Entrevista a la compañera Iciar Recalde

Compartimos la entrevista a Iciar Recalde realizada por los compañeros de LOMJE Humanidades UNLP – (Mov. Universitario Evita) el 30 de octubre de 2016.

“Por el sentido heroico de la vida, que es lo único que salva a los pueblos.” Juan Perón

1. Para comenzar, ¿cómo analiza los primeros diez meses del gobierno de Cambiemos?

A secas: trágicos para las organizaciones libres del pueblo y para la supervivencia del patrimonio nacional de los argentinos. Hay quienes se sorprenden de la atrocidad del neocolonialismo gobernante como si fuese un fenómeno parido en diciembre del 2015 sin antecedentes en el país. Similar a la visión de los que hablan del país como nacido en el 2003. Con un poco de conciencia histórica del devenir del movimiento nacional, no puede esperarse la menor garantía del régimen (esa zoncera demoliberal de que “ojalá que al gobierno le vaya bien”… si le va bien al gobierno, indefectiblemente nos irá mal a los argentinos, lisa y llanamente, porque no es un partido parejo: el árbitro juega para ellos).
El Modelo de desarrollo especulador financiero diagramado por Cambiemos, beneficia fundamentalmente a tres actores enemigos históricos de la Nación: por un lado, al grupo de los grandes terratenientes y exportadores agrícolas a los que se favoreció a través de la devaluación de nuestra moneda, generando una inflación acelerada para acrecentar sus ganancias. Por otro, a las empresas oligopólicas de servicios e importadoras de productos extranjeros a las que se les permitió aumentar exponencialmente las tarifas. Y a un tercer actor, el capital financiero especulador imperial a través de la toma de deuda. En estos 10 meses, la infamia de la oligarquía gobernante emitió 16.500 millones de dólares para sufragar a los Fondos Buitres, eliminó los límites para la adquisición de dólares que permite la fuga de divisas y la timba financiera, permitió al Banco Central tomar un préstamo puente de 5.000 millones de dólares a una tasa cercana al 7 % en dólares, a las provincias acrecentar una deuda que ya superó los 8.200 millones de dólares… Los perjudicados por este modelo de saqueo, extranjerización del patrimonio nacional y hambre son también siempre los mismos: trabajadores, pueblo humilde, Pymes, pequeña empresa nacional. Al día de hoy se han perdido 300.000 puestos de trabajo y existen más de 1 millón de nuevos pobres. La reprimarización de la economía profundiza la condición semicolonial de nuestro país a través de la apertura económica, la toma onerosa de deuda para el Estado argentino que ya es superior a los 32.000 millones de dólares, la caída de los salarios, la caída del consumo, la suba de los servicios públicos y la recesión económica internacional que firma el acta de defunción de la industria nacional.

2. ¿Cuál piensa que es el rol de los trabajadores y sus organizaciones gremiales en esta nueva etapa? ¿Cómo analiza las últimas negociaciones de la CGT con el gobierno y los discursos antisindicales que surgen de ello?

Insisto en una cuestión medular: un peronista que niega a los trabajadores como columna vertebral del movimiento desconoce la doctrina, la realidad histórica efectiva y el legado de Juan Perón. Un peronista que desconoce la centralidad de los sindicatos en la lucha política por la liberación nacional desconoce la esencia del nacionalismo popular revolucionario. En tal sentido, siempre traigo a la memoria la vigencia de lo afirmado por el General Perón en la fiesta de los trabajadores un 1° de mayo de 1950: “El movimiento justicialista es un movimiento obrero. La defensa de los trabajadores se hace solo por los trabajadores mismos. El movimiento sindical argentino y el pueblo argentino tienen la enorme responsabilidad de conservar este legado que nuestra generación creó para la felicidad de nuestros hijos y de nuestros nietos y para que no vuelvan a producirse los dolores y las miserias que hemos presenciado. Por eso compañeros, es necesario afirmar los sindicatos; es necesario apuntalar la CGT; es menester que todos los trabajadores de la patria, en este inmenso movimiento sindical, terminen por establecer que en esta tierra los trabajadores son uno para todos y todos para uno. Y así unidos los sindicatos y el pueblo argentino, custodiaran y defenderán en el futuro sus reivindicaciones, y será el pueblo y los trabajadores, marchando del brazo por la ancha calle de la historia, quienes escribirán el último capítulo justicialista de esta querida patria argentina. (…) Unidos, venceremos.” Soy una convencida de que en la historia de la liberación nacional ninguna lucha se pierde totalmente. Muta, transfigura, y lo que ayer fue acción patriótica, hoy deberá ser conciencia nacional, popular y antiimperialista para que mañana troque en política nacional independiente. Por eso, a la ocupación espiritual y política efectuada por el extranjero y sus socios locales, nosotros la enfrentamos históricamente con redención de nuestra conciencia histórica, base de la conciencia nacional independiente. En tal sentido, digan lo que digan los predicadores de la negación y defenestración del movimiento obrero organizado como columna vertebral del movimiento nacional, los trabajadores y sus organizaciones, como siempre en la historia nacional sacarán la patria de la ignominia colonial. Hoy, cuando muchos elucubran y ansían estallidos sociales que, como siempre, nos costaron y nos costarán mucha sangre, otros predicamos tiempo, el tiempo necesario para la reconstrucción de la solidaridad interna que permita el surgimiento de la unidad de doctrina y acción. El tiempo de los trabajadores que no correrán detrás de las urgencias dictadas por las vanguardias iluminadas, ni la de los retardatarios de las roscas y los negocios. Lisa y llanamente, porque de los yerros se aprende y se sabe con certeza que la fragmentación y desmovilización del movimiento nacional no es consecuencia del triunfo electoral de la oligarquía, sino a la inversa: la fragmentación y desmovilización del movimiento nacional que se operó durante los últimos años desde la conducción del movimiento nacional nos llevó a la tragedia que viene mostrándole día a día en sus ribetes más aciagos. La salida a la encerrona actual es la Organización de los caminos de unidad que permitan la reconstrucción del movimiento nacional con protagonismo obrero, programa de emancipación y épica que no nos falta.

3. ¿Qué otros sectores considera importantes dentro del gran frente de masas que debe construirse? ¿Qué rol juega la Universidad, el movimiento estudiantil y la militancia universitaria en este sentido?

La unidad nacional es de todos los sectores enfrentados, en mayor o menor medida, a la oligarquía gobernante ligada al imperialismo que la comanda, como reaseguro de la conformación de un gran frente nacional de liberación nacional que, hay que decirlo, no tiene como objeto meramente la suma de voluntades electorales fugaces y pasatistas de cara al 2017 o al 2019, sino y fundamentalmente, la forja de una posición nacional que nos permita abordar nuestros problemas estructurales con criterio patriótico y acordar un programa nacional de emancipación para el corto, mediano y largo plazo. Sólo un Proyecto Nacional unifica. Si se carece de Proyecto de país no se sabe quién es el verdadero enemigo y aparecen falsas disputas entre hermanos. Cuando un país no tiene proyecto, o sea, su propia historia anticipada, está en el proyecto de otro país del cual dependerá. En el poder no hay vacío que no se llene. Por eso, sin una base de unidad doctrinaria que vertebre intereses aunque más no sea básicos de conjunto, difícilmente consigamos unidad de acción. Sin la presencia activa y medular de los trabajadores y sus organizaciones es difícil que se logre. Sin la presencia activa de aquellos actores con representación concreta (todo el arco de intendentes, gobernadores, concejales, diputados, etc. del Partido Justicialista) tampoco. Sin reconocer los 12 años de avances de los que venimos y la importancia de Cristina, quien nuclea sectores externos al peronismo en el Frente Cívico, y además, sin ponderar todo un enorme espacio de organizaciones libres del pueblo, sociales, deportivas y culturales, difícilmente logremos darnos a una nueva estrategia de poder para conquistar la voluntad popular perdida.
En este marco, sigo pensando que las organizaciones libres del pueblo deben estar en el corazón del armado político porque considero que el peronismo continúa siendo un movimiento político de los trabajadores al servicio de los trabajadores. La juventud debe integrarse, sin sectarismos y con humildad, al quehacer nacional para construir un proyecto de país alternativo al neocolonialismo gobernante. El vanguardismo y la estrategia iluminista de sectores juveniles en el movimiento nacional al que pretendían ciega y erróneamente conducir trajo frutos amargos en los años ´70 y, recientemente, coadyuvó al fraccionamiento del frente nacional. Topar con la misma piedra en lo que sigue sería imperdonable. Reitero, nuestra única garantía real será reconstruir una nueva mayoría social que pueda traducirse en organización y voluntad popular en 2017 y 2019. Sin dudas, esto requiere nuevos liderazgos o liderazgos más amplios que los que hoy se invocan, o al menos colegiados. Si en lugar del trabajo de base, la línea de muchos sigue siendo invocar ciegamente nombres propios y el protagonismo juvenil como único e inmaculado, seguimos sin entender el momento histórico que nos toca vivir y no logramos trascender los modos de hacer política que tocaron techo trágicamente el 22 de noviembre de 2015. Los desafíos son muchos y al margen de la necesidad del retorno al Estado, el entretanto se juega en el terreno de la organización popular en Unidad y Solidaridad desde la Identidad de una Doctrina Nacional que otorgue sustrato cultural a nuestro pueblo. Implica necesariamente salirnos de las reglas de juego del republicanismo colonial que nos anula como sujetos políticos para relegarnos al manso y sumiso lugar de consumidores de gestiones respetuosos de instancias electorales. Implica terminar con las fantasías progresistas de tanto burócrata de escritorio que colisionaron con un territorio que devino administración colonial: apostamos a la inclusión y el neocolonialismo nos devolvió consumidores que castigan en las urnas las políticas sociales de las que ellos mismos son sujetos. De la periferia al centro y de abajo para arriba, enseña Francisco. Porque el verdadero poder popular se asienta en una identidad de doctrina, en una organización de la comunidad que protagoniza su propio destino histórico y en una conducción estratégica al servicio de los intereses del país en su conjunto. El 2016 nos encontró Desunidos y dominados. El movimiento nacional está dividido, por eso los enemigos de la Nación son gobierno. Esa es la única verdadera pesada herencia que parimos: haber desertado de la necesidad de conformar un sólido frente nacional contra el enemigo de la Patria y del Pueblo. En tal sentido, para los militantes de a pie que somos miles y miles a lo largo y ancho de la Patria, urge asumir que la militancia organizada y conducida desde el Estado nunca puede reemplazar lo que las organizaciones libres del pueblo tienen como potencialidad en la construcción de un camino emancipador. Estamos a tiempo. El peronismo como resolución concreta del problema de la dependencia argentina habló de construcción de poder popular y no “empoderamiento” desde el Estado, repartiendo derechos sin generar consciencia e identidad, ni organización que los contenga. Debemos trabajar en la reconstrucción de la Argentina, del hombre argentino, de la familia y de la comunidad. De esa labor, de sus frutos, más temprano que tarde, surgirá la conducción. Porque la conducción es un hecho real, no un mero valor ideológico, ni un deseo y una ansiedad. Conducir es construir poder popular. Para Perón el verdadero poder es persuasión de personas convencidas de su misión histórica. Por eso, transformó la masa, terreno fértil para aceptar pasivamente la sumisión y la entrega de la Oligarquía, en pueblo con conciencia de su misión histórica que es hacer un Patria donde hoy existe la devastación colonial

4. Una vez construido este gran frente de masas, ¿Cuáles serían los ejes fundamentales del programa político e ideológico que deberían apoyarse sobre estas bases sociales? ¿El neodesarrollismo basado en el capital extranjero es una alternativa?

Hace poco más de una década, los argentinos nos decidimos a bajar las banderas del neoliberalismo y en lugar de forjar una férrea voluntad nacional y patriótica que nos permitiese levantar de una buena vez y para siempre las del nacionalismo popular legadas por el General Perón, nos conformamos con alentar las banderitas del neodesarollismo del monocultivo de la soja y la estructura económica extranjerizada. Y acá estamos, transitando un nuevo momento de repliegue del movimiento nacional, con una certeza que para el campo de los patriotas es inamovible: la de que no nos han vencido pero, hay que decirlo, tampoco los hemos vencido a ellos. Decía ese enorme intelectual nacional que fue Hernández Arregui: “El nacionalismo de las naciones oprimidas, no surge de los libros sino de la lucha concreta contra el colonialismo.” Creo que la auténtica escuela de formación de cuadros estos años, será la calle. Ojalá logremos convencernos de manera colectiva que la única amenaza real para el bloque oligárquico es la confrontación total con los mecanismos de colonialismo vigentes, desde Martínez de Hoz a la fecha. Que sin cuestionar la estructura de saqueo y el control de la actividad económica por parte de las corporaciones, sin debatir sobre la matriz distributiva, sin asumir las demandas postergadas de nuestro pueblo, la posibilidad futura del pleno empleo, la brecha entre precios y salarios, la necesidad de un sistema industrial autónomo, la colocación de los recursos naturales al servicio de la Nación… seguiremos barajando cuál es el modelo más apropiado para administrar la dependencia. En este camino de asunción de la conciencia nacional y de diseño de un Proyecto Nacional, el objetivo deberá ser más unidad y más organización para no firmar al pie del repliegue nuestra propia carta de defunción, lo cual sería una tragedia. Sabemos que ninguna contingencia es permanente, por tanto, es urgente vencer al tiempo con la organización de las voluntades patrióticas.

5. Para finalizar, ¿Qué expectativas tiene para lo que se viene?

Es necesaria la grandeza y el patriotismo para volver a poner en su lugar el orden de los términos que fueron trastocados: primero la Patria, después el Movimiento y por último los hombres. El peronismo, ese coloso que nos dará cobijo para las batallas actuales y las que se avecinan, deberá alimentarse hoy de las mejores tradiciones y reivindicaciones de las experiencias de lucha del movimiento nacional para que no vuelva a ser un cadáver andante con vocación de poder pero carente de las tres banderas como lo fue en los noventa. Había dicho el General Juan Perón a John William Cooke en junio de 1956: “Es necesario que el pueblo se convenza que su liberación debe ser suya. (…) de qué podría valerle lo que le diéramos si no es capaz de defenderlo y mantenerlo. Los pueblos que no saben defender sus derechos y su libertad, merecen la esclavitud.” Creo fervientemente en las capacidades colectivas de mi pueblo.

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