Carta al Dr. Alberto Baldrich (24 de septiembre de 1968) escrita por Juan Domingo Perón.

Señor Dr. D. Alberto Baldrich

Buenos Aires

Querido Alberto:

He recibido sus cartas; muchas gracias por todo. Le adjunto una carta que le ruego le haga llegar cuanto antes al Ing. José Julio Jáuregui. Él me había pedido una cinta magnetofónica con un mensaje para la juventud que debía realizar un Congreso en estos días, pero su carta me ha llegado un poco tarde y espero que, por lo menos le llegue mi contestación a su pedido, en forma epistolar.

Me ha alegrado mucho saber que la juventud llega a unirse y a organizarse; ello es imprescindible porque, por el camino que vamos, cada día hay mayor disociación entre las fuerzas que debían unirse para combatir la triste situación a que está la Patria sometida. Por eso he ordenado al Delegado y a los organismos de la conducción táctica del Movimiento, que pongan el mayor empeño en alcanzar la unidad y armar la organización indispensable para la conducción. Creo que se acercan momentos decisivos y para hacer frente a los cuales, necesitamos estar organizados y preparados.

He visto con alegría que se comienza a trabajar con mayor decisión y entusiasmo, especialmente en el sector de la C.G.T. de los Argentinos, pero me temo y mucho que esa agrupación de la Rama Sindical del Movimiento se aísle un poco y tenga pronto sus inconvenientes dentro del propio Movimiento Peronista que, como no ignora, es un poco sectario. Sin embargo, he impartido instrucciones para que se trate de “borrar” un poco las diferencias, tendiendo a buscar una unidad y solidaridad que, a los fines de conjunto, es indispensable. Espero que el regreso del Delegado de Comando Superior con nuevas instrucciones, pueda ser constructivo en la tarea de buscar una unidad sin la cual no hacemos sino favorecer a los propios enemigos que anhelamos combatir.

La situación actual, tal como la veo a través de mucha información, es un poco confusa. Hay en el aire muchos rumores sospechosos y me temo que me falte una información que me complete el cuadro que veo venir. Me parece que se preparan acciones, todavía inconformadas por falta de una ejecución decidida, por parte de la dictadura militar. El Peronismo, tan trabajado desde diversos ángulos en la actualidad, es objeto de algo que no alcanzo a percibir con claridad pero que intuitivamente siento. Estoy pues a la espera de que la situación se aclare. Entre tanto, es preciso que todos nos dediquemos a la organización, la unidad y la preparación.

Como Usted podrá ver en la carta que le mando a Jáuregui, espero mucho de nuestra juventud que, si se une, se organiza y se conduce con acierto, puede tener extraordinarias oportunidades en el futuro inmediato. Los viejos dirigentes han cedido a la acción destructora del tiempo y la oportunidad para los cambios generacionales se presenta como mandada por Dios. Todo depende ahora que los muchachos atinen a asirse a la mano que la fortuna les tiende. Yo espero que sí.

He pasado una temporada de vacaciones en el Norte de España y por eso recién contesto a sus cartas. Aquí en España, todo el que se precie de “decente”, debe hacer sus vacaciones y yo sigo el consejo de que “en el país que estuvieres, etc.”. Sin embargo, las visitas y la correspondencia me tienen loco. Le ruego que a los que encuentre que dicen que me han escrito y no les he contestado, me disculpe ante ellos porque, yo solo contra todos, no puedo.

Muchos y muy afectuosos saludos para todos los amigos y compañeros.

Un gran abrazo

Juan Perón

 

Fuente: Corriente Capitán Costales

Fuente: Las Zonceras Abiertas de América Latina

“La existencia de un debate político aunque sea artificial, es necesaria para el funcionamiento armonioso de los medios de comunicación, quizá incluso para la existencia en el seno de la población de una sensación por lo menos formal de democracia.” Michelle Houellebecq – “Sumisión” (Fragmento)

Es cierto que se está discutiendo un contrato de tv como si fuese una reforma constitucional. Pero algo debe pasar con esto de Navarro ¿no?. Y hay que decir que ese “algo” es menos indeterminado que  nuevo, porque responde a la misma lógica que le otorgó sentido contrahegemónico al kirchnerismo como fenómeno: la lucha contra la concentración mediática.

Hoy vemos como una fuerza política que encarna electoralmente al 35% de la población posee el 99% de las pantallas de tv en la Argentina, por medio de las cuales (también) opera para dividir al resto.

El hecho es que 4 millones de personas por día van a dejar de informarse acerca de ilegalidades de este gobierno, y en ese hueco abundara -de la mano de María Julia Oliván- el cocktail de misiles contra el peronismo al que nos tiene acostumbrados el aparato clarinista.

Vamos hacia un nivel de concentración mediática nunca visto en la historia de Latinoamérica. Dado esto, diremos que la mentada posverdad (de la que se empezó a habló aquí), guarda parentezco conceptual directo con el noventista “fin de la historia” teorizado por Francis Fukuyama; en el fondo se trata de dos consecuencias de esa pornográfica aglomeración creciente de bocas de expendio para construir sentido.

En un sentido analítico, el problema del peronismo con el papel de la burguesía industrial de su época, no es menos grave que el problema del kirchnerismo con “su” burguesía mediática. Sin embargo, con rimbomantes (y no tanto) argumentos que pendulan de derecha a izquierda, se sigue subestimando el aparato comunicacional y cultural que performa las conciencias individuales en particular, y la conciencia pública en general. Por eso es que no debe sorprenderenos que la opinión de la o el vecino de -por ej- del cuarto cordón del conurbano,”esté en sintonía” con Patricia Bullrich entorno a la desaparición de Santiago Maldonado.

Quiero insistir con una idea: hay que tomar conciencia de que hay una parte importante de militantes y adherentes con influencia que, dada su romántica e ingenua percepción sobre la acción política, todavía no toma conciencia de la verdadera importancia de la arena mediática y del necesario abordaje político que debe darse el campo nacional para intervenir en ese espacio de disputa de sentido. Es en este sentido en el que aparece como central la inclusión de la dimensión mediática y comunicacional en la formación de “cuadro integrales” propios. A la fecha son muy pocos los actores políticos que no reculen en chancletas ante la primer “amenaza” de la posverdad: Guillermo Moreno, Crsitina Fernandez de Kirchner y Juan Grabois se destacan.

Si el romanticismo y la ingenuidad militantes nos invitan a “relativizar” la importancia de los medios, seguiremos siendo hablados por la agenda del adversario, pensando que “hay que dejar de culpar a los medios”. Después de todo, “la mejor artimaña del diablo es hacernos pensar que no existe “.

LA DICTADURA DE LA NOVEDAD

Teniendo en cuenta que el acceso a Internet se ha extendido, y que el total de familias con tv en el país asciende al 97%, se puede decir que la inmensa mayoría de los argentinos convive a diario con toda la fauna mediática (periodistas/vedettes/panelistas, etc) metida en el seno de su hogar vía TV, PC, o celular. A su vez, según estudios del año 2014 de Pew Research Center, la tendencia mundial indica que Facebook es el medio preferido para informarse sobre política y actualidad. Es así como el 61% de los personas de entre 18 a 33 años (“Millenials”) y el 51% de los que tienen entre 34 a 49 años (“Generación X”) , prefiere la red social.

En la dictadura de la novedad ya no se vive “con” la noticia, sino “en” la noticia; hasta el empacho. Es así como sin salir a buscarla, la “novedad” nos estornuda un verdadero pornoshow psicótico organizado por quienes controlan los medios masivos y manipulan los algoritmos de las redes.

El hecho es que la lógica de los medios masivos de comunicación se ha fusionado con la de las redes sociales, amplificando el “mensaje”, y superando en niveles siderales el poder que ese mensaje tenía hace nomás una década. Esto se evidencia en que en la dictadura de la novedad es muy difícil separar noticia de red social, en tanto (como bien señalan Pablo Boczkowski y Eugenia Mitchelstein, ya no se vive con la red, sino en la red:

“La irrupción y meteórico crecimiento de las redes sociales en la última década, junto con la altísima penetración de los dispositivos móviles, ha llevado a una progresiva e ininterrumpida mediatización de la existencia íntima, privada y colectiva (…) En este proceso de transformación, las redes han dejado de ser objetos para convertirse en entornos, donde estamos con los otros: no usamos las redes sino que vivimos en ellas. Entramos y salimos constante y vertiginosamente de las mismas y allí hacemos todo, desde informarnos sobre la actualidad hasta flirtear o mantener vínculos amistosos, pasando por ver videos graciosos de gatitos y conocer novedades de familiares y contactos. Si bien la brecha digital es significativa en el mundo, cuando las redes de conectividad se establecen y los dispositivos se vuelven accesibles, una vida por fuera de los medios es tal vez imaginable, mas ya no fácilmente realizable.”

Una  lógica influida directamente por lo anterior, es la de la opinión pública, cuya máxima señala que no importa la ´verdad´ de una opinión, sino sus efectos sociales; esto es: una noticia falsa producir un efecto social concreto, como una marcha de personas susceptibles de ser interpeladas por una falsedad emocionante, mucho más que por una verdad sin importancia.

Este dispositivo comunicacional financiado por el extranjero lleva al galope ligero al ciudadano sobreinformándolo, sofocándolo y obturándole así cualquier posibilidad de procesar lo que consume. EL objetivo de mínima es mantener al usuario “conectado” la cámara de eco de la red,  para lograr el de máxima: sofocarlo dentro de ese pelotero que amplifica el color de su propia voz, manteniéndolo en un compromiso que se vivencia grandilocuente, pero resulta de baja intensidad en la realidad efectiva al estar limitado su alcance a la propia cámara de eco que el algoritmo de la red diseña y “racionaliza” weberianamente hablando, a medida del plan recolonizador en marcha.

La mano invisible del mercado comunicacional fomenta la réplica compulsiva de información mediante la cual, sin darnos cuenta, los usuarios realizamos un verdadero culto a la autotortura bajo la falsa impronta de la “novedad”. En efecto, la narcohipnosis mediática se ejecuta vía radiación caótica de información constante, que va sobrecargando la psiquis, desgastándola hasta debilitar la capacidad de jerarquización: no se sabe si “lo importante” es la tercera guerra mundial, el romance de una vedette con un político o futbolista, la entrega del país, o la dieta rápida para llegar bien al verano. El volcán escupe transversalmente., por eso la radiación mediática no es neutra en ningún punto: los grietológos y mercenarios de la opinión están en todas las veredas, para garantizar que los elefantes pasen por detrás, mientras nos someten al reino de su contagioso exceso de diagnóstico que degenera en un predecible pesimismo charlatán .

Hemos dicho en este blog el estudio de tv funciona como el parlamento donde la lógica democrática “posverdaderamente” habita. La apuesta es hacia la ridiculización de la política y a su señalamiento permanente como actividad “corrupta”. Mediante esta artimaña, la lógica envilecedora de la operación logra transferir el capital de credibilidad desde los políticos hacia los hombres de los medios. La masa televidente que jamás usaría una remera del Che, ahora dispone de su propio santo: el “fuck you” de Lanata como identidad. En este sentido, un pensador nacional muy citado en este blog – J.J Hernandez Arregui- ha sido preciso, señalando que:

 “en los países coloniales, donde los órganos de la cultura están prácticamente monopolizados por el capital extranjero, las plazas disponibles configuran una lucha cruel que obliga a la mayoría de  los competidores –periodistas, profesores, escritores– al disimulo judaico de sus opiniones, a la formación de equipos defensivos, a la claudicación de la inteligencia para poder subsistir. El hecho de que en los órganos de la prensa aparezcan nombres que inicialmente militaron en la izquierda ideológica prueba la presión modeladora del imperialismo. Asegurada la inocuidad política del colaborador, al mismo tiempo es utilizado, por ese mismo pasado ideológico, como testimonio de la libertad de pensamiento, uno de los principios teóricos de la filosofía del liberalismo.”

Es así como un “simple” programa de tv oficia como paisaje artificial de democracia, como maqueta social de roles y conductas orientados a subordinar la discusión pública al terreno de la nimiedad distractiva.

Si esto que Houllebecq advierte en la cita inicial de este escrito como “sensación por lo menos formal de democracia” es efectivamente así, podríamos decir que nuestros productos mediáticos están habitados por los ingredientes necesarios para proyectar esa artificialidad. La identidad cacerolera post 2003, en sus rasgos emocionales, es propia del enfermo mediático autótctono contemporáneo, cuya sintomatología se expresa principalmente en el regodeo compulsivo en la negatividad, y cuyos efectos culturales,  J. J Hernandez Arregui definió en el marco del imperialismo como “un conjunto orgánico de formas de pensar y de sentir, un mundo-visión extremado y finamente fabricado, que se transforma en actitud ‘normal’ de conceptualización de la realidad, (que) se expresa como una consideración pesimista de la realidad, como un sentimiento generalizado de menorvalía, de FALTA DE SEGURIDAD ANTE LO PROPIO, y en la convicción de que la subordinación del país y su desjerarquización cultural es una predestinación histórica, con su equivalente, la ambigua sensación de la ineptitud congénita del pueblo en que se ha nacido y del que sólo la ayuda extranjera puede redimirlo.” 

En suma, dado el avance sin pausa de la megaconcetración mediática, no vendría mal estar alerta a la manera en la que consumimos y compartimos información, porque más alla de nuestra voluntad, estamos inmersos en la dinámica “fast food” de la noticia, método usurero del “arte del envenenamiento”, probado para convencer a millones de personas en el mundo de que es mejor comer mal, de parado, y (con suerte) con cubiertos de plástico, pero (eso si) rápido. Después de todo, Luca Prodan ya susurraba que “nada te ata, a leer la novedad”.

Escribe Juan Godoy*

            El 16 de junio de 1955 la barbarie oligárquica se hacía presente nuevamente, esta vez haciendo “llover” bombas sobre la población civil en el centro de la Ciudad de Buenos Aires, dejando casi 400 muertos. Dos meses después se daba el golpe de estado, dejando inconclusa la Revolución Nacional. El nacionalismo católico, como en 1930, esta vez a cargo de Lonardi con su “ni vencedores, ni vencidos” dura poco, el 13 de noviembre del mismo año el liberalismo conservador probritánico encarnado en Aramburu y Rojas lo desplaza, y se hace del gobierno. El Contra-almirante Rial, en septiembre, mientras dirigentes de la CGT esperaban entrevistarse con el entonces Presidente de facto Lonardi, dejaba en claro el objetivo del golpe, recuerda Miguel Gazzera que les dijo “sepan ustedes que la Revolución Libertadora se hizo para que en este país el hijo del barrendero, muera barrendero”[1]

Pero los millones trabajadores peronistas no iban a dejar que la oligarquía se “la lleve de arriba”, entonces se lanzan rápidamente a la Resistencia Peronista. Esa resistencia heroica que no se amedrenta con la represión, la tortura, ni con el Decreto 4161[2], ni aún con los fusilamientos. Esa resistencia que, en palabras de un militante del peronismo revolucionario, “El Cacho” Envar El Kadri era “la de los que escondían los bustos de Perón y Evita, lucían el nomeolvides en la solapa, escribían panfletos a máquina y con carbónicos, y con tizones dibujaban el “Perón Vuelve” en las paredes; ayudaban solidariamente a las familias de los miles de presos, víctimas de las Comisiones Investigadoras; conspiraban con suboficiales y oficiales para dar un golpe. La de los trabajadores que defendían sus conquistas; la de los muchachos que ponían rudimentarios caños llevando el terror a las guaridas gorilas”[3]

César Marcos había nacido a principios de siglo, el 3 de septiembre de 1907, mientras la oligarquía porteña se preparaba para los festejos del Centenario como Granja de Su Majestad el Reino Unido, y el yrigoyenismo se encontraba conspirando y conformando lo que sería el primer movimiento nacional de nuestro país. De muy pequeño había adquirido, por consejo de su madre, el hábito de la lectura, de modo que a los 12 años leía a Marx en el tranvía. Lector voraz, con educación formal primaria, será autodidacta. Trabaja desde joven haciendo changas en el Mercado Dorrego. Luego de la conscripción, participa en el Ejército en la compañía de Archivistas, allí comienza a “escribir para otros”. Lleva a ser sub-oficial del Ejército. Interesado por la historia Argentina, asumiendo una posición revisionista, durante la década infame se integra al Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manual de Rosas[4]. Años más tarde afirma “la historia es siempre eso: una eterna lucha entre la opresión y la liberación”[5]. Neutralista durante la Segunda Guerra Mundial, trabaja luego del golpe de 1943 como Director General de Espectáculos. Apasionado latinoamericanista, a su hija Mercedes le dice Ñusta (princesa inca)[6].

Por esa época, influencia a la figura de John William Cooke, quien era por entonces (sin “escapar” a la superestructura cultural de colonización pedagógica), anti-rosista, unitario, rupturista, y pro-inglés, bajo la figura de su padre, un radical conservador. Conversa asiduamente con el joven Cooke (Marcos le lleva poco más de 10 años), y “otorga a estas conversaciones una óptica nacional que resulta novedosa para ese John William Cooke atrapado aún por mitos de la escuela y del radicalismo en declinación”.[7]De allí, nacerá una profunda amistad que durará muchos años, y cuando Cooke sea Diputado en el primer gobierno de Juan Perón, éste es asesor del “Bebe”. Más tarde, en 1954 será artífice con Cooke de la Revista De Frente.

Una vez producido el golpe de estado, Cooke se pone rápidamente en contacto con Perón, “Cooke fue (dice Perón) el único dirigente que se conectó a mí y el único que tomó abiertamente posición de absoluta intransigencia, como creo yo que corresponde al momento que vive nuestro movimiento”[8]. Comienza entonces, apenas producido el golpe, junto con César Marcos y Raúl Lagomarsino, entre otros, a organizar la Resistencia Peronista. Organizan conjuntamente el Comando Nacional Peronista, que buscaba articular la lucha. El “Bebe” Cooke” nombrado por Perón el 2 de noviembre como su representante en la Argentina, y su heredero en caso de muerte, había sido detenido tiempo antes estando “guardado” en la casa del historiador José María Rosa[9]. Cuando Cooke esté preso, quedarán a cargo en la “superficie” Marcos y Lagomarsino.

César Marcos había sido detenido una semana antes del levantamiento de Valle y Tanco en junio de 1956, junto con otros cinco militantes del Comando Nacional. Sufre estando detenido un simulacro de fusilamiento, e incluso el 11 de junio aparece como “fusilado” en la primera página de La Razón[10]. Sale de la cárcel afines del ’57. Veintisiete fusilados por una Revolución que no tiró ni veintiséis tiros, sostiene Salvador Ferla[11]. Marcos dice al respecto de los fusilamientos, “es igual en Villamayor, en 1856, que cien años después, en 1956, en los basurales de José León Suárez, en los fusilamientos de Lanús y la penitenciaría”[12].

César Marcos, como decíamos, será uno de los artífices de la Resistencia Peronista. Cuenta Marcos que “en 1955 fue la caída. Entonces el cielo entero se nos vino encima. El mundo que conocíamos, el mundo cotidiano, cambió por completo. La gente, los hechos, el trabajo, las calles, los diarios, el aire, el sol, la vida se dio vuelta. De repente entramos en un mundo de pesadilla en que el peronismo no existía”13]. Se lanza una consigna que unifica a la resistencia, un reclamo sin “medias tintas” que grita: Perón Vuelve. Asimismo afirma que “tuvimos que entender que una insurrección auténtica no nace en los cuarteles sino en el seno del pueblo. Las revoluciones legítimas no se improvisan ni surgen sin un proceso previo de maduración y de preparación”[14].

Cuenta Marcos que los golpistas en la feroz represión que lanzan detienen a los dirigentes sindicales de primera e incluso segunda línea[15]. Otros se exilian, algunos “negocian”. Allí surge entonces una “nueva camada” de dirigentes sindicales, que se hacen al calor de la lucha. Por entonces, en el año 1957 Marcos (junto con Lagomarsino), comienza a editar una publicación que llama (¿premonitoriamente?) “El Guerrillero”. En esas páginas se desenvuelve como editorialista, según consta en la investigación de Fernando Monzón (h)[16], bajo el seudónimo de Juan Caracas (Juan por Perón, y Caracas porque el líder se encontraba en esa ciudad). Escribirá allí 17 editoriales entre el ’57 y el ‘58. La publicación es realizada desde las cárceles de Caseros y Magdalena. Desde allí denunciará a la “Revolución Fusiladora”. En uno de esos editoriales dice al respecto de este cambio de dirigentes: “nuevos hombres, nuevas fuerzas, son las que han asumido, en calidad y en profundidad, los comandos efectivos de la conducción (…) hemos sido espectadores, de primera fila, de una crisis total de la antigua dirección (…) pero de la misma entraña del pueblo, de las filas del Movimiento, fueron surgiendo nuevos dirigentes”[17].

Marcos no solía escribir, o mejor dicho no solía firmar los escritos que, en general, escribía para otros. Ha escrito hasta libros enteros para otros. Desde 1943 hasta que muere en el ’87, recibe en su casa a quien quiera conversar con él, “era cultor de una relación que podría definirse como socrática. Escuchaba atentamente, y respondía con respeto”[18]. En otro editorial de “El Guerrillero” grita “¡a la lucha! Hambre, cárcel y tumbas ofrece el Gobierno al pueblo trabajador”.[19]En el Nº 4 afirma la lealtad al líder exiliado, e identifica al enemigo sosteniendo que “el movimiento (peronista) no es una estancia, ni tiene patrones. Tiene sí, un jefe (…) Un movimiento como el nuestro se define precisamente por su intransigencia frente a los sistemas internos y externos, que deben ser destruidos”.[20]

Al siguiente editorial profundiza el análisis estableciendo:“es el enfrentamiento de fuerzas políticas perimidas contra fuerzas históricas en ascenso (…) De un lado, el frío mecanismo de una política entreguista y cipaya, antinacional y antipopular. Del otro, la concepción y la práctica histórica, el fervor telúrico que se sinteriza en la soberanía política, la independencia económica y la justicia social”.[21]El de Marcos y “El Guerrillero” es un peronismo intransigente, que se aleja de los pactos, y no ve otra salida que la vuelta sin condicionamientos de Perón a nuestro país, afirma en un editorial: “Dijo Perón: “el pueblo no puede ser vencido”. Los que quieren seguir que sigan… La lucha entre el pueblo y la oligarquía sólo puede resolverse por la insurrección”,[22]“¡Perón sí Otros no![23]

Observamos como César Marcos, por un lado ejerce su militancia en la conspiración, en el armado de los núcleos de la Resistencia, en el enfrentamiento directo con la canalla dictatorial; y por otro, al mismo tiempo, se dedica a reflexionar, hablar con los compañeros, seguir formándose, y a escribir como parte de esa lucha. En los años 70’s Marcos, desde la Unidad Básica John W. Cooke abre espacios de discusiones con los sectores de La Tendencia, con los cuales encuentra proximidad. Si bien es crítico del gobierno de Isabel Perón, sostiene la idea que hay que evitar el golpe.[24] Un compañero anota que “en la Resistencia (Marcos) fue una especie de guardián de la doctrina (otro afirma que) todo aquel que pensara en una organización revolucionaria dentro del peronismo iba a ver al viejo”[25]

César Marcos fue uno de los principales actores de la Resistencia Peronista, esa acerca de la cual él mismo realizó esta certera reflexión: “después de Caseros pasaron más de ochenta años de escamoteo histórico, de falseamiento de la verdad nacional, de ignorancia premeditada de la época de Rosas el Grande. (…) NOSOTROS, LOS PERONISTAS DE LA PRIMERA RESISTENCIA, EVITAMOS LA REPETICIÓN DE CASEROS. Sin permitir que se apagara, mantuvimos encendida la llama sagrada de Perón. Y esa llama fue la que, al final, floreció en la gran hoguera del 25 de mayo de 1973.[26]

* Juan Godoy es Sociólogo de la Universidad de Buenos Aires (UBA). juanestebangodoy@hotmail.com

[1] Galasso, Norberto. (2011). Historia Argentina. Desde los pueblos originarios hasta el tiempo de los Kirchner. Tomo II. Buenos Aires: Colihue, página 354.

[2] El mismo (firmado por Aramburu), prohibía, entre otras cosas, nombrar a Perón, a Eva Perón, las expresiones como peronismo, peronista, justicialismo, tercera posición, la abreviatura P.P., la marcha peronista, Evita capitana, etc. Como si la memoria del pueblo peronista pudiese borrarse por un decreto. El mismo es reproducido íntegro en Baschetti, Roberto. (2012). Documentos de la Resistencia Peronista. 1955-1970. Volumen 1. Buenos Aires: ediciones De la Campana, pp. 80-82.

[3] El Kadri, Envar. Prólogo a ibídem, página 18.

[4] Galasso, Norberto. César Marcos. En Galasso, Norberto. (Comp.). (2005). Los malditos. Hombres y mujeres excluidos de la historia oficial de los argentinos. Buenos Aires: Ediciones Madres de Plaza de Mayo.

[5] Marcos, César. La cosa fue así. En Revista Peronismo y Liberación (Dir. Juan José Hernández Arregui). Nº1, agosto de 1974, página 24. Este escrito es reproducido en Baschetti, Roberto. (2012). Documentos de la Resistencia Peronista. 1955-1970. Volumen 1. Buenos Aires: ediciones De la Campana, pp. 61-66.

[6] Baschetti, Roberto. César Francisco Marcos. En Militantes del peronismo revolucionario uno por uno. Disponible en http://www.robertobaschetti.com/biografia/m/52.html

[7] Galasso, Norberto. (2004). Cooke, de Perón al Che. Una biografía política. Buenos Aires: Ed. Nuevos Tiempos, página 14.

[8] Carta de Juan Perón al Compañero Pecari (Leloir). Caracas, 10 de marzo de 1957. Cooke, John William. (2008). Obras Completas. Correspondencia Perón-Cooke. Tomo II. Buenos Aires: Colihue, página 60.

[9] Recalde, Aritz. (2009). El pensamiento de John William Cooke en las cartas a Perón. 1956-1966. Buenos Aires: Ed. Nuevos Tiempos.

[10] Pastoriza, Lila. César Marcos. El atizador de Fuegos. En Revista Crisis Nº 59, abril de 1988.

[11] Ferla, Salvador. (2008). Mártires y verdugos. La insurrección de Valle y los 27 fusilamientos. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente).

[12]  Marcos, César. (1974). Op. Cit., página 24. Recordemos que la masacre de Villamayor se produce unos años más tarde que Buenos Aires, con tal de no repartir la renta de la aduana, se segregara del resto de la Confederación el 11 de septiembre de 1852. Así, en 1856 las fuerzas de la Confederación pretenden reincorporar a la provincia díscola y prepotente al resto del país, fracasan, y se produce la represión: el fusilamiento de 115 combatientes por orden de Mitre, Obligado, Alsina y De la Riestra. Galasso, Norberto. (2011). Historia Argentina. Desde los pueblos originarios hasta el tiempo de los Kirchner. Tomo I. Buenos Aires: Colihue.

[13] Marcos, César. Op. Cit., página 23.

[14] Marcos, César. Op. Cit., página 23.

[15] Recordemos que por ejemplo la CGT es intervenida por la Marina, el interventor es Alberto Patrón Laplacette, se inhabilitan a 150 mil delegados de fábricas, los cuales tampoco podrán ser elegidos en futuras elecciones. Ramos, Jorge Abelardo. (1983). La era del peronismo. 1946-1976.  Buenos Aires: Mar Dulce.

[16] Monzón, Fernando (h). (2012). El peronismo del silencio. Con los escritos ocultos de César Marcos. Buenos Aires: Corregidor. En el mismo libro se recopilan los escritos de César Marcos en El Guerrillero.

[17] Marcos, César (bajo el seudónimo Juan Caracas). El Guerrillero, Nº 2, 3/10/1957. Reproducido en Ibídem, páginas 58-59.

[18] Ibídem, página 39-40.

[19]  Marcos, César (bajo el seudónimo Juan Caracas). El Guerrillero, Nº 3, 17/10/1957. Reproducido en Ibídem, página 66.

[20] Marcos, César (bajo el seudónimo Juan Caracas). El Guerrillero, Nº 4, 1/11/1957. Reproducido en Ibídem, página 74 y 77.

[21] Marcos, César (bajo el seudónimo Juan Caracas). El Guerrillero, Nº 5, 15/11/1957. Reproducido en Ibídem, página 82.

[22] Marcos, César (bajo el seudónimo Juan Caracas). El Guerrillero, Nº 14,6/2/1958. Reproducido en Ibídem, página 143.

[23] Marcos, César (bajo el seudónimo Juan Caracas). El Guerrillero, Nº 14,6/2/1958. Reproducido en Ibídem, página 153.

[24] Pastoriza, Lila. Op. Cit.

[25] Testimonios citados en ibídem.

[26] Marcos, César. (1974). Op. Cit., página 25.

Bibliografía citada

Baschetti, Roberto. (2012). Documentos de la Resistencia Peronista. 1955-1970. Volumen 1. Buenos Aires: ediciones De la Campana

Baschetti, Roberto. César Francisco Marcos. En Militantes del peronismo revolucionario uno por uno. Disponible en http://www.robertobaschetti.com/biografia/m/52.html

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Galasso, Norberto. (Comp.). (2005). Los malditos. Hombres y mujeres excluidos de la historia oficial de los argentinos. Buenos Aires: Ediciones Madres de Plaza de Mayo.

Marcos, César. La cosa fue así. En Revista Peronismo y Liberación (Dir. Juan José Hernández Arregui). Nº1, agosto de 1974

Monzón, Fernando (h). (2012). El peronismo del silencio. Con los escritos ocultos de César Marcos. Buenos Aires: Corregidor.

Pastoriza, Lila. César Marcos. El atizador de Fuegos. En Revista Crisis Nº 59, abril de 1988.

Ramos, Jorge Abelardo. (1983). La era del peronismo. 1946-1976.  Buenos Aires: Mar Dulce.

Recalde, Aritz. (2009). El pensamiento de John William Cooke en las cartas a Perón. 1956-1966. Buenos Aires: Ed. Nuevos Tiempos.

En la antigua Roma se llamaba perduellis, al enemigo interno de la patria. El crimen de perduellio (contra la patria) era castigado con la pena de muerte.

Como principio general, la muerte liberaba de la pena y de acción penal al delincuente. Sin embargo, cuando el delito era contra el Estado, esta regla no valía; la maldición también alcanzaba la tumba y aún después de la muerte, en donde se podía aplicar la “privación de sepultura, la remoción de la tumba y la execración de la memoria del difunto” (Derecho Penal Romano, tomo 19, pág. 74).

Los perduellis criollos lo aplicaron con Juan Manuel de Rosas, en donde recién después de un siglo, pudo volver a descansar en la Patria que con tanto esmero defendió y a la que dedico su vida. Otro caso paradigmático fue el de Evita. Y esa vez, fueron por más, llegando al punto tal de la profanación de su tumba y posterior ensañamiento con su cuerpo. Las bombas “libertadoras” del 55´ habían traído consigo la “civilización”. Fusilaron al General Valle en una celda fría de la Penitenciaría Nacional, mientras el “perduellis mayor” de ese tiempo dormía. La misma suerte corrieron el Teniente Coronel Oscar Cogorno y los que cayeron en los basurales de José León Suárez.

Años más tarde perfeccionarán los métodos. Arrojaran a compatriotas desde aviones, desaparecerán y torturaran a militantes populares, con la ayuda de buchones de seccionales de policía y con viejos acabados con olor a sacristías. Las fuerzas armadas se habían transformado en la guardia pretoriana de esa oligarquía rapaz y parasitaria. Su primer crimen no fue contra un “marxista subversivo”. Fue contra un propio camarada de armas, el Mayor Bernardo Alberte, edecán del General Perón.

La última dictadura conto con el apoyo civil y empresarial. José Alfredo Martínez de Hoz, fue la figura más acabada de esa pata empresaria, contraria a los intereses nacionales, en la cual modificó la matriz productiva de nuestro país, que es la que perdura hasta nuestros días. El sueño de tener una patria altamente industrializada, con desarrollo y pleno empleo cambió radicalmente para ser una colonia pastoril, de importación de manufacturas y la de un pueblo sumido en la pobreza.

Hoy nuevamente los perduellis están en el poder. Pero esta vez con los votos. No recurrieron al tradicional e infame golpe de estado. Cuando más oscuro parece el porvenir, cuando parece consolidarse la indiferencia, cuando se predica el egoísmo de la pasión más ruin, que es la codicia del dinero, cuando se impone el “perduellio” en la vida argentina, y se supere la triste experiencia de un fracaso, la conciencia de todos los buenos argentinos deberá apelar a la unidad.

El pueblo argentino tiene inmensas, inacabables reservas de honradez, de coraje y de virtud. Y como decía José Luis Torres, hemos de triunfar en nuestra tarea, porque una fuerza mítica nos anima a cumplir con firmeza inquebrantable nuestra tarea.


El libro “Los Perduellis” de José Luis Torres se encuentra disponible para descargar en nuestra Biblioteca Digital

Escribe el General Perón a Don Arturo Jauretche en carta fechada un 10 de abril de 1968, palabras que hacen eco aún en la actualidad:

“Mi estimado amigo (…) He seguido siempre su prédica patriótica, tan elocuente como constructiva y eficaz, especialmente en estos momentos en que la pobre Argentina está tan necesitada de verdades. Hasta esta lejana Europa llegan los lamentos; sin embargo nada se puede intuir por lo menos que nos haga pensar en soluciones. (…) La situación Argentina en la hora que nos toca vivir ya no puede ser de enfrentamientos parciales: es preciso vencer los divisionismos suicidas como única manera de alcanzar la necesaria unidad y solidaridad ciudadana, que nos permita enfrentar unidos a la línea nacional que domina. Usted ha sido siempre un hombre de esa causa y le honra el hecho de que aún permanezca en la misma trinchera, en la que también seguimos luchando nosotros. Es precisamente ahora cuando más unidos debemos estar. (…) Remorino le podrá informar cuánto hemos charlado al respecto dirigentes hayan defeccionado, como comúnmente suele suceder cuando los hombres ceden a la acción destructora del tiempo y la corrupción es provocada desde arriba. (…) el Movimiento Peronista no tiene nada que temer si se organiza y conduce con acierto: es lo que espero para el futuro inmediato. En esas condiciones, recién podremos aspirar a que todos los argentinos se unan, organicen y sean conducidos acertadamente, sin banderías ni divisionismos negativos, como la única manera posible de salvar a la Patria.”

Publicado por Iciar Recalde

Carta completa en Perón Vence al Tiempo

Roberto Pettinato

Roberto Pettinato fue el primer titular de la Dirección Nacional de Institutos Penales, y a la vez, el primer inspector general surgido de la institución.

Nació el 3 de septiembre de 1908 en la Ciudad de Buenos Aires. Sus padres fueron Rosalia Cianciarulo y Antonio Pettinato. Completó sus estudios secundarios hasta el tercer año en una Escuela Nacional de Comercio. Además fue profesor de la disciplina Jiu-jitsu, arte marcial japonés.

Ingresó al Servicio Penitenciario Federal Argentino el 21 de agosto de 1934 como Ayudante Principal. Recorrió todo el escalafón penitenciario hasta alcanzar el máximo grado.

El 8 de enero de 1947, durante la presidencia del Gral. Juan Perón, fue nombrado Director General de Institutos Penales. Al asumir su cargo instituyó como premisas centrales de su gestión la dignificación y el desagravio a las victimas de los penados. Durante su gestión, se delinearon los puntos principales de su programa de la reglamentación de la ley N° 11.833, un régimen de producción penal, el aumento del peculio de los penados, la atención y contención hacia la familia de los presos y la formación profesional de los sujetos que cumplieran su condena en los establecimientos penales. Además. promovió la alfabetización de los presos.

Con Pettinato a la cabeza del sistema penitenciario, se resolvió clausurar el penal de máxima seguridad de Ushuaia, el “Presidio del Fin del Mundo. El presidio debaja de funcionar y las crónicas de la época manifestaban: “El drama de Ushuaia ha terminado”.

Luego, en 1948, asumió la dirección de la Escuela Penitenciaria de la Nación a efectos de encarar su organización y designar al personal directivo. La escuela fue el primer instituto de formación y capacitación penitenciaria de América Latina, y uno de los primeros del mundo. Allí, donde se formó a los primeros agentes penitenciarios de acuerdo al estatuto de 1946, Pettinato fue designado profesor de la cátedra “Orientación Profesional Penitenciaria y Visitas Extraordinaria”.

Pettinato impulsó las reformas que introdujeron el principio de la resocialización como pilar en el trato de las personas recluidas en el sistema penitenciario.

El 14 de agosto de 1953 fue confirmado como Director Nacional de Institutos Penales. Desde su cargo dispuso eliminar los grilletes y erradicar el uso del uniforme a rayas amarillo y negro que lucían los presos hasta el momento.

Una de sus actuaciones más destacadas fue en el Primer Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente (Ginebra, Suiza, del 22 de agosto al 3 de septiembre de 1955) que concluyó con la aprobación de las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos.

Su acción profundizó la obra de Juan José O´Connor y el Coronel Rómulo Paez con gran audacia. Tomó las ideas de José Ingenieros y la célebre frase de 1811, luego inserta en la Constitución de la Nación Argentina de 1853, la cual reza que “Las cárceles de la Nación, deben ser sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas…”

Después del golpe militar de 1955 que instauró la dictadura autodenominada Revolución Libertadora el matrimonio Pettinato debió exiliarse en Ecuador. Previamente se refugiaron en la embajada de Ecuador en Buenos Aires, donde nació su hijo Roberto Pettinato, reconocido músico y conductor de TV argentino. Estuvieron tres años exiliados en Ecuador, para luego recalar en Perú y después en Chile, hasta su regreso en 1966.

Reconocimientos:

En agosto de 1950 el Comisario General de la Administración Penitenciaria de los Países Bajos lo nombra miembro de honor del Centro de Estudios Penitenciarios y Criminológicos de Holanda. Un año después, el gobierno de España le otorga el “Diploma y Medalla de Oro al Mérito Social Penitenciario”.

En 1954 la República de Ecuador le entrega la “Orden Nacional al Mérito en el Grado de Comendador”, mientras que la Asociación Brasileña de Prisiones hace lo propio con la medalla “Grande Mérito Penitenciario”. Ese mismo año, la República de Chile lo condecora con la orden de Bernardo O’Higgins en el grado de comendador.

El 22 de diciembre de 2005, el Presidente de la Nación Argentina, Néstor Kirchner, y el Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina, Eugenio Zaffaroni, impusieron el nombre “Roberto Pettinato” a la Academia Superior de Estudios Penitenciarios.

 

Fuentes: Revista Pensamiento Penal, RNR, Wiki, La Nación

Antonio Rivero, pastor y esquilador de ovejas de la colonia de Puerto Soledad, acompañado de otros ocho gauchos, el 26 de agosto de 1833 se rebeló contra la autoridad inglesa y dieron muerte a algunos funcionarios. “Hasta enero –dice José María Rosa– estuvieron las Malvinas bajo el control de los gauchos de Rivero.”

Las familias de los colonos ingleses fueron confinadas a un islote y alimentadas por los sublevados. En octubre llegaron algunos balleneros ingleses, pero no se atrevieron con los amotinados; debió esperarse a enero de 1834, en que una goleta de guerra consiguió imponerse y Rivero y los suyos cayeron presos. Se les hizo un proceso en el buque “Spartiate”, de la estación naval británica de la América del Sur. Tan inicuo, que el Almirante inglés no se atrevió a convalidarlo, y prefirió desprenderse del asunto desembarcando a Rivero y los suyos en la República Oriental del Uruguay. El cabecilla fue dado de alta en el ejército argentino por Rosas, para morir, como era su ley, el 20 de noviembre de 1845 peleando contra los ingleses en la Vuelta de Obligado.

Juan Carlos Moreno, figura consular de la historia malvinera, hizo una excelente síntesis de este hecho controvertido de la historiografía argentina; si bien el mérito de sacar a Rivero del anonimato se debe a la enconada labor de Martiniano Leguizamón Pondal, quién después de arduas investigaciones, de revisar archivos y de recoger la tradición oral subsistente en Entre Ríos, escribió ese precioso libro que tituló “Toponimia criolla de las Malvinas”.

Veamos que dice Moreno:

“Después de haber usurpado las islas Malvinas, con el abuso de la fuerza, el capitán inglés John James Oslow se alejó del archipiélago dejando 31 hombres, sin contar las mujeres y los niños. Poco después regresó a Puerto Soledad Mateo Brisbane, que había sido mayordomo del gobernador Vernet y ahora estaba al servicio de los ingleses. Dos extranjeros más estaban provisoriamente al frente de la comandancia: el capataz francés Simón y el carnicero irlandés Dickson. De los argentinos, ocho estaban en desacuerdo con el nuevo estado de cosas, capitaneados por Antonio Rivero, que había ido a las islas capitaneado por Luis Vernet.

Vernet tenía por costumbre pagar al personal con vales, que luego eran canjeados en la proveeduría. Dickson se negaba a reconocer los vales de los peones, y Simón ponía trabas para entregar el ganado manso como alimento, obligando a los paisanos a que se rebuscasen con las vacas chúcaras dispersas por los valles.

No pudiendo tolerar por más tiempo esta situación, los criollos se sublevan el 26 de agosto de 1833, atacan la comandancia y matan a Brisbane, a Dickson y a Simón. “Los gauchos llevados casi al frenesí –dice Leguizamón Pondal– con una furia patriótica, sacaron la enseña inglesa y, delirantes, enarbolaron la de Belgrano”. Fue así como Antonio Rivero y sus compañeros recuperaron el dominio de las Malvinas y se mantuvieron en ellas durante seis meses, totalmente ignorados de las autoridades argentinas y sin medios para comunicarse con el continente.

El 23 de octubre entró en Soledad la goleta inglesa “Hopeful”, comandada por Henry Rea, y al enterarse de la situación, zarpó nuevamente, sin atreverse a izar la bandera inglesa, para dar cuenta del cambio operado. Poco después llegó la “Antartic”, en demanda de alimentos, y Rivero le entregó varias reses de vacuno. Proveía, también, de carne a los demás pobladores, algunos de ellos recluidos en el islote Peat.

Viendo que no llegaban socorros de Buenos Aires, Rivero se dispuso a construir una balsa que pudiera conducirlos a la costa continental. No pudiendo cumplir sus deseos, porque el 3 de enero de 1834 entraban los buques “Challenger” al mando del capitán Seymur, y “Hopeful”, comandado por Rea, que había ido a buscarlo. Al frente de este contingente numeroso y armado venía el teniente de marina Henry Smith, enviado probablemente por el capitán Oslow. Smith enarboló nuevamente la insignia británica y organizó una partida para capturar a los criollos, que se habían alejado a la vista de aquel contingente armado. Después de sufrir una persecución encarnizada, que duró cerca de tres meses, y de haber perdido dos hombres, el gaucho Rivero, sin otra arma que su facón, extenuado y hambriento, se entregó.

Los ingleses labraron varias actas con las declaraciones de los presuntos testigos y de los prisioneros, naturalmente coaccionados, donde hacían aparecer como vulgares delincuentes a Rivero y sus compañeros. Después, engrillados, fueron transportados a Londres para ser juzgados por el Almirantazgo británico. Lo curioso es que el tribunal no encontró materia para condenarlos, sea porque no daba valor a las actas fraguadas, sea porque consideraba que los gauchos pelearon en defensa de un territorio argentino, que ellos habían usurpado y dispuso que fueran devueltos a su patria.

El vapor ‘Talbot’ viajó al sur y dejó a Antonio Rivero y a sus compañeros en Montevideo. De allí pasó Rivero a Entre Ríos, su provincia, según tradición oral, recogida por Leguizamón Pondal, el gaucho Rivero más tarde se habría enrolado en las milicias del general Mansilla y habría perecido en el combate de la Vuelta de Obligado.” (1)

Sin duda, una hermosa parábola, para un hombre sencillo y de escasa o nula instrucción como todo el paisanaje de su época, que, sin embargo, encendió una estrella de rebelión en las islas usurpadas…

La personalidad de Antonio Rivero ha sido motivo de discusión por parte de los historiadores, a pesar de su penosa y heroica vida. Fermín Chávez lo compara con “…la Nana Sahib, el indio que en 1857 encabezó la rebelión de los sepoys consumando una matanza de ingleses en la ciudad de Kanpur”. Otros, basándose en crónicas de origen británico sobre la sublevación gaucha, lo consideran un gaucho matrero. Para Vicente Sierra no fue “… ni bandolero, ni prócer”.

La Academia Nacional de la Historia, en un dictamen dado el 19 de abril de 1966, firmado por los académicos de número Ricardo R. Caillet-Bois y Humberto F.Burzio, dijo:

“Los antecedentes documentales hasta ahora conocidos, no son nada favorables para otorgar a Rivero títulos que justifique un homenaje”. “Es deber y responsabilidad de la Academia Nacional de La Historia, como institución asesora del Poder Ejecutivo, comprobar fehacientemente el hecho y si el mismo reviste carácter de verdad histórica indubitable de la defensa de la heredada patria”.

Fue este dictamen el que se invocó para anular la designación de Puerto Rivero para la capital del las islas, dada la mala impresión que causaba entre los habitantes que lo consideraban un forajido. Claro, la colonización de Australia la hicieron con becarios universitarios y el Ejército de Salvación. Finalmente, entre dimes y diretes, en lugar de restaurar el nombre histórico, Puerto Soledad, se eligió la originalísima denominación de Puerto Argentino.

Distinta ha sido la actitud de Gran Bretaña respecto a su venerado –e inexistente para los árabes– “Lawrence de Arabia”, un apasionado por la aventura y los muchachitos, al decir de Enrique Oliva, que el cine ha elevado a la categoría de mito al igual que otras fábulas históricas. (El indigesto bodrio de “El Álamo” es un buen ejemplo).

José María Rosa criticó ese dictamen, donde se juzgó con documentos ingleses la actitud de argentinos que quisieron vivir bajo el pabellón nacional, arriando el estandarte foráneo en Puerto Soledad.

(1) Moreno, Juan Carlos. “El gaucho Rivero habría caído con las milicias del general Mansilla en la Vuelta de Obligado” En: Suplemento del diario “Mayoría” 26 de agosto de 1974

Fuente: El Ortiba – Colectivo de Cultura Popular

“Nuestros imitadores institucionales de los EE.UU. no vieron (…) que tanto en los Estados Unidos como en Alemania se aplicaban entonces ideas liberales con sentido nacional, no pudieron ver que la marcha hacia el Oeste y la producción industrial eran el ingrediente nacional de ese proceso liberal. No podían percibir que en los EE. UU., al ganar el Norte al Sur, se derrotaba la tesis de la división internacional del trabajo. Y no podían ver eso porque nuestros pensadores liberales, partían del supuesto, sin duda falso, de la historia como una oposición entre civilización y barbarie.” Arturo Jauretche – Entrevista en la Revista Crisis N° 5, Septiembre de 1973

“La economía moderna es dirigida. O la dirige el Estado o la dirigen los poderes económicos. Estamos en un mundo económicamente organizado por medidas políticas, y el que no organiza su economía políticamente es una víctima. El cuento de la división internacional del trabajo, con el de la libertad de comercio, que es su ejecución, es pues una de las tantas formulaciones doctrinarias, destinadas a impedir que organicemos sobre los hechos nuestra propia doctrina económica.” Arturo Jauretche – Política y Economía p. 153 , disponible en nuestra Biblioteca Digital

El importante paso de unidad en el rechazo al plan económico oficial que brindaron el movimiento obrero organizado y las organizaciones sociales en este jornada no fue acompañado por casi ningún medio de comunicación, excepción hecha de la [Radio] Gráfica, La Señal Medios, Sindical Federal y AGN.

Mientras los medios concentrados pusieron su eje sobre las dificultades del tránsito, remarcaron la escasez de la convocatoria -total, se puede afirmar lo que sea- y realzaron el discurso oficial -¡aumento del empleo!, estabilidad económica e inutilidad del reclamo- los cercanos no se quedaron atrás.

Toda la cobertura de los espacios que suelen cuestionar aspectos de la política oficial enfatizaron la “fractura” en la CGT, justo cuando confluyeron planteos fuertes y no se registraron cruces, y en vez de entrevistar a los sindicalistas ofrecieron micrófono a miembros del FIT. Luego hablaron de la no convocatoria a un paro que no estaba previsto.

Como nos apuntó Ariel Weinman, este trabajo comunicacional adverso, que viene de hace semanas, derivó en la escasez de segmentos medios en el acto, circunscribiendo la masividad a las entidades obreras y sociales. Es decir, se ha logrado teñir de desconfianza horizontal una movida que salió en línea con las necesidades nacionales y populares.

Gabriel Fernández / La Señal Medios.

Movilización del 22 de Agosto convocada por la CGT – ES Fotografía

Fuente: LAS ZONCERAS ABIERTAS DE AMÉRICA LATINA

“Cuando te quejás de la CGT no podés reconocer que, nos guste o no, son ellos los que hoy representan a los trabajadores. También caés en el reduccionismo político de equiparar a la CGT con Barrionuevo. Sería como equiparar a los empresarios con Martínez de Hoz. (…) Ser intelectual no significa mostrarse diferente, tal como ser valiente no implica mirar a los demás desde la cima de la montaña (…) creo que vos y yo no pensamos tan diferente, sino que tenés miedo. Miedo de que te confundan, porque creés que la individualidad te va a preservar. Pero no te olvides que pertenecemos a una generación que siempre creyó en las construcciones colectivas. La individualidad te pondrá en el firmamento pero sólo la construcción colectiva nos reivindicará frente a la historia. Al fin y al cabo todos somos pasantes de la historia.” Néstor Kirchner a José Pablo Feinmann

Daniel Santoro

No es herejía decir que el tan criticado modelo sindical argentino es un ejemplo imitado pero nunca igualado en el mundo. No es herejía porque resulta consecuente con la evidencia de que el demoliberalismo político no ofrece a la comunidad nacional lo que el movimiento obrero organizado, y vicerversa. Para que el lector pierda por completo esperanzas de objetividad en este escrito, diremos que contra cualquier pataleo, el sindicalismo (con sus matices) es y será el mejor termómetro del estado espiritual del trabajador promedio.

Sucede que esos “sucios feos y malos Señores Feudales del Sindicalismo tradicional” (también los jacobinos) no representan sujetos comunicacionales, ni electorado susceptible de ser interpelado con campañas publicitarias, representan nada más que a los trabajadores organizados, pero nada menos.

A diferencia de la política, sometida a la dictadura de la novedad contemporánea que mantiene en estado de neurosis colectiva a sus consumidores más fieles, el modus vivendi sindical no está expuesto a tan nociva radiación, y por eso conserva el oído agudo que -más tarde o más temprano-  lo constituye como vector de las demandas masivas, no atomizadas, más allá de los tiempos de la dimensión política. Quizás por eso sus apesadumbrados pasos hacia el 22 de agosto tienen una correlación más milimétrica que la de la dimensión política con el clima de “la calle”.

La simetría entre la organización y el estado de ánimo del trabajador que representa, radica en el dato natural de que simplemente, el sindicato convive con el trabajador. No “baja” al ámbito laboral, como quien baja de la universidad al territorio. En la alquimia de esa convivencia directa con los problemas  con el accionar concreto (apresurado o retardatario) y sus consecuencias inmediatas, la organización sindical está menos sometida a las neuróticas necesidades de la teatralización mediatizada de la política. Quizás por eso se dice que las masas se movilizan de manera poderosa a través de la organización sindical, cuyos paros tienen la capacidad de daño de una bomba de hiroshima en materia económica.

En su barrosa genealogía, la organización sindical venció al tiempo porque tiene algo que otros dispositivos de representación no: tiene cultura política, historia, códigos, y una particular sensibilidad para entender y traducir, sin moralinas bienpensantes, lo que esas muchedumbres que trabajan demandan, aunque esas demandas no siempre sean del gusto de nuestros ilustrados compañeros más esclarecidos.

Si esto es así, puede que entonces esa suerte de “punitivismo cultural” aplicable a muchas cosas (también para con el “tiempismo” de ciertas dirigencias sindicales), no tenga en cuenta un importante factor: una falta de clamor popular por reemplazar al macrismo, y  no esté directamente asociada con la tan fácilmente atribuida “funcionalidad” de la organización hacia el gobierno oligárquico en ejercicio. Pero es una hipótesis, claro está.

En tiempos de macrismo, más precisamente en marzo de 2017, una marea de cerca de 500mil trabajadores y trabajadoras nos nucleamos en unidad (que todavía hoy es mucho más que poco) para demandas concretas. Sin embargo ese punitivismo cultural no ahorró en intentos por reducir semejante hecho político a un incidente mediatizado por los mismos grupos que TODOS nosotros decimos combatir. Haciéndole honor a la cita inicial, una buena analogía sería la de sugerir que reducir la movilizaciónal al incidente de la urna es proporcional a reducir 12 años de kirchnerismo a los bolsos de José López, guiñándole un ojo al simpatiquísimo Santiago Del Moro.

Aunque no hay chocolate por la noticia,  el ataque a la estructura sindical es transversal e intenso desde el 10 de diciembre de 2015. En este sentido es válida también la hipótesis de que la expectativa/esperanza sobre un “cambio de rumbo” de parte del gobierno macrista, parece más el sueño perimido de la ingenuidad tilinga cooptada por la filosofía mediática o la excusa indiferente de meros “administradores” distanciados de la realidad, que una lectura de dirigientes con importante representación política. Pero el “tiempismo” es un arte que se aprende en la conducción de masas, y no necesariamente en las necesidades de un simple escrito como este o como otros.

Es en este sentido en el que no todo es tan lineal en el ecosistema político argento,  porque el flagelo del anticegetismo -etapa superior del antisindicalismo- no sólo esconsecuencia de la incomprensión o de la radiación del pornoshow periodístico, sino del propio accionar de algunos dirigentes que le dan de comer a ese diletante progresismo pequeño-burgués.

Entonces, cuando (en el mejor de los casos) se diagnostica por derecha o izquierda de que  hay crisis de representatividad en el sindicalismo,habría que anoticiarse de que si bien formamos parte de una comunidad integral (y no tan integrada), cada estructura debe resolverla por sí misma. En el caso de los sindicatos, se resuelve entre dirigencia y afiliados, y sanseacabó. 

Lo que no resulta para nada útil es utilizar este tipo de diagnósticos sesgados para una gerra de trincheras entre esa única clase de hombres y mujeres (las y los que trabajan) en la urgente coyuntura.

La CGT, los sindicatos en general, con su gloria y su barro son la única muestra tangible de que la organización vence al tiempo, a pesar de los errores que puedan cometer sus dirigentes, como los cometen los dirigentes políticos, y la raza humana en general. Sería un desatino que un día nosostros nos despertemos con el diario del lunes, enterándonos de que participando compulsivamente del happy Hour de la crítica al sindicalismo, estamos dándole una manito bastante grande a nuestros verdugos históricos: los dirigentes de la oligarquía.

Como es largamente evidente, los caracteres aquí volcados no tienen pretensión de ninguna objetividad ilustrada, sino apenas la inquietud relativa de un simple militante al que, como a otros, también le preocupa que estemos fanatizados con el deporte del codazo, esperando el error del compañero, pero nunca construyendo más que un charlatán diagnóstico pesimista sobre los hechos, que solo alimenta nuestros egos indignados que nos lleva a regodearnos en lo negativo, y pasamos a militar indirectamente el proyecto del enemigo, que es derrotarnos políticamente, culturalmente, y sobre todo, espiritualmente.

Hoy me hacía varias preguntas: ¿No podemos imaginar siquiera que fuera de las minorías intensas hiperpolitizadas de nuestra fauna de “orgas” y especies varias, existe un pueblo que consume 15 minutos diarios de tv e información completamente desjerarquizada y agobiante? .

¿Será que algunos se resignaron a naturalizar las construcciones mediáticas y a generar sentido común en lugar de concientizar y promover el pensamiento crítico?, ¿será que no tenemos voluntad real de salir de ese sentido común arrogante, infalible, que vomita su desprecio sobre todas las demás fuerzas políticas y organizaciones del campo popular, que son por definición las que se equivocan, las que tienen falencias, las que están condenadas, etc.?

¿Ya nos las sabemos todas, y somos especialistas en buscar culpables, incluso de “delitos” que sólo tienen sentencia firme en un medio de comunicación?. Quizás nuestro edipo con “los (y las) culpables” es un edipo nocivo. Quizás no seamos tan infalibles como pensamos, y quizás nuestras buenas intenciones y decorosos razonamientos no nos inmunicen de la radiación mediática que paraliza y confunde en un berenjenal insondable donde todo está revuelto desde hace bastante tiempo. Todos estamos sometidos a ese fenómeno, en tanto hecho social.

Si el peronismo es de arena, como observa el lúcido artista (y autor de la portada de este escrito) Daniel Santoro, entonces no se pueden trazar límites, y sería muy fecundo para el tiempo presente no forzarlos, cuando se necesita una aglomeración de todos los componentes nacionales, especialmente de los sindicatos, para enfrentar tiempos en los que, se ganen o no las elecciones, la cosas se pondrán muy difíciles.

Humildemente y en agradecimiento a quienes siguieron atentamente estas líneas, hay dos sugerencias para todos los militantes políticos y sindicales que intenten bregar la unidad por sobre cualquier diferencia secundaria; dos tentaciones que debemos evitar de cara a los tiempos que vienen:

1) confundir (y fundir) críticas a dirigentes con críticas a la organización.

2) pedirle a la estructura sindical que haga lo que no puede hacer la estructura política.

Si no hay respeto por el sindicalismo, que no haya nada entonces.

Marcos Domínguez – Zonceras Abiertas de América Latina