El Fondo Monetario Internacional y el desorden mundial – Por Aritz Recalde

Nacida en la posguerra, para los países emergentes la organización funcionó como salvavidas de plomo e instrumento de dominación. Historia, presente y futuro de una relación tóxica que Cambiemos resucitó.

En el mes de julio del año 1944, las Naciones Unidas organizaron una conferencia en la instalación hotelera de Bretton Woods, Estados Unidos. Durante el encuentro, en el que participaron 44 Estados, los gobiernos triunfadores de la Segunda Guerra Mundial se propusieron organizar las finanzas y el sistema monetario mundial. En esa conferencia surgió la iniciativa de crear el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF).

La creación del Fondo se justificó en la necesidad de otorgar estabilidad al sistema financiero internacional, fomentando la “cooperación monetaria”, el “crecimiento equilibrado del comercio”, la “estabilidad cambiaria” y el establecimiento de un “sistema multilateral” de desembolsos. El FMI destinó recursos para enfrentar los “desequilibrios” de la balanza de pagos de los países.

Tal cual documentó Oscar Ugarteche en el libro “Historia crítica del FMI”, y más allá de los planteos originarios, el organismo expresó claramente los intereses comerciales del Imperio Norteamericano e impulsó el dólar como moneda de reserva internacional. En Bretton Woods se exteriorizó un enfrentamiento entre el representante de los Estados Unidos, Harry Dexter White y el miembro del Reino Unido, John Maynard Keynes. El delegado norteamericano fue quien impulsó el área del dólar y la apertura comercial de las zonas de preferencia comercial inglesas.

El nuevo el orden internacional: los que ganan la guerra organizan la política

Ni bien culminó la Segunda Guerra, los países triunfadores se propusieron el control económico, cultural y político del mundo. Con dicha finalidad promovieron las siguientes instituciones:

El gobierno que impone la divisa, controla el mundo: Dólar contra Libra Esterlina

Durante los siglos XVIII y XIX los imperios británico, portugués, francés y español, se retiraron de América, en paralelo a que ocuparon África y Asia. En la Primera Guerra Mundial (1914-1918), las potencias europeas en ascenso se enfrentaron violentamente con la finalidad de repartirse las nuevas posiciones coloniales. Como resultado de la contienda, se desplomaron los imperios alemán, austro húngaro, otomano y zarista.

A partir del desenlace bélico y político de la conflagración internacional, el Imperio Británico impuso a Europa sus reglas institucionales, militares y culturales. En el terreno monetario, promovió la Libra Esterlina como matriz de intercambio internacional. En 1931 se terminó el patrón oro en Europa y un año después se inició la hegemonía del billete inglés, que duró hasta 1945.

En 1930 se originó una crisis en la bolsa de valores de Wall Street y, para enfrentarla, el país aplicó un programa proteccionista (Ley de aranceles Smoot – Hawley). Con la finalidad de morigerar la depresión económica, Inglaterra organizó en 1932 la Conferencia de Ottawa y el Imperio obligó a sus dominios y colonias de la Commonwealth a aplicar tarifas aduaneras y a sostener la zona de la Libra Esterlina. Británicos y norteamericanos disputaron sus intereses comerciales y monetarios y la Segunda Guerra le otorgó la supremacía definitiva a los Estados Unidos, que se convirtió en prestamista y en el reconstructor de Europa (Plan Marshall).

En el año 1936 Inglaterra, Francia y los EUA acordaron el valor de referencia del oro en relación a la libra, el franco y el dólar, en la antesala de lo que luego serían los compromisos de Bretton Woods.

El “engendro putativo del imperialismo” llega a la República Argentina

“Era preciso crear el instrumento para consolidar el área dólar. El Fondo Monetario Internacional fue la solución (…) el Gobierno Justicialista de la República Argentina no se adhirió al Fondo Monetario Internacional. Para nosotros, el valor de la moneda lo fijábamos en el país, como también nosotros establecíamos los cambios de acuerdo con nuestras necesidades y conveniencias. Para el intercambio internacional recurrimos al trueque y así nuestra moneda real fueron nuestras mercaderías. Ante el falseo permanente de la realidad monetaria internacional y las maniobras de todo tipo a que se prestaba el insidioso sistema creado, no había más recurso que hacerlo o dejarse robar impunemente”. Juan D. Perón

En plena Revolución Justicialista, representantes del FMI llegaron en una misión especial a nuestro país. La opinión acerca del organismo efectuada por el Presidente argentino fue sumamente negativa. En el libro “La Hora de los Pueblos”, Juan Perón declaró:

“Cuando en 1946 me hice cargo del gobierno, la primera visita que recibí fue la del Presidente del Fondo Monetario Internacional que venía a invitarnos a que nos adhiriéramos al mismo. Prudentemente le respondí que necesitaba pensarlo y, de inmediato, destaqué dos jóvenes técnicos de confianza del equipo de gobierno, para investigar a este “monstruo tan peligroso”, nacido según tengo memoria en los sospechosos acuerdos de Bretton Woods. El resultado de ese informe fue claro y preciso: en síntesis se trataba de un nuevo engendro putativo del imperialismo. Yo, que tengo la ventaja de no ser economista, puedo explicarlo de manera que se entienda”.

Perón veía críticamente a los acuerdos de Bretton Woods y al FMI, ya que en su óptica expresaban los intereses de los norteamericanos y del área del dólar. En sus palabras:

“Este Fondo, creado según decían para estabilizar y consolidar las monedas del Mundo Libre, no ha hecho sino envilecerlas en mayor medida. Mientras tanto, los Estados Unidos se encargaban, a través de sus empresas y capitales, de apropiarse de las fuentes de riqueza en todos los países donde los tontos o los cipayos le daban lugar, merced a su dólar ficticiamente valorizado con referencia a las envilecidas monedas de los demás”.

La Revolución Justicialista implementó un programa económico interno nacionalista y una política exterior multilateral (Tercera Posición). Para evitar la dependencia de los créditos foráneos y la fuga de divisas, Perón nacionalizó los depósitos bancarios, el Banco Central y el Comercio Exterior. El mandatario argentino impulsó acuerdos comerciales con gobiernos miembros de la Unión Soviética y de Iberoamérica. Con varios de ellos, se intercambiaron maquinarias por materias primas o manufacturas locales.

El fin del orden de Bretton Woods y los cambios en el FMI

En el año 1971, Francia le requirió a los EUA cambiar su tenencia de dólares por el oro de la Reserva Federal. Como respuesta, Richard Nixon decretó el fin del patrón oro – dólar.

La moneda norteamericana se devaluó y el país inició el vertiginoso proceso de emisión sin respaldo, que sigue vigente hasta la actualidad. Desde ese año, los Estados Unidos exportan dólares y acrecientan su deuda y la de los países en desarrollo.

En ese contexto y habiéndose debilitado las normas originadas en Bretton Woods, el Fondo asumió un papel de asesor y de controlador económico internacional. Su tarea fundamental es la de:

– Imponer y resguardar el dólar como divisa de intercambio internacional;

– prestar dólares a los países en desarrollo, con el objetivo de garantizar la fuga de recursos de los especuladores y de las corporaciones hacia los EUA y Europa;

– privatizar empresas y transferir el capital y el ahorro nacional de los países en desarrollo, hacia las corporaciones multinacionales y los gobiernos de las Potencias Occidentales;

– obligar a los países en desarrollo a implementar programas de apertura comercial y de ajuste, favoreciendo las importaciones de manufacturas desde EUA y Europa.

La Argentina ingresa al FMI

Tal cual mencionó Norberto Galasso en el libro “De la Banca Baring al FMI”, en el mes de junio del año 1956, la dictadura que derrocó a Perón decidió el ingreso de la Argentina al FMI y al Banco Mundial. Dos años después, Frondizi tomó préstamos del organismo iniciando un camino que emularían los militares a partir del golpe de 1976.

A la vuelta de la democracia en 1983, el FMI adquirió una centralidad inusitada en el país, dado el crecimiento exponencial de la deuda externa desde 1976. En una primera instancia, Raúl Alfonsín intentó renegociar –infructuosamente- los acuerdos con la banca multinacional, conjuntamente a su par peruano Alan García. El presidente de la UCR denunció que el FMI lo presionaba para “llevarnos a una política recesiva que redujera drásticamente el consumo mediante recursos tales como el mantenimiento de salarios bajos, un incremento de la tasa de interés y una fuerte disminución de las importaciones”.

A la salida del mandatario radical, su sucesor Carlos Saúl Menem (1989-1999) aplicó gran parte del mandato del FMI y el país privatizó sus principales empresas y recursos, e inició el Plan de Convertibilidad con el apoyo del organismo.

El presidente Fernando de la Rúa (1999-2001) aplicó al pie de la letra el programa del Fondo y redujo los gastos federales y bajó salarios a estatales (-13%). El mandatario impulsó la Reforma Laboral exigida por el FMI, que culminó con escandalosas denuncias de coimas en el Congreso. De La Rúa y su Ministro Machinea acordaron con el Fondo y otros organismos, un “blindaje financiero” de 32.700 millones de dólares (se sumaban otros 7.000 millones en bonos). Poco tiempo después, De La Rúa impulsó el “megacanje” de 28.144 millones de dólares en bonos, reprogramando el pago de vencimientos y generó un aumento de la deuda en 2.257 millones. Domingo Cavallo y David Mulford, habrían obtenido 150 millones de dólares de comisión por el oneroso canje. El gobierno de la UCR, siendo el mejor alumno del FMI, protagonizó en el año 2001 la más profunda crisis económica y social de la historia argentina del siglo XX.

El FMI les negó apoyo a los presidentes Duhalde (2002) y Kirchner (2003). Éste último, acompañando la decisión del brasilero Lula Da Silva del año 2005, canceló los préstamos con el organismo en 2006 declarando que el FMI, “ha actuado, respecto de nuestro país, como promotor y vehículo de políticas que provocaron pobreza y dolor en el pueblo argentino (…) Formamos parte de la triste realidad de integrar el grupo de países en los que esa institución ha aplicado y monitoreado mucho de sus 150 planes de ajuste. El resultado ha sido exclusión, pobreza, indigencia, la destrucción de aparato productivo (…) Estamos con este pago sepultando buena parte de un ominoso pasado, el del endeudamiento infinito y el ajuste eterno”.

Recientemente, y en el marco de una fuga de capitales y una corrida financiera contra el peso, el presidente Mauricio Macri solicitó un nuevo préstamo al FMI. En diciembre del año 2017, el Directorio Ejecutivo del Organismo emitió un informe haciendo referencia al funcionamiento de la economía argentina. Según datos del Organismo, “Felicitaron a las autoridades por haber adoptado medidas que facilitaron la reactivación económica, y por lo avances logrados en la transformación sistémica de la economía argentina, incluidos los esfuerzos desplegados para reconstruir las instituciones y restablecer la integridad, transparencia y eficiencia del gobierno”. Cinco meses después de publicado este informe, estalló la peor crisis financiera de los dos años y medio de gestión de CAMBIEMOS. Como es de costumbre, en el mismo documento el FMI le exigió a Macri “reducir el gasto público, sobre todo en los ámbitos en que dicho gasto ha aumentado rápidamente en los últimos años, en particular salarios, pensiones y transferencias sociales”.

El FMI y la doble vara de la economía internacional

Si bien desde el origen el organismo estuvo digitado por los EUA y por un grupo reducido de países europeos, desde los años setenta su función se orientó decididamente a garantizar el desenvolvimiento de los intereses de la primera economía mundial. Los norteamericanos no aplican los acuerdos y las reglas financieras y no son auditados por el FMI como el resto de los países. El FMI no evitó -y ni siquiera previó-, las crisis financieras de los Estados Unidos del año 2008 y las de Europa (España, Grecia, Portugal, etc.-).

El FMI impulsó los programas de ajuste estructural y los lineamientos del Consenso de Washington (apertura comercial, desregulación financiera, apoyo a las exportaciones y no al mercado interno, etc.-). Abogó por el achicamiento del Estado con las privatizaciones y con la eliminación de subsidios. Los desastrosos resultados de sus programas de racionalización y de ajuste están a la vista. Según datos presentados por Oscar Ugarteche, solamente entre los años 1977 y 2001 se produjeron 112 crisis bancarias en 93 países. Durante las últimas décadas, los gobiernos que aplicaron sus iniciativas destruyeron sus estructuras productivas y deterioraron seriamente las condiciones de vida de sus comunidades. Las crisis mexicana (1994), asiática (1997), rusa (1998), brasilera (1998) y argentina (2001), hablan por sí solas.

El organismo apoyó los golpes de Estado y las dictaduras de Argentina (1956 y 1976), Brasil (1964), Chile (1973) o Uruguay (1972). En el año 2002 y en plena asonada castrense, el FMI se mostró dispuesto a financiar al golpista venezolano Pedro Carmona.

América Latina implementó los programas del FMI y la década del ochenta fue de crecimiento negativo de la economía. En los años noventa, los Estados vendieron su patrimonio al extranjero y reconvirtieron la economía orientando las prioridades al sector exportador, en desmedro del mercado interno. Los gobiernos flexibilizaron las condiciones laborales y se perdieron muchos de los derechos sociales alcanzadosb.

El FMI y el sistema de poder norteamericano

De la tarea del FMI dependen los valores de Wall Street y el desenvolvimiento de las empresas norteamericanas en el mundo. El FMI actúa en línea con el Tesoro (ente público) y con la Reserva Federal (ente público – privado) de los EUA.

Sus operaciones se articulan con las Calificadoras de Riesgo financiero que son mayoritariamente norteamericanas, como es el caso de Moody’s, Standard & Poor’s, Fitch Ratings o JP Morgan.

Además, las decisiones del FMI son avaladas por los tribunales de resolución de litigios económicos de los EUA (jueces como Tomas Griesa) e internacionales (CIADI-BM).

Es necesario un nuevo Bretton Woods

En el siglo XXI el FMI perdió credibilidad y disminuyó sus clientes por ser considerado el responsable de diversas crisis financieras, productivas y sociales. Según datos de Oscar Ugarteche, entre 2000 y 2006 el ente redujo su presupuesto casi un 69%. En 2002 había 37 países aplicando sus políticas de ajuste y en 2007 el número bajó a 27 Estados.

El FMI surgió en el año 1944 y no expresa la realidad productiva y política contemporánea. Las actuales primeras 12 economías del planeta difieren de las que originaron Bretton Woods. Atendiendo estas situaciones, los países en desarrollo promueven:

I- Reformas en el FMI y en los entes reguladores de la finanza mundial creados en Bretton Woods. Desde su origen, los presidentes del FMI y del Banco Mundial son designados por EUA y Europa. Los norteamericanos además, tienen alta participación en las decisiones conformando poder de veto. El organismo debería remodelar la distribución de poder (cuotas y Directores), actuar con transparencia y promover la estabilidad financiera y no meramente la agenda de las Potencias Occidentales.

II- La apertura de nuevos instrumentos financieros como es el caso de los bancos de los BRICS o de la UNASUR. El crédito debe ser un instrumento de desarrollo social y del bien común y no una mera herramienta para el ajuste.

III- Un sistema financiero que priorice la agenda de las periferias, la promoción de la economía productiva, la generación de empleo y el desarrollo social íntegro y sustentable. El sistema de Bretton Woods no impide la especulación desmedida, los paraísos financieros offshore y la fuga de riquezas del sur hacia el norte.

Los países en desarrollo financian al FMI y no tiene participación en la toma de las principales decisiones del organismo, sino que solamente padecen las consecuencias de los ajustes. Es momento de crear un nuevo orden mundial y en ese escenario a los sudamericanos nos encontrará unidos o dominados.

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