Peñaloza, Ángel V. “El Chacho”

ÁNGEL VICENTE PEÑALOZA “EL CHACHO” (1798-1863)

Nace en la localidad de Guaja, provincia de La Rioja, en 1798. Poco se conoce sobre su infancia y juventud. Recién hacia 1820 –según referencias- habría dado sus primeras acciones de guerra, integrando las huestes de Facundo Quiroga. Así, en la batalla de El Tala (octubre de 1826), donde el Tigre de los Llanos derrota a las fuerzas unitarias, Peñaloza se destaca, siendo ascendido de teniente a capitán. En esa acción, recibe un lanzazo que le provoca una grave herida en un costado. Poco después, en julio de 1827, interviene en “El Rincón”, donde sobresale también por su intrepidez. Asimismo, acompaña a Facundo en “La Tablada” y “Oncativo”.

Después de estas derrotas, mientras Quiroga se va a Buenos Aires, el Chacho repliega hacia La Rioja, donde mantiene una actividad semiclandestina. Sin embargo, en 1831, derrota al coronel Villafañe, en Amilgaucho. Acompaña luego a Quiroga en su lucha frente a Lamadrid, participando en la victoria de La Ciudadela, después de la cual es designado comandante militar de una parte de los Llanos.

Ya por entonces ha alcanzado gran prestigio entre los riojanos, no sólo en razón de su arrojo militar, sino por su preocupación por ayudar a los pobres de la zona. El caudillo montonero, como tantos otros, resulta la expresión del reclamo de los pueblos del interior, ante el hundimiento de esas economías provinciales a consecuencia de la libre importación y el monopolio de las rentas aduaneras por la provincia de Buenos Aires. Por esta razón, en 1835, al producirse el asesinato de Facundo, El Chacho surge como el representante natural de esos pueblos expoliados.
Ya Rosas se encuentra en el poder y ha dictado la Ley de Aduanas, pero esta política defensiva no satisface al federalismo provinciano que necesita urgentemente capitales para levantar su economía, creando fuentes de trabajo, que moderen la miseria reinante. La negativa de Rosas a sancionar “el cuadernito” (así llamaba Quiroga a la Constitución) implica mantener el privilegio aduanero para los bonaerenses en detrimento del interior. Por esta razón, El Chacho y su gente se levantan en armas, tres veces, contra el Restaurador: en 1841, 1843 y 1845, aunque para ello tengan que unirse con unitarios como Lavalle.

En esa época, es detenido por el caudillo sanjuanino Nazario Benavídez, Rosas solicita que se lo envían al Chacho a Buenos Aires, pero Benavídez se niega, resguardando la vida de Peñaloza.

Por entonces, el Chacho pasa a Chile, donde sufre exilio y pobreza. “Como me a d’ir. En Chile y de a pie” es una frase suya que pasa a la historia como expresión del desamparo de un caudillo gaucho, alejado de su patria y sin caballo.
En general, los historiadores rosistas no interpretan en profundidad la conducta de El Chacho durante ese período, en tanto no diferencian entre el federalismo bonaerense y el federalismo del interior. Rosas, con su política pactista –no atacarlos y darles cierta protección con aranceles- resulta preferible a Rivadavia que quería imponer “la unidad a palos” y aplicaba la libre importación que arrasaba con toda actividad productiva pero, en última instancia, tampoco da solución a los pueblos del interior. Ello explica estos levantamientos del Chacho, como así también sus referencias elogiosas a Caseros, sostenidas, asimismo, por su sucesor Felipe Varela.

En la época de la separación entre Buenos Aires y la Confederación, El Chacho mantiene buenas relaciones con Urquiza, en quien encuentra una posibilidad de política nacional. El 7 de julio de 1855, Urquiza los asciende a Coronel mayor, grado que luego el Congreso eleva al rango de General.

Producido el triunfo de la Confederación, en Cepeda (1859), El Chacho lo felicita a Urquiza: “Le ruego que admita una felicitación de este pobre campesino por el glorioso triunfo de Cepeda”. Pero, en 1861, Urquiza abandona el campo de Pavón, regalándole la victoria a Mitre, con lo cual éste se afirma y controla el poder en 1862, decidido a imponer la voluntad oligárquica en todo el resto del país.

Así, el ejército porteño, entre 1862 y 1865, lleva a cabo una fuerte represión en el interior, arrasando con gobiernos populares y masacrando miles de gauchos, como lo testimonian Olegario Andrade y José Hernández, en sus artículos periodísticos.

En mayo de 1862, El Chacho es derrotado en El Gigante y Las Salinas, por las fuerzas de Rivas. Luego de algunas tratativas, queda concertado el tratado de paz, llamado “de la Banderita”, que, entre otras cosas, establece el intercambio de prisioneros. Pero mientras El Chacho –calificado de “bárbaro”- entrega soldados del ejército mitrista, Rivas –en nombre de “la civilización”- no devuelve chachistas prisioneros porque han sido fusilados.

Meses después, El Chacho comprende que no es posible la conciliación y convoca a sus hombres, de nuevo, a la lucha, al tiempo que confía en el apoyo de Urquiza: “La Patria nos llama de nuevo a afianzar en nuestras provincias el imperio de la ley y las sabias instituciones que surgieron el gran día del pensamiento de mayo y se establecieron en Caseros bajo la noble dirección del héroe de Entre Ríos, Capitán General Urquiza. El viejo soldado de la patria os llama en nombre de la ley y la Nación entera para combatir y hacer desaparecer los males que aquejan a nuestra patria y para repeler con vuestros nobles esfuerzos a sus tiranos opresores”.

Entre abril y mayo de 1863, la insurrección montonera vuelve a expandirse en el interior: “Los pueblos, cansados de una dominación despótica y arbitraria, se han propuesto hacerse justicia”. En mayo, es derrotado en Lomas Blancas, reagrupando sus fuerzas en Cosquín. Desde allí, reclama el apoyo de Urquiza, pues Entre Ríos es la única provincia con poder económico suficiente como para aprovisionar a sus fuerzas y enfrentar, con alguna posibilidad, al poderoso ejército porteño: “Me he puesto a la cabeza del movimiento de libertad, igual al que usted hizo el primero de mayo (de 1851), en esa heroica provincia contra la tiranía de Rosas… Este movimiento es contra otra tiranía peor que la de Rosas… Me dirijo a usted para ponerme a sus órdenes seguro de que aprobará mi conducta”. Poco después, ahora que controla Córdoba, le vuelve a escribir: “… Nada falta sino que V.E. monte a caballo para concluir definitivamente la obra de reconquistar nuestros derechos y libertades”. Y agrega: “Nuestro elemento más necesario y escaso son las armas”. Pero el apoyo de Entre Ríos no llega. Urquiza se preocupa cada vez más por sus negocios y ellos lo llevan a conciliar con la oligarquía porteña, traicionando a los pueblos provincianos.

El 28 de junio de 1863, las fuerzas de Sandes y Paunero derrotan a El Chacho en “Las Playas”. El 30 de octubre es derrotado, otra vez, en “Caucete”. Se repliega, entonces, hacia Olta, en su provincia natal.

El 10 de noviembre, le envía su última carta a Urquiza, ya desesperado, donde le reclama apoyo o en su defecto, abandonará la lucha: “Después de repetidas veces, no he conseguido contestación alguna… En medio de esta azarosa y desigual lucha nada me desalienta… (pues) cuanto he hecho ha sido fundado en antecedentes que V.E. me ha dado… (pero) si V.E. me dirige una contestación terminante y pronta… y si en ella se negase a lo que nos hemos propuesto, tomaré el partido de abandonar la situación… Mis hombres irán conmigo con gusto a mendigar el pan del extranjero, antes que poner la garganta en la cuchilla del enemigo”.

El 12 de noviembre, El Chacho se rinde ante un jefe mitrista, entregando su puñal, pero es lanceado por el coronel

Pablo Irrazábal, y luego, baleado y degollado:
Los changos y las viejas
y hasta las mozas
llorando están la muerte
de Peñaloza

Poco después, como ejemplo de “civilización”, la cabeza del Chacho cuelga de una pica, en la plaza de Olta. Sarmiento le escribe a Mitre: “He aplaudido la medida precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses”. José Hernández, por su parte, afirma:

“Los salvajes unitarios están de fiesta. El General Peñaloza, el hombre ennoblecido por su inagotable patriotismo… ha sido cosido en su propio lecho, degollado y su cabeza ha sido conducida como prueba del buen desempeño del asesino al bárbaro Sarmiento”.

En tanto resulta uno de los principales enemigos del mitrismo, la historia oficial lo ignora a El Chacho, a pesar de que tenía el apoyo de los pueblos del noroeste. Lo silencia. No lo menciona. Y cuando excepcionalmente, lo recuerda, lo hace considerándolo un montonero díscolo, un facineroso, expresión del atraso latinoamericano.

Convertido en “maldito” en los textos, las cátedras, las conferencias y los medios de comunicación, el cancionero popular alerta todavía:

Peñaloza diz que ha muerto
No hay duda que así será
Tengan cuidado, magogos
No vaya a resucitar

Fuente: NORBERTO GALASSO – LOS MALDITOS – TOMO II – PÁGINA 218. Ediciones Madres de Plaza de Mayo