Carpani, Ricardo

RICARDO CARPANI (1930 – 1997)

Nace en el Tigre, Provincia de Buenos Aires, el 11 de febrero de 1930. Su infancia transcurre inicialmente en esa zona del Delta, luego en Capilla del Señor y más tarde, su familia se afinca en el Barrio de Congreso, en la Capital Federal. Su niñez y su adolescencia están signadas por su vitalidad, desbordada en “picados” futboleros y en trompeaduras a la salida del colegio. Practica diversos deportes, pero al mismo tiempo que desarrolla sus músculos, ya a los dieciséis años concurre a tertulias libertarias.

Hacia 1950, se define su vocación por la plástica, que cultiva en el taller de Emilio Pettoruti, donde enriquece su técnica. Por entonces, lo atrae especialmente la pintura de lino Spilimbergo y los muralistas mejicanos, así como los dibujos de Guillermo Facio Hebecquer, de fuerte temática social. En la plástica, pone la pasión de su vida, aunque también le preocupa “La Revolución”, ahora que, impregnado de la teoría marxista, se acerca a agrupaciones trotskistas.

Munido de estas armas teóricas y prácticas, indaga en las formas plásticas modernas, con tendencias vanguardistas, al tiempo que se vincula al mundo popular, avanza en la polémica ideológica, lucha, crea y se enamora de Doris Halpin, su compañera de toda la vida y colabora de su labor artística.

Sus primeras obras aparecen en 1956 (“Pescadores”) y 1957 (“Desocupados”), en plena concurrencia con “la resistencia” peronista. Temática social y forma vanguardista se aúnan en su primera exposición. Pero no se trata de la habitual plástica de la izquierda, ni del “realismo socialista”. No es reflejo ni fotografía, ni reproduce los rasgos de un trabajador, sino que recrea a los trabajadores tal cual él los siente, ampliando sus dimensiones, acentuando su combatividad, deformando su figura – con ayuda del cubismo y el expresionismo- imbuyendo a la imagen de un sentido colectivo y amenazante.

Su primera exposición, donde las figuras parecen salirse del cuadro, con sus enormes músculos, pómulos salientes y ojos aindiados, avanzando sus puños de dedos cuadrados y pétreos, desagrada a los espíritus exquisitos. Carpani y sus compañeros Juan Manuel Sánchez y Mario Mollari escandalizan a críticos y marchands, con esa tremenda pedrada en las aguas plácidas y burguesas de la pintura argentina. Poco más tarde, con la incorporación de Espirilo Butte, Carlos Sessano y después, Juana Elena Diz y Pascual Di Bianco, se conforma el grupo “Espartaco” que en 1959 lanza su Manifiesto.

Ese documento, redactado por Carpani, embiste contra el “coloniaje cultural y artístico”, producto de la sumisión del país al imperialismo y al control que “la oligarquía ejerce sobre los principales resortes de nuestra cultura”, con su “mentalidad extranjerizante, despreciativa de todo lo genuinamente nacional y popular”. Preconiza, en cambio, la necesidad de una expresión artística donde el creador se exprese con absoluta sinceridad como “artista que es un hombre y que se conforma fundamentalmente según los elementos sociales que gravitan sobre él”, es decir, el medio social y político en que vive, en especial las luchas de los trabajadores para concluir con la injusticia y alcanzar la liberación plena, del país y de las mayorías populares. “El arte –sostiene el manifiesto- es liberador por excelencia y las multitudes se reconocen en él y su alma colectiva descarga en él sus más profundas tensiones para recobrar, por su intermedio, las energías y las esperanzas… El arte revolucionario debe surgir, en síntesis, como expresión monumental y pública… De la pintura de caballete, como lujoso vicio solitario, hay que pasar resueltamente al arte de masas, es decir, al arte”.

De esta manera, “Espartaco” se constituye en rotundo antagonista de la plástica oficial, ya fuese tradicionalista, vanguardista o del “realismo socialista”. Sobre el grupo cae la discriminación, el silencio de los críticos, las puertas que se cierran en las escuelas de arte. Esta marginación provoca disentimientos entre sus integrantes, porque algunos son tentados por los dispensadores de prestigio. “Unos éramos de izquierda nacional –recuerda Carpani- otros, tendía hacia la izquierda tradicional, en la cual encuentran suficiente respaldo, otros defeccionan ante las tentaciones comerciales”. Carpani y Di Bianco se apartan entonces de “Espartaco” y salen a la búsqueda de nuevos caminos: el mural, el afiche, la gráfica política.

Militancia y labor artística se confunden cada vez más en el artista. En 1961, Carpani concreta su primer mural en el Sindicato de Sanidad, presidido por Amado Olmos. Ese mismo año, publica dos ensayos en la Editorial Coyoacán: “La política en el arte” y “Arte y revolución en América Latina”.

En 1963, un afiche de obreros corpulentos, brazos en alto, puños cerrados, ojos amenazantes, con letras enormes que expresan la bronca popular: “BASTA”, aparece en los muros de Buenos Aires y de allí, se difunde hacia el interior. Mientras los exquisitos se regodean con las trivialidades del Instituto Di Tella, los trabajadores empapelan el país con ese afiche de Carpani.

En 1964, participa de la creación del grupo “Cóndor”, con J.J. Hernández Arregui, Rodolfo Ortega Peña y otros. Poco después, ilustra la revista “Programa”. Así acompaña a esas expresiones de avanzada de la Izquierda Nacional. Al mismo tiempo, incursiona en el ensayo político: “Nacionalismo burgués y nacionalismo revolucionario” y “Nacionalismo, peronismo y socialismo nacional”.

En esos años de alza de masas, cuyo punto inicial es el Cordobazo, en mayo de 1969, Carpani acompaña, como siempre, la lucha de los trabajadores. Su mano maestra de dibujante excepcional traza imágenes indelebles, desde el “Martín Fierro”, hasta “Libertad a Ongaro y Tosco”, desde el reclamo por Felipe Vallese hasta el “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, desde los centauros gauchos hasta “Desocupados” y “En huelga”, Así, también recrea a las grandes figuras que en la política y la cultura acompañaron la larga lucha de los argentinos, desde San Martín, El Chacho y Felipe Varela hasta Perón, Evita y Cooke, desde Roberto Arlt a Atahualpa Yupanqui. En todo ese período, el artista, cada vez más conocido por el pueblo y cuyas imágenes aparecen en afiches de luchas populares de varios países latinoamericanos, continúa siendo un “maldito”, para los premios, en los salones oficiales, las galerías de arte, las cátedras… “He pasado momentos en que he sido marginado –recuerda- como consecuencia directa de mi militancia, de poner los dedos en la llaga”.

Más tarde, al producirse el golpe militar del 24 de marzo de 1976, se encuentra en Europa exponiendo sus cuadros y decide no regresar. Allí, permanece exiliado varios años dando a conocer su obra e incursionando en nuevos temas: el del porteño de los años treinta, el del mundo del tango. Sus hombres colosales, de manos gigantescas, no protagonizan ahora grandes huelgas, sino que permanecen, en profunda introspección, perseguidos, angustiados, desconcertados por la derrota.

A su regreso a la Argentina, al retornar la democracia formal bajo la presidencia del Dr. Alfonsín, Carpani incorpora el color a sus obras y coloca a su hombre en medio de la selva del capitalismo salvaje que impone la flexibilización laboral y lanza a la desocupación a los trabajadores, ahora acechado por serpientes y tigres. Son “los hombres en la jungla”, entregados a la “ilusión, la duda, la esperanza”. El clima del país, a su vuelta, es todavía de temor por el genocidio reciente, pero la circunstancia de que su obra haya sido reconocida en Europa, le permite quebrar el marginamiento. Asimismo, el reconocimiento que ya le ha hecho el pueblo latinoamericano es seguido por una invitación desde New York para realizar un mural con el rostro del Che. En 1995, Mariano Wolfson y Pablo Rodríguez producen un hermoso video con sus cuadros y su relato de vida, en compañía de Doris. En esa época, es designado “Ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos Aires”.

Poco más tarde, ya preso del cáncer, afirma que “si tuviera que volver a vivir mi vida elegiría el mismo camino de lucha… Sin ningún tipo de concesión, sin haberle chupado las medias a nadie, alcancé un reconocimiento que ahora tengo”.

El 9 de setiembre de 1997 fallece en Buenos Aires. Indiscutiblemente, es uno de los más grandes plásticos de América Latina.

Fuente: NORBERTO GALASSO – LOS MALDITOS – VOLUMEN I – PÁGINA 27. Ediciones Madres de Plaza de Mayo


Carpani. Por amor al arte, por amor a la revolución – Por Roberto Baschetti

Ricardo Carpani nació el 11 de febrero de 1930 en el Tigre. Su abuelo, su padre y su tía pintaban. A comienzos de la década del 50 anduvo por París (fue modelo en la Academia de la Grande Chaumiére), para luego de vuelta en Buenos Aires estudiar en el taller de Emilio Pettoruti. Expuso sus cuadros por primera vez en 1957, después formó parte del mítico Movimiento Espartaco, que lo tuvo entre sus integrantes hasta 1961. A par tir de esa experiencia, durante más de 35 años, aportó su arte y su militan cia política para divulgar, expresar y reclamar si esto último era necesario, e n cuanta experiencia,organización y lucha del movimiento nacional, popular y revolucionario hubo en Argentina.

Solamente para nombrar algunas: exposición en el primer aniversario de la muerte del Che Guevara; homenaje al obrero metalúrgico peronista Felipe Vallese a un año de su secuestro y desaparición; afiches en la muestra “Malvenido Rockefeller” cuando este millonario yanqui pisó suelo argentino; murales colectivos con motivo de la masacre perpetuada por fuerzas policiales contra obreros del ingenio del azúcar en Villa Quinteros, Tucumán; carteles para explicar al pueblo, el Plan de Lucha de la CGT a mediados de la década del 60; también para el lanzamiento de la CGT de los Argentinos en franca oposición a la dictadura militar de Onganía. Todo este trabajo militante lo volvió –contra su vo luntad- reconocido y popular para siempre. Cuenta Carpani:
“Un amigo mío, don Rómulo Lagos, tenía una editorial y me imprimió prácticamente gratis una serie de láminas
muy bien impresas. Esas láminas se repartían entre la militancia. Se vendían por todos lados para juntar fondos. Yo he encontrado afiches míos en muchas casas obreras. La gente iba detrás de quienes los pegaban; cuando el engrudo estaba fresco, los despegaban y se los llevaban a sus casas. Y después el estudiantado: contaba Crist la otra vez que en Córdoba la pieza clásica del estudiante era la pava, el mate, sus cositas y unalámina de Carpani. Eso fue lo que difundió masivamente mis imágenes” (Nuevo Sur. 10-9-89).
En 1974 se exilió en España y desde allá siguió luchando contra la última dictadura militar. Conjuntamente con Cortázar, Benedetti y otros intelectualesintegró el Comité de la Comisión Argentina de Defensa de los Derechos
Humanos (CADHU) Regresó diez años más tarde. Falleció el 9 de setiembre de 1997 por un cáncer de garganta y lo velaron en el Concejo Deliberante de nuestra ciudad; con anterioridad, en julio de 1996 había sido declarado “Ciudadano Ilustre de Buenos Aires”.
Se me ocurre que la mejor manera de homenajearlo es reproduciendo sus claros conceptos en el campo del arte y de la política, extractados de diferentes reportajes que brindó a lo largo de su vida, como así también presentar
cronológica y ordenadamente todos sus trabajos publicados, para que los muchachos los encuentren y puedan releerlo.
UN TIPO QUE PINTA.
“Soy un tipo que pinta, entre otras cosas. No tengo formación académica, ni como artista ni como intelectual. No tengo títulos. No cursé ninguna escuelade bellas artes. No me gusta la palabra ́autodidacta ́; uno siempre aprende de los demás. Simplemente trabajé, viví, me apasioné, milité, pinté. Eso, nada más”. (Sin fecha conocida).
UN HOMBRE COHERENTE.
“Si tuviera que volver a vivir mi vida elegiría el mismo camino. Estoy conforme: mi vida fue una lucha. He pasado momentos en que he sido marginado como consecuencia de mi militancia, de poner los dedos en la llaga, digamos. De todos modos, si por alguna razón me canonizaran, cosa que no creo, puedo asegurar que yo no pienso ejercer de santo”. (1989)
UN SER CULTURAL.
 “La argentina es un país dependiente, no sólo económica y políticamente,sino también en materia cultural, porque la mentalidad colonizada sigue prevaleciendo en las elites rectoras de nuestra cultura”. (1985)
UN ARTISTA DIFERENTE.
“Lo que transforma a una persona en artista es el tener algo que decir y el saber expresarlo. Para mí, enseñar pintura no es enseñar un oficio: es enseñar a sentir, a descubrirse uno mismo, a pensar cosas importantes”.(1985)
UN NACIONALISTA REVOLUCIONARIO
“A mi entender la nación no constituye una entelequia flotante como un espíritu absoluto, separado de quienes constituyen la nación real. La Nación real está constituida por nosotros y especialmente por aquellas fuerzas activas que la crean y recrean constantemente: me estoy refiriendo a la clase trabajadora. Por lo tanto, si hablamos de un arte nacional, tenemos que hablar de un arte social, y si hablamos de un arte social tenemos que hablar necesariamente de un arte político. Yo creo, además, que lo nacional se define por un hecho bien concreto, que es la lucha antiimperialista, dado que los imperialismos impiden nuestra realización como Nación”. (Noviembre de1972)
UN MILITANTE CONVENCIDO
“Hoy y aquí, la actitud militante del artista revol ucionario vale tanto, tiene tanta importancia, como su obra. Ambas se complementan y de poco sirven por separado. Sin la acción militante, lo más probable es que la obra sola termine, tristemente, bajo la forma de cuadro, cumpliendo el cometido que el sistema capitalista le impone: mercancía de consumo privado, prácticamente sin posibilidades de contacto público”. (Octubre de 1971)
UN HISTORIADOR LUCIDO
“Felipe Varela y sus gauchos montoneros fueron arrollados por el ascenso triunfante del capitalismo imperialista y los remington ingleses. Su nombre fue silenciado o calumniado por la historiografía liberal-oligárquica, y a la montonera, expresión revolucionaria del derecho de los oprimidos a una vida más humana, se intentó presentarla como una mera manifestación de bandidaje más o menos generalizado. Sin embargo, su
derrota no fue definitiva, constituyó tan sólo un capítulo trágico de esa lucha que aún continúa. El último y, este sí, definitivo capítulo comienza ya a escribirse, y el heredero histórico del gauchaje montonero de ayer, el proletariado de hoy, será su principal protagonista”. (1966).
Estos son sus diferentes trabajos y escritos publicados, ordenados por fecha de
edición:
1999. Buenos Aires. Ayer.Martín Fierro
1994. Madrid. Olleros & Ramos. Carpani
1994. Buenos Aires. Ayer. Gráfica política
1986. Madrid. (Carpeta con 8 dibujos y prólogo de David Viñas). Los que están solos y esperan
1986. Buenos Aires. La Bizca N° 3. La política oficial en las artes plásticas
1986. Buenos Aires. Contrapunto. Nacionalismo burgués y nacionalismo revolucionario
1976. Madrid. ZYK. Arte y militancia
1973. Buenos Aires. Peronismo y Socialismo N° 1. Arte nacional y militancia revolucionaria en América Latina
1973. Buenos Aires. Programa. El arte y el problema nacional latinoamericano
1973. Buenos Aires. Cuadernos del Socialismo Nacional. Nacionalismo, peronismo y socialismo nacional
1971. Buenos Aires. La Opinión/Literaria (3/10). El artista en un país colonizado y revolucionario
1966. Buenos Aires. Lagos. La Montonera. Homenaje a Felipe Varela
1965. Buenos Aires. Programa. Estrategia y revolución
1964. Buenos Aires. Programa. El arte y la vanguardia obrera
1962. Buenos Aires. Coyoacán. La política en la arte
1961. Coyoacán. Arte y revolución en América