Deben ser los perduellis, deben ser – Por Facundo Andrés Reyna

En la antigua Roma se llamaba perduellis, al enemigo interno de la patria. El crimen de perduellio (contra la patria) era castigado con la pena de muerte.

Como principio general, la muerte liberaba de la pena y de acción penal al delincuente. Sin embargo, cuando el delito era contra el Estado, esta regla no valía; la maldición también alcanzaba la tumba y aún después de la muerte, en donde se podía aplicar la “privación de sepultura, la remoción de la tumba y la execración de la memoria del difunto” (Derecho Penal Romano, tomo 19, pág. 74).

Los perduellis criollos lo aplicaron con Juan Manuel de Rosas, en donde recién después de un siglo, pudo volver a descansar en la Patria que con tanto esmero defendió y a la que dedico su vida. Otro caso paradigmático fue el de Evita. Y esa vez, fueron por más, llegando al punto tal de la profanación de su tumba y posterior ensañamiento con su cuerpo. Las bombas “libertadoras” del 55´ habían traído consigo la “civilización”. Fusilaron al General Valle en una celda fría de la Penitenciaría Nacional, mientras el “perduellis mayor” de ese tiempo dormía. La misma suerte corrieron el Teniente Coronel Oscar Cogorno y los que cayeron en los basurales de José León Suárez.

Años más tarde perfeccionarán los métodos. Arrojaran a compatriotas desde aviones, desaparecerán y torturaran a militantes populares, con la ayuda de buchones de seccionales de policía y con viejos acabados con olor a sacristías. Las fuerzas armadas se habían transformado en la guardia pretoriana de esa oligarquía rapaz y parasitaria. Su primer crimen no fue contra un “marxista subversivo”. Fue contra un propio camarada de armas, el Mayor Bernardo Alberte, edecán del General Perón.

La última dictadura conto con el apoyo civil y empresarial. José Alfredo Martínez de Hoz, fue la figura más acabada de esa pata empresaria, contraria a los intereses nacionales, en la cual modificó la matriz productiva de nuestro país, que es la que perdura hasta nuestros días. El sueño de tener una patria altamente industrializada, con desarrollo y pleno empleo cambió radicalmente para ser una colonia pastoril, de importación de manufacturas y la de un pueblo sumido en la pobreza.

Hoy nuevamente los perduellis están en el poder. Pero esta vez con los votos. No recurrieron al tradicional e infame golpe de estado. Cuando más oscuro parece el porvenir, cuando parece consolidarse la indiferencia, cuando se predica el egoísmo de la pasión más ruin, que es la codicia del dinero, cuando se impone el “perduellio” en la vida argentina, y se supere la triste experiencia de un fracaso, la conciencia de todos los buenos argentinos deberá apelar a la unidad.

El pueblo argentino tiene inmensas, inacabables reservas de honradez, de coraje y de virtud. Y como decía José Luis Torres, hemos de triunfar en nuestra tarea, porque una fuerza mítica nos anima a cumplir con firmeza inquebrantable nuestra tarea.


El libro «Los Perduellis» de José Luis Torres se encuentra disponible para descargar en nuestra Biblioteca Digital

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