Vilte, Marina Leticia

MARINA LETICIA VILTE (1938 – 1976)

Nació en San Salvador de Jujuy, el 5 de noviembre de 1938. Sus padres Heriberto Alejandro Vilte, agricultor, y Laura Palavecino de Vilte, docente entregada a su trabajo y a su hogar, fueron los que la acompañaron siempre, apoyándola, respetando sus ideales. Su infancia transcurrió en Purmamarca, rodeada del afecto de sus padres y de los pobladores del lugar que le supieron mostrar enseñar la cultura de su pueblo. Sus estudios primarios y secundarios los realizó en la escuela Normal Superior “Juan Ignacio Gorriti” de San Salvador de Jujuy. Ya en esa época estudiantil mostraba su espíritu combativo y encabezaba los centros estudiantiles.

Con su título de Maestra Normal Nacional ejerció la docencia en la Escuela Nº 19 “Delfín Puch” de la localidad de San Antonio, a 60 kilómetros de la capital jujeña. Allí se ganó el cariño de todos los pobladores por su tesón, su responsabilidad y compromiso, pues realizaba un trabajo comunitario de merecido elogio. Luego trabajó en la Escuela Nº 10 “General San Martín” y en la Escuela Nº 38 “Juanita Stevens” de la ciudad de San Salvador de Jujuy.

En la década del ’60, comenzó su trabajo gremial como delegada escolar. En 1963, se desempeñó como Secretaría de Organización de la Asociación de Educadores Provinciales (ADEP). Era frecuente su participación en comisiones de huelga en donde va señalando los caminos de lucha tras las reivindicaciones de los trabajadores de la educación.

En 1971, ganó las elecciones, asumió la Presidencia de la ADEP y se convirtió en el nervio y motor de la Federación Única de Educadores, en donde docentes primarios, secundarios y terciarios fueron convocados para construir juntos una política gremial útil para defender la escuela pública, por ser la única que garantizaba igualdad de oportunidades.
Su capacidad visionaria y su ideal de la unidad gremial la llevaron a convocar a dirigentes de otros sindicatos provinciales para organizar el Frente Estatal y a participar de reuniones con otros sindicatos docentes del país con el afán de ir construyendo una herramienta necesaria para todos los trabajadores de la educación.

Es así como, en 1973, en el Confederal Nacional de la Docencia, en Huerta Grande, contribuyó con su voz, con su compromiso, a crear la CETERA. Junto a otros compañeros de la talla de Isauro Arancibia y Alfredo Requena, fueron los fundadores de la entidad madre, un memorable 11 de setiembre de 1973.

En esas jornadas, Marina dijo: “… nosotros prepararemos a los hijos para que sean conductores en la hora de los pueblos, cuya aurora comienza anunciando un nuevo día en que los pueblos tomarán las riendas de su propio destino…”. Ella concebía una sociedad vinculada esencialmente, por raíz, a lo sindical, y esto entendido como una célula más de la vida del pueblo. Todos los que conocieron a Marina Vilte destacan el amor hacia su gente, el reconocimiento de la cultura del lugar, pues ella fue quien recorrió casi todo Jujuy, participando en las fiestas populares activamente. Sabía identificar las necesidades de su gente, y esa sencillez hizo que fuera muy querida; también es muy conocido su amor por las coplas, verdadera expresión cultural de su Purmamarca.

Estas coplas, la acompañarán en la cárcel y le infundirán fuerza a las demás presas políticas, cuando se produzca el golpe de Estado y se imponga la dictadura militar.

Para Jujuy era fundamental la presencia de Marina Vilte. La organización de los paros se llevaba a cabo por medio de radiogramas que iban de Humahuaca a la Quiaca, y a otros puntos de la provincia. La tarea previa al citado Congreso de Huerta Grande, ya la había convertido en la “líder” de los maestros de Jujuy.

En la madrugada del 24 de marzo de 1976 tras el allanamiento de su domicilio, Marina Vilte fue detenida y liberada luego de un mes de cárcel. Marina siguió sin claudicar, luchando por todos los presos políticos que comenzaban a llenar las cárceles. Sin ningún temor recorrió destacamentos policiales y del ejército para averiguar por compañeros detenidos.

El 31 de diciembre de 1976, en la madrugada fue secuestrada de su domicilio juntamente con su hermana Selva por personal policial vestido de civil. La hermana fue liberada, pero de Marina nunca más se tuvieron noticias. De esta manera es una persona más de los treinta mil detenidos-desaparecidos, en momentos que el pueblo argentino sufrió el despotismo de la dictadura militar que marcó la página negra de nuestra historia.

Su lucha ha dejado huellas imborrables y sus palabras: “No voy a claudicar” retumban hoy en las asambleas, en la cárcel, en las calles, en las escuelas.

Y en las fiestas populares también se escucha esta copla:

“… que ya llega el carnaval
y la alegría se vive…
que allá en Purmamarca
se hace presente la Vilte…”

Fuente: CRISTINA PIANTANIDA – LOS MALDITOS – VOLUMEN I – PAGINA 126. Editorial Madres de Plaza de mayo