar las misiones militares extranjeras de suelo argentino, intentar recuperar diplomáticamente las Islas Malvinas, romper el bloqueo a Cuba, resolver viejos conflictos limítrofes, abrir nuestro comercio a China, la Unión Soviética y los países socialistas, entre las medidas más relevantes.

Perón resumía conceptualmente su Proyecto Nacional en los siguientes términos: “Por más coherencia que exhiba un modelo, no será argentino si no se inserta en el camino de la liberación.” Los objetivos de transformación y justicia que habían caracterizado sus primeras presidencias se ratifican y refuerzan en el Modelo Argentino a la luz de las exigencias de un contexto geopolítico regional, donde el proyecto neoliberal se imponía violentamente a través de Golpes de Estado en Chile, Uruguay y Brasil. En este marco, y evaluando además los fraccionamientos existentes dentro del movimiento y la necesidad de revertir las profundas problemáticas sociales derivadas de 18 años de políticas de extranjerización de la estructura económica nacional, planteaba que la Unidad y el Pacto Social eran las alternativas para enfrentar una geopolítica cada vez más hostil a las experiencias de los nacionalismos populares. Tras casi dos décadas de gobiernos de facto y “democracias” restringidas, el país necesitaba avanzar en la edificación de consensos partidarios y sectoriales como reaseguro para el desarrollo de una política de reconstrucción nacional con fuerza suficiente para enfrentar a los poderosos de adentro y de afuera y cimentar una “Democracia social”, cuya forma de gobierno fuese “Representativa, Republicana, Federal y Social.” En consecuencia, se estipulaba que: “El primer objetivo del Modelo Argentino consiste en ofrecer un amplio ámbito de coincidencia para que, de una vez por todas, los argentinos clausuremos la discusión acerca de aquellos aspectos sobre los cuales ya deberíamos estar de acuerdo.” Y a continuación sostenía: “O profundizamos las coincidencias para emprender la formidable empresa de clarificar y edificar una gran Nación, o continuamos paralizados en una absurda intolerancia que nos conducirá a una definitiva frustración. (…) Los sectarismos no nos conducirán jamás a la liberación. (…) Encerrarnos en nuestras ideas y procurar imponerlas por el peso de una fuerza circunstancial, significaría caer en el mismo error por el que han transitado aquellos a quienes hoy enfrentamos.”

A tomar nota…

Nosotros, integrantes de la Corriente Federal de Trabajadores (CFT) en la CGT, venimos a reafirmar en este nuevo aniversario del 1º de Mayo, nuestra postura sindical fiel a los pronunciamientos históricos del movimiento obrero argentino que proclaman la necesidad imperiosa de concretar la definitiva liberación nacional y  alcanzar la realización plena del pueblo trabajador de nuestra Patria.

Una vez más decimos: Sin Independencia Económica no hay Justicia Social.

El gobierno encabezado por el presidente Macri, claro representante de los intereses de los grandes conglomerados empresarios locales y transnacionales, viene implementado aceleradamente un modelo de país dependiente que lleva indefectiblemente a la quiebra de nuestra República Argentina.

– El nivel de endeudamiento externo ha sido elevado a niveles récords, la deuda externa bruta ya supera los 210.000 millones de dólares, con el agravante de que está siendo con-traída exclusivamente para cubrir déficit fiscal y déficit de la balanza de pagos.

– Casi la mitad de la deuda externa emitida en el primer trimestre de este año tuvo como destino financiar unos 7.820 millones de dólares que fueron fugados del sistema financiero formal.

–  La política monetaria instrumentada por el Banco Central que sostiene altas tasas de interés con la excusa de controlar la inflación, favorece la especulación financiera y una fuga de capitales sin precedentes, alentada por la libre disponibilidad de las divisas.

– La industria nacional está siendo deliberadamente destruida por la retracción del mercado interno y la apertura indiscriminada de importaciones. Gran parte de las economías regionales han entrado en una crisis sin perspectiva de solución en el marco del actual plan económico.

– Centrado en el ajuste, el Estado en manos de las Corporaciones comienza a desvalorizar la importancia de los recursos que deben destinarse a salud y educación pública.

– Hacia fines de 2016 y de acuerdo a cifras del INDEC, había 1.500.000 desocupados en el país y la situación se ha agravado sensiblemente en los primeros meses del corriente año tanto para los trabajadores/as formales como para los que conforman la economía popular, incluyendo las cooperativas de trabajo seriamente afectadas por la recesión y los tarifazos. Estadísticas de la Universidad Católica Argentina dan cuenta de que en un año, la política del gobierno nacional generó 1.500.000 nuevos pobres y 2.700.000 indigentes.

– El gobierno impone topes en las paritarias. Los salarios de los trabajadores/as son utilizados como variable de ajuste, reducidos a la condición de un costo más dentro de la empresa, lo que permite augurar menor poder adquisitivo y mayor recesión de nuestra economía.

– Un tipo de cambio atrasado que se combina con drástica caída del consumo, brutales tarifazos y apertura irresponsable de la economía provocan el mayor retroceso en la distribución de ingresos de los últimos 40 años.

– La transferencia de recursos hacia los sectores más concentrados de la economía durante el año 2016 ascendió a $ 256.000 millones. La participación de los sectores más humildes de nuestra sociedad en la distribución de la riqueza cae a ritmo acelerado producto de la devaluación, la reducción y quita de retenciones a las exportaciones, el aumento de tarifas, la apertura de las importaciones y la liberalización del movimiento de capitales.

– La principal atención gubernamental está puesta en lograr atraer inversores del extranjero, los que sólo se muestran interesados en la explotación de nuestros recursos primarios, el control de servicios estratégicos sumamente rentables o en jugosos negocios relacionados con la obra pública.

– La inserción inteligente en el mundo que propone el gobierno no es otra cosa que someternos a los tratados de libre comercio diseñados por las Corporaciones que controlan la economía de los países más poderosos del planeta y que sólo desean encuadrar a nuestro país en la nueva división internacional del trabajo abandonando nuestro tradicional no alineamiento y dejando de respetar la no injerencia en los asuntos internos de naciones soberanas.

La lucha contra el poder económico concentrado y contra la voraz y especulativa penetración extranjera que obtiene fabulosos beneficios en base al empobrecimiento de la inmensa mayoría de la sociedad, es misión natural de la clase trabajadora que no puede declinar.

Destrucción del poder adquisitivo de los salarios, flexibilización de las condiciones laborales, alto nivel de desempleo, debilitamiento de nuestras organizaciones sindicales y eliminación de históricas conquistas, se han convertido en metas indispensables del proyecto oligárquico en marcha para asegurar el éxito de su modelo y consagrar definitivamente la dependencia nacional.

Es por eso que la Corriente Federal de Trabajadores sostiene que con el proyecto de la oligarquía no se negocia, se lo enfrenta hasta acorralarlo e impedir que avance con su plan depredador que profundiza la injusticia y nos empuja a una nueva crisis de dimensiones imprevisibles.

Desde la Corriente Federal de Trabajadores, interpretando el clamor de la inmensa mayoría de las trabajadoras y trabajadores argentinos, protagonistas fundamentales de las multitudinarias movilizaciones del mes de marzo y del contundente paro general convocado por la CGT el pasado 6 de abril, sostenemos la necesidad de una férrea unidad de todo el movimiento sindical en la CGT, reclamando la continuidad de un plan de acción para forzar un cambio inmediato de la nefasta política económica que está instrumentando el gobierno nacional.

Reafirmamos nuestro programa de 26 puntos convocando a todos los sectores nacionales dispuestos a sumarse a un gran Frente Nacional capaz de asumir el desafío ineludible de diseñar un proyecto de país que tenga como objetivo supremo alcanzar la grandeza nacional y el bien común de todo el pueblo argentino.

Mientras tanto, la Corriente Federal de Trabajadores considera urgente:

– Promover un acuerdo multisectorial para determinar medidas que permitan la reactivación del mercado interno y definir un Plan de Desarrollo.

– Perfeccionar la emergencia social declarando como prioridad la necesidad de evitar el agravamiento de la situación ocupacional mediante la prohibición de los despidos por el plazo de un año.

– Instrumentar de manera inmediata medidas de protección del trabajo nacional, suspendiendo las importaciones de todos los productos que puedan producirse en el país.

– Remover las imperfecciones en la formación de precios.

– Rechazar cualquier reforma a la baja de la legislación laboral.

– Garantizar la negociación colectiva para los trabajadores/as de todas las organizaciones sindicales, tal como lo establece nuestra Constitución Nacional, restituyendo de modo inmediato la Paritaria Nacional Docente.

– Intervenir a través del Congreso de la Nación, el Banco Central de la República Argentina, suspendiendo en forma inmediata el proceso de desregulación de la actividad financiera que llevan adelante sus actuales autoridades.

LOS TRABAJADORES SOMOS LA PATRIA

CORRIENTE FEDERAL DE TRABAJADORES

Fuente: La Señal Medios

Al término de la nota se encuentra el enlace al libro “La Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas” de José María Rosa y películas recomendadas.

Guerra de la Triple Alianza Infografía

“Un pueblo sin memoria, esta resignado a cometer siempre los mismos errores.”

El 1° de mayo de 1865 el imperio de Brasil (Pedro II), la reciente República ensangrentada de Argentina (Mitre) y el nuevo gobierno dictatorial de Uruguay (Flores) firmaron en secreto el Tratado de la Triple Alianza, en el que se fijaban los objetivos de la guerra y las condiciones de rendición que se le impondrían al Paraguay (Solano López). Los resultados fueron de dimensiones genocidas: medio millón de muertos, la población guaraní casi exterminada.

El conflicto se desencadenó, cuando el mariscal Francisco Solano López, presidente paraguayo, decidió acudir en ayuda del gobierno de tendencia federal ejercido por el Partido Blanco del Uruguay, en guerra civil contra el Partido Colorado, apoyado éste militarmente por el Brasil. López advirtió a los gobiernos de Brasil y la Argentina que consideraría cualquier agresión al Uruguay “como atentatorio del equilibrio de los Estados del Plata”. A pesar de esto, las tropas del imperio del brasil invadieron territorio uruguayo en octubre de 1864, forzando a López a enviar ayuda a Uruguay a través de territorio argentino. Mitre, neutral en los papeles, tomó el hecho como una declaración de guerra.

La guerra fue promovida secretamente por el imperio británico, que se benefició realizando grandes empréstitos, vendiendo armas a las tres naciones y, especialmente, “abrió” a Paraguay al mundo abandonando el proteccionismo económico. El objetivo principal era destruir el modelo autónomo de desarrollo paraguayo que “amenazaba” expandir sus ideas liberadoras a otras naciones del continente: “Bajo los gobiernos de Carlos Antonio López y su hijo, Francisco Solano López, [Paraguay] construyó astilleros, fábricas metalúrgicas, ferrocarriles, líneas telegráficas y numerosas escuelas. La mayor parte de las tierras pertenecía al Estado, que ejercía además una especie de monopolio de la comercialización en el exterior de sus dos principales productos: la yerba y el tabaco, eran llamadas las “Estancias de la Patria”. Paraguay era la única nación de América Latina que no tenía deuda externa porque le bastaban sus recursos.”

Guerra infame contra el Paraguay:

La participación argentina en la guerra respondía también al interés del gobierno en imposibilitar una posible alianza entre las provincias litorales y el Paraguay. La impopularidad de la guerra, sumada a la histórica hegemonía porteña, provocó levantamientos en Mendoza, San Juan, La Rioja y San Luis. El caudillo catamarqueño Felipe Varela lanzó una proclama llamando a la rebelión y a no participar en una guerra fratricida manifestando que “ser porteño es ser ciudadano exclusivista y ser provinciano es ser mendigo sin Patria, sin libertad, sin derechos. Esta es la política del gobierno de Mitre. Soldados Federales, nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el orden común, la amistad con el Paraguay y la unión con las demás repúblicas americanas”.

“Unidos seremos inconquistables. Separados, indefendibles” Gral. Juan Perón:

La oposición a la guerra se manifestaba de las maneras más diversas, entre ellas, la actitud de los trabajadores correntinos, que se negaron a construir embarcaciones para las tropas aliadas y en la prédica de pensadores que apoyaban al Paraguay, como Juan Bautista Alberdi y José Hernández, el autor del Martín Fierro.

Para los paraguayos, la guerra era una causa de defensa nacional: Todo el pueblo participaba activamente y, como Solano López, no se rendía ante ninguna situación. En cambio, los soldados argentinos, brasileros y uruguayos peleaban por dinero o por obligación. Esto llevó a los paraguayos a concretar verdaderas hazañas militares, como el triunfo de Curupaytí, en el que, contando con un armamento claramente inferior, tuvieron sólo 50 muertos frente a los 9 mil de los aliados, entre ellos Dominguito, el hijo de Domingo F. Sarmiento.

La guerra finalizó durante el gobierno de Sarmiento. Le costó a Argentina más de 500 millones de pesos, 50 mil muertos y benefició, en el plano interno, a grandes comerciantes y ganaderos. Además, el regreso de las tropas trajo a Buenos Aires, en 1871, una terrible epidemia de fiebre amarilla contraída por los soldados en la guerra. La peste dejó un saldo de 13 mil muertos e hizo emigrar a las familias oligárquicas hacia el norte de la ciudad, abandonando sus amplias casonas de la zona sur. Poco antes de comenzar la guerra, Mitre arengaba: “En veinticuatro horas en los cuarteles, en quince días en campaña, en tres meses en la Asunción”, este resultó ser un pronóstico demasiado optimista sobre la duración de la guerra, que finalizó en 1871.

Francisco Solano López fue fusilado, Paraguay quedó literalmente arrasado, con perdidas territoriales, la mayoría de su población caída en combate y la población masculina reducida en un gran porcentaje. Las secuelas pueden obsevarse hasta el día de hoy, por acción bélica, el hambre, estrés y pestes dejaron al Paraguay en ruinas. En lo económico, el ferrocarril nacional y las nacientes industrias fueron destruidos o intervenidos por las compañías británicas. Sumado a esto, Paraguay pasó a endeudarse por primera vez con empréstito de los bancos británicos. “El propio Conde D’Eu supervisó la destrucción pieza por pieza de la fundición de Ibicuy, que fue posteriormente incendiada e inundada. La producción agrícola fue puesta bajo su control a través de empresarios brasileños y fuerzas militares brasileñas, financiadas por éstos y por los inversionistas ingleses. Esta guerra condicionó en forma permanente el desarrollo ulterior de Paraguay y lo signó, hasta la actualidad, bajo la égida de Gran Bretaña y Estados Unidos”.


Recomendamos la lectura del libro “La Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas” de José María Rosa. El mismo puede descargarse desde nuestra Biblioteca Digital

Contra Paraguay (2013) 75min. Argentina. Director: Federico Sosa

Sinopsis: En el siglo XIX aconteció un hecho poco conocido para la importancia que tuvo: la guerra más grande de Sudamérica, en la que hubo cuatro países involucrados ¿Cómo entender esta guerra de la que se sabe poco y nada? ¿Fue una guerra entre países? ¿Se aliaron la Argentina, Brasil y Uruguay en contra del Paraguay? ¿Por qué se la llama de tantas formas distintas? La guerra del Paraguay. La de la triple alianza. La guerra del 70. ¿Cómo nombrarla, cuando el hacerlo implica ya una toma de posición? Los resultados: medio millón de muertos y casi el exterminio de la población guaraní.

En venta en Capital Federal en Solo Cine
Horarios: 10 a 20 30 hs de Lunes a Sábado
Dirección: Rodríguez Peña 402 esq. Av. Corrientes
solocine1@gmail.com – Teléfono: 4375-0855

Por último, compartimos a continuación la serie documental Guerra Guasú, realizada TV Pública.

Cuatro capítulos de una hora de duración, que busca interrumpir largos años de silencio en la producción cultural argentina a propósito de la guerra más importante que vivió América Latina y que liquidó al Paraguay del siglo XIX, la experiencia política y social más igualitaria y celosa de su soberanía que quedaba en pie en la región.

Fuentes: Barrilete Cósmico, El Historiador y el libro y las películas mencionadas.

Desde La Baldrich compartimos plenamente el Programa del CEHA:

La Unidad Nacional para la reconstrucción: Unidos o dominados. El programa neoliberal que impulsa CAMBIEMOS forma parte de una estrategia geopolítica internacional cuyo objetivo es retrotraer los derechos económicos, sociales, políticos y culturales de Iberoamérica. Como resultado de su accionar, la riqueza del Continente será apropiada por las Corporaciones (CEOS) y por los gobiernos de las Potencias Extranjeras. Frente a ese plan, es necesaria la Unidad Nacional de los sectores del trabajo, la producción, la cultura y del conjunto de las Organizaciones Libres del Pueblo.

1. Impulsar un proyecto productivo, industrialista, sustentable y justo. Argentina debe modificar el programa de miseria planificada caracterizado por la apertura comercial, el cortoplacismo y la especulación financiera que destruye empresas y genera desempleo y pobreza. De continuarse el actual modelo de desarrollo, la injusticia será la norma y se pondrá en riesgo la paz social. El CEHA considera fundamental el aumento de las cadenas de valor de la industria y el agro, haciendo de la producción una fuente de empleo y de desarrollo nacional y social en el largo plazo. El Gobierno de Reconstrucción deberá impulsar medidas de protección y regímenes arancelarios para empresas argentinas, terminando con la importación indiscriminada que impide el desarrollo de la producción estratégica nacional. La obra pública, la banca estatal y el mercado interno pujante deben ser pilares fundamentales del nuevo programa de desarrollo. El Gobierno de Reconstrucción tiene que fomentar las cooperativas, el compre nacional y el cumplimiento pleno de la legislación social y medioambiental.
2. La propiedad tiene una función social y debe contribuir al orden colectivo. El CEHA considera vigentes los principios fundamentales de la Constitución Nacional del año 1949. La producción debe ser planificada con un sentido nacional y colectivo ya que el “libre mercado” es un mecanismo de apoyo a los oligopolios y la extranjerización económica. Las empresas energéticas y de servicios y los sectores económicos estratégicos deben estar en manos de la Nación. El pan, la carne, la leche y el resto de productos que componen la mesa de los argentinos, no pueden volverse divisa de exportación o especulación. El Gobierno de Reconstrucción deberá regular precios y reducir la inflación manteniendo la actividad productiva y el valor de los salarios, los subsidios y las jubilaciones. El Estado debe sancionar una nueva ley de Entidades Financieras que permita el control del ahorro nacional y que limite la fuga de riquezas. El Gobierno de Reconstrucción debe fortalecer las empresas públicas en áreas estratégicas y controlar el Comercio Exterior.
3. En Argentina los únicos privilegiados son los niños, los ancianos y el pueblo. El Gobierno debe dedicarse a saldar la deuda social y no exclusivamente a pagarle a los grupos especuladores extranjeros. Los servicios financieros no pueden estar por sobre el desarrollo nacional y los derechos de los trabajadores. Es inmoral la actual sub-ejecución de los presupuestos en salud, empleo y educación, cuando en paralelo se atienden puramente los pagos a bonistas extranjeros. La construcción de viviendas públicas fue desarticulada, dejando familias sin hogar y a los obreros de la construcción sin empleo. El país demanda el establecimiento de una emergencia social y la conformación de un plan integral de empleo juvenil y de desenvolvimiento de la atención pública de salud, educación, vivienda popular, deporte y esparcimiento. Argentina requiere un Plan Estratégico Alimentario que termine con el flagelo del hambre en el corto plazo. El Gobierno de Reconstrucción deberá elaborar un Plan Nacional de Seguridad interior enfrentado las causas sociales de la violencia y actuando contra al crimen organizado que azota las barriadas humildes.
4. Es la hora de los trabajadores. La democracia es el gobierno del pueblo y para el pueblo y no una gerencia de oligopolios extranjeros o de CEOS. El Estado, las organizaciones sindicales y de la economía popular tienen que conformar un Consejo de Reconstrucción Nacional que conjuntamente a las entidades de la producción, el agro o la cultura, contribuya a buscar las soluciones a los problemas argentinos.  Los históricos Programas de La Falda, Huerta Grande, del 1 de mayo de la CGTA, los 26 puntos de 1986 o el documento Los trabajadores somos la esperanza de la Corriente Federal de Trabajadores, son la expresión consciente del pueblo trabajador. Tal como mencionó la CGT en el mes de agosto del año 2016: “No hay que haberse graduado en Harvard para darse cuenta que vamos de mal en peor.”  El CEHA considera que los trabajadores son la columna del Movimiento Nacional y que la Política Pública debe tender al pleno empleo y a la defensa y cumplimiento de los derechos laborales.
5. No hay desarrollo y paz social sin democratizar los esfuerzos. Es imprescindible avanzar en una Reforma Fiscal y Tributaria integral, que tienda a la equidad social y que privilegie las actividades productivas. La mayor carga impositiva debe recaer en los sectores financieros, oligopólicos y concentrados y no sobre el trabajo y las PYMES como ocurre en la actualidad. La reforma tributaria de CAMBIEMOS se caracterizó por eximir de impuestos a los ricos y por cargar en las espaldas de los que menos tienen un severo ajuste. El resultado de este inmoral programa es la pobreza del pueblo y el impedimento del desarrollo de las PYMES y las cooperativas.
6. Construyamos un país federal e integrado. El país requiere una nueva Ley de Coparticipación y la construcción de consensos transversales para consolidar un federalismo real y no solamente enunciativo. El Gobierno de Reconstrucción deberá impulsar un programa nacional de desarrollo que tienda a la integración del territorio y a la resolución de las inequidades geográficas, productivas y sociales entre todas las Provincias. El CEHA considera necesario implementar un reordenamiento territorial y poblacional argentino a través de políticas estatales, terminando con la marginalidad social y tendiendo a achicar la desigualdad entre regiones.
7. La educación, la ciencia y el deporte son la base de desarrollo nacional. La justicia social es inviable sin antes alcanzar la independencia económica y ésta sólo es posible si el país es soberano cultural y científicamente. El CEHA ratifica la centralidad que tiene el Estado en la planificación y en el desenvolvimiento de la educación, la ciencia y el conjunto de la actividad cultural. El Estado Nacional tiene que tener mayores responsabilidades en el financiamiento y en la organización de contenidos de la educación básica y media. CAMBIEMOS está poniendo en riesgo el sistema educativo al no aplicar la Ley de financiamiento, al eliminar fondos para infraestructura y al proponer el corrimiento del Estado Nacional en materia cultural y científica. El Gobierno de Reconstrucción deberá trabajar por la soberanía científica y con dicha finalidad tendrá que priorizar la inversión en el área, planificando estratégicamente la actividad en torno del desarrollo de la industria y de la solución de los grandes problemas argentinos y sudamericanos.  El cierre de teatros o la desaparición de clubes de barrio por los aumentos actuales de tarifas, impiden el derecho popular al acceso y participación de la cultura. Es imperativo el fortalecimiento de una identidad federal y nacional que oficie como una barrera defensiva ante el avance de todo tipo de imperialismo cultural.
8. Los medios de comunicación son instrumentos de cultura y no negocios corporativos. CAMBIEMOS promueve la formación de oligopolios comunicacionales y la extranjerización de los emisores de radio y televisión. La eliminación del Canal TELESUR de la Televisión Digital Abierta es un mecanismo de censura y de silenciamiento de los pueblos iberoamericanos. Las empresas norteamericanas actualmente manejan internet, los buscadores de datos, las redes y el software. Frente al inmenso poder tecnológico extranjero y sus ramificaciones en la prensa comercial, los pueblos requieren de medios públicos para nacionalizar y comunicar su cultura e información y deben mantenerse y potenciarse las experiencias de las Radios públicas, Canal Encuentro o de los canales universitarios. El Gobierno de Reconstrucción deberá recuperar la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y entregar el tercio de licencias que le corresponden a las Organizaciones Libres del Pueblo. La privatización de la televisación del futbol es un retroceso que le quita al pueblo el derecho  a disfrutar del deporte nacional. El CEHA considera que la pluralidad de voces y el acceso popular a la cultura, son banderas irrenunciables que hoy están en riesgo.
9. Por un Continente de paz, unido y solidario. Retomamos el mandato histórico bolivariano y sanmartiniano tendiente a la reunificación de la Patria Sudamericana. Ratificamos la importancia de fortalecer el MERCOSUR, la UNASUR y la CELAC como ámbitos de articulación y de coordinación con el resto mundo. La unidad y la paz regionales son reaseguros sin los que Argentina carece de posibilidades de desarrollo productivo y social. El Gobierno de Reconstrucción tiene que elaborar un programa para las Fuerzas Armadas retomando el legado nacional, popular y antiimperialista de nuestros militares e integrándose y profundizando la experiencia del Consejo de Seguridad de la UNASUR. Rechazamos la política de CAMBIEMOS de sometimiento geopolítico a los EUA e Inglaterra y de debilitamiento del MERCOSUR. El CEHA repudia los intentos de derogar la Ley migratoria del año 2004 y de criminalizar a los ciudadanos sudamericanos. Iberoamérica debe consolidar una ciudadanía regional que permita la libre circulación de personas y la libertad de trabajo y de acceso a los derechos sociales garantizados por los Estados parte.
10. Malvinas es una causa nacional e Iberoamericana.  Afirmamos la soberanía argentina sobre las Islas y recuperamos como estandarte los acompañamientos y el apoyo por parte del MERCOSUR, la UNASUR, la CELAC, la OEA y de otros Estados del mundo. Los casi dos siglos de luchas y la acción patriótica de nuestros Héroes de Guerra, está siendo humillada con la política de CAMBIEMOS centrada en renunciar a los reclamos de soberanía para priorizar los negocios de las empresas extranjeras. Argentina tiene que desplegar su proyección bicontinental y bioceánica tendiendo al control de los recursos alimentarios, científicos y energéticos. La Recuperación de las Malvinas y el ejercicio pleno de nuestros derechos sobre la Antártida son una causa nacional y sudamericana irrenunciable.
11. Un país sin presos ni perseguidos políticos.  El Gobierno de CAMBIEMOS detiene activistas sociales como Milagro Sala, reprime movilizaciones y politiza la justicia que abandona sus funciones. La actividad parcial de algunos jueces y fiscales se orienta más a la propaganda política que a la aplicación del derecho. El CEHA repudia cualquier tipo de persecución política y mediática como la padecida por la ex Presidenta Cristina Fernández y aboga por la efectiva división de poderes.
12. Primero la Patria, después el Movimiento y finalmente los hombres. El Movimiento Nacional debe ser amplio, plural y no sectario. La unidad es el llamado actual y frente a un gobierno de minorías oligárquicas, el CEHA convoca a conformar una inmensa mayoría plural y democrática.
Por la grandeza nacional y por la felicidad del pueblo seguiremos trabajando incansablemente para edificar la Argentina Grande con que San Martín soñó. 
República Argentina, Abril de 2017.

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Revista “Escenarios”. Unión para el Personal Civil de la Nación – UPCN

Francisco José Pestanha. Escritor y ensayista. Profesor Titular Ordinario del Seminario “Introducción al Pensamiento Nacional y Latinoamericano”. Director del Departamento de Planificación y Políticas Públicas. Universidad Nacional de Lanús.

Emmanuel Bonforti: Docente, escritor y ensayista. Profesor Ordinario del Seminario “Introducción al Pensamiento Nacional y Latinoamericano”. Universidad Nacional de Lanús.

Guillermo Carrasco: Docente e investigador. Profesor del Seminario “Introducción al Pensamiento Nacional y Latinoamericano” Universidad Nacional de Lanús

“Las dos palabras Defensa Nacional pueden hacer pensar a algunos espíritus que se trata de un problema cuyo planteo y resolución interesa solamente a las Fuerzas Armadas de una Nación. La realidad es bien distinta: en su solución entran en juego todos sus habitantes, todas sus energías, todas sus riquezas, todos sus medios de transporte y vías de comunicación.” Juan Domingo Perón

“Los tiempos que transitamos, requieren, indefectiblemente, un necesario y progresivo proceso de substitución de ideas.” Ana Jaramillo

El siguiente artículo remite en forma sucinta a uno de los tópicos que componen nuestra labor investigativa[1]. Pretendemos a través de él exponer al eventual lector una resumida exploración vinculada a los antecedentes filosóficos, epistemológicos y a la estructura conceptual de las denominadas Organizaciones Libres del Pueblo -OLP- categoría que a nuestro entender, por una parte, constituye uno de los rudimentos más llamativos y originales del cuerpo doctrinal que nutrió al primer peronismo, y por la otra, que instituye una de las principales distancias con la cosmovisión fascista llevada a la práctica en tiempos de la Italia de Benito Mussolini.

Un abordaje germinal de la categoría en estudio nos encuentra ante un cúmulo de formas asociativas constituidas de manera orgánica que, a partir de la revolución de Junio de 1943, obtuvieron inédito reconocimiento y apoyo estadual, y que aún – en la actualidad – siguen operando en forma activa dentro de la dinámica política, social, económica y cultural del país.

Dentro de la combinación de palabras que componen la categoría analizada (OLP), identificamos primigeniamente el vocablo “libres”. Tal expresión, hemos constatado, surge de una concepción (la justicialista) que en aquellos tiempos sostenía que la acción del gobierno no tendría como fin tutelarlas ni integrarlas al aparato estatal como promovían las doctrinas fascistas – sino muy por el contrario – garantizar y potenciar su propio proceso de autorganización mediante la menor intervención posible del sector público sobre ellas.

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[1]El presente trabajo surge de la investigación originada en el marco de la convocatoria “Amílcar Herrera” Titulado El Peronismo como pensamiento político contra hegemónico, y como acción para la construcción del poder nacional y la integración regional Latinoamericana”. Instituto de Cultura. Universidad Nacional de Lanús.