Torres, José Luis

JOSÉ LUIS TORRES (1901 – 1965)

Nace en Tucumán, el 21 de enero de 1901. Su vida se halla signada por una permanente lucha, que se inicia muy temprano: a los diecisiete años, fuertemente influido por el anarquismo, participa en una huelga azucarera y va a la cárcel. Desde el comienzo, enfrenta a la injusticia y a los intereses más poderosos de la Argentina: “En Salta y Jujuy, fui director de un diario obrero de un ingenio… siempre agitando rebeldías. Milité contra la oligarquía azucarera y el capital extranjero”. En esa época incursiona en la literatura, publicando “Almas enfermas”, donde también se observan las influencias ácratas. Aprende en la acción y no habiendo realizado estudios importantes, su autodidactismo se completa con la experiencia de la vida.

Así se va haciendo periodista y como tal visita Salta y Jujuy en 1928, primero en compañía del socialista Juan B. Justo y luego, de un militar, Enrique Mosconi. Allí comprueba el enorme poder de la Standard Oil y las conversaciones con Mosconi le resultan decisivas: a partir de ese momento, se aleja de sus inquietudes anarquistas de la adolescencia y se define partidario del nacionalismo militar que, con diversos matices, mantendrá hasta su muerte.

En 1932, realiza su única experiencia en funciones oficiales. El gobernador Juan Luis Nougués, con quien traba relación como periodista de “El Orden”, lo lleva como ministro. Nougués se halla enfrentado al Centro Azucarero y asume posiciones populares. Torres, desde su cargo, enfrente a la Compañía Hidroeléctrica de Tucumán, de capitales ingleses y asimismo, promueve una ley impositiva contra la oligarquía azucarera tucumana, pero en 1933 se produce la intervención federal, dando fin a su único y breve paso por un puesto público.

Poco después, en 1936, se traslada a Buenos Aires, desempeñándose como periodista en la revista “Ahora”. Allí consolida su posición antiimperialista, a veces, relacionándose con hombres del nacionalismo democrático (Scalabrini Ortiz) o también con representantes del nacionalismo de derecha (los hermanos Irazusta). Hacia 1938, se declara nacionalista, dirigista y estatista. El grado de entreguismo y corrupción de esa época lo indignan y arremete con varias denuncias.

En 1940, denuncia el negociado de las Tierras del Palomar, adquiridas por el Ejército a un intermediario a valores escandalosamente altos en relación al que éste ha pagado por su compra a particulares. Las escrituras de ambas operaciones son simultáneas pero, por error del escribano, en la primera el intermediario vende al Estado lo que aún no ha comprado y en la segunda escritura, recién se registra su compra a los particulares. Efectuada la denuncia en el Congreso Nacional por Benjamín Villafañe, asesorado por Torres, quedan comprometidos en el negociado altos funcionarios del gobierno incluido el ministro de Guerra, General Márquez.

En 1941, redobla esfuerzos para que el país no ingrese a la Segunda Guerra Mundial y enfila además su artillería crítica contra el régimen conservador, entendiendo que la crisis es muy profunda y afecta a toda la dirigencia política por lo cual estima que los militares nacionales deben dar la solución. Con ese propósito, lanza tres folletos: “A las Fuerzas Armadas de la República”, “Carta del General Juan Bautista Molina a la Alianza de la Juventud Nacionalista” (redactada por Torres) y “La Nación debe ser salvada, mensaje de un argentino asustado y con angustias, al ciudadano que preside la República”. En los tres está su pluma combatiente, aún en el segundo, firmado por el general Molina. “En los tres documentos- afirman Campi y Bravo de Salim- sostiene la necesidad de un gobierno fuerte con apoyatura popular, para realizar un programa de ‘liberación económica’, ‘justicia social’ y ‘soberanía política’, sobre la base de la defensa de la neutralidad”. Estos documentos pueden considerarse el anticipo del golpe militar del 4 de junio de 1943. Allí sostiene también la necesidad de la nacionalización de los ferrocarriles ingleses y el desarrollo industrial.

En la misma época, presenta una denuncia contra la familia Bemberg, por defraudación del impuesto a la herencia. El grupo financiero Bemberg ya ha intervenido en un negocio sumamente dudoso –la conversión de la deuda pública de la provincia de Buenos Aires- que Torres ha denunciado, años atrás, como un ‘regalito’ que le había brindado el ministro de Hacienda, Federico Pinedo. Asimismo, dicho grupo burlaba las disposiciones antitrust ejerciendo el monopolio en el mercado de la cerveza. Ahora, con motivo del fallecimiento de uno de los prohombres de esa familia, han presentado una misérrima declaración de bienes, evadiendo así el impuesto a la herencia que les corresponde abonar con destino al Consejo de Educación. Pero esta vez, Torres no consigue el apoyo parlamentario. En Plena soledad, comienza así una batalla que dura increíblemente treinta años en la justicia, convertido Torres en “la maldición” de los Bemberg y a su vez convertido él, por los Bemberg y otros grandes poderes de la Argentina semicolonial, en un francotirador “maldito”, con enormes dificultades para hacer oír su voz.

De su propio patrimonio y con la ayuda de algunos amigos publica entonces, en 1942, “Algunas maneras de vender a la Patria”, con el subtítulo: “Datos para la autopsia de una política en liquidación”. En ese libro, denuncia a los Bemberg como poderoso consorcio que controla 19 empresas, desde el monopolio de la cerveza, hasta yerbatales (SAFAC) en Misiones, desde la bebida Bilz, Estancias Santa Rosa y Algodonera Argentina hasta CICA (Crédito Industrial y Comercial de la Argentina), importante poder financiero. Se refiere, en especial, a la defraudación al fisco en las sucesiones de Otto Bemberg y Josefina Elortondo de Bemberg. Otra de las maneras de vender a la Patria resulta del negociado de la empresa CADE, en 1936, cuando se le renuevan las concesiones eléctricas, faltando quince años para su término, negociado que Torres relata minuciosamente. En el mismo libro, reseña también el negociado de las Tierras del Palomar. Tiempo después, cuando se conocen las actas secretas del GOU se comprueba que ese grupo de coroneles aconseja la lectura de este libro de Torres.

Precisamente, son estos militares los que dan el golpe del 4 de junio de 1943, que despierta en Torres –y también en la ciudadanía- enormes expectativas. Publica, entonces, el 20 de julio “Los perduellis”, donde reproduce su folleto dirigido a las Fuerzas Armadas, como así también su carta interpelando al ex-ministro Cullaciatti, por su mal desempeño y vinculaciones con poderosos intereses económicos. Asimismo, amplía allí su denuncia contra el grupo Bemberg.

Analiza cuidadosamente los primeros pasos dados por el gobierno militar. Mantiene influencia sobre algunos oficiales, pero entiende que no se cumplen los objetivos y lanza sus críticas, el 20 de noviembre de 1944, en un folleto titulado “Consejeros de la antipatria”. Manifiesta allí que antes del 4 de junio “reinaba la antipatria” y que tuvo esperanzas, a partir de ese día, pero que “ahora el gobierno acepta en la Comisión de Postguerra, como asesor, a Mauro Herlizka, del trust Electric Bond & Share, y al vicealmirante Galíndez, como ministro de Obras Públicas, que es hombre de la CADE… y también está en funciones de gobierno García Victorica, hombre de Bemberg”. También le envía una carta al coronel Perón manifestándole su disidencia, en tanto los personeros del capital extranjero gozan de la simpatía de los militares gobernantes.

En 1944, publica el folleto “La economía y la justicia bajo el signo de la revolución”, presionando así para enderezar el rumbo de un gobierno que estima no cumple sus objetivos. Poco después, en 1945, publica “La década infame”, dando nombre al período siniestro de los años treinta y formulando críticas al gobierno porque aún no se han recuperado los bienes del país, entregados por aquellos “prohombres”, ni tampoco se ha puesto presos a los responsables de una larga historia de latrocinios que él bien denunciando desde años atrás.

En 1946, lanza “Una batalla por la soberanía”, denunciando a las Actas de Chapultepec como instrumento imperialista destinado a colocarnos en condición colonial y exige a los legisladores que no aprueben la adhesión de la Argentina, pues significaría una claudicación.

Hasta ese momento, parece decepcionado por la política de los oficiales gobernantes, pero en “La Patria y su destino”, publicado en 1947, su posición es más comprensiva y reflorece su esperanza. En 1948, el gobierno presidido por Perón le retira la personería a 42 sociedades del grupo Bemberg, medida que le prueba que se están viviendo tiempos distintos. Asimismo, entre 1949 y 1950, el grupo Bemberg es golpeado duramente en sus intereses por el gobierno peronista: la justicia le aplica una multa de 97.257.254 pesos moneda nacional y el gobierno de la provincia de Buenos Aires le expropia el campo “Los Manantiales” de Chascomús y la fábrica de quesos, propiedad de la subsidiaria, Santa Rosa Estancias, por un total de casi 8.000 hectáreas.

El nacionalista José Luis Torres evoluciona entonces hacia el peronismo, en 1949. Lo expresa en su libro “Seis años después”: “… Tengo el inmenso privilegio de asistir al triunfo de las ideas que seguí en mi vida, desde mi primera juventud. Se nacionalizó el Banco Central, recobrando de esa manera los argentinos el manejo de la economía; se quitó a Bunge y Born, a Dreyfus y demás agencias hebreas la mercantilización de las cosechas argentinas… se arrebató de las manos ávidas de Bemberg el manejo discrecional del crédito público, se nacionalizaron los ferrocarriles que en manos foráneas eran un formidable instrumento de dominio político, se nacionalizaron los teléfonos… se esclareció la verdad sobre la evasión de impuestos de Bemberg… Viajando hacia el interior, he visto ocupar los trenes llamados de lujo y los aviones, reservados antes para uso de los grandes oligarcas, a los hijos del pueblo, con inmensa alegría he visto llenar los comedores del centro de Buenos Aires a trabajadores argentinos, allí donde ni por casualidad, podía verse ‘un cabecita negra’… He asistido, pues, al abatimiento del privilegio y a la redención de los humildes… Aquello (los años ’30) era la noche. Ahora, estamos viviendo la aurora”.

Fuente: NORBERTO GALASSO – LOS MALDITOS – VOLUMEN I – PÁGINA 167. Ediciones Madres de Plaza de Mayo


Sus obras “Los Perduellis” y “La Oligarquía Maléfica“, disponibles para descargar desde nuestra Biblioteca Digital