La Causa Malvinas y el Pensamiento Nacional – Por Juan Godoy

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“La juventud podrá entender la lucha intelectual de Ugarte, Scalabrini Ortíz, Jauretche, Hernández Arregui, Irazusta, Rosa y otros ilustres argentinos sobre la naturaleza del imperialismo inglés entre el humo de los disparos”. Jorge Abelardo Ramos

Introducción

“En grandes olas azules y encajes de espuma blanca, te va llegando el saludo permanente de la Patria. Ay, hermanita perdida. Hermanita, vuelve a casa”. Atahualpa Yupanqui

En los países que solo tienen una independencia formal, y una realidad dependiente, como sabemos, los mecanismos de colonización pedagógica son fundamentales para sostener, a partir de su invisibilización o justificación, esa situación. Esta colonización pedagógica se manifiesta en las cuestiones más diversas, pero hay algunas en que se apunta a que no existan prácticamente fisuras por su potencialidad en el surgimiento o fortalecimiento de la conciencia nacional, que es lo que la cultura dominante no quiere que aparezca. En este marco, consideramos que, después de la guerra de Malvinas (y aún antes), de la finalización aparece un proceso fuerte de desmalvinización que es fruto de la colonización pedagógica que cala tanto fuera de lo que podemos denominar como campo nacional y popular, lo cual aparece como absolutamente lógico, pero también lo hace dentro de dicho campo (sobre todo en el sector del progresismo), lo que llama la atención. La Causa Malvinas aparece en cierto sentido como un “hecho maldito” del progresismo. Asimismo podríamos considerar, y relacionados con nuestra temática también el anti-militarismo abstracto y las consideraciones en torno al sindicalismo.

Pensamos entonces que la desmalvinización va de la mano con el pensamiento colonial, y que una relectura desde la perspectiva del pensamiento nacional, desde su esquema de análisis nos lleva a una reivindicación más profunda y consecuente en torno a la cuestión. Esto último en tanto la Causa Malvinas es puntal donde se asienta y fortalece la conciencia nacional. Cuando se cristaliza en el sujeto individual y/o colectivo la lesión de la soberanía se vigoriza el sentir nacional y su defensa.

Malvinas cala profundo en el pueblo argentino, basta recorrer nuestro país y observar pintadas en las paredes, calcomanías en los más diversos objetos y espacios, actos solidarios en torno a la cuestión, tatuajes en todas sus formas, remeras, etc. Evidentemente sigue presente lo que supo ver con su profunda mirada sobre las “cosas de la patria” el gran José Hernández cuando afirmó que “los argentinos, especialmente, no han podido olvidar que se trata de una parte muy importante del territorio nacional, usurpado merced a circunstancias desfavorables, en una época indecisa, en que la nacionalidad luchaba aún con los escollos opuestos a su definitiva organización”. (Hernández, 2012: 10)

Nuestra intención aquí entonces es hacer una relectura en torno a la temática desde la matríz de pensamiento nacional-latinoamericano para poder avanzar en la ruptura de la colonización pedagógica, y más específicamente, contra la desmalvinización. A medida que vayamos avanzando en la temática veremos donde se asienta ese discurso, y cómo romperlo.

Breves apuntes históricos

“Amarillentos papeles te pintan con otra laya. Pero son veinte millones que te llamamos: hermana”. (Atahualpa Yupanqui)

La cuestión Malvinas no tiene tan solo treinta y cinco años, y tampoco solo se relaciona con la guerra. Sino que viene de varios años más atrás y hunde sus raíces en lo más profundo de la formación de la conciencia nacional en tanto se vincula a la lucha del pueblo argentino contra el imperialismo inglés. No es nuestra intención aquí hacer la historia de nuestras islas, pero sí realizar unas breves referencias para enmarcar y contextualizar mejor el tema. La descontextualización, o mejor dicho el obturar la relación de la cuestión con la historia, es una de las formas que encuentra la desmalvinización para hacer lugar a su discurso. Revisar la historia y dar cuenta que la Causa Malvinas es de larga data rompe con ese puntal donde se asienta la desmalvinización.

Primera invasión, reconquista del pueblo y conciencia nacional

Tempranamente Inglaterra despierta el interés colonialista en nuestro territorio, pues la invasión Inglesa al Río de la Plata en 1806 y 1807 no es una simple aventura de piratas que los ingleses nos tienen acostumbrados, sino más bien un intento de colonización y de imposición del libre-comercio ligado, entre otras cuestiones, a la pérdida por parte de Gran Bretaña de las colonias del Norte. En este sentido Miguel Ángel Scenna afirma que “el único propósito del gobierno inglés, en 1806 y 1807, fue anexar el Río de la Plata a su imperio, y convertir la región en colonia británica”. (Scenna, 1974: 82) Recordemos que con los refuerzos de Whitelocke vienen para colonizar cantidad de familias, siete pastores y un obispo anglicano. Enmarcando la estrategia general Marcelo Gullo afirma que “durante la guerra contra napoleón, Gran Bretaña planificó un triple ataque a la América española: por el nordeste desembarcarían en Venezuela, por el sudeste en el Río de la Plata, y por el sudoeste en Chile”. (Gullo, 2013: 61)

Afortunadamente, tanto la primera parte de la invasión, como la segunda logran ser rechazadas por el pueblo criollo. La primera, comenzada el 25 de junio de 1806 a cargo de Beresford y Popham en las costas de Quilmes, obtiene el apoyo de la clase dominante (siempre lista para “venderse” al invasor), pero mientras las “familias distinguidas” hospedan y cubren de agasajos a los colonialistas, los criollos organizan la defensa “por lo bajo”, silenciosamente. Martín de Álzaga y Santiago de Liniers se hacen cargo de la organización que finalmente logra la reconquista de la Ciudad el 12 de agosto cuando la bandera pirata es arriada y Liniers cumpliendo su promesa entrega a la virgen del Rosario en la iglesia de Santo Domingo las banderas del regimiento 71º de Highlanders (cuyo comandante Denis Pack también cae preso de los patriotas).

Pero la invasión no termina allí porque rendido Beresford, Popham en el río comienza a preparar la segunda parte con los refuerzos de Achmuty, Craufurd y Whitelocke (que es finalmente quien comanda la operación). Esta parte de la invasión, mucho más poderosa (unos doce mil hombres), se inicia a mediados de 1807, y la épica defensa del pueblo lleva a los británicos a la capitulación el 7 de julio. La gesta heroica del pueblo le cuesta la sangre a cerca de dos mil compatriotas (cinco veces más que en la primera reconquista), es el 4% de la población. Salvador Ferla asevera que “el pueblo no sabía quién era Adam Smith, pero sí conocía a Morgan, Drake y Cavendish. Buenos Aires peleó por orgullo, por amor propio”. (Ferla, 2007: 49) El nombre de los ingleses estaba estrechamente ligado en la conciencia popular a la piratería, así permanece hasta nuestros días.

La invasión no influye como pretenden algunos historiadores liberales pro-británicos en que los invasores en esos días traen el “ideal de libertad” contra España, ¡de qué libertad hablan si estaban mostrando la más cruda cara del colonialismo!, pero como sabemos a muchos les cuesta decir que los británicos son colonialistas, ¡ay, la colonización pedagógica! Lo que sí consideramos más bien es que “la acción que, sin proponérselo, tuvieron las invasiones inglesas, fue provocar una poderosa sensación de autosuficiencia, una orgullosa conciencia de las propias capacidades y, por supuesto, una sólida afirmación de la personalidad política rioplatense”. (Scenna, 1974: 116) Aumentar, podríamos decir, la conciencia nacional al oponerse a la opresión extranjera directa.

Esa conciencia no se expresa solamente en el Río de la Plata, sino que aparece en toda Nuestra América. Se cristaliza en las manifestaciones de solidaridad de los pueblos, lo cual se repite en la guerra del 82. En la invasión 1806-1807 llegan de los pueblos hermanos, pólvora, armas, y otros recursos, “se olvida comúnmente que, en 1806 y 1807, el invasor inglés fue expulsado del Río de la Plata no sólo por porteños sino también por paraguayos, orientales, peruanos y altoperuanos”. (Gullo, 2013: 67) El triunfo sobre el invasor se festeja en toda la Patria Grande. Hasta México llega la algarabía popular. Así en nuestros países se dan multitudinarias manifestaciones, grandes misas, fiestas, etc. La conciencia nacional más bien comienza a ser nacional-latinoamericana. Los pueblos entienden que su suerte y destino está en la unidad, lo que se desarrolla como proyecto político (y termina fracasando), en el periodo de nuestra emancipación.

En las invasiones inglesas también se conforman milicias populares que van a dar nacimiento al Cuerpo de Patricios (cuya primera jefatura es de Cornelio Saavedra). Es este marco Jorge Abelardo Ramos señala que “el pueblo criollo en armas se improvisa en Ejército para combatir la invasión británica. Así nace el Ejército argentino; y la palabra “argentino” se creará por esa misma razón (…) La milicia se hará Ejército y el nativo se hará argentino al nacer ambos para la historia en lucha con Inglaterra”. (Ramos, 1968: 15-16) Como se observa viene de muy lejos la historia de la lucha de nuestro pueblo contra el imperialismo británico, incuso como vemos es anterior al periodo de la emancipación y más aún al de la revolución democrática del 10.

Los “hilos invisibles” de la dominación

No obstante estos intentos de colonización directa (como también lo será –lamentablemente en forma exitosa para los ingleses- Malvinas), lo que toma fuerza en los mismos días de la invasión al Plata es el famoso memorial que el Ministro Robert Stewart, vizconde de Castlereaght, eleva al Gabinete el 1º de mayo de 1807. Ahí se establece otra política de dominación (en tanto considera que la militar es muy onerosa), que es la que se adopta mayormente en Sudamérica, la colonización indirecta. Por eso Scalabrini Ortíz afirma que “más influencia y territorios conquistó Inglaterra con su diplomacia que con sus tropas o sus flotas. Nosotros mismos, argentinos, somos un ejemplo irrefutable y doloroso. Supimos rechazar sus regimientos invasores, pero no supimos resistir la penetración económica y a su disgregación diplomática”. (Scalabrini Ortíz, 2001: 43)

Buscar la dominación por la diplomacia, la corrupción, el peculado, etc., y a partir de estas herramientas lo fundamental: la penetración económica conjuntamente con la cultural. Así, Gran Bretaña va a cumplir en el proceso de emancipación de nuestros países, un doble papel: por un lado presta apoyo de diversas formas a los movimientos revolucionarios, pero por otro va a intentar fundamentalmente dos cosas, una no permitir que se genere la unidad posteriormente a la emancipación, balcanizando el continente, y la segunda, procura imponer a esas “nuevas naciones” el librecomercio, el “primitivismo agropecuario”, y la dependencia.

Otra intervención y resistencia nacional

En 1845 Inglaterra, esta vez conjuntamente con Francia (y también con aliados internos claro), vuelve a intervenir directamente en el territorio nacional. El objetivo esta vez abrir la libre navegación de los ríos[1] y segregar la Mesopotamia (dominando los interventores Uruguay y el Paraná, no les sería muy dificultoso disgregar la Confederación), creando un nuevo estado tapón. (Trías, 1975) Al momento de la intervención armada Rosas, estableciendo una fuerte, decidida e inteligente defensa de la soberanía nacional, rompe relaciones con ambos países, al tiempo que suspende el pago del empréstito[2], medida que hubiese sido absolutamente lógica tomarla en la guerra del 82, claro si la conducción de la misma hubiese sido como la de Rosas.

Los ingleses y franceses quieren avanzar por el río Paraná, procurando imponer el “derecho” de ser naciones fuertes. Estallan entonces las batallas de Obligado y Quebracho. En éstas, a pesar de la desproporción de fuerzas, los criollos resisten férreamente, con el ingenio de cruzar en un recodo del Paraná (la Vuelta de Obligado), unas embarcaciones con cadenas, la construcción de cuatro baterías, la utilización de cañones grandes y pequeños, algunos del tiempo de la lucha por la emancipación, en fin, ¡esas armas que habían servido para logra la emancipación política, ahora se usan para evitar la dominación económica! Son poco más de dos mil criollos los que luchan contra la intervención anglo-francesa (250 mueren defendiendo la soberanía nacional, y otros 400 son heridos). Lucio Mansilla los arenga: “¡Miradlos! ¡Allá los tenéis! Considerad el insulto que hacen a nuestra patria al navegar, sin más título que la fuerza, las aguas de un río que corre por el territorio de nuestro país. ¡Pero no lo conseguirán impunemente! ¡Tremola en el Paraná el pabellón azul y blanco y debemos morir todos antes que verlo bajar de donde flamea!”. (Mansilla, cit. en Rosa, 1967 46)

Así, no dejan que los gringos se la lleven de arriba, logando algo fundamental que es, a pesar de la derrota militar, llevar la expedición al fracaso en sus objetivos y como misión comercial[3]. Por eso José María Rosa afirma que fundamentalmente se da la batalla “para mostrarle a los gringos que en esta tierra nadie se asusta de los Peysar y los Paichans”. (Ibídem: 44) Más tarde, se obtiene la victoria diplomática, pues con los tratados Arana-Southern (1849) y Arana-Lepredour (1850), se establece la exclusiva navegación nacional de los ríos interiores, y el desagravio del pabellón nacional con 21 cañonazos. (Rosa, 1979)

El mismo historiador considera que la batalla de obligado es una de las más heroicas de toda nuestra historia, “tan heroica, tan argentina, tan nacionalista, que la historia de la academia (que tiene más de catorce tomos de pavadas) sólo la recuerda con dos líneas de circunstancias y equivoca la fecha. Otra cosa sería si en vez de una batalla por la soberanía hubiese sido un tratado para entregarla, o un empréstito que nos hipotecaba al de afuera”. (Rosa, 1967: 46) Valen estas líneas del historiador argentino para pensar a Malvinas en general, más aún la guerra del 82 en particular y la desmalvinización. Cuánto de lo mismo hay en estos “olvidos” y tergiversaciones, se recuerdan más las entregas y a los entregadores (y mayormente desde la reivindicación), que a los patriotas.

Nuestro país luego del proceso de emancipación se va convirtiendo en una semi-colonia de Inglaterra. Más aún, se suele decir que a una derrota le sigue otra mayor, así a Caseros le siguió Pavón y el mitrismo que tiende las bases de la Argentina como semi-colonia británica. Así se va profundizando esa realidad dependiente y llegamos a la década infame y observamos ya que toda la estructura económica le pertenece al país imperialista. Esta situación es la que viene a romper el peronismo a partir del desarrollo de una revolución nacional que nacionaliza la economía, desarrolla la industria y establece las bases de la Argentina soberana[4]. Luego del golpe de estado del 55, la oligarquía procura volver a “acomodar” la situación avanzando en la sumisión neocolonial de la Argentina al imperialismo norteamericano y británico. Vale recordar la frase de Winston Churchill al conocer el golpe de estado del 55: “el derrocamiento de Perón es un hecho tan importante como la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial”. (Churchill. Cit. en Labaké, 2016: 210)

Nos interesa rescatar, muy brevemente, tres conocidas patriadas en relación a las islas y a nuestra reivindicación de la soberanía. La primera refiere al vuelo realizado por Manuel Fitzgerald a Malvinas en 1964, una vez que aterriza en las mismas despliega la bandera patria y entrega un documento donde se reivindican los derechos argentinos sobre las islas. A su vuelta al Continente es recibido con júbilo y “paseado” por las calles de Buenos Aires. El mismo piloto vuelve a hacer un vuelo cuatro años más tarde, esta vez con el apoyo del diario Crónica. Más conocido se hizo el conocido como Operativo Cóndor del 28 de septiembre de 1966 donde dieciocho jóvenes peronistas conducidos por Dardo Cabo “secuestran” un vuelo de Aerolíneas Argentina que se dirigía a Río Gallegos y lo ponen rumbo a Malvinas. Al descender despliegan siete banderas argentinas, bautizan el aeropuerto como Rivero y reafirman la soberanía sobre nuestro territorio. Había una intención de hacer una acción armada sobre la casa del gobernador, que al final no se logra realizar ya que por el fuerte viento no llegan a aterrizar cerca, ni de cara a la casa del mismo. Luego de una misa oficiada por un sacerdote de las islas y de cantar el himno nacional ese día y al otro con el izamiento de la bandera nacional, son detenidos y remitidos a Continente. (Manson, 2010; Entrevista Juan Natalizio a Ricardo Ahe, 2017)

– Breve crónica de un crimen: la usurpación

“Malvinas, tierra cautiva, de un rubio tiempo pirata. Patagonia te suspira”. (Atahualpa Yupanqui)

Resulta probable que antes de las expediciones de los europeos hayan llegado a las islas pobladores yámanas (restos hallados en las islas lo avalan), sin embargo, a la llegada de los europeos no había una población permanente en las mismas. Durante el siglo XVI la Corona española recorría el Atlántico Sur, así en 1520 Estevao Gomes[5], que integraba la expedición de Magallanes, descubre la islas y las bautiza como Sansón (el mapa más antiguo donde figuran es de ese año). Otros indicios sostienen que anteriormente Américo Vespucio habría llegado a las islas. Muchos años después, hacia 1690 John Strong en una expedición británica con la nave “Welfare”, hace pie en las islas y las llama Falkland Sound. En 1764 el francés Bougainville bautiza a las islas como Malouines (de ahí Malvinas), y ocupa dicho territorio (se asienta en lo que será Puerto de la Soledad). España protesta y finalmente el francés se retira en 1767 (reconociendo la soberanía española).

Luego del avistaje de Bougainville se produce el que realiza Byron en 1765 asentándose el mismo en el Islote de Saunders (de la Gran Malvina o Malvina Occidental), esta ocupación estuvo a punto de llevar a una guerra entre ambos países en tanto la primera no acepta la protesta de la segunda, finalmente se acuerda (1790), y Gran Bretaña se compromete a no establecerse en el territorio Hispanoamericano. Es importante destacar que estas incursiones británicas, francesas, y también por parte de Holanda eran secretas y que una vez descubiertas España protestaba diplomáticamente[6]. Asimismo, resulta relevante señalar que entre 1767 (primera vez que España se instala oficialmente en las islas con el nombramiento del Gobernador Ruiz Puente), y 1810, las autoridades de Buenos Aires (capital del Virreinato) nombran 28 gobernadores, ratificados por el Rey de España. (AA. VV., Malvinas: 2011) (Muñoz Azpiri, 1966)

Nuestro país hereda legítimamente el territorio de las Malvinas de España como parte de la integridad territorial luego de la Revolución de Mayo (y de la posterior independencia), “en virtud del principio de derecho internacional universalmente aceptado entonces y ahora, del uti possidetis, el archipiélago pasó a depender de la Junta de Buenos Aires”. (Muñoz Azpiri, 1966: 88) En agosto de 1810 la Junta de Gobierno Patrio decreta el envío de determinados individuos a la “Patagonia y Malvinas”. (Garro, Rep. en ibídem. T III) En 1811 España retira sus autoridades. Es así que en 1820 David Jewett a bordo de “La Heroína” toma posesión de las islas en nombre de las Provincias Unidas del Río de la Plata. El 6 de noviembre iza por primera vez la bandera nacional en nuestras islas cumpliendo órdenes de Sarratea. A lo largo de la década del 20 los diferentes gobiernos de Buenos Aires designan gobernadores en las islas que dictan leyes sobre la pesca, otorgan concesiones territoriales, sobre el comercio de cueros carnes, etc. En fin, gobiernan un territorio propio. Incluso en 1823 el Ministro británico Canning designa como Cónsul de Buenos Aires a Woodbine Parish, y en 1825 Gran Bretaña reconoce la independencia Argentina, en ninguno de los dos casos hace alguna referencia a las islas. (Caillet Bois. Rep. Muñoz Azpiri, 1966. T III)

En 1829 por un Decreto del Gobernador Marín Rodríguez se fija la Comandancia Política y Militar de Soledad con jurisdicción en las Malvinas e Islas adyacentes al Cabo de Hornos, designando (por disposición de Juan Lavalle), a Luis Vernet como Comandante. (Rosa, 1979) A partir de ese mismo año podemos establecer Gran Bretaña recrudece su interés en las Malvinas, ya que el oficial de Marina W. Langton le escribe al parlamento británico la conveniencia de establecer una colonia allí. Ricardo Caillet Bois (Rep. Muñoz Azpiri, 1966. T III) destaca la necesidad de los británicos de establecer una base para sus navegaciones en el Atlántico Sur, sobre todo por entonces, a la colonia que había fundado en Tasmania (Gran Bretaña transportaba miles de colonos, recordemos que en la colonización había masacrado a la totalidad de la población).

De esta forma nos vamos acercando al crimen, a la ocupación de nuestro territorio. En 1831 se produce el conocido como “incidente Lexington”, un buque norteamericano capitaneado por Silas Duncan que llega a Malvinas sobre fin de ese año, con motivo del apresamiento por parte de nuestro país del buque Harriet que se había negado a obedecer las órdenes de Vernet de frenar la actividad pesquera ilegal por la cual el gobernador (haciendo uso de sus facultades), la captura. La Lexington llega a nuestras islas apresa a las autoridades y a casi toda la población, saqueando y destruyendo las instalaciones antes de irse a Montevideo. Este atropello y violación a la soberanía nacional (que quedará impune), y que según considera Alfredo Palacios deja nuestras islas como “tierra de nadie” (Palacios. Rep. Muñoz Azpiri, 1966. T III), es aprovechado por los británicos quienes inmediatamente envían la fragata de guerra “Clío” comandada por John James Onslow que ocupa nuestro territorio el 3 de enero de 1833. Los británicos siguen la política exterior caracterizada por el Primer Ministro Palmerston, quien le otorga rango de doctrina nacional al principio por el cual Gran Bretaña establece su “derecho” de intervenir en cualquier lugar del planeta para imponer sus intereses y el librecomercio, incluso mediante la utilización de buques de guerra. (D’Atri. Rep. Muñoz Azpiri, 1966. T III) Por eso los hermanos Rodolfo y Julio Irazusta expresan que si Inglaterra “había asegurado la independencia argentina (en 1825), era sin duda respecto de otros estados, no de ella misma”. (Irazusta, 1934: 55)

José María Pinedo, que había llegado en la goleta de guerra “Sarandí”, eleva por escrito una tibia protesta, pero no resiste militarmente como le indicaba la orden con que fue enviado a las islas,[7] Onslow lo intima a retirarse en 24 horas. Muy diferente será la defensa de la soberanía nacional (en circunstancias que podemos considerar en varios puntos similares), cinco años más tarde emprendida por un grupo de patriotas liderados por Jerónimo Costa en la Isla Martín García contra la intervención francesa.

La “cobardía” de Pinedo (de las familias tradiciones, pro-británicas, de la Argentina), es salvada por el accionar de los sectores trabajadores de las islas, comandados por gaucho patriota entrerriano Rivero (patriada que la Academia Nacional de Historia “dictaminó” como un motín de simples asesinos[8]), quienes se repliegan para resistir la ocupación, y el 26 de agosto de 1833 se rebelan, toman la Comandancia y asesinan a Dickson, Simón y Brisbane, colaborador de Vernet, que se había pasado del lado británico (y comenzado a explotar a los anteriores y legítimos habitantes). El gaucho Rivero arría la bandera pirata y manda a izar la nacional. Permanece a cargo de las islas, esperando refuerzos, durante cuatro meses. A comienzos del otro año, los británicos son los que mandan refuerzos y esta vez los patriotas no pueden resistir[9]. (Almeida, 1972) Rápidamente, el gobierno nacional realiza la protesta diplomática por la ocupación colonial, a través de un documento escrito por Manuel Moreno[10]. César Quirós, basándose y en la misma línea que José Francisco Ugarteche, sostiene que al momento de la ocupación envía al Ministro de Guerra de Balcarce (Enrique Martínez), una nota procurando convencerlo de la necesidad de reivindicar y retomar el control de las islas lo más rápido posible enviando refuerzos a las mismas, y considera que “el gobierno pudo y debió retomar las Malvinas”. (Quirós. Rep. en Muñoz Azpiri, 1966. T III: 396)

Cuando la ocupación británica, afirma en su monumental y profusamente documentada obra José Luis Muñoz Azpiri (1966), que la nación que se solidariza rápidamente con nuestro país es Bolivia. La doctrina lanzada por James Monroe tiempo atrás, que “supuestamente” era una forma de defensa contra cualquier ataque extra-continental. Claramente no “funcionó”, como tampoco “funcionará” (para el caso norteamericano), el TIAR en el 82. “América para los Americanos” era el lema, cuando en realidad debería ser “América Latina para los Norteamericanos”, aquí queda claro. Cuando el 16 de enero la noticia llega al continente hubo una “enorme indignación de la masa popular”. (Caillet Bois. Rep. Muñoz Azpiri, 1966. T III: 41) Ese pueblo no podía reaccionar de otra forma al enterarse de la “nueva intromisión” y afrenta a la soberanía nacional si un cuarto de siglo atrás había expulsado heroicamente a los piratas del Río de la Plata. Incluso, ya anteriormente, cuando el avasallamiento yanqui con la Lexington, anota Norberto D’Atri que “un sentimiento de indignación general sacudió a toda la ciudad cuando se tuvo noticia del atropello norteamericano contra nuestra soberanía”. (D’Atri. Rep. Muñoz Azpiri, 1966. T III: 122)

No es nuestra intención aquí, desde ya, hacer un repaso por toda la historia de nuestras Malvinas, tampoco de las relaciones entre Gran Bretaña, Argentina, y la lucha de nuestro pueblo por la emancipación de dicho imperio y de cualquier otra potencia extranjera. Ahora bien, la intención con este repaso es mostrar algo que es evidente pero muchas veces, y desde la desmalvinización es patente, que la historia de Malvinas y de nuestra lucha contra Inglaterra viene de mucho más atrás que la guerra del 82. Al mismo tiempo, enmarcar la cuestión en un contexto más amplio de las formas de dominación, colonización y explotación del imperialismo británico sobre nuestro país. Por último, dar cuenta de diferentes formas de resistencia, y triunfos sobre la opresión echando por tierra la autodenigración de lo nacional. En este sentido, la idea del “borracho” que decidió emprender una aventura sin sentido se oscurece. Así, Malvinas ya no es solo la “idea loca” de la dictadura, sino un reclamo legítimo del pueblo argentino desde hace casi dos siglos. Julio Cardozo al respecto argumenta que la desmalvinización elaboró lo que denomina como “el punto del vista del loco”: “a la sombra de esa idea repetida hasta el cansancio que el país “fue arrastrado por la locura de un general borracho a una guerra absurda con el solo fin de perpetuarse en el poder”, se ha producido, en la Argentina, una de las operaciones discursivas más perniciosas de nuestra historia contemporánea”. (Cardozo. En AA. VV., 2011b: 199)

¿De qué territorio hablamos?

En relación a la ocupación británica de las Malvinas, en realidad vale destacar que nos referimos a un territorio mucho más grande que el de las Malvinas en sí. Lo que los británicos ocupan desde 1833 son unos 3 millones de kilómetros cuadrados (tengamos en cuenta que todo el territorio nacional son poco más de 10 millones de kilómetros cuadrados –contando espacios terrestres, continentales, insulares y marítimos). También resaltamos la proyección sobre el sector Antártico Argentino. Así, el Congreso Nacional reconoce por ley que las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, conjuntamente con la Antártida Argentina son una unidad geográfica, histórica y jurídica de nuestro país (que entonces tiene un carácter bicontinental), y forman parte de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. El archipiélago está ubicado a 346 kilómetros de la Isla de los Estados en el extremo sur de Tierra del Fuego, y a 14 mil kilómetros de Londres. (AA. VV., Malvinas: 2011)

La soberanía Argentina sobre las islas es “reconocida” directa o indirectamente (a veces sin querer pensamos, otras por “creerse” impunes), hasta por varios autores británicos y hechos producidos por políticos de ese imperio, como la Enciclopedia Británica que establece que “forman esencialmente una parte de la Patagonia, con la que están geológicamente conectadas por una plataforma submarina”, o bien el Atlas del Instituto de Geografía de Londres que afirma que a las islas “como posesiones británicas, adquiridas en 1833”, también podemos recordar al Gobernador usurpador de nuestras islas que festejó el centenario de la colonia británica en Malvinas el año 1933, inaugurando un monumento que establece también el dominio de cien años. (Pondal. Rep. Muñoz Azpiri, 1966. T III)

Para tener el marco general, debemos observar que Gran Bretaña entre los siglos XVI y XX llega a ocupar 33 millones de kilómetros cuadrados. Un quinto de la superficie planetaria. Llegando a tener bajo su égida a más de 450 millones de personas. (AA. VV., Malvinas: 2011)

– Un resplandor en medio de la oscuridad: la recuperación

“Toda la Pampa te llama. Seguirán las mil banderas del mar, azules y blancas”. Atahualpa Yupanqui

Vamos ahora sí a avanzar más profundamente en algunas cuestiones en relación a la última guerra y la posguerra, sin hacer tampoco un relato de los hechos, sino sobre todo de las que sirven al discurso desmalvinizador para asentarse y difundirse como tal. Al mismo tiempo que discutirlas desde las herramientas del pensamiento nacional dando cuenta, como decíamos al principio, que la desmalvinización aparece como “un fruto” del pensamiento colonial aprendido. Coincidimos con Francisco Pestanha que entiende que se suele marcar como inicio de la desmalvinización una entrevista de Alain Rouquié de marzo del 83, pero que en realidad (sin quitarle los “meritos” al francés), la cuestión viene de tiempo atrás, pues durante la misma dictadura y la guerra los intereses económicos de Inglaterra no fueron afectados. (Pestanha, S.f.) Por eso, apenas terminada la guerra “con una admirable capacidad de comprensión, toda la sociedad anglófila, la prensa, los partidos políticos de la “multipartidaria” (que olfateaban las lecciones), los intelectuales europeizantes, en suma, toda esa parte de la sociedad argentina que se había formado en los últimos cien años a la sombra de Europa, respiraron con satisfacción apenas velada. Nadie quiso hablar más de la guerra. Todo el mundo quería hablar de la “postguerra”. La canalla de los vendepatria quería tapar cuanto antes la batalla de las Malvinas”. (Ramos, 1982: 210-211)

Para enmarcar la reivindicación soberana sobre Malvinas tomamos a Juan José Hernández Arregui que no nos permite caer en equívocos en relación al nacionalismo. El autor de “la formación de la conciencia nacional” pone de relevancia la distinción del nacionalismo de un país opresor en relación al que pregona un país oprimido. Mientras el primero es un nacionalismo expansivo que “constreñido” por sus fronteras nacionales procura avanzar sobre las mismas ya sea de forma directa y/o indirecta avallando la soberanía de los pueblos, es el nacionalismo de las potencias coloniales o imperiales. Por el contrario, el segundo nacionalismo, el de los países coloniales o semi-coloniales, es un nacionalismo defensivo, procura defenderse ante el avasallamiento de su soberanía nacional por el colonialismo y/o el imperialismo. Levanta banderas nacionales ante la opresión extranjera. En palabras de Arregui: “hay un nacionalismo defensivo de los pueblos débiles y un nacionalismo expansivo o que tiende a él”. (Hernández Arregui, 2004: 63) En este sentido, claramente Inglaterra se desenvuelve como nacionalismo opresor y nosotros reivindicamos el nacionalismo desde un país oprimido. Equivocar uno con el otro es sumamente pernicioso en términos históricos y políticos, desorientación que aparece en la desmalvinización.

De esta forma, cualquier esquema de análisis de un enfrentamiento entre naciones de este tipo debe comenzar por esta distinción, y si se precia de un contenido de reivindicación nacional deberá tomar posición claramente por la defensa de lo nacional ante el avance colonizador en la forma que sea. Este es el enfrentamiento principal que no podemos soslayar en un análisis     Debemos destacar también que toda guerra anti-colonial se hace, al menos en principio, en inferioridad de condiciones por las características de los países que se enfrentan.

Por su parte tomamos nuevamente a Scalabrini Ortíz quien sostiene que Gran Bretaña tuvo con la Argentina una política con dos caras: la visible y la invisible. De esta forma, “la voluntad de mando de la política sudamericana derivaría por dos cauces: uno visible, impetuoso, apasionado, muy florecido de grande palabras y bellas declaraciones, otro (invisible) secreto, cauteloso, de connivencias personales y pactos musitados más que dichos”. (Scalabrini Ortiz, 2001: 113) La primera consiste en las declaraciones de amistad, el reconocimiento de nuestra independencia, las supuestas ayudas, todo adornado de bellas palabras en las cuales los ingleses no tienen ningún otro interés que el de cooperar con nuestro país. Ahora bien, esa claramente no es la política que se impone, la real es la que denomina invisible. Esta última consiste en que Gran Bretaña va a procurar una vez emancipados nuestros territorios ejercer una dominación indirecta sobre nuestra patria, colonizando la estructura económica y haciendo que la misma responda a su interés, logrando que nuestra riqueza drene al extranjero y manteniéndonos en el “primitivismo agropecuario”. Al mismo tiempo que apuntalar un proceso de balcanización en Nuestra América que impida la posibilidad de realización de la Patria Grande. En fin, obturando nuestra posibilidad de ser realmente independientes. Complementariamente a esto, Marcelo Gullo afirma certeramente que “Malvinas fue el rostro visible de la ocupación invisible de Gran Bretaña en la Argentina y en América Latina”. (Gullo. En AA. VV., 2011b: 23)

Ahora bien, si como afirma Hernández Arregui “la conciencia nacional es la lucha del pueblo argentino por su liberación. En este sentido el interés por la historia es la conciencia de la libertad como necesidad. Esta conciencia es colectiva pese a que sus formulaciones conscientes surjan de mentes individuales” (Hernández Arregui, 2004b: 43), la Causa Malvinas aparece como un jalón en la conformación de la misma, de ahí también la necesidad de revisar su historia pero no desde cualquier punto de vista, menos aún claro desde el colonial, sino que se debe hacerse en función del fortalecimiento de la misma y de la liberación.

Las potencias imperialistas se valen de la superestructura cultural de colonización pedagógica, para reforzar la conciencia falsa de lo que somos, y desarticular las fuerzas defensivas para la liberación de las ataduras que nos impiden el desarrollo pleno como nación. (Hernández Arregui, 1973) Asimismo, coincidimos con Fermín Chávez que considera que el quiebre de los hábitos que impone la colonización pedagógica, mayormente viene de la mano de la experiencia vivencial, más concretamente de la práctica política. Esto pensamos aparece claramente en el caso Malvinas. (Chávez, 1994) Muchos compatriotas se “desayunaron” en el 82 que la argentina no pertenecía a Europa, es más ésta nos despreciaba, sino a Latinoamérica.

Esta colonización pedagógica, como sabemos, disemina en todo el tejido social un conjunto de zonceras, entre las cuáles Jauretche considera que civilización y barbarie es la madre de todas las demás. Como sabemos, la definición de la civilización refiere a lo ajeno: lo europeo, norteamericano, lo anglosajón, etc.; y lo bárbaro lo propio: el indio, el negro, el gaucho, también la herencia española, etc. (Jauretche, 2004) Recordemos incluso que Sarmiento había dicho con respecto a la ocupación colonial del 33: “Inglaterra se estaciona en las Malvinas. Seamos francos; su invasión es útil a la civilización y al progreso”. (Cit. en Galasso, 2011: 433) Así, como se verá, la desmalvinización aparece totalmente penetrada por la lógica de la madre de todas las zonceras. También podemos considerar que es otra de las hijas de aquella.

Hernández Arregui piensa que cuando se produce el proceso de emancipación con respecto a España la clase dominante Argentina va acercándose cada vez más a lo británico y lo francés (bastante posteriormente también lo hará a los Estados Unidos), mientras que el pueblo sigue “aferrado al suelo”, a la cultura nacional. Así, el enfrentamiento de dos identidades que se van conformando recorre nuestra historia: la identidad nacional, como identidad del pueblo argentino y latinoamericano, contra la identidad de las clases dominantes, la oligarquía, ligada a las potencias imperiales. Las clases dominantes poseen la superestructura cultural a partir de la cual van a “penetrar” en su “forma de ver al mundo” a otros sectores sociales, principalmente los medios, pues “la anglofilia y la francofilia fueron la enfermedad sutil más difundida en las costumbres, la cultura y la vida social argentina en los últimos cien años”. (Ramos, 1982: 194). El imperialismo penetra y rompe con la cultura nacional. Apunta a destruir el ser nacional, barrera defensiva contra el avance imperial.

Para su accionar el imperialismo cuenta con la “pata interna”, la oligarquía que conforma el país dependiente, aparece como aliada y agente de los intereses extranjeros, es anti-nacional. Salvador Ferla considera que esa oligarquía fue en la guerra de Malvinas “el sector más reticente en respaldar la recuperación militar del archipiélago (…) que en contraste con la reacción popular se mostraba desesperada por el deterioro de la relación con los ingleses y norteamericano”. (Ferla, 1985: 53)

A partir de esto, observamos que en la guerra de Malvinas nuestro país se enfrenta a Inglaterra (y a los Estados Unidos[11]), es decir combate contra las potencias que las clases dominantes (y otras también a partir de la difusión), habían adoptado como aliados, y por qué no, “amigos”. La “desmalvinización”, entre otras cuestiones, apunta a re-establecer (¿y a pedir perdón?), esa relación “dañada”. Hay que “volver al mundo civilizado”. El objetivo político es “deslegitimar la guerra contra el imperialismo inglés por la vía de sembrar indignidad y deshonra en todo lo que tenga que ver con Malvinas (…) impedir que esa reivindicación (…) se convierta en una consigna que galvanice voluntades opuestas a la entrega nacional”. (Cangiano, 2011: 2) La “desmalvinización” entonces ligada a una operación de sometimiento con respecto a las potencias que avanzan sobre Nuestra América, y sobre todo a partir de la implementación de regímenes neoliberales que van a sembrar de “hambre y miseria”, como había profetizado el Libertador Simón Bolívar, a nuestro continente en general, y a la Argentina en particular. Por eso estas dos identidades que decía Arregui se hacen presentes en la guerra, porque “mientras el pueblo común sigue con todo su corazón la evolución de los acontecimientos, los intelectuales, las clases “cultas”, los políticos, los banqueros, están cavilosos. Temen al poderoso Occidente. Tiemblan al pensar en la pérdida de sus preciosos contactos con las grandes potencias, de los que se envanecían hasta no hace mucho tiempo”. (Ramos, 1982: 204)

En la “desmalvinización”, afirma Fernando Cangiano (psicólogo y veterano de Malvinas), “el ex combatiente fue arrojado a una zona de invisibilidad social en tanto sujeto con identidad propia y con un mensaje para transmitir. Pierde la palabra de protagonista activo, solo se le permite describir el hambre y el frío padecido en el terreno. Comenzó a cobrar forma la figura del chico de la guerra”. (Cangiano, 2011: 1) Esta cuestión del “chico de la guerra” va a calar profundo en amplios sectores de la sociedad. El que combatió por una causa nacional pasa a ser considerado una víctima más de la última dictadura cívico-militar genocida, “la desmalvinización es una operación discursiva que hizo desaparecer al combatiente y nos los devolvió transfigurado en víctima, en una sombra de sí mismo, alguien que no tendría otra cosa para decir más que el relato de sus padecimientos personales. (Cardozo. En AA. VV., 2011b: 200).

Resulta evidente, pero conviene remarcarlo, los combatientes de Malvinas no fueron a las islas a defender ninguna dictadura, sino nuestra soberanía sobre las Islas. En esta concepción de los “chicos de la guerra” se continúa subestimando la acción de los combatientes que impidieron desembarcar y tomar posesión en tierra a los británicos y a la OTAN por casi 3 semanas, que destruyeron o averiaron 31 buques y 45 aeronaves y que ocasionaron, según fuentes oficiales británicas, la muerte de 255 agentes enemigos, hiriendo más de 700 de ellos”. (Recalde, 2011: 1) En los últimos años incluso apareció en un documental británico testimonios que indican la posibilidad que nuestro país hubiese ganado la guerra (Bonasso, 2012; La Nación, 2012), sobre todo en relación a si lograba resistir un tiempo más, y si algunas de las bombas caídas sobre buques británicos hubiesen explotado (aquí también la “desmalvinización” hace mella sosteniendo que no explotaban por deficiencias cuando no es así), y otras circunstancias. incluso hay relatos e informes de británicos que afirman que pensaron en rendirse ante la férrea posición de nuestros combatientes. Si bien resulta contra-fáctico lo que llama la atención es la autodenigración de lo nacional que comentamos en relación a nuestras “nulas posibilidades” de triunfo. Así como también la anglofilia va unida a la autodenigración, y estas manifestaciones de alienación cultural están conectadas a los planteos económicos que nos asignan el rol de factoría, y a la conducta de estos personajes de utilizar su influencia en los factores de poder argentinos para servir intereses extranjeros”. (Ferla, 1985: 25)

Los asesinos de nuestros compatriotas ya no parecieran ser los ingleses, ¡cómo van a ser ellos que son la civilización!, sino los propios argentinos. Los culpables de los muertos no serían los que viajaron catorce mil kilómetros, cometieron varios crímenes de guerra (todos impunes), los que apretaron el gatillo o tiraron bombas contra los nuestros, sino los que “decidieron” una “aventura loca”. No importa la ocupación colonial, sino la dictadura. Un veterano de Malvinas escribió hace poco tiempo con claridad en una carta: “nosotros, la gran mayoría de los Veteranos de Guerra de Malvinas, no nos sentimos víctimas de la dictadura, por el contrario estamos orgullosos de haber ido a defender a la Patria. Fuimos a Malvinas por mandato popular con el uniforme de San Martin a defender la Bandera de Belgrano, no fuimos pensando en Galtieri, y fuimos a combatir contra un enemigo externo, el imperio y su aliado EE.UU.”. (Carta Rubén Pablos. 2016)

Los crímenes de guerra como el del Crucero General Belgrano son invisibilizados por el discurso “desmalvinizador” según el cual se llega a afirmar que los británicos nos trataron mejor que los argentinos. Julio Cardozo apunta que “por esta razón, las posiciones desmalvinizadoras tiene enormes dificultades para incorporar a su discurso palabras como héroe, sacrificio, Patria, coraje, causa, América, imperio, coloniaje, saqueo. Son palabras que resultan problemáticas porque la carga de sentido de la que son portadoras es inconcebible desde el punto de vista “del loco”. Al evitar el carácter anti-colonial del conflicto, la desmalvinización opta por un discurso de perspectiva introvertida que pone acento en otro vocabulario: fuimos llevados, zapatillas, estaqueo, hambre, frío, vergüenza, miedo”. (Cardozo. En AA. VV., 2011b: 200)

Rosana Guber, que desde la academia intenta pensar la cuestión Malvinas lejos del pensamiento y de las zonceras desmalvinizadoras, rara avis en dicho ámbito, argumenta que las preguntas realizadas a los veteranos sobre las “penurias” de la guerra, del estilo ¿tuviste frío?, ¿hambre?, evidencian una actitud de un adulto con respecto a un niño. Devuelve a los veteranos a la condición de “chicos de la guerra”, no los deja “poner” como “sujetos” con un discurso a pronunciar, los deja en la “minoría de edad”, al mismo tiempo los transforma “en las víctimas indefensas de sus superiores, no de los ingleses”. (Guber, 2012: 166) Lleva a transformar también entonces a la Causa nacional de Malvinas en una “guerra absurda”.

Fernando Cangiano también pone en cuestión la demonización de los oficiales y suboficiales, en tanto ciertas caracterizaciones que los tienen como parte del “genocidio planificado” sobre los soldados, una faceta más del terrorismo de estado. Los actos heroicos aparecen limitados a la fuerza aérea. Hubo, desde ya, oficiales y suboficiales que no “estuvieron a la altura de las circunstancias”, cometiendo aberraciones, pero también hubo otros que si lo hicieron. En este sentido Cangiano afirma que “existen innumerables testimonios de soldados, suboficiales y soldados luchando codo a codo en el terreno contra las tropas invasoras (no obstante) es cierto que oficiales y suboficiales no estuvieron, en su mayoría, a la altura de las circunstancias, pero no por las razones que se invocan. En efecto, raramente cumplieron su rol de verdaderos líderes en el terreno, esclareciendo a la tropa sobre la naturaleza del conflicto, el papel de Gran Bretaña en nuestra historia, la lacra del colonialismo, la solidaridad latinoamericana, el rol de Estados Unidos, etc.” (Cangiano, 2011: 6)

En el caso de la Fuerza Aérea que es emblemático y prácticamente no se discute el heroísmo (tanto en muchas de las crónicas argentinas como británicas), sí aparece otra idea que se hace fuerte en relación al discurso desmalvinizador. La cuestión reside sobre todo en vinculación a los “vuelos rasantes” que realizan nuestros pilotos para no ser detectados por los radares, infligiéndole muchísimo daño a la fuerza naval del enemigo (no obstante no estar preparada para una guerra aeronaval), incluso llevándola (según el Ministerio de Defensa inglés), “al día más negro en la historia de la flota británica”[12]. A partir de este tipo de vuelo, y lo arriesgado de lo mismo, comenzó a circular un discurso que los trata como kamikazes (fuerzas japonesas que se suicidaban en los ataques, por diversas cuestiones que no vienen a cuenta aquí), la intención de este “etiquetamiento” es quitarle racionalidad a nuestras fuerzas, lo cual es conveniente al discurso desmalvinizador. Los pilotos argentinos si bien sabían que podían encontrar la muerte en combate, lo aceptaban, pero no lo buscaban, sus maniobras heroicas de combate, rozando los buques, tenían como finalidad darle el mayor daño al enemigo, para inmediatamente realizar “el escape”, y quedar disponible para dar otra batalla. (Guber, 2016)

Otra idea que cala profundo en amplios sectores sociales, es que la victoria en Malvinas llevaría a la perpetuación de la dictadura genocida, por lo tanto la derrota significó el fin de la misma. Un análisis simplista y equivocado, en tanto no tiene en cuenta las múltiples causas de la caída de la misma (este tipo de análisis, no solo en este caso, sino en los más diversos obturan la posibilidad de comprensión), entre la que se destaca la rápida y férrea oposición de los trabajadores argentinos. Esa visión suele venir “de la mano” a la que Alfonsín sería el “padre de la democracia”, eclipsando en contraposición el liderazgo de quien consideramos aquí más ligado al regreso del orden democrático, ligado a la resistencia de los trabajadores que mencionamos, Saúl Ubaldini. Ahora bien, aunque resulte contra-fáctico, no es descabellado hipotetizar que una victoria en Malvinas llevaría a agigantar las contradicciones de la dictadura colonial: ¿cómo congeniar esa entrega con el fortalecimiento de la conciencia nacional y anti-imperialista del pueblo argentino? Ese renacer de la conciencia nacional es también lo que viene a romper la desmalvinización. En este sentido “la guerra de Malvinas debía ser eliminada como factor de movilización popular para la lucha anti-imperialista. Era preciso despojarla de cualquier vestigio de patriotismo y de heroísmo”. (Cangiano, 2011: 11)

Otro núcleo desmalvinizador es que la dictadura “usó Malvinas” para llevar al pueblo argentino a una guerra “sin sentido”. Se sabe a esta altura que el objetivo de la misma no era llegar a un enfrentamiento sino que con la recuperación del territorio, abrir la negociación y retirarse. El Veterano de Malvinas Rubén Moro anota que luego de cumplida la misión de recuperación de la soberanía: “solo debía quedar en las islas el gobernador designado y una pequeña fuerza militar para respaldar su autoridad y acción de gobierno”. (Moro, 1985: 61) Esta última etapa del plan trazado no se logra cumplir.

En relación a estos acontecimientos Virginia Gamba afirma que “el hecho de que Gran Bretaña hubiera colocado a las Malvinas en la lista de Descolonización y tuviera el antecedente de un Memorándum de Entendimiento que proveía la transferencia eventual a la Argentina en 1968, indicaba que era factible pensar que Gran Bretaña cumpliría con su palabra si se la presionaba para que negociara seriamente”.[13] (Gamba, 1984: 87) Recordemos que la Operación Rosario[14] tenía entre sus puntos no causar la muerte a ningún inglés, de modo de no llamar al enfrentamiento armado, el 2 de abril no fue ninguna declaración de guerra, ni ninguna guerra comenzó aquel día. Por el contrario, fue la potencia invasora la que no pudo soportar ni 1 día de negociaciones pacíficas en condiciones adversas (sin tener ocupado militarmente el territorio en disputa). De hecho, y el historiador oficial británico así lo prueba, la decisión de despachar la Task Force se consumó el 31 de marzo. ¡Y la Argentina había pacientemente negociado con las islas ocupadas durante 149 años!”. (Bernal, S.f.)

La presión de los intereses económicos británicos también resulta fundamental para el estallido de la guerra. Vale destacar aquí también que es Inglaterra quien se niega a una salida negociada antes de la guerra, durante la misma (y, desde ya, después). Contextualizando el hecho, recordemos que antes del conflicto Thatcher había decretado una fuerte reducción de la flota británica: gran número de fragatas, destructores, el buque HMS Endurance por ejemplo (incluso el porta aviones Invensible estaba ya vendido a Australia), etc.

En este marco actúan grupos de presión: Falkland Island Company[15], la British Antartic Survey y el Falkland Island Committee[16], que apuntan a que no se logre una salida negociada, “la alianza con los intereses de la Armada Real Británica terminó generando un pequeño, compacto y poderoso grupo de presión que no solo mantendría el interés sino que trataría de exacerbar cualquier situación o incidente para evitar, por las malas, que ellos mismos se quedaran sin su área de interés y potencial mejora económica”[17]. (Gamba, 1984: 119) El Falkland Island Committee específicamente fue creado por un influyente abogado William Hunter Christie en Londres en el año 1968 aspirando a consolidar al imperio británico en el Atlántico Sur.

El usurpador que ocupaba el puesto de Gobernador de las Islas por entonces: Rex Hunt, se identifica con este grupo de presión. Estos grupos de presión son exitosos en su tarea y determinantes en el curso de los acontecimientos. Aquí también cumple un importante papel la prensa británica. Rubén Moro sostiene que “poco (o nada) sabían los ingleses acerca de unas islas “Falkland” en el Atlántico sur. Pero el hecho de que un país de tercer orden hubiera osado desafiar al león británico era algo que incitaba a su curiosidad (por un lado), y ala irascibilidad (por otro)”. (Moro, 1985: 67)

Ramos sostiene que las Fuerzas Armadas desde 1965 venían haciendo planes y realizando ejercicios en torno a la recuperación de nuestro archipiélago. En 1982 se produce la decisión política del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, “fundaron su decisión en varias hipótesis, todas erróneas”. (Ramos, 2006: 464) La dictadura genocida venía haciendo planes, al menos, desde el año anterior (Rosana Guber sostiene desde diciembre del 81 la idea toma fuerza y para el 30 de marzo las fuerzas para el desembarco ya estaban reclutadas –Guber, 2012-). Esto da “por tierra” la idea también vinculada a la tergiversación de los hechos que impone la desmalvinización que pretende ligar el acto de fijar soberanía en las Islas el 2 de abril, con la feroz represión sobre el movimiento obrero organizado de pocos días antes. Vale mencionar aquí entonces también que el movimiento obrero organizado, con Saúl Ubaldini a la cabeza, apoya fuertemente la recuperación de las islas. Tradición que sigue hasta el día de hoy en muchos sindicatos de nuestro país.

La cuestión es que la recuperación de la soberanía causó una oleada popular de apoyo a ese acto soberano, más nunca a la dictadura. Los testimonios de la plaza que vitoreaba la recuperación de las islas, pero condenaba a la dictadura dan cuenta de esto. Enrique Manson cuenta sobre la manifestación de apoyo del pueblo argentino a la recuperación de la soberanía, haciendo hincapié en esta distinción que realizaba gran parte del mismo en relación al apoyo de la gesta soberana, de repudio a la dictadura y a sus personeros pro-imperialistas. Así además de los clásicos “el que no salta es un inglés”, “Patria sí, colonia no”, de los aplausos a las referencias a las Malvinas, y los abucheos cuando se hablaba del “proceso”, se escuchaban expresiones como “Aserrín, aserrán, que se vaya Alemann”, “Levadura, levadura, apoyamos las Malvinas pero no la dictadura” (…) “Galtieri, Galtieri, prestá mucha atención, Malvinas Argentinas y el pueblo es de Perón”. (Manson, 2010: 83)

Circula también la idea que lo combatientes fueron obligados a ir a la guerra, falsificando la historia. En relación a esto, el corresponsal de guerra Nicolás Kasanzew cuenta hace poco tiempo en una entrevista al portal Infobae que “200.000 civiles se anotaron como voluntarios para ir a defender nuestra soberanía en Malvinas. Se anotaron pilotos civiles que decían que querían ir a estrellarse contra la flota inglesa con sus avioncitos, se anotaban lisiados con sus sillas de ruedas, se anotaban personas mayores como mi maestro scout, que tenía 73 años, voluntario número 17 que hubiera hecho un muy buen papel”. (Entrevista Kasanzew. 2017)

A partir de este punto Cangiano sostiene que “en rigor de verdad, no fue la dictadura la que empujó al pueblo argentino a la guerra, sino exactamente al revés (…) ¿cómo alguien podría pensar seriamente que una dictadura apadrinada por Estados unidos que tenía en su gabinete a personalidades como Roberto Aleman y Costa Méndez podría tener intenciones serias de hacerle la guerra a Gran Bretaña?”. (Cangiano, 2011: 10) Federico Bernal en el mismo sentido afirma que los mandos de la dictadura “nunca quisieron librar una guerra, menos una colonial”. (Bernal, S.f.) Por su parte Jorge Abelardo Ramos contextualiza en la historia esa actitud al sostener que “el alto mando argentino no quiso luchar a fondo ni en todos los terrenos, porque como todas las instituciones de la sociedad anglófila había sido educado en el respeto reverencial hacia el Occidente colonialista”. (Ramos, 1982: 183)

Recordemos que estas fuerzas armadas, desde el ‘55 (claro con el breve interregno del tercer gobierno peronista), y más aún con la adopción de la Doctrina de Seguridad Nacional con el cambio del “enemigo externo” al “interno”, y el envío a la Escuela de las Américas para el adoctrinamiento, estaban en una posición claramente colonial, pero ahora se enfrentaban paradójicamente a los que los habían adoctrinado. Ahora bien, Aritz Recalde destaca que “no es frecuente escuchar entre tanta “mea culpa por el atrevimiento argentino”, de que los ingleses mataron, torturaron y constituyeron crímenes de guerra hundiendo al General Belgrano en la zona de exclusión (…) La severidad para cuestionar a los mandos argentinos, no se aplica para criticar las atrocidades de los ingleses en los fusilamientos a soldados y poco se dice de los maltratos que recibieron de los colonialistas y que por ejemplo, los enviaban a sacar minas que explotaban el camino”. (Recalde, 2011: 2)

       El fortalecimiento de la conciencia nacional es más bien nacional-latinoamericana, en línea con la historia, tradición e identidad de nuestro pueblo, “en esas jornadas los argentinos nos volvimos latinoamericanos, abandonamos nuestros aires de europeos exiliados, dejamos de pensar que solamente veníamos de los barcos y descubrimos que también veníamos de la cruza de indios y españoles y de esa forja de miles de razas que constituyó al ser nacional argentino”. (Baraibar. En AA. VV., 2011b: 93)

La solidaridad de Nuestra América es enorme, demostrando que somos una gran nación inconclusa. Es conocido que Fidel Castro se entrevistó con Nicanor Costa Méndez en las antípodas ideológicas, lo que no obturó la posibilidad que el líder de la revolución cubana, que batalló largos años contra el imperialismo, considerara la guerra de Malvinas como una lucha contra el colonialismo. Como no podía ser de otra forma, Fidel Castro entendía que el imperialismo anglo-norteamericano era el enemigo principal. El mismo envía una carta a los países no alineados donde afirma que Malvinas es “una guerra colonial, que por su carácter y evolución las potencias imperialistas tratan de convertir en una lección para todos los países del Tercer Mundo que, no importa cuál sea su régimen político o social, defiendan su soberanía e integridad territorial (…) apelo a Usted para que efectúe las gestiones que considere prudente para detener la inminente agresión anglo-norteamericana contra el pueblo argentino”, y en una entrevista a un periódico sostiene que la lucha anti-imperialista en Malvinas “ha creado un sentimiento nacionalista, un patriotismo latinoamericano que nunca antes hemos sentido tan intensamente. Hemos sentido la causa argentina como nuestra causa. Hemos sufrido los muertos argentinos como propios. La victoria argentina es nuestra victoria. La derrota argentina sería nuestra derrota”. (Castro. Cit. en Bardini. En AA. VV., 2011b: 104-106)

El caso de Nicaragua también es emblemático, pues la Revolución Sandinista que había sido combatida por Galtieri y compañía (la Argentina había mandado centenares de instructores militares para ayudar a la invasión yanqui a este país, y también a El Salvador), también presta apoyo a nuestro país, y su Ministro del Interior Tomás Borge señala que “es intolerable que una potencia extra-continental, una potencia europea, agreda a un país de América Latina”. (Borge. Cit. en Bardini. En AA. VV., 2011b: 105) El Canciller panameño, cuyo accionar es enorme, también criticó “la demencia política inglesa y la consecuente miopía norteamericana”. (Illueca. Ibídem) Panamá también vota en contra de la resolución 502 de la ONU que exigía retirar de nuestro territorio las fuerzas militares. El presidente peruano Fernando Belaúnde Terry se solidarizó con nuestro país y se comprometió fuertemente por ejemplo dándonos aviones de combate Mirage y pilotos de guerra. Recordemos también los esfuerzos del mismo en su mediación que cuando avanzaba se rompe por el crimen de guerra más grave de los cometidos por Gran Bretaña: el hundimiento del Belgrano[18]. El Embajador venezolano Jorge Dager ofrece también ayuda militar. (Baraibar, 2015. Manson, 2010) La guerra revive el espíritu sanmartiniano y bolivariano. Podemos pensar en que seguramente muy diferente hubiese sido la historia aceptaban estos apoyos nuestroamericanos. El apoyo no es solo de América Latina, sino del Tercer Mundo en general, de países como Libia con Muamar el Gadafi a la cabeza.

Cuando rompamos la visión colonial de nuestro pasado, cuando dejemos de “pedir permiso” al “mundo civilizado” para crear ideas nacionales, estos hechos tendrán el reconocimiento que se merecen y las nuevas generaciones dejarán de esperar la ayuda de los colonizadores, y estrecharán mayores lazos con la Patria Grande, rompiendo con la xenofobia y el racismo impuestos por la colonización pedagógica y comprenderán que somos una Patria común.

La segunda zoncera que Jauretche escribe en su manual es referida a la geografía. Postulada por Sarmiento entiende que “el mal que aqueja a la Argentina es la extensión”, de ahí también podemos pensar que esa zoncera se instala en la mente de la oligarquía, y también a partir de su difusión, sobre todo en los sectores medios. Podemos pensar Malvinas desde ahí, en tanto la causa nacional de pelear por un territorio parece ilógica, es decir, se hace presente ese desprecio por el territorio nacional característico de la oligarquía que pretendió construir Europa en América, y miró el país con desprecio desde Buenos Aires. En este marco también aparece la pregunta que se realiza Recalde acerca del por qué varios sectores que consideran un “absurdo” la lucha en las Malvinas, una causa nacional, apoyan las intervenciones armadas por otras causas como el liberalismo económico o el socialismo, y también se pregunta el por qué algunos consideran absolutamente censurable que jóvenes hayan ido a combatir por la Patria, y no piensen igual en relación a los miles de jóvenes que dejaron sus vidas por otras causas en nuestro país o en otros más lejanos. (Recalde, 2016)

Otro pilar del pensamiento nacional nos ayuda a pensar Malvinas. Nos referimos a FORJA, agrupación que realiza quizás la primera denuncia sistemática y profunda del accionar del imperialismo británico en nuestras tierras y que tenía absolutamente presente la cuestión Malvinas, por ejemplo recordando repudiando los días 3 de enero el aniversario de la ocupación británica. FORJA considera que las Malvinas son la manifestación más evidente del accionar del imperialismo británico en nuestro país, y hace un llamado para la recuperación de las mismas a lograr fijar soberanía en la estructura económica, nacionalizando los ferrocarriles, las fuentes de energía, los puertos, las tierras extranjerizadas, etc. porque estas son “otras Malvinas”, es decir son otros instrumentos de opresión sobre nuestra nación, y de saqueo colonial sobre la misma. Cuestión para pensar y sostener hoy también. En un volante manifiestan que “las Islas Malvinas son la expresión geográfica de la dominación inglesa sobre la Argentina (…) La conciencia argentina debe agitarse permanentemente en reafirmación de la voluntad nacional de recuperar las Malvinas”. (Volante FORJA, 1938. Cit. Godoy, 2015: 264) La idea del forjismo es que la reivindicación de Malvinas, la puesta en evidencia de esa opresión colonial sea el puntal para la reconstrucción y fortalecimiento de la conciencia nacional. En el mismo sentido, años más tarde, “el colorado” Ramos afirma que “la descolonización no pasa por las Malvinas. Deberá pasar por la cultura, la argentinización del Estado, la fusión con América Latina, la eliminación de la oligarquía europeizante y la re-educación de la alta clase media seudo-culta, no menos europeizante”. (Ramos, 1982: 211)

– Últimas reflexiones

“queremos ver una (bandera) sobre tus piedras, clavada. Para llenarte de criollos. Para curtirte la cara hasta que logres el gesto tradicional de la Patria”. (Atahualpa Yupanqui)

El país semi-colonial se corresponde con un modo de pensar a contrapelo de la Patria.      Pensar en nacional es romper con la mentalidad colonial. Es la ruptura de civilización y barbarie, pensar desde nuestra propia realidad, nuestras categorías, desechando las zonceras adquiridas en la colonización pedagógica. Es pensar en los intereses nacionales, es decir, los del pueblo. Y en este pensar en nacional aparece como fundamental la ruptura del orden semi-colonial, la dependencia. John William Cooke considera que “todo planteo para la lucha debe partir del conocimiento de nuestra situación de país semi-colonial, integrante de un continente semi-colonial”. (Cooke, 2009: 175) En fin plantea la existencia de una cuestión nacional irresuelta, al mismo tiempo a la Argentina como parte de una gran nación inconclusa. Eso claramente no lo tenían en claro los mandos de la dictadura genocida, cuyo proyecto fue el de anudar los lazos de la dependencia.

Otro rasgo del pensamiento colonial que se hace presente en la desmalvinización es la imposibilidad que la Argentina tome sus propias decisiones sin la influencia norteamericana, rusa, o europea. (Ramos, 1982) El pensamiento colonial nos enseña a mirarnos como “ciudadanos de segunda”, enseña la autodenigración de lo propio, y a mirarnos en el espejo equivocado que nos devuelve una imagen deformada de los que somos, “América Latina era solo un reseco mito escolar. Éramos europeos, y no criollos o mestizos. Se miraba a la América Latina de Bolívar por encima del hombro. Pero en realidad, no éramos europeos. Europa nos despreciaba (…) las tierras huérfanas del lejano Sur nos han devuelto al Norte, hacia la América Criolla (…) El pueblo argentino cuenta con un solo aliado real: el pueblo latinoamericano”. (Ramos, 1982: 194-195)

En los países semi-coloniales como la Argentina (vale resaltar con una parte de su territorio sí colonizado directamente), la dominación se asegura por la colonización pedagógica. Esta colonización pedagógica impide la conformación de una conciencia nacional, un pensar en nacional, así no podemos arbitrar soluciones desde nuestros criterios a nuestras problemáticas. (Jauretche, 2004b) De esta forma, si bien en Malvinas la dominación se asegura por las armas (como en todas colonias), la colonización pedagógica no deja de cumplir un rol importante en tanto la desmalvinización que analizamos aquí, que directamente impide la posibilidad de siquiera “pensar” en la posibilidad de recuperar las islas irredentas.

Jauretche habla de la falsificación de la historia por parte de la oligarquía argentina, no en tanto falsedad sino en relación a la pretensión de ser el único relato posible sobre los hechos históricos, cuando justamente la historia oficial-liberal es la historia de la oligarquía argentina, por eso Don Arturo llama a revisarla desde “otro punto de vista”, desde la perspectiva del pueblo argentino, ya que “no hay política nacional sin historia revisada, porque el cipayo y el vende patria son consecuencias lógicas y hasta prestigiosas en una historia que ha condenado la política nacional y glorificado la sumisión al extranjero” (Jauretche, 2008: 84). Con Malvinas la falsificación se manifiesta crudamente, muchos “compran” el discurso desmalvinizador, que pretende ser el único, cuando en realidad es la historia contada desde el “punto de vista” colonial, en fin “compramos” el relato inglés.

Las limitaciones de la conducción militar, formada en la tradición mitrista y antipopular de las Fuerzas Armadas, más que en la línea nacional sanmartiniana queda en evidencia al no avanzar en otros campos, pues “a la acción militar, corresponde realizar una acción simultánea en el plano político, cultural y económico que complemente la gran batalla de las Malvinas y movilice el espíritu nacional, sin cuyo concurso no hay guerra que pueda ganarse”. (Ramos, 1982: 185) La confiscación y/o nacionalización de las empresas británicas, como asimismo de los bancos, y desde ya el no pago de la deuda externa, la expropiación de las grandes extensiones de tierras en manos británicas (calculadas entonces en más de 700 mil hectáreas), el reemplazo de ciertos ministros ligados estrechamente a los intereses extranjeros como Roberto Alemann, la expulsión de los súbditos ingleses destacados de nuestro país, la clausura de las instituciones culturales británicas en nuestro suelo, la interrupción del tráfico aéreo desde y hacia el país colonialista, etc.[19]

Romper con el esquema de pensamiento colonial aparece como fundamental para derribar la desmalvinización, así nos reencontraremos con los héroes. Romper con la desmalvinización es avanzar enormemente en la ruptura del aparato cultural colonial. Pensar nuestras problemáticas a partir de un criterio propio, en fin, pensar en nacional nos permite reencontrarnos y revalorizar la gesta heroica de Malvinas, puntal donde reconstruir la conciencia nacional-latinoamericana dañada por las potencias imperialistas de modo de adormecer el reclamo de la soberanía nacional mancillada. Pero ese adormecimiento del gigante malvinero es solo aparente, porque la Causa Malvinas permanece viva en las tradiciones populares y viene creciendo por abajo, como una semilla, y de la mano de la ruptura de la dependencia y la emancipación integral como nación, la bandera de la Patria volverá a flamear en el territorio arrebatado.

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Juan Godoy es Licenciado en Sociología (UBA). Magister en Metodología de la Investigación (UNLa). Docente universitario.

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[1] Aquí aparece la falacia, y la “doble vara”, pues mientras los ríos de los países atacantes son de su exclusiva soberanía, se considera que los de los países débiles son de libre navegación. De ahí que Arturo Jauretche considera en este marco a la libre navegación de los ríos interiores como una zoncera donde se presenta el fracaso, o la derrota como victoria. De esta forma, mientras nosotros presentamos la prohibición de la libre navegación de nuestros ríos como una derrota (como el caso del triunfo diplomático de Rosas), las potencias coloniales la cuentan entre sus victorias, (como en el caso de la Guerra de la Triple infamia contra el Paraguay). (Jauretche, 2004)

[2] Se trata de 5 mil patacones que eran girados por el arreglo Falconnet. (Rosa, 1979)

[3] El Libertador José de San Martín le ofrece a Rosas sus servicios, que aunque sostiene que “serían inútiles, sin embargo demostrarían que en la injustísima agresión y abuso de la fuerza de la Inglaterra y la Francia contra nuestro país, éste tenía aún un viejo defensor de la honra e independencia”. Y cuando Guido le comenta la fuerte y patriótica defensa en Obligado le contesta: “Ya sabía la acción de Obligado; ¡qué iniquidad! De todos modos los interventores habrán viso por este échantillon que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca. A un tal proceder no nos queda otro partido que el de no mirar el porvenir y cumplir con el deber de hombres libres, sea cual fuere la suerte que nos depare el destino, que en íntima convicción no sería un momento dudosa en nuestro favor si todos los argentinos se persuadiesen del deshonor que recaerá sobre nuestra patria si las naciones europeas triunfan en esta contienda, que en mi opinión es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de la España”. (cit. Rosa, 1979: 216) Recordemos también que el Libertador le lega el sable que lo acompañó en las luchas por la emancipación a Juan Manuel de Rosas por la defensa de la soberanía nacional.

[4] En relación a Malvinas y también a la Antártida, Perón les da un lugar primordial, con un despliegue de políticas concretas que apuntan a reivindicar la soberanía nacional, que no desarrollamos aquí por una cuestión de espacio, no obstante recordamos en vinculación a la conciencia nacional en relación a las Islas que por ejemplo durante el peronismo, más específicamente el 17 de mayo de 1954, el Ministerio de Educación fija una “Semana de las islas Malvinas y la Antártida” que se celebra entre el 10 y el 16 de junio. En el calendario escolar queda fijada con la inscripción “Las Malvinas son Argentinas”. (Muñoz Azpiri, 1966) Margaret Thatcher dirá cuando la guerra en relación al peronismo que “la culpa de esta guerra la tiene Perón, porque le metió a los argentinos en la cabeza que las “falkland’s son argentinas”. (Thatcher. Cit. Labaké, 2016: 210) Más allá de lo que diga la criminal Thatcher, que las Malvinas más allá de cualquier aspecto son Argentinas y que las causas de la guerra responden principalmente al interés británico como vimos a lo largo del texto, habría que analizar cuánto del estallido popular por la recuperación de las Islas en abril del 82 se le debe a este tipo de políticas de malvinización. Generaciones de compatriotas que van dando cuenta de la ocupación, la lesión de la soberanía, y necesidad de recuperación de nuestro territorio.

[5] Juan Aguirre Lanari argumenta que si no hubiera sido Gomes el descubridor sería Francisco de Camargo quien las cita en su libro de bitácora en 1539, aun mucho antes que las avistaran Francis Drake y Willlian Cavendish. (Lanari. Rep. en Muñoz Azpiri, 1966. T III)

[6] En el caso de las controversias entre Inglaterra y España, José Luis Muñoz Azpiri, documenta las primeras tres: la primera de 1748 a raíz que George Anson en una publicación sugiere que Inglaterra debiera proveerse de un fondeadero en el archipiélago. La segunda, en 1767 con motivo de la ocupación de 1764 de la Bahía de Anunciación. Por último, la tercera en 1770-71 por la toma de las islas por los británicos en 1765. No obstante, finalmente “Inglaterra reconoce el derecho español a las islas. Es el primer gran testimonio con que contamos para fundamentar los títulos argentinos”. (Muñoz Azpiri, 1966: 54) El título de posesión de las islas de España venía de una bula papal, de los tratados internacionales firmados, y también de la continuidad con el continente.

[7] Las instrucciones indicaban “nunca se rendirá a fuerzas superiores sin cubrirse de gloria en su gallarda resistencia (…) el Comandante de la “Sarandí” no podrá retirarse de las islas Malvinas mientras no le fuere orden competente para efectuarlo”. (Cit. Muñoz Azpiri, 1966: 101) Pinedo es juzgado con penas muy leves, suspensión de cuatro meses y prohibición de estar al mando de buques. No obstante en 1834 es reincorporado a la Marina. Hay que tener en cuenta para comprender la gravedad que, como cuenta Muñoz Azpiri al año de fallecer el muy longevo Pinedo “Tomas Bayard comunicó al Ministro argentino en Washington, Vicente Quesada, que el jefe argentino en las Malvinas no había ofrecido resistencia al pretendido usurpador, lo cual significaba en lenguaje diplomático que no consideraba tierra suya el suelo que pisaba. un solo cañonazo de la “Sarandí” hubiese disipado este equívoco (…) el proceso (contra Pinedo), reproduce acusaciones contra el inculpado de este tipo: “haber entregado” las Malvinas; “permitir ignominiosamente arriar el pabellón de la República” (…) Este vocabulario madrigalesco desmiento la imputación de Bayard”. (Muñoz Azpiri, 1966: 103) También desmiente la acusación las instrucciones y demás que llevaba Pinedo, donde queda claro sabía era tierra nacional.

[8] El Dictamen de la Academia Nacional de Historia es del año 1966, y es reproducido en Muñoz Azpiri, 1966: 567-569.

[9] Se piensa, aunque no hay pruebas documentales finales, que luego de ser juzgado en Gran Bretaña, y liberado, vuelve al Plata y muere combatiendo por la soberanía nacional en Obligado.

[10] Vale recordar que durante su segunda Gobernación Juan Manuel de Rosas hace una consulta a Gran Bretaña, a través de Manuel Moreno, acerca de la posibilidad de “canjear” la deuda con la banca Baring Brothers (que venía de la época del pro-británico Rivadavia), por las Malvinas. A pesar que la historiografía anti-rosista quiso ver esto como una muestra de “falta de patriotismo” de Rosas, la intención es obtener un reconocimiento de nuestra soberanía, y luego no llegar al acuerdo, pues nadie podría “vender” lo que no es suyo. (Galasso, 2008)

[11] Virginia Gamba documenta la importancia del apoyo de Estados Unidos a Inglaterra en la guerra, como asimismo la búsqueda por parte de ésta del apoyo estadounidense evidenciada a través de las palabras de su embajador en la Casa Blanca: Henderson, quien reitera en varias ocasiones el miedo real a que Malvinas sea “un segundo Suez”. (Gamba, 1984) Rubén Moro por su parte afirma, acerca del “error de cálculo” de la dictadura en relación al papel de Estados Unidos que para cualquier conocedor de la historia de las relaciones entre los Estados unidos y la República Argentina, no podía haber dudas respecto a cuál habría de ser la reacción del gran país del Norte ante el conflicto. razones históricas, etnológicas, religiosas y políticas hacían previsible que a la hora de las decisiones los antiguos aliados de las dos guerras mundiales y sostenedores de la Alianza Atlántica, habían de estar unidos”. (Moro, 1985: 69)

[12] Desde hacía cuatro décadas que ningún barco de guerra británico se había perdido por un ataque enemigo. Recordemos que entre las bajas a la Royal Navy está el HSM Sheffield de 4100 toneladas por el impacto de un misil Exocet. (Manson, 2010)

[13] En 1946 el Reino Unido presenta ante la ONU, en respuesta al pedido del organismo, un listado de 43 territorios que se comprometía a descolonizar, entre ellos las Islas Malvinas. (Moro, 1985)

[14] El nombre viene en referencia a lo que mencionamos de Liniers con la Virgen de Rosario cuando la invasión británica al Plata.

[15] Se trata de una compañía que monopoliza el comercio de las Islas.

[16] Este grupo de presión fue creado por un influyente abogado William Hunter Christie en Londres en el año 1968 aspirando a consolidar al imperio británico en el Atlántico Sur,

[17] En este contexto también es aprovechado por los grupos de presión para hacer lobby, el viaje de una compañía argentina a las Georgias del Sur en 1981 que como se sabe había sido autorizado por Gran Bretaña y existía un contrato formal firmado. (Gamba, 1984)

[18] La cuestión de este crimen de guerra atroz donde pierden la vida 321 compatriotas es profundamente tratado en Baccaro, Pablo. (2013). Fuego 6, 1, 2. El hundimiento del Belgrano: el hecho y la ley de la guerra. Buenos Aires: EDUNLa.

[19] Quizás habría que pensar si para salir de la quietud en que está la Causa Malvinas y nuestras posibilidades de volver a plantar bandera sobre el territorio si este tipo de estrategias podrían ayudar a eso, además de volver más costosa la mantención del territorio colonial para los ocupantes ilegales de las Islas. Y desde ya continuar la profundización de los lazos latinoamericanos, reconstruir el estado, desarrollar la industria, recuperar las fuerzas armadas, reinsertándolas en la senda sanmartiniana y de sus orígenes de lucha contra el colonialismo británico, para el pueblo y la nación.

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