Desde La Baldrich compartimos las invitaciones de los compañeros de UPCN-Cancillería y del Instituto Malvinas, Patagonia e Islas del Atlántico Sur, en el marco de la semana de la soberanía.

Jueves 23/11 a las 15hs en Esmeralda 1212 1° subsuelo, CABA:

La Delegación General UPCN-Cancillería invita a la Comunidad de Trabajo de nuestro Ministerio a la Charla “MALVINAS: LA POSTGUERRA COMO CAMPO DE BATALLA”, en la que disertará el Compañero César Trejo, Combatiente de Malvinas y Delegado de nuestra Organización.

La exposición inaugurará el Ciclo de Charlas Debates organizado por nuestra Delegación para generar el encuentro, debate, intercambio de ideas y formación entre l@s trabajador@s, y se realizará el próximo jueves 23 de noviembre desde las 15 hs. en nuestra oficina gremial del 1° subsuelo de Esmeralda 1212.


Delegación General UPCN-Cancillería
“Comprometidos con la Familia Estatal”
Viernes 24/11 a las 19hs en el Centro Cultural El Gran Lío, Viamonte 1550, CABA:
Charla debate con el Compañero Jorge Rulli organizado por el Instituto de Investigaciones Históricas Malvinas, Patagonia e Islas del Atlántico Sur en el cicloVoces para la Soberanía”
El notabilísimo pensador entrerriano Fermín Chávez supo percibir en la batalla de la “Vuelta de Obligado” un verdadero jalón de nuestra autoafirmación nacional.

Para quienes no la recuerdan, dicha conflagración constituyó una de las más importantes de la epopeya independentista argentina, y tuvo lugar el 20 de noviembre de 1845 en un recodo del río Paraná a escasos 20 kilómetros de la localidad de San Pedro, provincia de Buenos Aires.

Potagonizaron la contienda por un lado las tropas de la Confederación Argentina liderada en aquél entonces por Don Juan Manuel de Rosas, y por el otro, las compuestas por la “entente cordiale”, una alianza entre Inglaterra y Francia, dos de las potencias mas aventajadas de la época.

El enfrentamiento se prolongó por un lapso aproximado de 9 horas, logrando las tropas enemigas perforar las líneas de grandes cadenas que atravesaban el río.

Muchos historiadores coinciden que las huestes al mando de Lucio N. Mansilla profesaron una perspicacia y un heroísmo dignos de subrayar, y que la estrategia militar adoptada por el restaurador fue brillante.

Los daños producidos a la “entente” en Obligado, y posteriormente en Tonelero, San Lorenzo y Punta Quebracho, obligaron a los enemigos a desistir de una “intervención en el Río de la Plata” que si bien estuvo orientada (aunque encubiertamente) a garantizar sus propios intereses comerciales, escondía alguna intención inducida “desde adentro” para independizar la Mesopotamia.

José de San Martín desde el exilio comprendió como pocos la importancia estratégica de este acontecimiento manifestando en alguna oportunidad: “Ya sabía la acción de Obligado; ¡que iniquidad! De todos modos los interventores habrán visto por este échantillon que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca”. El libertador a su muerte en reconocimiento a éstas y otras acciones, legará por disposición testamentaria a Rosas el sable con el que luchó por la independencia.

La autoafirmación es un mecanismo psicológico mediante el cual reforzamos las propias ideas, poderes, fortalezas y habilidades. En su faz colectiva, constituye un dispositivo de cohesión social mediante el cual nos reconocemos positivamente como parte de un todo entrelazado por la solidaridad. La autoafirmación es, en definitiva, un dispositivo de autovaloración.

Obligado en particular pero en especial el rechazo a un bloqueo impuesto por dos potencias coloniales, constituye un evento que habla nítidamente de una de una capacidad colectiva subyacente, y comprendiendo su magnitud, oportunamente se decretó al 20 de noviembre como feriado nacional.

Anhelamos que esta festividad constituya un espacio para la reflexión sobre ciertas potencialidades que efectivamente poseemos, pero que por alguna razón extraña, solemos ejercitar una vez cada tanto.

 

Francisco Pestanha. Docente de la UNLa. Ensayista. Pensador Nacional

Para empezar, no serán los ciudadanos empoderados los que salvarán al pueblo. Seremos los trabajadores y las organizaciones de trabajadores.

A fines de la dictadura fueron Ubaldini y su CGT los que se pusieron los lompa, en los 90 fueron la CTA y el MTA, en el 2001/2002 las organizaciones de trabajadores desocupados y precarizados y los movimientos sociales (los mal llamados piqueteros) y hoy nuevamente seremos los laburantes y nuestras organizaciones.

Mal que les pese, la CGT unificada es hoy la única herramienta de lucha del pueblo. Podemos discutir a su conducción, al triunvirato, dar una puja interna como la dan los Moyano, Palazzo y hasta el MASA, pero desconocer a la Confederación y llamar a desafiliaciones masivas como hacen muchos progresistas desconcertados es el error más grotesco que podemos cometer. “Tomemos” mil atriles, pero siempre ahí, dentro de la marcha de los trabajadores.

Dicho esto, vale la pena decir que el siempre seductor llamado a la “unidad” del campo popular que emana de los más variopintos sectores parece ser perorata charlatana. Cristina nos habla de reunir 4 o 5 puntos programáticos en común y caminar juntos, incluso aceptando correrse de futuras candidaturas; pero quienes la rodean se esfuerzan por chocar la calesita de la unidad. Y es que al progresismo ilustrado de sillón y café le sirve mostrarse como la única oposición y tachar a la CGT de transa, acuerdista y pajera, pero la realidad supera la ficción.

Cuando Cristina dice que con Moyano lo une la esperanza no habla de dos sujetos determinados, habla de dos sectores del campo popular, e incluso de los subsectores circundantes. Cuando Cristina dice “nos une la esperanza” habla de un camino juntos de la CGT y el peronismo bonaerense. Ese caminar se está dando, le pese a quien le pese, pero evidentemente muchos se esfuerzan por cerrar las compuertas de la unidad.

La noticia de la semana es el “acuerdo” entre la CGT y el gobierno por la reforma laboral. Al macrismo le sirve decir que acordó con la CGT y al kirchnerismo progre sectario también; pero nada de eso pasó. Tras semanas de lucha, negociación y disputa, lo que aconteció fue una reunión entre el Ministerio de Trabajo y la Confederación en la que se aceptó enviar al Congreso (no apoyar, solo enviar al Congreso) un proyecto de ley. ¿Qué proyecto de ley? ¿El que anunció Macri en su jornada de exposición de reformas integrales? Ni en lo más mínimo. La lucha de los compañeros de la CGT, silenciosa pero férrea, logró que se elimine del proyecto la tercerización de servicios de transporte, limpieza y seguridad en las empresas, se eliminó la categoría de “trabajador independiente”, se eliminó la reforma de la filosofía de pares iguales que buscaba Macri manteniendo el espíritu tutelar del derecho laboral, se eliminó la idea de excluir las horas extras en los cálculos indemnizatorios, se dio de baja la idea de crear un banco de horas para limitar el pago de horas extra, se eliminó el fondo de cese para que los trabajadores paguen sus propios despidos, se eliminó la baja de las contribuciones patronales y se agregó la ampliación de las licencias por paternidad y otras licencias.

¿Con esto basta? Eso lo tendrán que decidir los diputados y senadores que tienen la responsabilidad de votar el proyecto. Si me preguntas a mí, no hacía falta ninguna reforma y la estrategia adecuada era la de Pablo Moyano y Catalano: rompamos todo pero que no se presente ningún proyecto. Pero ahora bien, ¿podemos decir que los triunviros transaron? Obvio que no, si se quitaron del proyecto los puntos más regresivos para los laburantes y se ha logrado mantener la filosofía protectoria de nuestro derecho laboral, columna vertebral en el espectro jurídico del modelo sindical nacional que nos legara Perón.

¿Entonces por qué tanto progre basureando a los compañeros?

Por último, vale la pena preguntarnos por qué en grandes sectores de la población no hubo gran impacto al recibir la noticia de la reforma laboral. ¿Será que la reforma que planteó Macri consistía en formalizar situaciones laborales que ya están masificadas en la informalidad? ¿Será que tengamos que autocriticarnos y plantearnos que ni siquiera el gobierno de Cristina alcanzó para que los laburantes estén ampliamente cubiertos por las leyes protectorias? ¿Será que sencillamente a casi nadie le pagan las horas extra, aunque lo diga la ley? ¿Será que muchos de los dirigentes que hoy se horrorizan con la reforma laboral no tenían ningún problema en darle contratos precarios en el Estado a sus empleaduchos cuando ellos eran funcionarios de altas oficinas con aire acondicionado y sueldos de 45 lucas?

Federico Niemetz

“Nunca la información debe reemplazar al análisis” G. Moreno

Los invitamos a este segundo encuentro para debatir acerca de los “Desafíos de la Militancia y la Reorganización del Movimiento Nacional y Popular”. Luego del debate abierto contaremos con la presencia de artistas compañeros.

Desde La Baldrich Espacio de Pensamiento Nacional y La Néstor Kirchner Análisis y Formación entendemos que en medio de la actual coyuntura de nuestro movimiento el desafío es la reorganización y la actualización doctrinaria. En este marco, Presentamos el Ciclo de Charlas “Obras y Temas Fundamentales” del Pensamiento Nacional para generar un espacio de formación y debate para generar la tan necesaria unidad de concepción para luego obtener la unidad de acción. Entendemos que es de gran importancia para nuestro la formación a través de las obras fundamentales que nos marcan el rumbo de la unidad con un programa de liberación que encuentra su base en el Pensamiento Nacional.

Los invitamos a participar de las actividades no sólo presenciándolas, sino también a formando parte de la organización de las mismas, para que las bases del movimiento tengan, además de un lugar de encuentro y organización, un espacio de protagonismo.

En todas las actividades estaremos recibiendo donaciones de todo tipo para colaborar con los compañeros que desarrollan trabajo territorial.

En nuestra acción política la escala de valores es la de todo peronista: Primero la Patria, después el Movimiento y luego los hombres.

Los esperamos

“En las últimas décadas se viene produciendo una modificación de los ámbitos de formación y de distribución del conocimiento”

En las últimas décadas se viene produciendo una modificación de los ámbitos de formación y de distribución del conocimiento. Los espacios tradicionales de organización de la cultura, como la familia, las instituciones barriales (clubes deportivos, asociaciones de fomento, etc.), las escuelas y la iglesia, están perdiendo centralidad frente a la televisión y la Internet.

Los partidos políticos y los sindicatos vienen reduciendo su histórica función de capacitación ideológica de los dirigentes y, cada día, con más fuerza, la agenda de gobierno está siendo impuesta por los medios de comunicación concentrados. Estos últimos, actúan en alianza con los grupos económicos, el Poder Judicial y los servicios de inteligencia del Estado. El histórico lugar que tuvo la prensa gráfica en la formación ideológica de las elites y de las clases medias está siendo remplazado por la información que circula en las redes sociales y en los nuevos formatos televisivos ligados al espectáculo.

El fetichismo tecnológico

Para intentar comprender algunas de las posibles derivaciones de este proceso de transición cultural, consideramos oportuno poner en discusión dos cuestiones.

La utopía tecnológica. Habitualmente se cree que las nuevas tecnologías y, en particular, Internet, están liberando a la humanidad de las ataduras informacionales de otras épocas. Hay analistas que postulan que se terminaron las estructuras y las jerarquías en la circulación y en el acceso a los datos. Internet habría eliminado los límites al conocimiento y los cibernautas ejercerían un proceso horizontal y protagónico de adquisición del saber universal. En realidad, la comunidad se enfrenta a un mecanismo de control y de banalización de la cultura que está reduciendo la capacidad crítica y reflexiva de las personas. La definición misma de “red social” es engañosa, ya que no existe verdadera horizontalidad, sino que los principales circuitos de información y cultura están regulados por corporaciones locales y extranjeras. Como resultado de su accionar, está aumentando el poder cultural de la elite política y económica, en paralelo a la reducción de la capacidad de discernimiento de la masa popular.

La pérdida de la centralidad educativa que ejercían la familia, la dirigencia sindical, el cura, el profesor o el maestro, impiden que los receptores adquieran la capacidad crítica necesaria para entender cabalmente lo que leen y consumen en Internet y particularmente en las redes sociales. Ello supone un riesgo para el individuo y su familia, que quedan a merced de delitos informáticos o sexuales. En el plano emocional, las redes sociales producen adicciones, angustias, ansiedades y pueden originar trastornos severos de personalidad. Su consumo exacerbado disminuye la capacidad crítica y dificulta la conformación de un pensamiento riguroso y sistemático. Las nuevas tecnologías de la comunicación y del entretenimiento en manos de corporaciones están conformando un estado mental enfermizo que exacerba el individualismo, el aislamiento y el consumismo. Estas últimas características se convierten en los parámetros culturales y de vida para generaciones de jóvenes, que abandonaron todo tipo de proyecto social, colectivo o patriótico, para remplazarlo por la identidad banalizada y el consumo de la red. Hace tiempo que la educación pública está en crisis y ese vacío es ocupado por contenidos en las redes, conllevando el peligro de demoler la identidad nacional y los valores que hacen al mantenimiento del orden social.

Las redes infunden odios y temores colectivos que debilitan considerablemente la posibilidad de construir una comunidad política organizada. Se impulsa la acción irracional y la apología del método de la venganza mediatizada y el escándalo público. El bombardeo informacional, dirigido desde las corporaciones locales y extranjeras, instala falsas agendas públicas y pone en serio riesgo la democracia y la soberanía nacional.

El supuesto de universalidad y de normalidad del funcionamiento de la TV e Internet en Iberoamérica. El mundo actual está en una férrea lucha por los recursos naturales y por los mercados y esa contienda se desenvuelve en el plano cultural y comunicacional. Justamente por eso no es casualidad que las naciones en disputa organicen sus propios sistemas y aplicativos de comunicación e Internet y que impulsen regulaciones con sentido nacional y social, como ocurre en China, Rusia o la Comunidad Europea.

El sistema de comunicación audiovisual de Iberoamérica no es el único posible, sino que es el resultante de una situación transitoria de lucha de poderes. En nombre de la libertad del periodismo y de Internet, en nuestro continente se esconde una subordinación neocolonial con los Estados Unidos, país con el cual tenemos una dependencia tecnológica, cultural y de contenidos.

La televisión e Internet en vías de reemplazar a las organizaciones libres del pueblo y al Estado

En la Argentina los servicios de comunicación audiovisual funcionan de manera oligárquica, extranjerizante y oligopólica.

Son oligárquicos por su condición de propiedad y sus titulares integran grandes empresas vinculadas al poder económico y político. Por mucho tiempo la ley 22.285/80 impidió a las cooperativas la titularidad de radios y de televisión, dejando ese derecho meramente a las empresas comerciales. En Argentina, los principales medios de comunicación son propiedad de grandes conglomerados económicos, de manera similar a lo que ocurre en Chile (El Mercurio), en Venezuela (Cisneros) o en Brasil (Globo). Además, los medios son oligárquicos por su línea editorial y se han opuesto históricamente a los gobiernos de raigambre popular de Yrigoyen, de Perón o de Kirchner. Algo similar ocurre en toda Iberoamérica y los medios hostigan con su línea editorial a los dirigentes políticos con vocación de reforma económica y social.

Los servicios de comunicación audiovisual son extranjerizantes en su propiedad y en los contenidos que difunden. En Argentina, la televisión surgió desde el Estado (Canal 7). En la misma etapa se inauguró la agencia de noticias pública (TELAM) y se sancionó una ley de regulación de medios con regulación nacionalista (14.241/53). Desde el año 1955 en adelante, se inició un proceso de norteamericanización de la televisión en acuerdo con los nuevos grupos privados locales. Estos últimos, firmaron convenios con empresas de los Estados Unidos y el canal 9 surgió con la NBC, el 11 con la ABC y el 13 con el grupo Goar Mestre. Para detener esta tendencia, la ley 22.285/80 impidió que los medios de comunicación fueran adquiridos por grupos extranjeros.

Carlos Menem impulsó una política de desnacionalización del periodismo por intermedio de reformas normativas y de la firma de tratados de inversiones. Los conglomerados internacionales se quedaron con canales y radios, como fue el caso del entonces grupo español que adquirió Canal 11 (Telefé). La reciente realineación geopolítica de Cambiemos con los Estados Unidos, favoreció el hecho de que los norteamericanos se apropien de los derechos de televisación del fútbol de primera división (Fox-Turner) y del canal Telefé (Viacom). No es casualidad que Macri haya sacado de la grilla de la TV Digital a Telesur y permitido el ingreso de la TV francesa (France 24), en un acto de censura de la comunicadora sudamericana y de subordinación a la división internacional del trabajo y de la cultura.

Los servicios de comunicación audiovisual se organizan en un grupo reducido de oligopolios. En los años noventa se flexibilizó la normativa para fusionar la propiedad de los medios gráficos y audiovisuales. Se expandió de 4 a 24 el número de licencias de cada prestador de radio y de televisión, permitiendo a unos pocos conglomerados empresarios administrar la información y la cultura a lo largo y a lo ancho de la Argentina.

La ley 26.522/09 intentó revertir la tendencia a la concentración oligopólica, para impulsar la pluralidad de voces. Por exigencia de las grandes empresas de medios, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue derogada parcialmente por el DNyU 267/15. Éste último instrumento legal, prorrogó por 10 años las licencias de los grandes grupos, derogó la cláusula antimonopolio –pese a su constitucionalidad establecida por la Corte Suprema– y eliminó el tope de las licencias que puede adquirir cada prestador. En nombre de la libertad de mercado, el gobierno nacional intervino activamente para favorecer a Clarín y a los grupos oligopólicos trasnacionales. Con la finalidad de garantizar el poder de los CEOS y la parcialidad en la regulación de la comunicación, el DNyU 267/15 eliminó el AFSCA y creó en su lugar el ENACOM, que es controlado por mayoría de miembros en representación del Poder Ejecutivo Nacional.

Internet y los sistemas de control total

El uso que hacemos los argentinos de Internet y de sus aplicaciones depende, tecnológicamente y en contenido, de los Estados Unidos. Los programas de buscadores de datos más utilizados (Google, Yahoo, etc.), las redes sociales (Facebook, Instagram, Twitter, etc.), los servicios de mensajería (WhatsApp, etc.) o los repositorios de videos (Youtube) son producidos y administrados por empresas de los Estados Unidos en acuerdo con su gobierno. Un pequeño número de corporaciones radicadas en Silicon Valley y en unas pocas ciudades de los Estados Unidos monopolizan el software y regulan qué vamos a encontrar en los buscadores de información o de música de las computadoras, teléfonos celulares o tablets.

Con la masificación de uso de Internet sin regulación pública desapareció el concepto tradicional de la vida privada de las personas. Las empresas y los gobiernos captan y ordenan las creencias religiosas, las tendencias sexuales, las ideologías, los hábitos de consumo y la ubicación geográfica de los individuos. Nunca en toda la historia de la humanidad, se tuvo la capacidad de reunir tanta información privada, sin más regulación y finalidad que la ambición comercial y el deseo político de dominio de algunos Estados.

Las empresas norteamericanas que administran los circuitos de Internet, reúnen la información privada que es utilizada con fines comerciales y de control ideológico y político. La seguridad interna y la política exterior de los Estados Unidos se ponen en juego en Internet y no hay casualidad alguna en el hecho de que la red social Twitter haya censurado a la cadena rusa de noticias RT y a Sputnik. Además, y de manera más sutil, hay diversos mecanismos para que las empresas ordenen la información que circula y que se lee en Internet. Google tiene un importante poder para regular y modificar algoritmos de los motores de búsqueda, llevando a los lectores a encontrar la información que la empresa y el gobierno de los Estados Unidos consideran oportuna.

El uso de internet y de las redes sociales que las corporaciones realizan, están violando los derechos del individuo liberal, al estar reuniendo datos, estudiando perfiles y utilizando todas las acciones particulares y las opiniones de las personas. Ya es obsoleto el postulado de la Constitución Nacional argentina que sostiene que “las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados”. En nuestro país los buscadores de información conducen compulsivamente a los lectores a las plataformas de Clarín, Infobae y La Nación. Estas empresas les imponen la agenda publica a los usuarios y su poder está amplificado con la inclusión de accesos directos obligatorios en la telefonía celular o tablets, conformando una red comunicacional oligopólica y direccionada políticamente.

La utilización partidaria de la comunicación e Internet

En el marco del debilitamiento de los partidos políticos y de las instituciones de la sociedad civil, la actividad de Internet y de los medios de comunicación audiovisual se tornó fundamental. Las corporaciones económicas y los dirigentes partidarios contratan consultoras y fundaciones para analizar tendencias, expectativas o el estado emocional de la opinión pública. Internet y las redes sociales son insumos fundamentales, y el conocimiento de los sujetos reunido por los instrumentos tecnológicos, es varias veces más detallado que el resultante de realizar una encuesta. Sabiendo qué opinan, sienten y esperan las familias, clases o grupos humanos, las nuevas tecnologías permiten individualizar los mensajes e interpelar a la masa popular.

Las personas en su paso por Internet dejan rastros, conversaciones y datos. La información es utilizada para imponerle al individuo un mensaje personalizado en sus redes, casillas de correo o mensajería. Google y las redes sociales estudian a los individuos y son sociólogos y psicólogos para analizar comportamiento y pedagogos, artistas y comunicadores para imponerles ideología. Las empresas que regulan las nuevas tecnologías le imponen al individuo un mensaje que es irradiado en paralelo en la TV, las computadoras, la radio, tablets o los teléfonos celulares. Un mismo discurso es presentado en diversos formatos informativos, deportivos o de entretenimiento, tendiendo a una especie de dictadura comunicacional de alto impacto y prácticamente imposible de evitar para el individuo de a pie.

Los servicios de inteligencia del Estado y las empresas de Internet reúnen, venden o utilizan esa información para diagramar las campañas, extorsionar a la clase política o para manipular estados de ánimo colectivo. En el momento de definir la estrategia electoral, hay dos grandes universos de grupos sociales a interpelar ideológicamente. Por un lado, está el universo de los sujetos “politizados” o convencidos de seguir a un dirigente, un partido o a una idea. Haciendo reduccionismo, este sector puede involucrar alrededor del 30 al 40% de los electores. Con la prensa y con las nuevas tecnologías, a esta porción de electores se la intenta radicalizar, desmovilizar o confundir, según el espacio de donde provenga la comunicación.

Por otro lado, están los individuos “desinformados” o sin posición partidaria claramente definida. A este grupo, que suele definirse como ajeno o distante a la política, se lo interpela por intermedio de canales de comunicación no estructurados o de formato informativo clásico. El consumo de entretenimiento y las redes sociales permiten movilizarlo emocionalmente, sin que el sujeto lo perciba racionalmente. La comunicación de las redes o el espectáculo infunde empatías, temores, angustias, resentimientos o expectativas. En estos casos, la imagen y la emoción bombardeados constantemente al sujeto a través de Internet, pesan más que la razón política (programas de gobierno o ideologías partidarias).

El asesor de Cambiemos, Jaime Duran Barba, trabajó con destreza la estrategia de construcción de la imagen presidencial en redes e Internet. La tarea del gobernante consiste en gestionar los intereses de las elites económicas y con esa finalidad hay que justificar los proyectos de desigualdad institucionalizada como los únicos posibles. En su óptica, vale más la credibilidad del dirigente que su plataforma de gobierno y esta cuestión se construye mostrando a sus familiares realizando gestos con personas comunes y mascotas o “actuando” escenas de la vida cotidiana del candidato. Esta campaña esconde los intereses de poder que representa el partido político y evita debatir el trasfondo de las medidas que se proponen implementar los candidatos. Durán Barba argumenta que la política es un campo de construcción de “esperanza” o de instalación de temas de “conversación” y que deben dejarse en un segundo plano los proyectos de país, las ideologías y las disputas de intereses. Al momento de ganar una elección, la emoción supera ampliamente a la razón.

Organizaciones libres del pueblo o neoliberalismo

De profundizarse el panorama político y cultural mencionado, la estructura mental y actitudinal de las nuevas generaciones está en serio riesgo. El orden social puede ser suplantado por un inestable estado de crisis política permanente, motorizado por odios mediatizados y por una carencia total de sentido colectivo, patriótico y nacional de la vida humana.

Frente a ese panorama, deberíamos reconstruir la escuela pública reforzando el cumplimiento de normas sociales y el sacrificio personal, difundiendo valores humanos solidarios y una concepción nacional y patriótica de la existencia.

La comunidad, para pervivir en el convulsionado sistema político internacional actual, necesita potenciar a los clubes de barrio, a las iglesias, a los partidos políticos y a los sindicatos. Solamente con un pueblo consciente y organizado, se generarán las condiciones políticas para la necesaria regulación social y nacional de Internet y de la comunicación que garanticen la pluralidad de voces y la elevación cultural y ética del pueblo.

 

Aritz Recalde. Sociólogo, docente de la Universidad de Lanús, autor de “Intelectuales, peronismo y universidad”

“Los que hemos estudiado estos problemas y asumido frente a ellos una actitud pública, no podemos callar, sin violar deberes que nos impone nuestra propia conciencia y sin correr el riesgo de aparecer como encubridores.” Jorge Del Río

En la década del 45′-55′, el GOBIERNO JUSTICIALISTA avanzó hacia un proceso profundo de nacionalización y planificación estatal del SISTEMA ENERGÉTICO en función del DESARROLLO INDUSTRIAL y la DIGNIDAD HUMANA en el territorio. El gobierno de Juan Domingo Perón comprendió que la ENERGÍA era “madre de industrias”, por lo que sólo la SOBERANÍA ENERGÉTICA nos conduciría a una verdadera independencia económica. En esta dirección, promovió el control del estado en la generación, transporte y distribución de energía eléctrica y gasífera. Se crearon las empresas “Gas del Estado” y “Aguas y Energía Eléctrica” (AyE), y la Empresa Nacional de Energía (ENDE) que, coordinando las dos anteriores con YPF y otras dependencias del sector, ejecutó los objetivos generales de los Planes Quinquenales en materia energética.

Tras el golpe de estado de 1955, se emprende un proceso de EXTRANJERIZACIÓN del sector, abriendo las puertas a empresas de capital foráneo, desregulando el mercado y desfinanciando las empresas del Estado. Más en grandes rasgos, la estructura energética del Estado argentino no fue profundamente modificado. Esa tarea estaría reservada para los gobiernos neoliberales quienes, tras el golpe de 1976, descuartizaron el sistema energético nacional, extranjerizando los servicios, privatizando el transporte y la distribución de energía y disolviendo los resortes clave del Estado en el sector. Empresas tales como AyE, S.E.G.B.A. (CABA y PBA), Empresa Nuclear Argentina de Centrales Eléctricas (ENACE), Gas del Estado, Hidroeléctrica Norpatagónica (HIDRONOR), YCF, YPF entre otras, fueron privatizadas, sino completamente disueltas. De esta manera, decenas de miles de trabajadoras y trabajadores quedaron en las calles de una Nación que había entregado su soberanía energética al extranjero.

No será sino a partir del año 2004 que el Estado volverá a retomar el rumbo de una política autónoma en materia energética. Lo hizo a través del PLAN ENERGÉTICO NACIONAL (PEN) -ideado por el entonces presidente Néstor KIRCHNER y el ministro Julio DE VIDO- el cual avanzó hacia una planificación verdaderamente Nacional Popular de la Energía. El objetivo central fue lograr el desarrollo de una verdadera Soberanía Energética capas de impulsar el desarrollo pleno de la industria creciente en pos de la dignificación de la Nación, de cada provincia, de cada compatriota. De esta manera, el Estado logró abastecer a la creciente demanda (60,4%) de nuevos usuarios de servicios de gas y electricidad, se construyeron más de 10 mil Km de gasoducto para el mercado interno, 5.800 Km de líneas de Alta y Extra-Alta Tensión, se aumentó la potencia del parque de generación en más de un 50%, se incorporó a casi 10 mil hogares al servicio de gas por redes y electricidad, se incrementó la demanda de energía de usuarios comerciales, industriales y residenciales en más de un 60%, provincias que jamás habían estado conectadas al servicio de gas por redes pudieron acceder al mismo, se construyeron inmensas obras de infraestructura tales como Atucha II, Yaciretá, entre otras. En fin, se logró SOBERANÍA.

Tras el triunfo de Mauricio Macri en las elecciones nacionales del 2015, el gobierno de la oligarquía emprendió la contrarrevolución energética más profunda jamás vista en el país desde la “Ley Dromi”. A través del Decreto 134/2015, el ministro Aranguren -(Ex) CEO de SHELL y verdadero agente de la Corona Británica en el Plata- avanzó, montado en un conjunto de zonceras de las cuales la de las “tarifas regaladas” fue tristemente célebre, hacia el desmontaje de las conquistas del PEN. Se eliminaron los subsidios a la distribución, se elevaron brutalmente los precios del Mercado Eléctrico Mayorista y se llevó el precio de las tarifas residenciales, comerciales e industriales a cifras siderales. De esta manera, la POBREZA ENERGÉTICA (prácticamente eliminada entre el 2004-2015) creció aceleradamente, centenares de persianas cerraron al verse imposibilitados de pagar las tarifas, el Pueblo debió elegir “entre comer o pagar la luz/gas”. En este rumbo, se abandonaron las obras -llamadas “faraónicas” por los actuales funcionarios del MINEM- de generación de energía, disminuyó considerablemente el consumo de energía en hogares de todo el país. Se paralizó el desarrollo de la energía nuclear, se frenó la producción de crudo, privilegiando la importación del mismo a través de empresas ligadas al flamante ministro de energía.

Esta pequeña reseña es absolutamente insuficiente para informarle a las y los compatriotas cuan grande es el daño que esta cartera empresarial que hoy se hace llamar “Ministerio de Energía” le ha provocado al país. En los últimos días, se dio a conocer el DECRETO 882/2017, el cual amenaza con la privatización y posible extranjerización de los principales resortes del Estado en materia energética. Grandes CENTRALES TERMOELÉCTRICAS, obras energéticas en proceso de construcción, CENTRALES HIDROELÉCTRICAS, sistema de transmisión en Extra Alta Tensión. Todo sometido a una cada vez menos disimulada privatización a manos del Capital extranjero.

Desde los orígenes de nuestra Patria, DOS PROYECTOS de Nación se debaten en una lucha reñida: “Dos ‘Argentinas’ que no pudieron comprenderse, que fueron antagónicas porque necesariamente no pudieron dejar de serlo, chocaron desde los albores mismos de la independencia: La Argentina para pocos y la Argentina para todos. La Argentina como entelequia expresada en generosas abstracciones y la Argentina real y viva que estaba en los hombres y las cosas de la tierra. Aquella, una factoría de intereses materiales. Esta, una Patria que era por sobre todo un vínculo espiritual.” (José María Rosa)

Como parte de los problemas fundamentales de la Argentina, la CUESTIÓN DE LA ENERGÍA no escapa a esta cruzada histórica entre el proyecto “puerto-céntrico” mitrista y el modelo de desarrollo e inclusión social del Campo Nacional Popular. En ella se reproducen los mismos intereses en disputa que describe el querido historiador revisionista. Comprender el núcleo de esta disputa y su reproducción en cada campo estratégico del Ser Nación, nos ayudará a pensar una contraofensiva contundente, siempre en clave nacional, para demostrar, como decía el gran Germán Abdala, que “el Campo Nacional y Popular tiene un país para ofrecerle a esta sociedad”.

Por último, señalar que la avanzada de la oligarquía en la perdida de nuestra Soberanía Energética se debe, en gran parte, a que nuestro gobierno no avanzó en términos normativos hacia una nueva estructura legal-soberana en materia energética. Estudiar los postulados del rico material normativo de la primera década de gobierno justicialista (45′-55′) y los planes quinquenales en lo que respecta al sector será menester para poder articular nuevas formas de poder en el futuro. Los costos de una nueva arquitectura energética son muchos, y los riesgos dependerán del grado de correlación de fuerzas que tengamos a la hora de hacerlo. Pero la necesidad de salir de las estructuras mercantilistas que hoy rigen en términos legales al sector energético no es una necesidad, sino un deber de nuestro movimiento. La defensa de la energía como herramienta de liberación nacional -tal era su significado para el intelectual de F.O.R.J.A., Jorge del Río- requiere de compromiso patriótico y decisión política de la dirigencia Nacional Popular que retomará en el futuro los destinos de la Patria.

Camilo Rojas. ATE Capital Federal.

Salvo breves períodos, cuando el pueblo ejerció soberanamente su mandato, el territorio argentino ha estado desde nuestro nacimiento como Nación en manos de la contrarrevolución cultural. De aquí que la lucha por la emancipación nacional e iberoamericana sea, fundamentalmente, un combate que se libra en el terreno más difícil: el del pensamiento, el de las categorías culturales.

El maestro Osvaldo Guglielmino, quién desde sus juveniles 90 años sigue dictando cátedra nacional, destaca que “Así como los ingleses urdieron el dominio económico, es decir, el imperialismo de la libra cuadrada ante el fracaso de sus invasiones por el kilómetro cuadrado, los liberales dependentistas forjaron la trama conceptual colonizante para silenciar la realidad auténtica, la Patria Grande proclamada en 1816 a nombre de la Provincias Unidas de Sudamérica e institucionalizar la falsa y pequeña que formularon después a nombre de las provincias Unidas del Río de la Plata”.

Cuando se produce el derrumbe de la Confederación Argentina, tras las batallas de Caseros y Pavón, la incipiente vida autóctona nacional sufre un corte drástico y traumático, más rudo para su identidad o autoconciencia que el de la turbulenta Revolución de Mayo de 1810.El país se acultura moral y físicamente mediante una europeización acelerada que le impone un poblamiento anárquico y masivo y un sistema de instrucción pública que imparte, con la alfabetización, un patriotismo desarraigado y teórico. Este último no iba más allá de la devoción sentimental a los símbolos de la bandera, el himno, la escarapela y el escudo, más el culto al progresismo cosmopolita que habían enseñado a identificar lo propio con la barbarie, empujando a Santos Vega al limbo y a Martín Fierro a la toldería.

“Ningún pueblo de habla española – escribió Alejandro Korn – se despojó como el nuestro, en forma tan intensa, de su carácter ingénito, so pretexto de europeizarse”. El modo más eficaz y violento de romper con ese “carácter ingénito” fue la total carencia de gobiernos representativos, electos por consenso expreso de la ciudadanía, desde 1852 hasta 1916. “Este país, según mis convicciones – escribió Joaquín. V González – después de un estudio prolijo de nuestra historia, no ha votado nunca. Todos nuestros gobiernos han sido, pues, gobiernos de hecho”.

Por ésta y por tantas razones afines, Arturo Jauretche clasificaba a los argentinos en nacionales y coloniales. Y por esto también, el historiador Eduardo Astesano, sostenía fundadamente que en Nuestra América el concepto de Nación contiene un elemento que lo singulariza frente al eurocentrista: el de la lucha por la independencia que continúa hoy frente a las modernas estrategias sobre todo transculturales, del neocolonialismo. En más de una ocasión hemos comentado, no sin cierta amargura, que la cultura, el arte, la creatividad, están exiliados de sus espacios tradicionales. Una subcultura preferentemente audiovisual, mundializada a través de los medios técnicos se presenta como cultura nueva y moldea el pensamiento. Pero apenas logra encubrir su nihilismo radical. Se cumple la dramática sospecha de Hegel: el arte (y la Cultura) por el lado de su “suprema destinación, es ya cosa del pasado; como expresión y construcción de lo humano y de las formas de civilización, ha sido relegada a las catacumbas. El poeta ha sido por fin exiliado de la polis”. Quién logra adueñarse o intoxicar cuantitativamente, el Internet y los mecanismos globales de comunicación, logrará incomunicar casi definitivamente a la verdadera cultura. Quién se apropie del medio se apropiará de la verdad (que será virtual, sin otro contenido que su nihilismo). La verdad será como pasa con la moda o la comida chatarra: la impone mundialmente quién tiene el aparato financiero y publicitario para imponerla. Por lo cual lo nacional, que es lo natural, que es lo verdaderamente histórico, que es la realidad cierta, no es un extremo de una antinomia, sino el centro, la única verdad básica de nuestra vida y nuestro destino.

Por todas estas razones es sumamente oportuno recordar el imperativo que, para una básica higiene mental, estableciera Raúl Scalabrini Ortiz: “Volver a la realidad es el imperativo inexcusable. Para ello es preciso exigirse una virginidad mental a toda costa y una resolución inquebrantable de querer saber exactamente cómo somos”. Que es a lo que se refería el gaucho Jauretche cuando enseñaba que la cosa “cuesta al principio, porque hay que apearse de todas las petulancias intelectuales que son tan caras al “culto” que generalmente es solo un culterano porque practica una suerte de cursilería del saber. Cuesta también porque está el riesgo de pasar como promotor del analfabetismo a medida que se constata que el analfabeto razona más naturalmente que el erudito, porque aquel ve las cosas directamente, con su propia vista, que luego es deficiente pero más útil que el no mirarlas directamente sino buscar su imagen en el espejo que le ha proporcionado una erudición antinatural. Más claro es decir que el hombre sencillo tucumano está mejor enterado de lo que en Tucumán pasa, que el que solo se informa cuando vienen reflejado desde alguna metrópoli ya interpretado, clasificado y adoctrinado según el modo de ver de aquella”.

Es decir, los “ojos mejores para ver la Patria” que anhelaba el poeta Lugones, porque cada hombre y cada pueblo logran el desarrollo y el afianzamiento de una cultura propia mediante la armonización de su pensamiento con su entorno natural, sus particularidades y sus condiciones subyacentes, que no son otros que aquellos de donde partió Juan D. Perón para erigir su edificio político: “Hemos dado una doctrina que no hemos extraído de nosotros sino del pueblo. La doctrina peronista tienen esta virtud, que no es obra de nuestra inteligencia ni de nuestros sentimientos; es más bien una extracción popular, es decir, que hemos realizado todo lo que el pueblo quería que se realizase y que hacía tiempo que no se ejecutaba. Nosotros no hemos sido más que los intérpretes de eso: lo hemos tomado y lo hemos ejecutado. Ahora, como los auditores de Alejandro, tienen que venir los que expliquen por qué hemos hecho esto; lo hemos hecho porque el pueblo lo quería, porque hay una razón superior en el deseo popular”.

Este, y no otro, es el fundamento del pensamiento nacional.

 

José Luis Muñoz Azpiri

Ante el ya materializado borrador del anteproyecto de Reforma Laboral que el Poder Ejecutivo Nacional empezó a difundir entre la opinión pública para medir su impacto y le entregó a la C.G.T. para comenzar la negociación respectiva, desde la Juventud Universitaria Peronista queremos realizar un breve análisis a modo explicativo para comprender, en términos menos jurídicos, de que se trata este nuevo régimen que se quiere implementar y que consecuencias traería en el mundo del trabajo.

Esto también trae a colación un importante titular que dejó, días después de la elección, el discurso del presidente:
‘’Requerimos el esfuerzo de las universidades para reducir entre todos el gasto público’’. Ahí si nos vemos más que obligados a responder y desglosar esta chiquita pero aterrorizante oración pronunciada por Mauricio Macri:

1) La universidad jamás será un gasto público: siempre será inversión pública, Señor Presidente. En las Universidades se forman los profesionales que hacen al progreso nacional, y sería demasiado redundante enunciar todas las áreas que abarcan, pero quédese tranquilo, que el esfuerzo de sus comunidades se ve reflejado en el ejercicio de sus profesiones y en el servicio que prestan a la sociedad.

2) El esfuerzo debe venir de quienes más tienen, y en la República Argentina no encontrará a estos en entes estatales descentralizados, sino en personas físicas con apellidos importantes (a veces compuestos, a veces no) y en personas físicas con rentabilidades anuales similares a los PBI de países chicos del planeta Tierra. A ellos aplíqueles tributos acordes a su rentabilidad anual, más presión tributaria y todo el peso de las leyes que le correspondan.

3) Para reducir el gasto público debe decidir, después de ya casi dos años al mando de la máxima magistratura de la Nación, una receta económica adecuada, y no dar tumbos constantemente al respecto. Usted es poco fiable con respecto a los índices de inflación, que aseguró transparentar, pero para nada logró aminorar: cada dos meses, irónicamente, se auto-sube la vara y pasa los objetivos pautados para el año siguiente. Los niveles de toma de deuda son astronómicos, tanto a nivel nacional, como los bonos y letras que emitió la Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, de su propio partido. ¿De qué esfuerzo habla? ¿Del que debería estar haciendo usted, su Gabinete y la clase que más lo sostiene en el poder que ostenta?

Una vez pronunciadas estas pequeñas palabras, prosigo al respecto ante el tema principal, entendiendo que las modificaciones al sistema laboral y previsional, que van necesariamente conexas una a la otra, terminaran afectando a todo el tejido social argentino y hasta a el mismo sistema universitario se verá afectado teniendo en cuenta la gran cantidad de estudiantes-trabajadores que cursan en las Universidades Nacionales y el inmenso porcentaje de primer generación de graduados universitarios en sus familias que ostentamos en las universidades del Conurbano Bonaerense, de donde provengo yo mismo.

El borrador de la Reforma Laboral, a la que oportunamente ya adelantó su rechazo el triunvirato de la Confederación General del Trabajo, vulnera los derechos consagrados por la Constitucional Nacional y los Tratados Internacionales, los cuales de ninguna manera pueden ir en retroceso, puesto que los trabajadores argentinos los vienen adquiriendo en base a conquistas desde la primer presidencia del Teniente General Juan Domingo Peron hasta hoy, siempre desde el Justicialismo, sea en la labor parlamentaria, en la lucha sindical, en la obrera, en la estudiantil, en las plazas de la República, desde el Poder Ejecutivo Nacional o hasta por medio de fallos judiciales que han aplicado correctamente el concepto de Justicia.

El presidente Mauricio Macri, reiteradamente en sus discursos ante los medios de comunicación, ha efectuado encendidas críticas a los costos laborales; instalando en la opinión pública erróneos conceptos como la “mafia de juicios laborales” y “el exceso de litigiosidad”, involucrando genéricamente (sin concretar denuncia judicial alguna, más allá de la mediática, para dar inicio al circo de los periodistas afines y pagos en base a la pauta oficial) a trabajadores, abogados y jueces. Si existe una mafia corresponde a derecho la denuncia pertinente para que nuestros Tribunales investiguen: Sr. Presidente, usted no es conductor de Showmatch, sus denuncias no deben ser tratadas ni por Mariana Fabbiani ni por Jose Maria Listorti en sus propios programas televisivos de la tarde que se dedican al chisme sin rumbo. Si tiene las agallas correspondientes a su investidura, lo invitamos a formularlas en la Fiscalía de turno, para que sean tratadas y resueltas como corresponden.

La pretendida reforma; entre otros temas, flexibiliza activamente el contrato de trabajo y la contratación de trabajadores; abaratando los costos laborales, en perjuicio de la parte más débil; siendo la moneda de ajuste quien menos tiene y quien más sufre los avatares económicos financieros y las políticas especulativas: me refiero, aquí, al trabajador argentino.

Advierto que el proyecto del Poder Ejecutivo Nacional, desde el punto de vista laboral, legisla a la baja (es decir, disminuyendo las mayores prerrogativas que en la actualidad reconoce la Ley a los trabajadores); incluye modificaciones en temas muy sensibles para todos nosotros, recordando que a la luz de la doctrina de la C.S.J.N. que “el trabajador es sujeto de preferente tutela constitucional”.

En el derecho del trabajo imperan los principios de progresividad, irrenunciabilidad, imperatividad, protectorios, de supremacía de la realidad, de continuidad; el orden público laboral; además la normativa interna de nuestro país se complementa con los Tratados Internacionales, los que tienen jerarquía constitucional (art. 75 inc. 22 C.N.); los que sin lugar a dudas afianzan aún más ellos; preliminarmente subrayo que el proyecto del Poder Ejecutivo Nacional; viola descaradamente dichos parámetros.

En lo específico y ya entrando en el análisis de la pretendida Reforma Laboral; advierto que, en el Título I, que trata sobre “La regularización del empleo no registrado, la lucha contra la evasión en la seguridad social y la registración laboral”, el proyecto modifica sustancialmente las indemnizaciones previstas por los artículos 8, 9 y 10 de la Ley 24.013.-

Dichos artículos, en la actualidad, fijan importantes indemnizaciones que tienen como acreedor al trabajador para los supuestos de trabajo sin registrar (artículo 8), o deficientemente registrado por una fecha de ingreso posterior a la real (artículo 9), o deficientemente registrado por una remuneración inferior a la real (artículo 10); dichas reparaciones las debe pagar el empleador.

El proyecto no solo baja muy considerablemente dichas indemnizaciones, sino que incomprensiblemente, EXCLUYE COMO ACREEDOR DE ELLAS AL TRABAJADOR; ya que las mismas deberán ser abonadas a los “Organismos de la Seguridad Social” (artículos 18, 19 y 20 del proyecto en análisis).

Asimismo; el proyecto, en el Título III, que trata las “Relaciones Individuales de Trabajo”, introduce importantes alteraciones al régimen laboral; amén de conceptos altamente flexibilizadores; que más que generar empleo abaratan el despido, con las consecuencias inmediatas / mediatas sociales, económicas, culturales que a poco tiempo todos vamos a sufrir.

Las modificaciones, más relevantes en este Título III, son:

1) El ámbito de aplicación de la L.C.T.; modificando con ello el artículo 2 de la LCT: en tal sentido incorpora como figura a la que no se le aplicará su normativa al “trabajador autónomo económicamente dependiente”; definiendo con mucha arbitrariedad quien es él.-

2) El concepto de Trabajo; modificando con ello el artículo 4 de la LCT; lo que en la práctica igualaría los roles entre trabajador y empleador, al señalar “la cooperación entre las partes para promover esa actividad productiva y creadora constituye un valor social compartido, generador de derechos y deberes recíprocos, y una regla esencial de ejecución del contrato”.-

3) Al concepto de Irrenunciabilidad; modificando con ello el artículo 12 de la LCT; pues elimina de su letra “los contratos individuales de trabajo”; lo que implica una severa limitación en él; a partir de lo cual puede desde el punto de vista individual negociarse a la baja; o pactar (individualmente) condiciones menos beneficiosas para el trabajador –con los límites legales /convencionales-, violándose con ello principios esenciales del derecho del trabajo.-

4) Flexibiliza la solidaridad; modificando sensiblemente el artículo 30 de la LCT; pues excluye de la misma a los trabajos que se contraten o subcontraten para realizar actividades de limpieza, seguridad, mantenimiento, servicios médicos e higiene, gastronomía y/o informática y servicios de transportes. Sobre el tópico y para medir los alcances de la reforma: la mayor parte de los reclamos judiciales por solidaridad laboral se centran en estos servicios; advirtiéndose que la exclusión generará perjuicios para los trabajadores, frustrándose sus derechos, pues respecto a dichas actividades NO HABRÁ RESPONSABILIDAD SOLIDARIA.-

5) Modifica el régimen del “ius variandi”; reformando con ello el artículo 66 de la LCT; en lo concreto el proyecto deroga parte de la reforma que introduce la Ley 26.088 (B.O. 24/04/2006), pues deja librado a la negociación colectiva la posibilidad de reclamar el restablecimiento de las condiciones alteradas. Hoy con la actual redacción, el trabajador tiene el derecho de “ … accionar persiguiendo el restablecimiento de las condiciones alteradas. En este último supuesto la acción se substanciará por el procedimiento sumarísimo, no pudiéndose innovar en las condiciones y modalidades de trabajo, salvo que éstas sean generales para el establecimiento o sección, hasta que recaiga sentencia definitiva.”.-

6) Elimina la indemnización por la falta de entrega de los certificados de trabajo y las sanciones conminatorias; modificando con ello el artículo 80 de la LCT.- En la actualidad la Ley prevé una indemnización a favor del trabajador equivalente a 3 salarios, más sanciones conminatorias que para hacer cesar esa conducta omisiva pudiere imponer la autoridad judicial competente. La pretendida reforma dejaría sin efecto toda esta carga económica en perjuicio del trabajador, la que había sido introducida por el artículo 45 de la Ley 25.345 (B.O. 17/11/2000).-

7) Flexibiliza el concepto de contrato de trabajo a tiempo parcial; modificando con ello el artículo 92 ter de la LCT; en efecto el proyecto fija que “El contrato de trabajo a tiempo parcial es aquel en virtud del cual el trabajador se obliga a prestar servicios durante un determinado número de horas al día o a la semana, inferiores a las dos terceras (2/3) partes del horario semanal habitual de labor en la actividad …”; actualmente el concepto se refiere a “la jornada habitual de la actividad”.-

8) Amplia y mejora –escuetamente- el régimen de licencias especiales; modificando con ello el artículo 158 de la LCT; en tal contexto la reforma extiende a 15 días corridos la licencia por nacimiento de hijo; e incorpora la posibilidad de que un trabajador solicite

9) Flexibiliza la jornada reducida; modificando con ello el artículo 198 de la LCT; en tal sentido incorpora como último párrafo, la posibilidad que el Convenio Colectivo de Trabajo (o sea a través de la negociación colectiva) establezca sistemas compensatorios de créditos horarios; lo que denomina “Banco de Horas”.-

10) Incorpora la figura de la jornada reducida para cuidado de menores; agregando para ello el artículo 198 bis a la estructura de la LCT; dicha reducción horaria transitoria se limita al cuidado de niños de hasta 4 años de edad, con disminución proporcional de la remuneración.-

11) Flexibiliza la jornada de trabajo y la prestación de horas suplementarias (extras); modificando manifiestamente con ello el artículo 201 de la LCT; en tal sentido introduce la figura del “Banco de Horas”; fijando que mediante el Convenio Colectivo de Trabajo (o sea a través de la negociación colectiva) se podrá planificar y establecer un mecanismo de permuta y/o compensación horaria, el que influye en el tópico, pues en caso de la compensación correspondiente, su realización no generará costos.-

12) Reduce la indemnización por antiguedad; para ello modifica el artículo 245 de la LCT; en efecto introduce en él, un segundo párrafo por el que excluye de la base salarial de cálculo de la reparación: el SAC (aguinaldo), las horas extras, las comisiones, los premios o bonificaciones y todo otro rubro que carezca de periodicidad mensual, normal y habitual. La norma proyectada viola el Convenio 95 de la OIT.-

13) Baja el término de la prescripción; modificando con ello el artículo 256 de la LCT; en la actualidad las acciones relativas a créditos provenientes de las relaciones individuales de trabajo prescriben a los 2 años; el proyecto lo establece en un año; la reforma tiene sensible incidencia negativa sobre los derechos del trabajador y lo que puede reclamar como consecuencia de los incumplimientos salariales y/o remuneratorios de su empleador y su relación en el tiempo.-

14) Impone una nueva tasa de actualización de los créditos laborales; modificando con ello el artículo 276 de la LCT; remitiéndose a la que fija el Banco de la Nación Argentina para las unidades de valor Adquisitivo (UVA) correspondiente a sus operaciones de crédito hipotecario.-

15) Posibilita la creación de un Fondo de Cese Laboral sectorial para la actividad; el que debe surgir del Convenio Colectivo de Trabajo (o sea a través de la negociación colectiva) (artículos 52/64 del proyecto en análisis).-

16) Flexibiliza al sujeto “Pequeño Contribuyente”; creando la figura del “trabajador independiente que cuente con la colaboración de hasta otros 4 trabajadores independientes …”; para ello incorpora el artículo 37 bis a la Ley 24.977; el proyecto es confuso y de imposible aplicación práctica; pues se es trabajador dependiente o empleador.-

17) En materia de indemnizaciones laborales: El gobierno quiere abaratar los ‘’costos’’ de los empresarios en detrimento de los derechos de los trabajadores, y para ello quiere anular del calculo actual a las horas extras, el S.A.C. (más bien conocido como aguinaldo), las comisiones, premios o bonificaciones, las compensaciones de gastos y básicamente todo otro rubro que no se contemple periódicamente mensual o habitualmente.

18) Solidaridad Empresaria: Macri y su gabinete idearon este punto en particular para limitar la responsabilidad de las empresas que tercericen labores (lo cual ya es cuestionable y hoy genera muchísimos conflictos laborales). Es decir, que si un contratista tercerizado incumple frente a un despido o incumplimiento laboral, la empresa principal ya no se verá forzada a responder ante el reclamo del empleado afectado. Una verdadera locura que deja en pampa y la vía a los trabajadores. Aun mas que en el régimen actual.

19) Contribuciones Patronales: Las rebajas sobre las contribuciones patronales alcanzarían a todas las empresas y serian ajustables por la inflación que se mide por el I.P.C. del INDEC (si, esa que siempre puede un poco más).

20) Horas Extras: básicamente, dejarían de existir tal cual las conocemos: los empleadores y los sindicatos podrán establecer un sistema por el cual quienes trabajen mas horas en una jornada laboral podrán compensarlas trabajando menos horas en otra jornada. De esa manera, se pagarían como horas ordinarias las horas extra que deben abonarse con recargo del 50% en días normales y del 100% los días sábados después de las 13 horas, domingos o feriados.

21) Pasantias: o la estipulación de contratos de legalidad bien vista antes de la Asamblea del Año XIII. Este borrador propone la creación de un sistema para estudiantes mayores de 18 y hasta 24 años para que trabajen hasta 30 horas semanales y cobren una ‘’asignación estimulo’’. Las empresas no realizaran sobre este ‘’sueldo’’ (en realidad no puede llamárselo así ni siquiera legalmente) ningún tipo de contribución previsional ni a obra social).

En base a este desglose y análisis, queremos pronunciarnos totalmente en contra a este atropello a la dignidad humana de los trabajadores argentinos llevada a cabo por Mauricio Macri y el peor equipo de los últimos 50 años e instamos a los Diputados y Senadores de la Nación a votar en contra si el Poder Ejecutivo Nacional tiene el atrevimiento de enviar este insulto en forma de Proyecto de Ley al Honorable Congreso de la Nación. Debemos, desde cualquier espacio político, defender los intereses nacionales para no perder la soberanía política, defender nuestra menoscabada independencia económica y luchar por la justicia social.

Desde la Mesa Nacional de la Juventud Universitaria Peronista entendemos que el carácter principal de los derechos adquiridos es su irrevocabilidad, su irrenunciabilidad y principalmente su irretroactividad. De ninguna manera debemos volver atrás, sea cual sea el momento en que se hayan logrado, en las conquistas que se hicieron en pos de los trabajadores argentinos. Seguiremos luchando por ellos, que son, sin duda alguna, el principal componente de las universidades nacionales, nuestro espacio de lucha. Desde nuestros 100 Centros de Estudiantes y la decena de Federaciones Universitarias que conducimos en la actualidad y desde todas las agrupaciones a lo ancho y a lo largo de toda la Republica Argentina que integran la federal Juventud Universitaria Peronista nos pronunciamos enfáticamente en contra del anteproyecto de la Reforma Laboral y de los dichos del Presidente de la Nación adelantando su plan para ajustar el presupuesto universitario. Que el esfuerzo lo hagan ellos.

Mariano Lanouguere – Secretario General Nacional de la JUP – Mesa Nacional

Ciclo de Charlas “Obras Fundamentales”: El Modelo Argentino para el Proyecto Nacional

La Baldrich Espacio de Pensamiento Nacional – La Néstor Kirchner Análisis y Formación

El día 3 de noviembre de 2017, reunidos en el Centro Cultural “El Gran Lío” de la Ciudad de Buenos Aires presentamos el Ciclo de Charlas “Obras Fundamentales”. En la primera charla-debate abordamos “El Modelo Argentino para el Proyecto Nacional”, el legado político y doctrinario de Juan Domingo Perón. Para ello contamos con la exposición de Juan Godoy y Andrés Berazategui. A continuación de estas palabras introductorias, a modo de invitación a la lectura, se encuentra un artículo de la compañera Iciar Recalde sobre la obra en cuestión.

Consideramos de vital importancia para el movimiento nacional y popular la formación a través de las obras fundamentales que nos marcan el rumbo de la unidad con un programa de liberación que encuentra su base en el Pensamiento Nacional. Estamos convencidos que cada compañero y cada organización debe asumir la responsabilidad militante de abordar los problemas que aquejan a nuestro Patria desde una posición nacional, ya que, como decía la compañera Evita “el Pueblo quiere soluciones argentinas a los problemas argentinos”. Esta posición es una construcción histórica del Pueblo trabajador a través de las luchas en las que se hizo cargo de su destino y pugnó por emanciparse en todos los órdenes. Al calor de las grandes batallas a lo largo de la Nación Latinoamericana surgieron conductores y pensadores que, haciéndose cargo de su misión, nos legaron su acción y pensamiento.

En la actualidad, la necesidad de formarse en el Pensamiento Nacional se hace más fuerte ante la ofensiva de la oligarquía que, por medio de la colonización pedagógica, multiplica sus intentos de ocultar y deformar la historia de nuestras conquistas en la construcción de una Patria socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.
Son aquellas obras y hechos fundamentales las riendas que hemos de tomar para cabalgar unidos, con los trabajadores organizados como columna vertebral, hacia la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Patria. Difícilmente las ideas que no se corresponden con la realidad de nuestro país podrán llevarnos a buen puerto. Tomemos el bastón de mariscal en nuestras manos.

Perón está en el futuro1

Iciar Recalde*

Desde hace setenta años los caminos que recorre la Argentina se disciernen en la interna peronista. Hay quien afirma que saltar por sobre un problema no es lo mismo que resolverlo: el resuelto desaparece, el saltado, vuelve. El peronismo de la post dictadura, fundamentalmente durante la década del ´90, había “saltado” varios problemas que hasta el día de hoy retornan constantemente para ponerlo en crisis. Una identidad reñida, donde abrevan si no todos, muchos y diversos: desde los que continuamos considerándolo un movimiento de liberación hasta los que lo circunscriben a la desnuda maquinaria de conquistar poder incluso a costa de la entrega del patrimonio nacional y la miseria de los argentinos.

El 22 de noviembre del 2015 el peronismo sufrió una derrota electoral que, aun cuando la responsabilidad mayor haya que escudriñarla en la estrategia política de la conducción del movimiento nacional, impone forzosamente la necesidad de una reflexión sobre sus causas recientes y remotas. Algo debe estar fallando en nuestras filas para que una propuesta como la de Cambiemos, desembozadamente liberal y dependiente del imperialismo, nos haya vencido en las urnas.

Tengo grabada a fuego una sentencia del más hábil armador político de los últimos 30 años, el recientemente fallecido Juan Carlos Mazzón. “Peor que la traición es el llano”, dictamen que traducía para muchos de mi generación una especie de “actualización doctrinaria” que nos negábamos a asumir porque, sin ninguna clase de tapujos, ponía en duda la supervivencia “resistente” de un peronismo enquistado en el Estado y certificaba además el repliegue movimientista de su hegemonía entre 1989 y 2015. Néstor Kirchner organizó intelectualmente el FPV sintetizando dos imaginarios caros a la tradición del nacionalismo popular: el setentista y el del peronismo clásico de los años ´50. En esa operación se omitían dos momentos claves, nuevamente y para algunos de nosotros, de manera inaceptable: el del reinado peronista de los ´90 y, aun yendo más atrás, el de la transfiguración del peronismo operada en los años ´80 que había determinado un hecho político sustancial: el peronismo entregaba sus banderas y firmaba al pie de la democracia liberal con el objeto de construir representaciones que le otorguen duración y competitividad política y que hoy explica, entre otras cosas, la existencia de “liderazgos” como los de Macri.

Quizá sea este el momento de que las organizaciones libres del pueblo nos animemos a intentar una nueva actualización doctrinaria que permita forjar un peronismo que recupere, para terminar de saldarla, la revolución nacional inconclusa por la violencia oligárquica de 1955 y de 1976. Estas breves líneas se escriben con ese objeto y parten de una certeza fundante: el camino para la recuperación del peronismo y del país es el derrotero que nos lleva a las fuentes. En tal sentido, el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, testamento político del General Perón, constituye una hoja de ruta fundamental donde escudriñar las aristas del Proyecto Nacional que la Patria demanda: no está atrás en el pasado como pieza de museo a visitar, sino adelante señalando los desafíos del porvenir.

I

La historia es la conciencia de la patria. La incomprensión de los nacionalismos populares latinoamericanos, en especial del último peronismo, hace que aquellos intelectuales que construyen su pensamiento desde miradas coloniales ignoren el acontecer de su tiempo. En las usinas de producción del saber académico este desencuentro proviene de aquella época remota en que Carlos Marx caracterizaba al libertador Simón Bolívar como “caudillo salvaje” y expresión acabada de la barbarie. Términos demasiado conocidos desde entonces en nuestro devenir histórico. De tal desventura, la ciencia social se alejó todo lo posible del drama real de la Argentina, aún en aquellos casos que parecía indagarlo. Escudada por un supuesto “rigor científico”, se vio impregnada hasta la médula del empirismo sociológico norteamericano o del marxismo leninismo petrificado en una escolástica colonizada. La coincidencia entre ambos se manifestaba en la negación mancomunada de la cuestión nacional de América latina. Según los casos, se trataba de batallas entre la burguesía y el proletariado en el interior de cada Estado o de fundar el crecimiento económico mediante la copia acrítica de modelos extranjeros, a secas, de remachar de un modo elíptico una y otra vez la versión provincial de una historia falsificada.

La hora crucial del panorama político que vive nuestro país y la región en su conjunto demanda la puesta al día de aquella exigencia que hiciera el General Perón de volver los ojos a la patria dejando de solicitar servilmente la aprobación del extranjero en el análisis de la marcha del movimiento nacional que logre integrar la totalidad de las fuerzas coaligadas en una tarea ineludible. Apartados de la búsqueda ciega de modelos foráneos, es necesario concentrar la mirada sobre nuestra historia reciente que ofrece múltiples ejemplaridades de defensa de lo nacional. Allí donde se apoyan los grandes cambios de la conciencia política que emergen en los tumultuosos desplazamientos de las masas laboriosas. Para eso debemos leer y entender las lecciones del subsuelo de la patria. Con humildad, interpretar las preocupaciones y anhelos del único actor constante de las transformaciones sociales y políticas del país de ayer y de hoy: los trabajadores argentinos y los millones de hombres y mujeres que forman parte de esos inmensos movimientos sociales que empujan por una patria justa.

II

Perón fue un hombre de su tiempo. Vivió con intensidad el siglo de las revoluciones y contrarrevoluciones, experimentó la declinación del imperialismo inglés, la victoria de la Revolución rusa, el creciente poderío norteamericano, la irrupción del protagonismo de las masas populares y el fortalecimiento de los Estados nacionales, la brutalidad de las dos guerras mundiales, el acaecer de la postguerra y la guerra fría, los procesos descolonizadores en África y Asia, la Revolución China de 1949, la Cubana de 1952. En su tierra, vivió el derrumbe del país agroexportador, el ascenso del yrigoyenismo y la integración al sistema de vastos sectores medios, conjugado con los primeros intentos de industrializar la estructura dependiente del país que engendrarán, paulatinamente, a su propio verdugo: la clase obrera que irrumpirá incontenible y bajo su conducción en 1945. Perón impulsó el proceso de industrialización, generando grandes transformaciones estructurales en la economía, expandiendo el mercado interno y redistribuyendo el ingreso nacional hacia los sectores populares.

Su programa de gobierno en el período 1946-1955 se concentró en las tres banderas que aglutinaron doctrinariamente al Movimiento: independencia económica, soberanía política y justicia social. Perón trastocó la estructura semicolonial del país con una audacia inédita en la historia de la Argentina moderna, enfrentando constantes embates y violentas presiones internas y externas. La legislación obrera, el voto femenino, la nueva Constitución, las nacionalizaciones del patrimonio nacional enajenado, la dignificación de los sectores históricamente postergados se hicieron contra viento y marea amparados en la movilización popular como instrumento central de su política.

La contrarrevolución de 1955 y el itinerario de gobiernos entreguistas que le siguió enfrentó una organización social que resistió la proscripción desde los sindicatos, las unidades básicas, los barrios y los múltiples espacios que se reproducían como pólvora al calor de la lucha y de la incorporación de una nueva generación de jóvenes obreros y estudiantes. Etapa donde el peronismo actualizó la doctrina hundiendo sus raíces en viejas tradiciones sanmartinianas, montoneras, rosistas, de manera heterodoxa y plural. Allí descansan el sueño de los justos sindicalistas y militares patriotas, intelectuales brillantes y miles de argentinos vencidos por la maquinaria sanguinaria de la oligarquía. Sin embargo, la historia demostró que tenían razón: que la razón de la patria era infinitamente superior a la racionalidad mezquina de los que pretendían avanzar a costa de convertirla en factoría.

III

Durante más de dieciocho años de exilio, millones de argentinos pelearon por el regreso de Perón a la patria. Como el gaucho pobre del poema hernandiano, había vuelto, decidido: A ver si puedo vivir/ Y me dejan trabajar. El objetivo de su retorno fue fiel a su doctrina y a su historia: no se alejó ni un ápice de la concepción nacional, antiimperialista y latinoamericana de sus primeros gobiernos. A sus ojos, la reconstrucción del país continuaba teniendo como columna vertebral al movimiento obrero organizado. El medio para alcanzarla era la Unidad nacional y la reconstrucción del hombre argentino a través del Pacto Social, el diálogo plural con las fuerzas políticas y la puesta en marcha de un Plan Trienal.

El país con el que se encontró era muy otro al que había dejado y los enfrentamientos políticos acontecidos dentro del movimiento nacional se evidenciaron rápidamente. Sectores juveniles radicalizados retacearon su apoyo cuando no, disputaron lisa y llanamente la conducción del proceso, abriendo paso a la profundización de las fricciones internas que decantaron en una espiral de violencia creciente entre distintos grupos que, desaparecido el General en julio del año 1974 se ahondó aún más durante la presidencia de Isabel, y desembocó trágicamente en una dictadura mucho más feroz que las anteriores.

Cientos de textos de escarnio y prevaricación se han escrito en torno al último Perón. Lo real es que antes de este desenlace trágico, el General se erigió como único garante del proyecto emancipador en el que estaba empeñado. Entonces, ganó las elecciones presidenciales con un 62 por ciento de votos. Y lo cierto es que entre el 25 de mayo de 1973 y el 1 de julio de 1974 condujo una política que fue capaz de contener la inflación, elevar el salario real, reducir el desempleo, aumentar la participación de los trabajadores en el PBI, consensuar una Ley de contratos de trabajo, reactivar el mercado interno y fomentar la producción industrial, nacionalizar la banca y el comercio exterior, reglamentar el capital extranjero, diseñar un Plan para el autoabastecimiento energético, incorporar al país al Movimiento de Países No Alineados, expulsar las misiones militares extranjeras de suelo argentino, intentar recuperar diplomáticamente las Islas Malvinas, romper el bloqueo a Cuba, resolver viejos conflictos limítrofes, abrir nuestro comercio a China, la Unión Soviética y los países socialistas, entre las medidas más relevantes.

IV

Y en ese escenario de grandes fraccionamientos de la alianza que había peleado por su regreso, con casi ochenta años y la salud quebrantada, Perón diseñó su último aporte al país: el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, síntesis acabada del estadista y líder político más importante que ha dado el Continente. En sus páginas y adelantándose a su tiempo histórico, reflexionó sobre los modos de revertir la dependencia colonial del país, el rol del imperialismo, las políticas económicas y las formas de organización política de la Nación, la justicia social, el desarrollo de una cultura nacional, la soberanía científico tecnológica, el rol de la Universidad y de los intelectuales, la relevancia de la ecología, la organización institucional del proceso de cambio, etc.

Los objetivos de transformación que habían caracterizado sus primeras presidencias se ratifican en el Modelo Argentino a la luz de las exigencias de un contexto geopolítico regional de avance neoliberal. Perón resumía conceptualmente su Proyecto Nacional en los siguientes términos: “Por más coherencia que exhiba un modelo, no será argentino si no se inserta en el camino de la liberación.” En este marco, y evaluando además los fraccionamientos existentes dentro del movimiento y la necesidad de revertir las profundas problemáticas sociales derivadas de dieciocho años de políticas de extranjerización de la estructura económica nacional y de destrucción de la comunidad y del hombre argentino, planteaba que la Unidad y el Pacto Social eran las alternativas para enfrentar una geopolítica cada vez más hostil a las experiencias de los nacionalismos populares. En su cosmovisión: “El problema actual es eminentemente político, y sin solución política no hay ninguna solución para otros sectores en particular.El país necesitaba avanzar en la edificación de consensos partidarios y sectoriales como reaseguro para el desarrollo de una política de reconstrucción nacional y cimentar una Democracia social. En consecuencia, se estipulaba que: El primer objetivo del Modelo Argentino consiste en ofrecer un amplio ámbito de coincidencia para que los argentinos clausuremos la discusión acerca de aquellos aspectos sobre los cuales ya deberíamos estar de acuerdo.” Y sostenía: “O profundizamos las coincidencias para emprender la formidable empresa de clarificar y edificar una gran Nación, o continuamos paralizados en una absurda intolerancia que nos conducirá a una definitiva frustración. (…) Los sectarismos no nos conducirán jamás a la liberación.

En este punto, resulta evidente que la política propuesta se parecía más a la comunidad organizada de sus primeros gobiernos, que al socialismo nacional ansiado por sectores juveniles. Expresaba al respecto: Este Modelo no es una construcción intelectual surgida de minorías, sino una sistematización orgánica de ideas básicas desarrolladas a lo largo de treinta años. () La creación ha nacido del pueblo.El justicialismo se manifestaba como la identidad propia de un movimiento nacional que debía superar fraccionamientos y reconocerse en el Proyecto Nacional al que aspiraba: El Modelo Argentino pretende ser, precisamente, la interpretación de esa conciencia nacional en procura de encontrar su cauce definitivo. () Seguimos deseando fervorosamente una Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. () Una Argentina íntegra, cabalmente dueña de su insobornable identidad nacional.Esta política nacional debía considerar la integración del país en los procesos que se avenían en América latina y en el mundo y que con claridad meridiana Perón supo prever: La progresiva transformación de nuestra patria para lograr la liberación debe, paralelamente, preparar al país para participar de dos procesos que ya se perfilan con un vigor incontenible: la integración continental y la integración universalista.”

V

Tenía mucho aún por decir pero ya no había tiempo. Había vuelto a morir a su patria: Tal vez éste sea uno de los mayores aportes que puedo hacer a mi patria. Sólo con su entrega, me siento reconfortado y agradecido de haber nacido en esta tierra argentina.El 1 de julio de 1974 pasó definitivamente a la inmortalidad. Se había despedido poco antes frente a la multitud anunciado que su único heredero era el pueblo y que su palabra sería siempre la “música más maravillosa.

Volvió a morir a su patria y volverá siempre que los argentinos perdamos el rumbo de la nacionalidad. Está en el futuro, instándonos a hacer realidad su testamento político que, para mayor dicha de nosotros, encuentra en la voz de Francisco su más fiel continuador.

(*) Licenciada en Letras. Profesora de Literatura argentina del siglo XX y del Seminario de Sociología de la cultura latinoamericana contemporánea en la UNLP y de Política y sociedad en la UNAJ. Dirige el Programa de Estudios de Política y Sociedad Raúl Scalabrini Ortiz (UNAJ). Miembro del IFAP y del Centro de Estudios Juan José Hernández Arregui

1 Fragmentos del trabajo “Perón está en el futuro”, del volumen Perón, una filosofía política (del GOU al kirchnerismo), Paso de los Libres, Rosario, 2017

“Las siguientes líneas no pretenden denigrar el progresismo, sino más bien comprender a un sector que es parte del movimiento nacional”

Juan Godoy. Lic. en Sociología (UBA). Mg. Metodología de la investigación (UNLa). Docente universitario. Autor de “La FORJA del nacionalismo popular. La construcción de una posición nacional en la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA)”

Fuente: Revista Zoom

“La mentalidad colonial enseña a pensar el mundo desde afuera, y no desde adentro. El hombre de nuestra cultura no ve los fenómenos directamente sino que intenta interpretarlos a través de su reflexión en un espejo ajeno, a diferencia del hombre común que, guiado por su propio sentido práctico, ve el hecho y trata de interpretarlo sin otros elementos que los de su propia realidad.” Arturo Jauretche

Las siguientes líneas no pretenden denigrar el progresismo, sino más bien comprender a un sector que es parte del movimiento nacional, y sobre todo problematizarlo en vinculación a la necesidad de su “nacionalización”. Hecha la aclaración pertinente, aquí entendemos que la historia y la política de la Argentina, en tanto su condición de país dependiente, semi-colonial, se divide básicamente en dos campos: el nacional y el colonial. Es claro que a lo largo de nuestra historia el enfrentamiento no ha sido entre izquierda y derecha, sino más bien el dilema es nación-pueblo contra la oligarquía aliada al imperialismo de turno.

De esta forma esos campos establecen esquemas para pensar la realidad que nosotros conocemos como el pensamiento nacional-latinoamericano y el pensamiento colonial. El primero busca construir una matriz de reflexión a partir de las características propias como nación, y a su vez la búsqueda de soluciones propias a las problemáticas de la patria: a éstas se las enfrenta con un criterio nacional. En este sentido, Lugones había reclamado “ojos mejores para ver la patria”. No se trata de cerrarse a “lo extranjero”, sino incorporarlo en tanto su correspondencia con nuestros problemas. Aquí lo central es la dependencia económica, sobre la cual se yergue la cultural.

Por otro lado, el pensamiento colonial es el esquema que planifica y justifica el orden semi-colonial dependiente, es eurocentrista y apunta a “solucionar” nuestros problemas “copiando y pegando” ideas y experiencias realizadas en otro tiempo y/o lugar, pero no incorporándolo en lo que nos pueda ser útil, sino haciéndolo como absoluto en tanto destrucción de lo propio.

Resulta que a lo largo de nuestra historia hay hechos y/o personajes que, cuando se puede, son silenciados por el aparato cultural, y cuando su acción no se puede ocultar, son demonizados, vaciados de contenido o tergiversado su accionar. Por último, vinculado a la segunda cuestión, cuando existen movimientos muy poderosos en tanto el cuestionamiento y/o transformación de la realidad, y esos movimientos se vuelven prácticamente innegables, los instrumentos culturales actúan rápidamente de forma de neutralizarlo.

En relación a esto último es que aparece el progresismo en relación al peronismo, como una deformación de este movimiento nacional. En este caso, apunta a instalar en vastos sectores, mayormente medios y medio-altos, un conjunto de ideas que, si bien permiten que esos sectores se sumen al movimiento nacional, los neutraliza en tanto esas ideas estrechan lazos con la matriz de pensamiento colonial. Busca destruir y/o controlar así la posible alianza entre los sectores medios y los populares que Jorge Enea Spilimbergo llamaba “alianza plebeya”.

En este sentido, el progresismo es, entonces, fruto del pensamiento colonial. Su esquema de pensamiento a partir del cual analiza la historia y la realidad está vinculado a esa matriz y no a la nacional, que es de la que se nutre, conforma, reproduce y fortalece el peronismo.

Nos interesa entonces ver algunas características de estos sectores progresistas. Como decíamos, mayormente están conformados por los sectores medios y medio-altos, en tanto como establece Arturo Jauretche son estos a los que apunta, sobre todo, la colonización pedagógica y son, al mismo tiempo, a los que dicha colonización logra penetrar con más fuerza.

Estos sectores suelen tener un desconocimiento bastante profundo de la historia de nuestra patria, ni qué hablar de la del continente. Esto se liga a su conformación cultural, a su formación. Decíamos que están formados en la colonización pedagógica, rompieron con algunos de sus patrones, pero no con la mayoría. Así, el desconocimiento histórico actúa como posibilidad de asentamiento de las zonceras coloniales. En este sentido, Hernández Arregui sostiene que la formación impartida por este pensamiento colonial es una formación contra nosotros mismos. El pensamiento colonial enseña a pensar a contrapelo de las necesidades de la patria. Nuestro gran José Hernández también lo había avizorado en el Martín Fierro cuando afirma que “es mejor que aprender mucho el aprender cosas buenas”.

Obsérvese en materia histórica que estos suelen ser tentados con “el evitismo”, que considera que, al fin y al cabo, la que era realmente revolucionaria era Eva Perón, mientras que Juan Perón sería una suerte de “milico” conservador, más aún en su tercer gobierno, donde se manifestaría su maniqueísmo ya que pasó de alentar la revolución a aniquilarla en tanto “volvió” de derecha, se “transformó” en facho (y la revolución en este caso la encabezaría “la tendencia”). Este “evitismo”, que desde el peronismo de base se lo ha considerado hace ya tiempo como “la etapa superior del gorilismo”, cala profundo en el progresismo.

En vinculación a esto último aparecen al menos tres aristas a tener en cuenta: el desconocimiento del peronismo como un movimiento que llevó a cabo una revolución nacional, y a Perón como el líder que la realizó. En segundo lugar, el “anti-militarismo abstracto”, que aparece aquí a partir de la idea del “milico” conservador, noción ya largamente tratada desde el pensamiento nacional que entiende a las Fuerzas Armadas como una institución compuesta por hombres que pueden cumplir el rol de romper la dominación o asegurarla (lo mismo vale para la Iglesia, ya que el “anti-clericalismo” abstracto también aparece en el progresismo). En este punto también es importante entender el rol fundamental de las Fuerzas Armadas en los países coloniales y semi-coloniales (quizás el comandante Chávez, más cercano en el tiempo, puede servir para la comprensión), y conocer su origen nacional, popular y anti-colonialista. En tercer lugar, aparece aquí también la idea de que el enfrentamiento principal en nuestro país es entre izquierda y derecha, y no entre lo nacional y lo colonial como indicamos al comienzo.

Hernández Arregui decía que los sectores medios –y nosotros podríamos sumar aquí progresistas– piensan “siempre en términos absolutos (…) su minúscula situación social le hace perorar con frases de gigante”, de ahí ese aire de “superioridad” moral y de pensamiento con respecto a la población argentina que no arribó a “sus verdades”.

El progresismo es abierto en términos de libertades individuales, pero no suele serlo en materia de pensamiento político. No decimos acá en relación al pensamiento político oligárquico, sino al del amplio movimiento nacional, y sus adyacencias. “Argumenta” que “no entiende” al electorado, que todo se reduce a su “ignorancia” y lo “putea”, lo que no pareciera ser la estrategia política más audaz para la persuasión, y que indefectiblemente lleva a la cerrazón y a la no posibilidad de construir políticamente. Al mismo tiempo, pretende “construir” a partir de cruzar con la “vara” de la traición a propios y ajenos, un pensamiento que divide “mancha-pureza” y que no da la impresión de ser una categoría para analizar la política. Incluso podemos decir que es “falsamente purista”, porque en esa construcción se deja afuera interesadamente a unos y ubica a otros ya sea en términos temporales o personales.

En este marco, también se hace presente una idea que el campo nacional no ha tenido, y sí la izquierda abstracta: nos referimos a la noción (y a veces el sentimiento) de que todo empeore para poder mejorar electoralmente. Cuanto peor, mejor. Es la política de la “panza llena”, que no comprende que el drama de las crisis para los sectores populares no consiste en no vacacionar o tener que ahorrar, sino en comer o no hacerlo. Esta idea, además, lleva al quietismo político, a esperar a que “todo suceda”.

En muchas cuestiones coincide el pensamiento progresista con el liberalismo. El progresismo es en gran medida liberal. No observa otra salida para el país que el endeudamiento, aunque más controlado, que las inversiones extranjeras, el asistencialismo, el destino de país dependiente agroexportador (piensa que la Argentina no puede construir industria, que eso “ya fue”), y la no ruptura del orden dependiente. Por poner algún ejemplo: puede discutir el precio de las facturas de luz y gas pero no quién lo genera, propiedad de quién es, para qué se utiliza, la necesidad de poner la energía al servicio del desarrollo, etc. El progresismo no considera necesario planificar la economía y el país, como sí lo hace lo nacional.

En otra materia que se hace presente el pensamiento colonial, y que también hace mucho daño al movimiento nacional, es la denigración al sindicalismo. Podríamos hoy llamarlo como “anti-sindicalismo abstracto”, considerando a los representantes de los trabajadores –¡ay, la colonización pedagógica!– como burócratas y, cuando no, ladrones. Desconoce que el peronismo es un movimiento, si bien más amplio, fundamentalmente de trabajadores organizados, “la columna vertebral”. Se podría discutir si deben ser la columna vertebral o la cabeza, pero nunca el rol y lugar primordial de los mismos. Parece que el progresismo mamó del pensamiento colonial el mismo odio que la oligarquía le tuvo al movimiento obrero organizado a lo largo de toda nuestra historia.

El progresismo se suma a luchas de causas lejanas y/o vinculadas a temáticas secundarias, vías de escape a las nacionales. Así, por ejemplo la desmalvinización se va a hacer patente en estos, Malvinas y específicamente la guerra del 82 como una “locura de un borracho”, y los que lucharon por la Patria como “pobres pibes”, más nunca entendiéndola como una gesta nacional anti-colonialista y a los que defendieron nuestra soberanía nacional como héroes. Confunde el nacionalismo con nazismo, y el nacionalismo de los países opresores con el de los oprimidos. Termina pensando que el nacionalismo está “fuera de moda”.

Asimismo, el progresismo considera que un tipo negro “es piantavotos”, mientras que un joven universitario de ojos claros con aires de “canchero” cala más profundo en nuestro pueblo que aquel. Llevando al mismo tiempo a la pérdida de identidad ideológica y política.

El progresismo, como no podría ser de otra manera, por estar formado dentro del pensamiento colonial, piensa en términos de la madre de todas las zonceras: “civilización y barbarie”. Así es eurocentrista, denigra lo nacional, lo auténticamente nacional. Por lo cual lee a los autores europeos en detrimento de los propios, los considera “poco serios”, “no científicos”, también gusta leer (y decirlo también claro, en busca de “distinción”), Le Monde y otros medios similares. Al fin y al cabo es lógico, porque como lo aborda Fermín Chávez, el pensamiento colonial piensa que la cultura es un árbol de dos raíces: la cultura, que sería la cultura europea, elitista, que da todos buenos frutos; y por otro lado lo nacional, que implica que lo que nazca de la patria profunda es un árbol que no puede dar buenos frutos. El pensamiento colonial denigra la conciencia nacional.

Pensamos aquí que el progresismo debe conformar el movimiento nacional, es más, es necesario porque el peronismo siempre fue un movimiento nacional frentista que apunta a aunar a todos los sectores que estén en mayor o menor medida enfrentados a la oligarquía y al imperialismo, de modo de lograr triunfar en “la madre de todas las batallas”: la ruptura de la dependencia. Por lo tanto, el progresismo debe estar dentro del movimiento nacional, pero no conducirlo, claramente. Porque como enseña el “Bebe” John William Cooke el peronismo es un movimiento policlasista pero la ideología es la de los sectores trabajadores.

La revancha clasista de la oligarquía encabezada por el macrismo se encamina a cuatro años más de gobierno a partir del 2019 si no actuamos rápidamente, con humildad y patriotismo. Mirar adelante y no para el costado. Así, resulta imperioso que el peronismo “vuelva a sus fuentes” para poder reconstruir el movimiento nacional, desplazar a la oligarquía del poder y volver a conducir los destinos de la patria.

Fuente: Revista Zoom

Desde La Baldrich Espacio de Pensamiento Nacional y La Néstor Kirchner Análisis y Formación presentamos el Ciclo de Charlas “Obras Fundamentales”.

En la primera charla/debate abordaremos “El Modelo Argentino para el Proyecto Nacional”, el legado político y doctrinario de Juan Domingo Perón. Para ello contaremos con la exposición de los compañeros Juan Godoy y Andrés Berazategui (en lugar de la compañera Iciar Recalde).

Consideramos de vital importancia para el movimiento nacional y popular la formación a través de las obras fundamentales que nos marcan el rumbo de la unidad con un programa de liberación que encuentra su base en el Pensamiento Nacional.

Los invitamos a participar de la actividad que tendrá lugar en el Centro Cultural “El Gran Lío” (Viamonte 1550, CABA) el viernes 3 de noviembre a las 18hs.

¡Los esperamos!