Alvarado, Carlos Alberto

CARLOS ALBERTO ALVARADO (1904-1986)

Carlos Alberto Alvarado nació en San Salvador de Jujuy, el 4 de noviembre de 1904. Después de transcurrir su infancia en el noroeste argentino, ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, en 1923, de donde egresó con el título de doctor en medicina, en 1928, y con diploma de honor.

Paralelamente a la Facultad, permaneció un tiempo en el Instituto de Fisiología que dirigía Bernardo Houssay como rentado de Trabajos Prácticos, y practicante mayor del Hospital de Clínicas, en el servicio del doctor Gregorio Aráoz Alfaro. Como su situación económica no era para nada buena, tramitó y consiguió una beca para viajar a perfeccionarse a la Scuola Superiore de Malarialogía, donde obtuvo el diploma en Medicina Tropical e Higiene de los Trópicos.

De regreso, el Dr. Miguel Sussini, presidente del departamento Nacional de Higiene, lo nombró médico de zona de la lucha antipalúdica. En 1932, Sussini lo designó jefe del Servicio de profilaxis de la fiebre amarilla, y en 1933 –en reemplazo de su tío, el Dr. Ricardo Alvarado- director regional de paludismo y jefe de la sección profilaxis de la peste.
Pero Alvarado no se dedicó sólo a la lucha contra el paludismo. Estudió también la profilaxis del bocio endémico, el tracoma, la anquilostomiasis, la tuberculosis y la fiebre amarilla selvática así como la vigilancia epidemiológica de la peste, el tifus exantemático y la viruela.

En 1935, con la finalidad de combatir el paludismo se instalaron las Direcciones Regionales, y se crearon servicios de saneamiento y dispensarios en varias localidades. También comenzaron a realizarse drenajes y rellenos, y se aumentó la distribución de quinina en las zonas rurales (aplicando el modelo europeo). La epidemia de Villa Montero (1933) le hizo pensar a Alvarado que ese método de “quinina y desagüe” no era el indicado, o al menos, no había vencido al mal desde hacía 10 años.

En ese momento, comenzó su investigación, con la particularidad de que no recurrió a la burocracia sanitaria, ni pidió presupuestos que nunca iban a llegar. El sabía que el problema era urgente y no podía esperar los tiempos que en nuestro país se le asignaban a estas cuestiones.

La respuesta llegó cuando Ramón Carrillo, Secretario de Salud del primer gobierno de Perón, lo apoyó. La dedetización comenzó en setiembre de 1947, y se prolongó hasta 1949, año en que terminó la campaña. Los resultados fueron contundentes: en 1941 se habían registrado aproximadamente 122.000 casos de paludismo, y en el mismo mes del año 1955 sólo había 240. Nuestro país era el primero en erradicar el paludismo en su territorio.

Durante la gestión de Carrillo se crearon las Regiones Sanitarias, comenzando por la Dirección General de la Sanidad del Norte Argentino, en base a la organización creada por Alvarado. Carrillo pretendía encauzar sólo las enfermedades endémicas, pero Alvarado lo convención para establecer una organización más global.

Por razones políticas, el Ministro renunció en 1954, y Alvarado ya no recibió el mismo apoyo por parte del gobierno. Esto lo decidió a aceptar el cargo de coordinador de un plan para erradicar la malaria del continente americano, que por eso época le ofreció la Oficina Sanitaria Panamericana, donde asumió su función a principios de 1955.

En 1959, fue nombrado Director de la Sección Erradicación de la Malaria de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En ese cargo permaneció hasta su jubilación en 1964.

Regresó al país, y en 1966, en Jujuy, le ofrecieron el Ministerio de Salud de la Provincia. Alvarado vio allí la oportunidad de aplicar su Plan de Salud Rural. Este plan se basó en el principio de “trasladar el hospital a la gente, a las casas, familia por familia, combinando prevención con asistencia, para lo cual se crearon los agentes sanitarios.
El plan de Salud Rural se aplicó también en Salta, y se puede resumir en la explicación que al respecto dio el mismo Alvarado: “a la enfermedad no hay que esperarla en los hospitales sino salir a buscarla donde vive y trabaja la gente (…) vamos a hacer la ronda de doctores, lo que queremos saber es cuántos son, donde viven, cómo viven y cuánto han sufrido el último año (…) vamos a buscar a todos los sintomáticos respiratorios sospechosos de padecer tuberculosis, casa por casa…”.

Las rondas solían durar tres meses, siguiendo un calendario sanitario, donde el agente vacunaba y adquiría toda la “información básica”, es decir toda la historia del paciente.

Alvarado se vio obligado a renunciar como Ministro, tanto en Jujuy, como en Salta, en 1967 cuando la dictadura militar trasladó por decreto todos los hospitales nacionales a jurisdicción de las provincias y con ellos, el laboratorio fábrica de BCG en Jujuy. A fines de 1976 terminó la producción de BCG en San Salvador de Jujuy (había llegado a producir 100.000 dosis mensuales).

El Dr. Carlos Alberto Alvarado falleció en 1986.

Su hijo, el médico Pedro Alvarado, al inaugurarse una sala en el Centro Sanitario de Capacitación de Jujuy, el 7 de mayo de 2004, dijo refiriéndose a su padre: “… mi padre le daba mucho valor a la vida humana, a la gente. A ellos les tenía cariño y afecto verdadero. Esa fue su vida, su pasión y mi ejemplo”.

Pero el hombre que en tres años erradicó el paludismo del norte argentino hoy es un desconocido no sólo por la ciudadanía en general, sino incluso por los propios médicos. Este silenciamiento no es casual sino que se halla vinculado a que ese notable progreso sanitario se efectuó bajo el primer gobierno peronista y bajo el fervoroso apoyo de Ramón Carrillo, otro “maldito” en la historia de nuestra salud pública.

Fuente: Cristina Piantanida, Los Malditos, Tomo II, pág. 419. Ed. Madres de Plaza de Mayo