Fernández, Avelino

AVELINO FERNÁNDEZ (1923 – 2004)

Nace en bueno Aires, el 11 de mayo de 1923. Transcurre su infancia en los alrededores de Parque Chacabuco, en una familia obrera. Desde 1943, se desempeña como operario en la fábrica Tejeduría Mitre, perteneciendo a la nueva generación de sindicalistas que se inicia con el peronismo. En 1948, a los 25 años, es miembro de la comisión interna de esta empresa hasta 1953, cuando el establecimiento cierra por quiebra. Ingresa entonces en la fábrica de estufas y calefones “Volcán” y al poco tiempo, en 1954, es designado, por sus compañeros, delegado de sección. Al año siguiente, 1955, siendo miembro de la comisión interna, se produce el golpe militar y la consiguiente represión al movimiento obrero. El peronismo se lanza “a la resistencia” y él ocupa, desde el vamos, un lugar destacado.

Su sindicato –la Unión Obrera Metalúrgica- es intervenido por la dictadura aramburista. No obstante, en noviembre de 1956, se reúne un plenario de delegados y se declara la huelga. En condiciones muy adversas, los trabajadores metalúrgicos se mantienen durante 40 días, constituyendo una de las primeras experiencias gremiales bajo el gobierno de facto. Al año siguiente, 1957, la intervención convoca a elecciones y él obtiene apoyo de sus compañeros convirtiéndose en secretario general de la UOM Capital.

En agosto del ’57, el interventor en la CGT convoca a un congreso normalizador de la central obrera, en la convicción de que el antiperonismo podrá prevalecer en él. Pero cuando se produce la reunión –en setiembre- los delegados contrarios al peronismo resultan minoría, por lo cual deciden retirarse. Los gremios controlados por el peronismo, con apoyo de algunos gremialistas comunistas, constituyen las “62 organizaciones”, proceso en el cual Avelino Fernández participa activamente. Por entonces, ya se define su personalidad como la de un sindicalista honesto, combativo, consagrado por entero a defender los derechos de sus compañeros.

En diciembre de 1958, el gremio metalúrgico es convocado a elecciones en todo el país. En esa ocasión, puede postularse a elecciones Augusto Timoteo Vandor –inhabilitado en los últimos años por el gobierno de Eugenio Aramburu, en razón de haberse desempeñado como sindicalista en la etapa anterior al 16 de setiembre de 1955-. Dada esta situación, Fernández procede con gran generosidad cediendo su postulación como Secretario General a Vandor. Producida la elección, Vandor triunfa y pasa a desempeñarse como secretario general y Fernández ocupa la secretaría administrativa.

En 1959, es designado integrante del Consejo Coordinador del Peronismo. En enero, cumple un rol importantísimo en el apoyo a la huelga declarada por los trabajadores del Frigorífico Municipal Lisandro de la Torre, enfrentados a la privatización que impulsa el gobierno de Frondizi, según su convenio con el FMI.

A fines de 1960, participa con Armando Cabo y otros sindicalistas peronistas en un intento insurreccional, con intervención de militares retirados como el General Miguel Ángel Iñiguez. Producido el levantamiento en Rosario, el gobierno de Frondizi logra sofocarlo.

De esta manera, tanto en la acción gremial, como en la acción política, Avelino continúa en una política de “resistencia” ante los gobiernos que se suceden, ilegítimos en tanto que el peronismo permanece sujeto a proscripción. Esa lucha se expresa, entre 1963 y 1964, a través de operativos de “ocupación de fábricas” por sus trabajadores. Este método de lucha exige una cuidadosa planificación, articulando a las distintas seccionales del país, de distinto gremios, responsabilidad que en gran medida está a su cargo, como secretario gremial de la CGT. Ese Plan de Lucha de la CGT, con tomas de fábricas, constituye una de las acciones que han quedado registradas más hondamente en la historia del movimiento obrero argentino, como así también ha quedado en el recuerdo de los sectores empresarios sumamente atemorizados. Un gremialista metalúrgico señala que “desde su puesto, en la secretaría Gremial de la CGT, Avelino fue el pilar para llevar adelante esa lucha de los trabajadores”.

El 30 de junio de 1969, un grupo comando ultima a Vandor, en la sede metalúrgica de la calle Rioja. Avelino, secretario adjunto, toma a su cargo la conducción de la UOM Seccional Capital. Es el hombre indicado, por su límpida y combativa trayectoria, para ocupar el cargo de secretario general de la UOM a nivel nacional. El general Perón, desde Madrid, avala esa designación. Pero el gobierno del general Onganía observa con desagrado la posibilidad de ese encumbramiento, cuando, por otra parte, aumenta la hostilidad por parte de la CGT de los Argentinos, liderada por Raimundo Ongaro. Entonces, con la complicidad de un grupo de burócratas (Izzetta, Rachini, Roqué y otros) se arma un asalto a la seccional Capital, en marzo de 1970, ocasionándose disturbios que constituyen la excusa necesaria para que el Ministerio de Trabajo y el grupo metalúrgico adicto a Lorenzo Miguel, sancionen la expulsión de Avelino Fernández y un grupo de compañeros leales.

Lorenzo Miguel pasa a conducir la UOM y Avelino queda desplazado, siendo inútiles las gestiones para reparar esa injusticia. Después de varios años de manejar un sindicato de importancia como el metalúrgico, vuelve, en abril de 1970, a su antiguo lugar de trabajo –“la empresa Volcán”- como pulidor, hecho poco común, que los burócratas no acostumbran a realizar. Asimismo, incursiona en la acción político, junto a otros gremialistas combativos, bregando por el regreso de Perón, con posiciones cercanas a las de la Juventud Peronista.

En “Volcán”, se desempeña hasta agosto de 1980, en que una nueva maniobra de la burocracia sindical –que teme su vuelta- provoca su despido, después de más de 20 años de antigüedad en la empresa. Con esta medida se quiere impedir su presentación a elecciones del gremio, que podría ganar, dado su prestigio.

Cerca ya de los sesenta años, Fernández ingresa a “Calefones Universal”. Por entonces, vive con su esposa y el resto de su familia en un barrio popular: el Barrio de la Carne, de la localidad de Wilde, provincia de buenos Aires, donde su hermano ha adquirido una casita por medio del Banco Hipotecario y se la facilita en préstamo. En 1984, al recuperarse el juego de la democracia formal, Avelino arma una agrupación: “Conducta Sindical, lista Celeste” para disputar la conducción del gremio a la burocracia miguelista. Los recursos con que se cuenta son escasos, pero su trayectoria constituye toda una garantía de honestidad y auténtica representación de los trabajadores. Apenas creada, la nueva lista obtiene candidatos a delegados en varias fábricas, inicialmente en Benito Roggio, Piazza y Decker, luego en Atma, Camea, Volcán y Phillips. Pero inmediatamente estos candidatos a delegados son hostigados por la patronal, en connivencia con Miguel que viene triunfando en las elecciones de los últimos años a través de la lista única. En varios casos, son despedidos antes de las elecciones: “Conducta Sindical” reitera su denuncia del pacto sindical-patronal dirigido a montar un gigantesco fraude burlando a los trabajadores en las próximas elecciones del gremio. En la empresa Piazza fueron despedidos los compañeros Gómez y Valdez, candidatos a delegados surgidos de las bases. Se impide así la gestación de listas opositoras, al igual que en otras empresas que ya hemos denunciado. ¡Basta de fraudes! Los metalúrgicos deben luchar por una auténtica democracia sindical, con candidatos libremente elegidos, voto directo y secreto”. El oficialismo apela, entonces, a otra maniobra: sostiene que Avelino Fernández, en su tarea en “Calefones Universal”, actúa como supervisor, por lo cual no pertenece a la UOM sino a ASIMRA. De este modo, Marcos y Martínez, hombres de Miguel, pretenden ilegitimar la candidatura de Avelino. El 23 de julio de 1984, Avelino denuncia estas maniobras en “La Razón” y “Clarín”, imputando además, complicidad al ministro Cascella en particular y en general al gobierno radical, que si bien critica teóricamente a los burócratas, los prefiere antes de verse obligado a tratar con un dirigente honesto y combativo. El mismo Avelino se presenta en la puerta de su antiguo trabajo “Volcán” –para repartir la propaganda de “Conducta Sindical”-, cuando un grupo de matones de la UOM lo agrede, impidiéndole cumplir esa tarea. Luego de infructuosos esfuerzos para lograr un ámbito donde fuese posible competir honestamente en las elecciones, “Conducta Sindical” denuncia al “miguelismo”, a la patronal metalúrgica y al ministro de Trabajo, por su connivencia dirigida a perpetuar la conducción que se apoderó del gremio en 1970. Luego, explica las diversas razones por las cuales debe retirarse de la contienda y una vez más, la lista única impone a los hombres del oficialismo.

Se jubila hacia 1993, cuando ya ha cumplida setenta años, percibiendo un haber mínimo -$ 180- que lo obliga a continuar trabajando, en la misma empresa, durante algunos años más. En esa época, no ceja su militancia. Siempre proponiendo reuniones sindicales y políticas, siempre preparando declaraciones e incluso participando, a pesar de su deteriorada salud, en algunos actos. Se manifiesta tajante opositor al menemismo y a la dirigencia conciliadora del partido justicialista, al tiempo que apoya los esfuerzos de Germán Abdala y Víctor De Gennaro dirigidos a consolidar la CTA, en pro de un proyecto sindical democrático y participativo.

Ya enfermo, en sus últimos años, se comunica telefónicamente con los amigos, convocándolos a juntarse, a generar un documento planteando las posiciones nacionales y populares, no sólo en el orden sindical sino también en el político.  Fallece el 23 de abril del 2004, cuando estaba próximo a cumplir los 81 años.

Por supuesto, en esa campaña reaccionaria que, basándose en la degradación de algunos sindicalistas, intenta sustentar la idea de que “todos los gremialistas son corruptos”, el ejemplo de Avelino como así también de Armando Cabo, de Sebastián Borro y tantos otros, queda sujeto al mayor silenciamiento.

Fuente: NORBERTO GALASSO – LOS MALDITOS – VOLUMEN I – PÁGINA 80. Ediciones Madres de Plaza de Mayo