Gutiérrez Diez, Amable

AMABLE GUTIÉRREZ DIEZ (1890-1972)

Político y periodista. Nació en España, en un pueblecito de León, en 1890, pero cuando recién había cumplido un año vino con su familia a la Argentina y se instalaron en Mar del Plata.

Desde muy joven militó en el pujante radicalismo de entonces, venerando a Don Hipólito Yrigoyen. A los 25 años integró la Liga de la Juventud por la Neutralidad, que tenía su local en Florida 171, 1er Piso. Desde la ventana de ese local, informaba al público en un pizarrón, mediante un noticioso de “contranoticias” pues daban a conocer todas las noticias que el diario “La Nación”, a dos cuadras de allí, omitía y tergiversaba para favorecer a Gran Bretaña y Estados Unidos. El clima antigermano era muy fuerte en aquella Buenos Aires y los jóvenes de la Liga se enredaban a menudo en fuertes trifulcas con las patotas aliadófilas. Poco tiempo después nació la Liga Argentina pro neutralidad que integraban, entre otros, David Peña, Del Valle Iberlucea y Belisario Roldán. En esa época, Manuel Ugarte publicaba “La Patria” en posición neutralista, pero los demás periódicos eran aliadófilos. Por entonces, Gutiérrez Diez se desempeñaba como periodista en “La Prensa”, pero con motivo de su participación en la fundación del diario neutralista “La Unión”, el dueño de La Prensa, Don Ezequiel Paz lo deja cesante.

“La Unión” recibía apoyo publicitario de empresas alemanas aunque Gutiérrez Diez, convertido al poco tiempo en codirector, intentaba mantener siempre una posición neutral. Belisario Roldán era uno de los principales colaboradores y en algunas ciudades, como Córdoba, el diario alcanzaba un tiraje semejante al de los matutinos tradicionales.

En una ocasión en que conversó con Yrigoyen, el líder radical le insistió: mantener la neutralidad a toda costa. Pero el clima aliadófilo era muy fervoroso. Jauretche recuerda que en 1917 “yo también agarré la manija al revés… y recuerdo que estuve en la tentativa de incendiar el diario “La Unión”, con su director adentro, que era Amable Gutiérrez Diez, quien fue después mi compañero de lucha en FORJA”.

Concluida la guerra mundial, Amable y su compañero Rodríguez de Vicente se convierten en los propietarios del diario, desde el cual apoyan la política de Yrigoyen. El presidente radical les da una manito con publicidad del Banco Hipotecario y del Ministerio de Agricultura pero no bien Yrigoyen es reemplazado por Alvear pierden todo apoyo oficial. Ese antecedente de dudoso progermanismo queda en el recuerdo de muchos y “La Unión” declina, pasando a sufrir graves penurias financieras. Logra, sin embargo, subsistir hasta 1930 pero la dictadura de Uriburu impone su cierre definitivo.

Gutiérrez Diez interviene, entre 1930 y 1934, en diversas tentativas insurreccionales del radicalismo más combativo y hacia 1935, pasa a integrar FORJA. “En esa época –recuerda- la represión conservadora me envió al exilio y abandoné por unos años mi gran vocación, el periodismo”. Al regreso, se reintegra a FORJA y desde el sótano de Lavalle 1725, junto a Jauretche, Dellepiane y otros, continúa la lucha antiimperialista. Con motivo del proyecto de coordinación de Transportes, armado por el capital británico, publica uno de los cuadernos de FORJA, revelando los perjuicios que ocasiona al país: es el Cuaderno número 3 y se titula “La coordinación de Transportes”.

En los últimos años de la Década Infame se encuentra con graves dificultades para sobrevivir pues las puertas del periodismo se cierran para él una y otra vez. El neutralismo durante la primera guerra, la participación en la “resistencia radical” y en FORJA, así como su lucha contra el capital británico lo han marcado y no consigue un lugar en las redacciones. Apenas alguno que otro artículo en “La Razón” y en un boletín industrialista.

Época dura que recuerda amargamente: “Todos los días, a la mañana, escribía un artículo de actualidad, un artículo que no se iba a publicar en ningún lado, y después lo rompía y lo tiraba al cesto. Pero así me mantenía en estado para cuando las cosas cambiaran y pudiera volver a hacer periodismo”.

Las cosas cambiaron efectivamente años después y Eduardo Colom le ofreció reincorporarse al periodismo escribiendo en su diario “La Época”, donde publicó diversos artículos, en especial defendiendo la nacionalización de los servicios públicos.

Amable recuerda que Perón lo llamó y le propuso ingresar al movimiento, pero él contestó que prefería seguir con su vieja militancia radical-forjista, aún cuando coincidía plenamente con la obra que realizaba el gobierno. “Me parece bien –le dijo Perón- pero le pido que escriba, que defienda los intereses nacionales”. Tiempo después pasó a desempeñarse como redactor en “Democracia”, periódico oficial, del cual fue director en los últimos años del segundo gobierno peronista.

Retirado de su profesión y de la política, en sus casi ochenta años, quienes lo visitaba se sorprendían de encontrarlo siempre armando artículos, recortando noticias, inventando titulares, trágica tarea de un periodista de vocación que durante buena parte de su vida estuvo marginado de “los medios”, como “un maldito”, por su lealtad a la lucha antiimperialista y a su pueblo. La información de que se dispone indica que falleció a principios de la década del ’70.

Fuente: Norberto Galasso, Los Malditos, Tomo IV, página 313. Ediciones Madres de Plaza de Mayo


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