Abdala, Germán


GERMÁN ABDALA (1955 – 1993)

Nace en Santa Teresita, provincia de Buenos Aires, el 12 de febrero de 1955. “Mi viejo era comerciante, como mi abuelo, como todos los turcos… En Santa Teresita comencé la escuela, hice hasta segundo grado, luego pase al instituto Vernié, de San Clemente y eso fue hasta 1967”. En 1968, ingresa a la escuela secundaria, en el Colegio Manuel Belgrano –ya en Buenos Aires- y allí cursa hasta 1972, llegando hasta quinto año, pero no se recibe pues no rinde los exámenes de las materias que le restan. Ya por entonces, milita en una villa de Parque de los Patricios y en otra de Barracas. Al mismo tiempo, se vincula a la agrupación peronista “Amado Olmos”, enrolada en la CGT de los Argentinos (CGTA).

En 1975, ingresa como pintor en los Talleres de Minería del Estado y poco después, ya milita sindicalmente. Por entonces, estrecha amistad con Víctor De Gennaro. A fines de 1977, ambos logran, con la participación de quince seccionales del interior y capital, formar la agrupación ANUSATE, para combatir a la burocracia que controla la dirección de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), cuya expresión máxima es Juan Roberto Horvath.
Luego de una denodada lucha, Germán y Víctor logran recuperar el gremio derrotando a Horvath, en 1984. Se produce así la recuperación histórica de ATE, la primera gran victoria contra la burocracia cómplice de la dictadura militar. Germán es elegido secretario general de ATE, seccional Capital. Aún no ha cumplido los 30 años pero no se envanece del triunfo y por otra parte, comprende rápidamente el techo de la lucha sindical, por lo cual se lanza también a la lucha política. Entiende que es necesario rescatar las banderas históricas del peronismo, traicionadas por muchos dirigentes. Por eso, en 1985, junto a Carlos “Chacho” Álvarez, funda el Movimiento Renovador de la Capital Federal, dirigido a democratizar y reconstruir la dirigencia del Movimiento.

En lo sindical, integra “los 25 gremios” y en lo político, el MUSO (Movimiento de Unidad y Solidaridad). En esas dos tareas aplica sus fuerzas, aunque ya se halla preso del cáncer, lo cual motiva una primera operación.

En 1987, responde a un reportaje que se publica como “Cuaderno” de la revista “Crisis” (segunda época). Allí sostiene, entre otras cosas: “La parte más despiadada, mas alevosa, fue la del proceso con Martínez de Hoz, la etapa racional es ésta, que continúa ahora: democracias formales con continuidad de la dictadura económica. Libertades individuales, pero no colectivas; seguridad personal, pero no seguridad social, con un programa económico asentado sobre las mismas bases, privatizaciones, endeudamiento y renegociación del endeudamiento y la misma política de precios y salarios y de reducción del gasto”. Con respecto al Estado, declara: “Los liberales nos suelen acusar de estatistas. Un día, Neustadt me llamó el último estatista. Para la estrecha concepción de ellos somos estatistas, porque nosotros decimos: el Estado tiene que ser más fiscalizador, programar más, dirigir más e incidir más en áreas que son clave en la economía argentina. ¿Cómo puede ser que tengamos un noventa por ciento de los yacimientos mineros tapados, ni siquiera los minerales que necesitaríamos para producir insumos? Necesitamos un Estado que resuelva estos problemas, ellos lo llamarán ‘benéfico’, nosotros le llamaremos un Estado con rol social, un Estado popular, un Estado al servicio de las mayorías”. En cuanto a la situación del peronismo, define: “Acá se agotó un modelo de desarrollo. El modelo de empresarios buenos, obreros anticomunistas y militares nacionalistas, que posibilitaba toda la conexión de ‘arreglo dentro de casa’, en donde se distribuía la riqueza y llegamos a participar en el 51 por ciento en la distribución del ingreso. Ya no es más posible. Los empresario demostraron que nunca fueron buenos, como clase, la burguesía demostró falta de conciencia, se reveló especuladora, individualista, incapaz de compartir el más mínimo proyecto, ni siquiera de transición. Los militares se quedaron en su mentalidad fascista de país dependiente anti-imperio inglés y quedaron parados ahí…, y los trabajadores nos hemos quedado añorando una etapa donde peleando con el patrón o con el gobernante conseguíamos cosas, el sueño de los 15 ahora. Este sueño dura poco porque no hay realidad económica que lo sustente. Está agotado un modelo de desarrollo económico y hay que inventar otro… Algunos hablan del agotamiento para decir que la única vía es la aplicación de las recetas neoliberales… También se dice que el peronismo nunca rompió el capitalismo, que en última instancia fueron reformulaciones populares, revolucionarias en algunos casos y para otros, fueron populistas, pero redefiniciones dentro del mismo marco capitalista. Nunca se llegó a tocar la raíz, pero nosotros decimos que no pudimos, que nuestra intención era tocarla… Ahora, lo que está faltando en el peronismo, en el conjunto del campo popular, en las izquierdas, es una estrategia de poder que vuelva a ser capaz de expresar a los sectores populares… Uno de los problemas de la estrategia de poder es que no tenemos modelo económico que ofrecer, real… Nosotros vamos a defender esta democracia, haciendo la aclaración de que para nosotros la democracia no es un punto de llegada como para los liberales y para el gobierno que la ve como sistema rígido y cosa acabada. Para nosotros, la democracia es un punto de partida, que depende de la correlación de fuerzas. Si los sectores populares tienen más fuerza, más organización, más propuestas, esta democracia va a ser más popular, va a ser transformadora, va a ser social”.

En 1988, Germán es ratificado como secretario general de ATE seccional Capital, por otros cuatro años. En 1989, es electo diputado nacional por el Partido Justicialista, para el período 1989-1993. En su gestión parlamentaria, se coloca en posición crítica a la política de Menem, quien ha traicionado el programa electoral de “Salariazo y Revolución Productiva”. Abdala se define contra las privatizaciones, contra la Ley de Reforma del Estado y de Emergencia Económica. Consigue la aprobación de la Ley de Convenciones Colectivas para Trabajadores del Estado. En 1990, ante el indulto del Poder Ejecutivo a los generales genocidas, constituye “el Grupo de los Ocho”, separándose del bloque justicialista. Asimismo, renuncia a los cargos partidarios y a la afiliación al Partido Justicialista.

Su dolencia se agrava y debe someterse a nuevas intervenciones quirúrgicas. En una conferencia dada en 1991, afirma: “Sostuvimos antes la necesidad del pacto social, la creación de la comunidad organizada… Pero, ahora, ¿con quién el pacto social? ¿Con Pérez Companc? ¿Con Macri, acaso?…”. Por entonces, junto a De Genaro, se aboca a la construcción del CTA (Congreso de los Trabajadores Argentinos) sosteniendo la necesidad de un nuevo modelo sindical, democrático y antiburocrático.

El 13 de junio de 1992 declara que “el peronismo disidente y el Grupo de los Ocho han cumplido una etapa… No fuimos capaces de generar una oposición desde adentro. Quisimos ser la conducción del verdadero peronismo, pero hemos perdido. El peronismo que intentábamos expresar es ya solo un dato histórico, como puede ser cuando nos referenciamos con San Martín, Artigas, El Chacho, Yrigoyen, Evita y Perón… Hay que construir una nueva alternativa popular… Un nuevo partido o frente que rompa con el bipartidismo. ¿Cómo hacerlo? Con diversos sectores políticos y organizaciones sociales”. En 1992 es elegido por tercera vez consecutiva como secretario general de ATE Capital.
En noviembre del mismo año, se realiza el Primero Congreso del CTA en Parque Sarmiento. Debilitado por la enfermedad, Germán concurre en silla de ruedas, acompañado por su compañera Marcela Bordenave. Lleva ya veinte operaciones, en la Argentina y en el exterior. Pero su espíritu se mantiene erguido y rebelde, por sobre la declinación física: “A mí no me va a matar el cáncer, me mataría eso sí, la tristeza, si no logramos dar forma organizativa y presencia a este fervor militante”.

Pocos meses después, el 13 de julio de 1993, a los 38 años, en Buenos Aires. Un periodista escribió: “Era uno de los últimos militantes del ’70, en estado puro”.

Fue cremado y sus cenizas se perdieron entre las olas de su Santa Teresita natal.

Fuente: NORBERTO GALASSO – LOS MALDITOS – VOLUMEN I – PÁGINA 65. Ediciones Madres de Plaza de Mayo