Guglialmelli, Juan Enrique

JUAN ENRIQUE GUGLIALMELLI (1917 – 1983)

Nacido en San Martín, Provincia de Buenos Aires, en 1917. Hombre de carrera militar, político y defensor del patrimonio nacional.

Entre 1958 y 1959 está a cargo de la Secretaría de Enlace y Coordinación de la Presidencia de la Nación. En 1963, es Comandante de la VI División de Infantería de Montaña, y un año después director de la Escuela Superior de Guerra. En marzo de 1964, en el discurso de inauguración de sus cursos reivindica a Baldrich y Mosconi en la defensa de nuestro petróleo, al igual que a Savio y la siderurgia. Las Fuerzas Armadas deben estar al servicio de la política nacional, entendida esta como la promoción del “desarrollo económico social, en la profundidad de sus estructuras, a través de las industrias pesadas y de otros factores básicos, y mediante las obras de bien público; estimular la investigación científica y técnica; acrecentar nuestros valores espirituales y culturales; y respetar la Constitución Nacional y al poder legal y legítimamente constituido”.

En 1965, es nombrado Jefe del Estado Mayor del Comando de Institutos Militares. Hasta que en junio de 1970 es designado secretario del CONADE (Consejo Nacional de Desarrollo) donde se enfrentó a las políticas liberales del ministro de economía Moyano Llerena. Guglialmelli propone, otra vez, una política industrialista con medidas como aumentos masivos de salarios, desgravaciones impositivas y protección a la empresa argentina, así como también sugiere la nacionalización de los depósitos bancarios. El 3 de noviembre de ese año renuncia al cargo denunciando la acción de los monopolios internacionales. A partir de esta experiencia publica su libro “120 días en el gobierno”.
En 1971 ya es General de División retirado. Funda el Instituto Argentino de Estudios Estratégicos y Relaciones Internacionales. Publica la revista “Estrategia”. Desde allí defiende nuevamente el proteccionismo industrial. En abril de 1971, insiste y denuncia la extranjerización de la economía a consecuencia de la política de Krieger Vasena, y da a conocer una declaración en la que advierte sobre la situación de retorno a la “década infame”: “El proceso de desnacionalización de empresas prosigue a despecho de la grita antimonopolista y de las invocaciones presuntamente nacionalistas”, denunció el modelo económico de apertura y “de competencia exterior como estímulo a la ‘eficiencia’” que conlleva la decadencia económica del “empresariado nacional que soportó y soporta la feroz ofensiva de los monopolios”, y por el cual “los sectores obreros y de la clase media dependiente, ante el deterioro de sus ingresos reales no tendrán otro camino que el de la violencia”. Defiende los “recargos aduaneros” y el poder nacional de decisión. Y alerta sobre el regreso del régimen y el contubernio y una nueva Unión Democrática que, con maniobras intenta que se “margine al pueblo o desconocer la existencia del peronismo y de su jefe Juan Domingo Perón”. “Al acuerdismo y al contubernio, hay que oponer la alianza de todos, de los hombres, de las mujeres y de los jóvenes, que están empeñados en la liberación social y la independencia nacional de nuestro pueblo”.

Defensor de una geopolítica nacional que revalorice el territorio, el sector energético y la minería, ambos vinculados al desarrollo industrial, “rubros básicos del potencial económico”, en contradicción con el sistema vigente de producción agropecuaria de la pampa húmeda, con las comunicaciones centradas en Buenos Aires y el “poder político controlado por los intereses agro-importadores”, y de “acentuada dependencia foránea”.

Su nacionalismo económico, la defensa del patrimonio nacional, de la industria, la distribución de la riqueza y el desarrollo integral de la sociedad, sus preocupaciones por la liberación nacional y su consecuente crítica y denuncia de las políticas económicas liberales y la extranjerización del país, así como su oposición a cualquier uso de las fuerzas armadas como instrumento de represión contra el pueblo, le merecen el reconocimiento de los argentinos.

Fuente: N. GALASSO Y JAVIER AZZALI – LOS MALDITOS – VOL. III – Pág. 124. Ediciones Madres de Plaza de Mayo