Baldrich, Alonso

GENERAL ALONSO BALDRICH (1870-1956)

baldrich

Nacido en 1870, fue un militar, ingeniero, escritor y militante político argentino. Junto con su compañero, el general Enrique Mosconi, participó del desarrollo de la petrolera estatal YPF y de la lucha contra la injerencia de los trusts ingleses –Royal Dutch y Anglo Persian- y el norteamericano –Standard Oil-. Fue general de brigada y lideró la Dirección de Parques Nacionales. Se lo considera uno de los principales exponentes del nacionalismo económico. La agrupación La Baldrich lleva su nombre en honor a este gran patriota. A continuación una máxima del General Baldrich, que esta humilde agrupación tiene como bandera:

“En todas partes se cree como dogma económico que el capital extranjero es indispensable para el desarrollo de los recursos naturales, y nadie parece advertir que ese desarrollo hace rico a los extranjeros y deja más pobres que antes a los naturales; y que lo que se necesita es la organización interna del propio capital.”

Nace el 17 de enero de 1870, en San Nicolás de los Arroyos. Su padre, Juan Esteban, ha sido capitán del ejército español y vino a la Argentina radicándose en San Nicolás de los Arroyos.

Estudia en Rosario y luego ingresa como soldado al I de Infantería de línea y posteriormente, al Colegio Militar. Abanderado de éste último, egresa ocupando el primer puesto de su promoción como subteniente del arma de artillería, pasando después a la de ingenieros.

En 1903, junto con Enrique Mosconi, egresa como ingeniero civil de la Facultad de ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UBA. Una amistad indestructible nace entre ambos, que se afianzará en una comunión de ideales cuando vislumbran la dependencia económica del país y se comprometen ante sí mismos para redimirlo. Quizás sus primeras coincidencias surgen en las noches de vigilia en el campamento de Orán, donde ambos trabajan en la Comisión de estudio del Ferrocarril Central Norte (F.C.C.N.) que debía extender las líneas de la Sección Norte en Salta y Jujuy, convirtiéndose en su primer destino como ingeniero militar. Esta Comisión, integrada por ingenieros civiles, dibujantes e ingenieros militares, entre ellos el también capitán Enrique Mosconi, fue la encargada del tendido de líneas entre Perico y Ledesma (Jujuy) habilitada en 1904, y de proyectar el trazado entre esta y Oran (Salta).

En este orden de ideas, en 1911 cuando el entonces teniente coronel regresa de su instrucción en Alemania, se hace cargo del Batallón N° 5 de Ingenieros con asiento en San Miguel de Tucumán, donde cuenta en su plantel de oficiales a los subtenientes de ingenieros Manuel Savio y Benjamín Matienzo, recién egresados del Colegio Militar (31/12/1910). De modo que tanto el padre de la siderurgia nacional como el precursor de nuestra aviación, tuvieron en su formación la gran contribución de Alonso Baldrich, quien diría años más tarde “Como jefe alumbré a un general, Savio, y a un héroe, Banjamín Matienzo”.

En cuanto al tema hidrocarburífero, el debate sobre la nacionalización del petróleo creció gradualmente entre 1910 y 1927. En 1910 se publicó la obra seminal “El Petróleo”, por Jorge Newbery y Justino Thierry; que inspiró un proyecto de ley del diputado radical Carlos Melo en 1916, sin obtener resultados favorables. Al año siguiente el diputado del partido conservador Rodolfo Moreno propuso la misma ley, pero fue nuevamente rechazada. En 1919 y 1921, el presidente Hipólito Yrigoyen envió dos proyectos que resultaron bloqueados en el senado por la mayoría que ostentaba el partido conservador. Aún así la presencia del tema en discuciones públicas fue en aumento, por el trabajo de Manuel Ugarte y de José Ingenieros, que en 1925 apoyó la fundación de la Unión Latinoamericana.

Años antes, en 1916, Baldrich se había hecho cargo del Arsenal de Puerto Borghi, que condujo con eficiencia ejemplar. Su administración innova sobre todo en el trato con los obreros, a quienes procura vivienda y abaratamiento de los alimentos. Luego, en 1923, Mosconi lo designa administrador de los yacimientos petrolíferos de Comodoro Rivadavia. Allí, organiza y reglamenta los servicios, reduce, a la tercera parte del costo, el precio de los subproductos, así como el tiempo empleado en montaje de máquinas y torres, rebaja el costo de perforación y aumenta el rendimiento. Luego, se hace cargo de la Dirección General de Ingenieros. En esa época colabora con Mosconi en la lucha contra los trusts ingleses –Royal Dutch y Anglo Persian- y el norteamericano –Standard Oil-. La ofensiva en América Latina de la Standard Oil es cada vez más avasalladora, ya que su política se inscribe dentro de la mayor influencia que el capitalismo norteamericano pasa a ejercer sobre la Argentina. Mosconi libra, por entonces, una dura batalla legal para contener ese avance.

Desde su inmensa tarea en nuestra petrolera de bandera, Baldrich afirma:

“La industria petrolera estatal resulta esencial para promover el desarrollo industrial argentino, prevenir el dominio extranjero sobre el petróleo del país y garantizar la seguridad militar nacional.”

Ante la política imperialista de la Standard Oil, que ejercía una influencia avasallante en Bolivia, y buscaba expandirse a los yacimientos del Norte Argentino, Baldrich participó en la fundación de Alianza Continental en 1927, una organización liderada por Arturo Orzábal Quintana con el objetivo de promover una ley de nacionalización de los yacimientos petrolíferos. Durante ese año Baldrich recorrió el país dando discursos en Buenos Aires, Bahía Blanca, Córdoba, Rosario, Tucumán y Montevideo.

En febrero de ese mismo año, diserta sobre: “El petróleo: ¿Por qué desde hace 15 años no surge esa ley (de nacionalización del petróleo) que se pidió y por qué no se trata, por qué esa demora, no obstante haberse presentado catorce proyectos y tener cuatro de ellos a despacho de Comisión y por cuarta vez haberla pedido este Poder Ejecutivo?”.

En junio, reitera su tesis de apoyo a la Ley de Nacionalización Petrolera y a las limitaciones que debían imponerse a ciertas organizaciones internacionales que, como en Salta, tenían directa o indirectamente monopolizada la mejor zona de la provincia a través de ilícitos que incluían la contratación de abogados emparentados con el gobernador, la impartición de justicia por mano propia, y la enajenación ilegal de tierras. Baldrich publica artículos en los diarios La Nación y El Intransigente, logrando despertar gran interés por el tema. A raíz de sus filosas palabras contra el imperialismo invasor, Baldrich afirma que “la aspereza en el lenguaje es virtud, cuando se fustiga con indignación a la villanía”.

En esa época, Manuel Ugarte le escribe desde Niza: “Cuando recibí sus admirables y valientes trabajos sobre el problema del petróleo en la República Argentina adiviné las resistencias que debía levantar su actitud… Yo quiero a mi Argentina con el máximo cariño que se puede ofrendar a la Patria; y, lejos de hacerle injuria, creo, como usted, servirla en sus intereses finales denunciando los peligros que se ciernen directa o indirectamente sobre ella…”. Pero la patriada del general Baldrich resulta molesta al Ministro de Guerra, general Justo, que está enredado en conspiraciones para frustrar la reeleción de Yrigoyen. El futuro golpista retira a Baldrich del servicio activo del ejéricto por “exceso de edad”. El hecho motiva una imponente demostración de sus amigos, entre ellos Mosconi y el general Severo Toranzo.

En esos tiempos, así como en los actuales, era necesario para la lucha por la defensa del petróleo refrendar una Ley concebida y ejecutada de forma nacional. Esta anhelada Ley de Nacionalización del Petróleo tiene como cabeza el pedido de los generales industrialistas Baldrich y Mosconi quienes solicitaban la implementación de los siguientes puntos:

“Nacionalización de todo el combustible, Monopolio estatal de la explotación, Control estatal de la exploración, Monopolio estatal del transporte del combustible, Autonomía de YPF, Prohibición de transferir las concesiones.”

En setiembre de 1928, la Cámara de Diputados aprobó, con el voto mayoritario de la bancada yrigoyenistas, el proyecto de Ley de Nacionalización y Monopolio del Petróleo que disponía la expropiación de los yacimientos petrolíferos y sus correspondientes instalaciones en manos de particulares extranjeros. Se facultaba al Poder Ejecutivo a declarar la caducidad de las concesiones de cateo, indemnizando a sus beneficiarios. El Senado, entretanto, con mayoría conservadora, inmovilizó el proyecto de ley venido de diputados con media sanción. Al no tratarlo lo condenaba a morir. Por entonces, el 19 de diciembre de 1929, Baldrich es nombrado director del periódico “La Argentina” y desde allí denuncia al Senado que tiene inmovilizado el proyecto de ley. Asimismo, el 21 de diciembre, en primera página denuncia al senador Rudecindo Campos, apoderado de Leach, socio de Standard Oil: “Excusación improcedente”. Luego, publica un extenso informe: “La Alianza Continental frente a la Comisión Especial del Petróleo. La demora del Senado es deliberada”.

Poco después, insiste: “… ¡Alerta” transmitimos con voz de orden al país, porque lo amenazan de muerte los piratas que desean impedir la realidad magnífica de nuestra independencia económica que es una suprema aspiración y un supremo objetivo de los que aman a la Patria”.

El 6 de enero publica: “La defensa de la industria”. Allí afirma: “Es necesario dar a la industria elaborativa su verdadero significado económico y social. La usina que se levanta rinde beneficios a quien la mantiene, pero su influencia se diluye en todo el medio en que actúa. Da pan al obrero, tranquilidad a los hogares cuyos jefes se disciplinan en el trabajo, reduce las compras en el extranjero y pone en circulación fuertes capitales que salen al mercado bajo la forma de salarios y de compra de las materias primas…”.

El 19 de enero, en “La conspiración del silencio”, vuelve a denunciar la obstrucción de la mayoría del Senado. El día 25, en “El Senado no sancionará la Ley del Petróleo”, anuncia que han resuelto tratar todas las leyes incluidas en el mensaje del Poder Ejecutivo menos aquella. A Baldrich lo atacan, le dicen loco, quijote petrolífero. Él se defiende: “Los niños y los locos según la afirmación popular dicen la verdad…”. El 12 de abril, en “La palabra de América”, defiende la postura del presidente Yrigoyen en su conversación telefónica mantenida en la víspera con Mr. Hoover, presidente de los Estados Unidos: “Los órganos que representan una influencia yanqui en el país han censurado el mensaje del presidente Yrigoyen a Mr. Hoover. No es agravio para una Nación decirle que no se participa de sus puntos de vista… Bien ha hecho el presidente Yrigoyen de emitir los conceptos fundamentales que ha expresado, puesto que ellos son un Evangelio de Libertad…”. El 4 de mayo de 1930, el general Baldrich deja la dirección de “La Argentina” por problemas financieros, pero anuncia que seguirá abogando por la Ley de Nacionalización y Monopolio del Petróleo.

El 7 de septiembre de 1930 debían realizarse las elecciones en Mendoza y San Juan, teniendo el yrigoyenismo grandes probabilidades de ganar 6 senadores, con lo que se hubiese roto la mayoría conservadora en la Cámara alta y se hubiese logrado, acto seguido, la aprobación de la ley de nacionalización del petróleo, asegurando la exploración, explotación y transporte para el monopolio estatal. Lamentablemente, sólo un día antes, el 6 de septiembre de 1930, tuvo lugar el golpe de Estado.

Al producirse el golpe militar de Uriburu, Mosconi y Baldrich son detenidos. Puestos en libertad, no permanecen impasibles ante el vuelco total de la política petrolera llevada a cabo por YPF.
Ambos jefes son estrechamente vigilados. Uriburu les teme por su prestigio en el Ejército: a Mosconi los destierra a Europa mientras que a Baldrich lo confina en Bariloche, desde donde parte meses después para Paraguay y luego al Brasil hasta 1932, año en que Agustín Justo gana la presidencia en elecciones fraudulentas.

Luego, en 1934, Baldrich da una conferencia titulada “El problema del petróleo y la guerra del Gran Chaco”, donde hace referencia a los intereses de las compañías petroleras extranjeras y como culminan embarcando en una guerra a Bolivia y Paraguay.

En ese mismo año, 1934, el Congreso aprueba la Ley 12.103 que establece la Dirección de Parques Nacionales, Baldrich fue vocal de la misma hasta 1938 y luego director hasta 1940. Desde allí, apoyándose en dicha ley para solicitar recursos, se desvela para argentinizar la Patagonia, muy conocida por este “general del Pueblo” en su acción en el yacimiento fiscal de Comodoro Rivadavia. Teniendo en cuenta que radicar gente es la primera condición y la segunda industrializarla, esboza un revolucionario programa:

“¿Qué debemos hacer para argentinizar la Patagonia? … Continuando el plan del Superior Gobierno de la Nación, destacar más unidades del ejército … Creación de escuelas con internado y programa regional con talleres y chacras, defendiendo a la niñez de la desnutrición y los inconvenientes de las distancias … [enviar colonos] dándoseles no sólo la tierra, sino que también la vivienda y los implementos de trabajo, constituyendo y acrecentando los núcleos de población capaces de abastecer zonas de consumo. Proteger ampliamente ese trabajo en lo técnico y lo económico. Completar la red caminera, propuesta por la Dirección de Vialidad. Prolongación de las líneas ferroviarias. Tarifas de fomento, sin vista a la ganancia o al dividendo. Orientación de los argentinos hacia la vida y la industria del mar. Puertos libres y controlados para artículos de consumo, a fin de abaratar la vida, excluyendo artículos de lujo… Funcionamiento del Registro Civil y enrolamiento de votantes, lo que suprimirá irregularidades perjudiciales para el país. Designar gobernadores y jueces de paz a vecinos arraigados. Votar más recursos a la Dirección de Parques Nacionales a fin de que intensifique y amplíe su acción nacionalista y de progreso con vista al turismo, y que le asigna la ley de su creación, como ser: construcción de caminos, puentes, escuelas, líneas telegráficas y telefónicas, muelles, puertos, desagües, hospitales, construcción de hoteles, funiculares, estaciones de servicio para automóviles, control de tarifas de las empresas de servicios públicos…”

En los años previos a su fallecimiento se retira a la vida privada y es espectador de lujo de la batalla por la siderurgia nacional que libra un discípulo suyo, el general Savio. Alonso Baldrich pasa a la inmortalidad en Buenos Aires a la edad de 86 años, un 24 de agosto de 1956. Este soldado de la causa nacional deja un legado de su lucha y pensamiento inquebrantable en defensa de los recursos naturales y en pos de la industrialización del país.

Fuentes:
Lopa, Ricardo Alberto – Coord. Galasso, Norberto. Los Malditos Vol. I. Pág. 131.. Ed. Madres de Plaza de Mayo
Larra, Raúl. El general Baldrich y la defensa del petróleo argentino. Ed. Mariano Moreno

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