Del Carril, Hugo

HUGO DEL CARRIL (1912 – 1989)

Nace en Buenos Aires en la calle San Pedrito, del barrio de Flores, el 30 de noviembre de 1912. Piero Hugo Fontana –después, artísticamente Hugo del Carril-, pertenece a esa generación golpeada duramente por la crisis de 1930, a pesar de lo cual, supo extraer de la cruda realidad semicolonial las enseñanzas que le permitirían esbozar las líneas de un arte y un pensamiento nacionales, de neto cuño popular. Sus padres, con los que tuvo una conflictiva relación, eran inmigrantes italianos que al separarse lo abandonaron de muy corta edad. Hugo es criado por un matrimonio francés que lo bautiza “Pierrot”. En la adolescencia, comienza a despuntar su vocación por el canto. Son años de sueños, amores y serenatas, pero también de duro trabajo, primero como obrero en una fábrica de jabón y después, en una empresa productora de cristales finos. Su adhesión a la causa de los trabajadores –y luego, al peronismo- tiene sus raíces en esta etapa de su vida.

Luego de una breva y no muy feliz aventura matrimonial, da una prueba en LS6 radio “Bernotti” y es contratado como cantor y locutor, o “speaker”, como entonces se decía. Así, él mismo, entre aviso y aviso, se anunciaba y luego cantaba con diversos seudónimos para que pareciera que cada orquesta tenía un cantor diferente.

En 1935, el año de la tragedia de Medellín, donde muere su admirado Carlos Gardel, va a conseguir su espaldarazo definitivo al ser contratado por LR1 radio “El Mundo” para hacer pareja con Rosita Moreno. Ese mismo año, llega al disco, por primera vez, como estribillista de Edgardo Donato. Graba nueve temas, entre ellos “El vals de los recuerdos” y “Muchacho del cafetín”, de un Homero Manzi que también andaba haciendo sus primeras búsquedas en el cine y en la canción popular.

Para entonces, los empresarios ya vislumbran en Hugo a uno de los posibles herederos de Carlitos. Así, al año siguiente, con 24 años, va a lograr otra conquista trascendente: accede a los sets de filmación y graba, por primera vez, como solista. El 16 de setiembre del ’36 registra el vals “Me besó y se fue” y el tango “Yo soy aquel muchacho”, al tiempo que filma, bajo la dirección de Manuel Romero, “Los muchachos de antes no usaban gomina”, en la que hace una breve pero satisfactoria aparición. Eso le valdrá la posibilidad de realizar, en 1937, otras dos películas –con roles más importantes-: “La vuelta de Rocha” y “Tres anclados en París”, ambas del mismo Romero.

Los años de triunfo se suceden y con ellos la consagración internacional en las salas de cine. Su carrera cinematográfica puede dividirse, a grandes trazos, en dos etapas: la del galán cantos, que incluye títulos como “La vida es un tango”, “Madreselva” (con Libertad Lamarque), “El astro del tango” (con Amanda Ledesma), “La cabalgata del circo” (otra vez con la Lamarque y con una joven actriz llegada de Junín: Eva Duarte), “La cumparsita”, “Pobre mi madre querida”, y “El último payador” (de 1948).

Ese mismo año ’48 inicia –con “Historia del 900”- su segunda etapa, como actor y director. Él solía confesar que su verdadera vocación era la dirección, no la actuación. Este tramo de su trayectoria va a ofrecer hitos como “Las aguas bajan turbias” (1952) y “La quintrala” (1955). “Creo que mi auténtica vocación –sostiene- es la dirección cinematográfica, porque es una actividad más creativa que la de cantante o la de actor. De las películas que he dirigido, ‘Las aguas bajan turbias’ es la que me ha dado mayores satisfacciones porque encara de manera cruda los problemas de nuestro interior”.

Desde los inicios del gobierno peronista, Hugo se identificó con esa gestión, convirtiéndose en el intérprete oficial de la marcha “Los muchachos peronistas” y en amigo personal del general Perón. Sin embargo, en 1952, tuvo dificultades con algunos burócratas. Corrieron versiones de que al morir Eva, no interrumpió un recital de tangos que estaba dando en Montevideo. Sin embargo, él sostuvo: “Cuando murió Eva vine a Buenos Aires y estuve en el velatorio, pero no me saqué fotos porque no acostumbro a comercializar con los cadáveres y me volví a Uruguay. No fue ese el motivo de mis problemas porque probé que había venido expresamente a rendir el homenaje que me reclamaba mi conciencia… Lo que ocurrió es que al estrenar “Las aguas bajan turbias”, en base a la novela de Alfredo Varela, escritor comunista, por entonces, preso, Apold me hizo un expediente que mandó a la SIDE. Después, hablé con Perón, quien se puso furioso cuando se enteró de mis dificultades como asimismo de la detención de Varela y se tomaron las medidas correspondientes, retornando todo a la normalidad”.

Al producirse el golpe del 16 de setiembre de 1955, la represión cae sobre el artista. “Yo había cometido el pecado de cantar “La marcha peronista” y las milongas de Homero Manzi a Juan Perón y a Eva Perón. Además, cuando se produjo el golpe de Menéndez, en 1951, fui uno de los pocos artistas que se presentó en Plaza de Mayo para jugarse… Por eso, los “gorilas” me tuvieron 30 días en prisión, incomunicado. Después que recuperé la libertad, me pasé cerca de dos años sin poder trabajar. Agarraba mi guitarra y me iba al Parque Retiro, donde los “gorilas” no tallaban. Después, cuando volví a actuar, me balearon en Mendoza y cuando nació mi nena, me pusieron una bomba, cuando vivía en Chaco y Doblas”. “También tuve dificultades para terminar una película que estaba haciendo cuando se produjo el golpe: ‘Mas allá del olvido’… Me fui dos años a Méjico y cuando regresé, en 1959, estrené ‘Las tierras blancas’, de temática social, en base a un libro de Juan José Manauta”.

Si ya para fines de los ’50, Hugo tuvo posibilidades de volver a filmar, no ocurrió lo mismo con su labor como cantante, que se vio obstaculizada por la censura más o menos explícita que cayó sobre él después del ’55. Recién le van a dar su (otra) oportunidad en 1962, por intermedio de Alejandro Romay, con la realización de “La calesita”, una suerte de miniserie criolla. La segunda oportunidad en televisión se produce en 1967 cuando le ofrecen la conducción de “Grandes Valores del Tango”, un programa de larga permanencia anterior en radio.

En cuanto a la discografía, la podemos dividir también en dos épocas: la de los años ’30 y ’40, los de su apogeo vocal, y la posterior al ’70, sus años de madurez. En total, apenas supera los cien registros, lo que no es mucho en un artista de sus quilates.

En 1961, Hugo une su vida con Violeta Curtois, su gran amor, a la que conoce en la Sociedad Argentina de Autores, Intérpretes y Compositores (SADAIC), y con la que tendrá cuatro hijos, todos apadrinados por Juan Domingo Perón.
En 1963, dirige y protagoniza “Buenas noches, Buenos Aires”, primer musical argentino en colores.

Por esos años, inhibido de actuar en radio y televisión por el gobierno de turno, concibe, junto a Saulo Benavente, el proyecto musical “La Carpa del Pueblo”, cuya intención fue “llegar a la gente con las cosas auténticamente nuestras”.
En 1973, el nuevo gobierno democrático le asigna, junto a Mario Soffici, la conducción “ad honorem” del Instituto Nacional de Cinematografía. Allí trabaja en la elaboración de un proyecto de Ley del Cine que el Congreso ignoró prolijamente. En 1975, realiza su última película: “Yo maté a Facundo”, con Federico Luppi y Carlos Cores.

Entronizada, otra vez, en 1976, una dictadura de signo antipopular (aún más cruenta y nefasta que las anteriores) Hugo vuelve a sentir el funesto poder de la censura. Para colmo, en esos años, particularmente adversos a todo emprendimiento de tipo nacional, termina por naufragar el criadero de nutrias que durante años había intentado sostener en El Tigre.

En 1985, pobre, enfermo, pero dueño de la integridad moral que siempre lo caracterizó, rechaza de plano un subsidio ofrecido por el Partido Peronista. Al año siguiente, es declarado “Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires”. Es el mismo año en que fallece su esposa Violeta, provocándole un golpe del que no se podrá recuperar. La sobrevive solo tres años, los más tristes de su vida. “Ha amores que son irreemplazables” había dicho alguna vez.

De su lucha por un arte nacional, quedan estos testimonios: “El hecho de no filmar durante tanto tiempo se debe principalmente a que no están dadas las condiciones para que haga el tipo de películas que necesito y quiero hacer. Me inclino por las que toman en cuenta el aspecto social que es lo que debe interesar a la comunidad en general… Son temas, además, que siempre sufren censura y cada vez que he intentado hacer una obra de esa naturaleza me han golpeado desde distintos ángulos y me he fatigado; mejor dicho me han fatigado. Pienso que la temática que debe abordar nuestro cine es la auténticamente nacional y lamentablemente en la mayoría de los casos se mostraron problemas ajenos a nosotros… Mi próxima película será sobre la vida de la señora Eva Perón, para lo cual en estos momentos se está recogiendo bibliografía, anecdotario y sobre todo material fílmico. En cuanto al libro no puedo anticipar nada porque va a surgir de los hechos que nos brinde esta recopilación, pero tomaremos exclusivamente la faz humana del personaje; no pensamos hacer ‘Evita revolucionaria’… Considero que soy un ciudadano más, vulgar y silvestre, que puede cantar como otro puede hacer un buen ropero… Me gusta la gente que siente profundamente la nacionalidad; y la juventud, porque me parece que es la única fuente de esperanza del país”.

Fallece en Buenos Aires, el 13 de agosto de 1989.

Fuente: JUAN CARLOS JARA – PABLO GUSTAVO BRONSTEIN – LOS MALDITOS – VOLUMEN I – PÁGINA 43. Ediciones Madres de Plaza de Mayo