Vallese, Felipe

FELIPE VALLESE (1940 – 1962)

Nace en Buenos Aires, en el barrio de Flores, el 14 de abril de 1940. Su padre es un inmigrante italiano que ha llegado a la Argentina en 1925.

Desde 1958, se desempeña como obrero metalúrgico en la fábrica TEA SRL. Por su espíritu solidario y su responsabilidad, en 1962, es elegido delegado por sus compañeros. Pero su mayor dedicación reside en la política: “Integra la mesa de la Juventud Peronista y es un activo militante”. Está casado y es padre de una criatura de dos años: Eduardo Felipe.

En un confuso episodio –el 7 de julio de 1962- mueren dos policías en un tiroteo con desconocidos, pero le imputan la responsabilidad a Alberto “Pocho” Rearte, amigo y compañero de militancia de Vallese. A partir de ese momento, la policía está decidida a “vengar” a su agente y buscan a Rearte e inclusive a Vallese, por conocerse su militancia en común.

Persiguiendo ese objetivo, realizan un operativo, el 23 de agosto de 1962, por la noche. Felipe sale de su domicilio –Morelos 628- y al poco trecho, es atacado por varios policías. Se resiste y da una dura pelea, abrazándose a un árbol, frente al número 1776 de la calle Canalejas, pero finalmente lo reducen y lo secuestran. La misma policía procede luego a la detención de cinco personas, familiares y amigos suyos.

En los días siguientes, se reclama la libertad de los detenidos, a través de un habeas corpus y diversas gestiones realizadas desde la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). A la semana, se informa que varias personas habían sido detenidas “en la localidad de José Ingenieros, por difundir propaganda peronista” y que ahora son puestas en libertad, pero no así el joven Vallese, respecto al cual la policía niega que haya sido detenido y afirma que desconoce su paradero.

Con posterioridad, logra reconstruirse parcialmente lo sucedido estimándose que después del secuestro fue llevado a la comisaría 1º, de la localidad de San Martín y luego a la seccional de Villa Lynch, donde es torturado hasta que pierde la vida. La información de su presencia en esas comisarías proviene de testimonios de otros presos con los cuales logra comunicarse, pero luego ya no se obtiene ninguna noticia sobre su destino. Nunca más se conocerán noticias sobre él. Es el primer detenido-desaparecido. El mayor silencio cae sobre lo ocurrido, inclusive de gran parte de la burocracia gremial conciliadora a la cual no le interesa rescatar a un militante de los sectores juveniles del peronismo.

Fuente: NORBERTO GALASSO – LOS MALDITOS – VOLUMEN I – PAGINA 125. Ediciones Madres de Plaza de Mayo