Compartido por los compañeros del Centro De Estudios Históricos Felipe Varela
Ahora que otra vez el colonialismo cultural busca imponerle al pueblo argentino una derrota cultural que sirva de justificación al regreso de la dependencia de los poderes extranjeros y la injusticia social, este ensayo nos ayuda a pensar desde aquí y para la liberación nacional. Los autores de este ensayo son los encargados del curso de capacitación y actualización profesional en la Universidad Nacional de Quilmes, “Entre la Colonización Pedagógica y la Patria Grande”, declarado de Interés Municipal y Cultural en Quilmes y de Interés Legislativo y Provincial en la Provincia de Buenos Aires.
En el ensayo se señala:
“¿Qué país europeo preferirías que te conquistara? Esta pregunta fue tomada del anexo de actividades propuestas por el manual de cuarto año de historia de la editorial Santillana editado en 2010, el cual pretende estudiar las consecuencias del imperialismo en Africa. Seguramente podríamos enumerar una multiplicidad de posibles factores causales que lleven a que un manual sostenga este tipo de actividades, lo concreto que este tipo de preguntas lo único que consigue es afianzar el alto grado de dependencia de nuestros estudiantes respecto de la visión eurocéntrica del mundo. ¿Es posible pensar que con este tipo de textos se logre alcanzar la conciencia necesaria para que nuestro pueblo identifique y se contraponga a las potencias imperialistas? La respuesta es sencillamente no. Simplemente, porque estos materiales concurren para que nuestras mentes continúen colonizadas. Cuando las “grandes potencias” impusieron un nuevo orden mundial basado en la división internacional del trabajo, Argentina sería clasificada como el granero del mundo, situación que se consolidó a partir de una estructura cultural que convalidó ese modelo.”
Entrá en el siguiente enlace para su lectura completa: “La colonización pedagógica, el mundo que nos enseñaron
Ariel Hartlich es Licenciado y Profesor en educación (Universidad Nacional de Quilmes), se desempeñó como periodista en distintos medios regionales de las localidades de Quilmes, Florencio Varela y Berazategui y docente en el área de Ciencias Sociales en programas de educación popular para adultos. Publicó varios libros de poemas. Integra el Centro Cultural Enrique Santos Discépolo Quilmes, Varela, Berazategui.
Miguel Giorgio es Licenciado, Veterano de la guerra de Malvinas y disertante de temas relativos a Malvinas como causa nacional y latinoamericana.
Le agradecemos a los autores su valioso aporte.

Mensaje del señor Ministro de Hacienda y Finanzas, Don José B.Gelbard – 1973

Acta de Compromiso del Estado

Declaración de la Asamblea de Gobernadores

Acta de Compromiso Nacional (CGT, CGE, Gobierno Nacional)

Disponible para descargar en la sección Documentos de Presidencias Peronistas de nuestra Biblioteca Digital

Un aporte al debate, acerca de varios sectores del progresismo de clase media, parte del movimiento nacional, y su relación con el sindicalismo en general y la CGT en particular. Por Juan Godoy*

 

“La clase media es… media revolucionaria… media intelectual… media nacional… Por ello participa, cree y descree, se asume y no se asume, puede ser peronista y criticar al peronismo, socialista y asustarse de los obreros.” Juan José Hernández Arregui

Jorge Enea Spilimbergo en sus conocidas tesis de 1964 afirma que “la alianza del proletariado con la pequeña burguesía constituye el fundamento estratégico de la revolución argentina”. A la misma la llama “Alianza Plebeya”. En varios momentos de nuestra historia, no muchos, aunque sea muy brevemente se dio esta alianza plebeya. Durante las primeras gestiones kirchneristas se avanzó en ese sentido, alianza que comenzó a romperse trágicamente para el campo nacional en la última gestión explicando, en parte claro, la derrota electoral (por primera vez en nuestra historia) a manos de la oligarquía más rancia y revanchista.

En este marco, en las últimas semanas se avanzó en la senda de la unidad, del restablecimiento de esa alianza que se puso de manifiesto en la movilización del 7 de marzo que deja como saldo positivo una de las movilizaciones más grandes desde la vuelta a la democracia, quizás la más grande, en contra de la restauración neoliberal, y su plan de miseria planificada. Ahora bien, el final de la movilización con los desafortunados acontecimientos abre un paréntesis en lo que venimos sosteniendo, y nos lleva a estas breves reflexiones, que no pretenden ser la verdad, sino un aporte al debate, acerca de varios sectores del progresismo de clase media, parte del movimiento nacional, y su relación con el sindicalismo en general y la CGT en particular.

Primero, y rápidamente, una breve reflexión sobre los disturbios al final de la movilización, claramente aprovechados por los medios de comunicación (y sectores interesados por diversas cuestiones en hacerlo) como representantes de un supuesto análisis desinteresado aunque bien sabemos largamente que son la “voz de la oligarquía” revestida en la objetividad periodística, que sabe como el diablo “meter la cola”, en este caso para horadar la unidad y destruir las chances de dar vuelta el escenario de regresión de los sectores populares. Una de las plumas de la oligarquía lo escribe con claridad en su editorial: “a pesar de los errores y del descenso en las últimas encuestas conocidas, el gobierno de Mauricio Macri puede dormir tranquilo. Durante un tiempo, al menos. Resumidas en una síntesis tal vez arbitraria, las imágenes de la marcha cegetista de ayer significan que el peronismo y los gremios están divididos (y, a veces, peligrosamente enfrentados) hasta para confrontar con Macri”. (Joaquín Morales Solá. La Nación. 8-3-2017)

En los disturbios del final hubo varios actores políticos, algunos actuaron a conciencia de lo que hacían, otros pensamos no, lo cual no le resta gravedad. La violencia contra las representaciones gremiales de los trabajadores (gusten más o menos) es al menos desafortunada. La instancia elegida carece de sustento. En nuestra opinión, en el movimiento obrero organizado existen instancias para definir una medida de fuerza (donde se definió efectivamente). No resulta del todo lógico entonces que en medio de la manifestación el orador deba decidir por encima de “las bases” la fecha de paro general, que se convocó claramente pero sin una fecha determinada, o bien lo defina en torno la representación que está imbuido el triunvirato, pero como su nombre lo indica son tres y no uno. Incluso entre los que reclamaban la medida había sujetos no sindicalizados y pertenecientes a otra central diferente que la de los oradores. ¿Qué lógica tienen que ellos decidan por una central a la que no pertenecen? ¿Tiene sentido que los que estén más adelante en un acto de más de 500 mil personas decidan por el resto?

Asimismo, en un marco más amplio, se ataca a la CGT por una supuesta “burocratización”. No obstante, lo real es que esa CGT “burocratizada”, si se quiere, es la que movilizó 500 mil trabajadores contra las políticas del macrismo. Había también sectores “sueltos” (un porcentaje mínimo), pero quien convocó a la movilización fue la CGT (conjuntamente con la CTA y la CTEP), así que podemos afirmar que esas centrales son las que movilizaron más allá de las “intenciones” de los denominados “empoderados” que se “auto-convocaron” (hay algo fuertemente anti-político en esa idea). Es la CGT conjuntamente con las otras dos también la que logró arrancar al macrismo las dos medidas más importantes, en un contexto de fuerte regresión: la ley anti-despidos, aunque vetada con el consabido “costo político” para el gobierno, y la ley de emergencia social, pronta (sobre todo a partir de las “nuevas protestas” de la CTEP) a sancionarse, o el gobierno seguramente deberá pagar otro “costo político” con los más humildes de la patria. Cabe resaltar que pareciera que son solo las entidades gremiales las que se pueden burocratizar y no así las ciertas estructuras políticas. Basta ver cómo funcionan la mayor parte para observar que no es privativo del movimiento obrero.

Es también desde “las calles” que comienza a producirse la alianza del movimiento obrero organizado (CGT y CTA, la primera ya unificada y la segunda prácticamente también), con los trabajadores de la economía popular nucleados en la CTEP. Un hecho fuertemente auspicioso, en el que cumple un rol fundamental el Papa Francisco. Pero resulta que ahora los “periodistas a sueldo”, muchos de dudosísimo curriculum, y ni siquiera agremiados a sus representaciones sindicales, le tienen que “marcar la cancha” a los trabajadores y sus organizaciones, algunas con más de ochenta años de vida y tradición de lucha, como muchos de los sindicalistas que la componen, instigándolos a hacer paro y/o poner fecha a una movilización. Algo que raya lo insólito.

Pensamos acá que lo que se manifiesta es la mirada de la clase media progresista acerca de los trabajadores, sobre todo organizados. En ese sentido, afirmamos es la mirada fuertemente elitista de ciertos sectores de clase media en nuestro país (no toda, desde ya, pues sería erróneo pensar que es en conjunto anti-nacional). A esos sectores le pueden gustar los trabajadores pero sobre todo en términos abstractos, en la retórica, no el trabajador de “carne y hueso”. Hacen recordar las palabras de Don Arturo Jauretche hacia Sarmiento en las cuales decía que amaba la humanidad pero no a sus compatriotas. Algo similar.

Molesta al parecer que los trabajadores decidan el destino de la Patria, que puedan tener acceso al poder y definir por “sus vidas”. ¡Horror! Por eso también muchos se sienten más identificados con los canales de televisión -en alguna manifestación se escuchó ¡cantar a favor de C5N! (como asimismo “militar” sus “bajadas de línea” y poner como referentes del campo nacional a los mismos)- y sus “periodistas progresistas” antes que con los representantes de los trabajadores. Hernández Arregui en torno a los sectores medios afirma que: “la clase media, convencida de su independencia, justamente porque carece de ella, se cree depositaría de valores universales, sin comprender que detrás de ellos están los intereses particulares de la burguesía. El pequeño-burgués –y el intelectual no escapa a esta regla– piensa siempre en términos absolutos. Si es propietario, la ley de congelación de alquileres es la injusticia absoluta, si es inquilino, la justicia absoluta. Su minúscula situación social le hace perorar con frases de gigantes”.

Resulta evidente que, a pesar de los muchos avances en los últimos años en materia de descolonización pedagógica, poco se avanzó en la conformación de una matriz que piense en términos nacionales. Como sostiene Ramos en los países dependientes “el atraso histórico no se expresa solamente porque los recursos estén en manos del extranjero. Se expresan también en la pérdida de la conciencia aguda del interés nacional”. Lamentables escenas se vivieron cuando algunos manifestantes, algunos identificados con el movimiento nacional peronista, tomaron el atril con la insignia de la CGT cual trofeo de guerra, más lamentable aún que posteriormente otros compañeros festejaran el hecho y decretaran (tal como lo creyeron los “libertadores” del 55), el fin de la central obrera.

Esto que decimos queda de manifiesto por ejemplo cuando un trabajador, precisamente el líder de la CGT, le dijo a la entonces Presidenta que quizás era hora que un trabajador ocupe la Casa Rosada. Más allá de las especulaciones, hasta hoy el progresismo de clase media recuerda esa frase con escozor. ¿Cómo puede ser que alguien que se coma las “S” al hablar sea Presidente? Quizás no conscientemente, pero es lo que cristaliza su accionar. Sí, a muchos les gusta que gobierne Evo Morales… Que gobierne Bolivia claro. Así y todo muchos se apresuran a afirmar que ¡por suerte tiene a Álvaro García Linera, que es el que realmente maneja la cuestión! Perón se manifiesta claramente al respecto cuando en 1973 se pregunta: “¿por qué razón van a renunciar las organizaciones a tener sus representantes en los tres poderes del Estado que son realmente los que gobiernan, dirigen y conducen la Nación? ¿O es que los obreros no tienen derecho a ser partícipes de esa conducción, que si la hacen los demás ellos tendrán muy poco que agradecerles? (…) cuando los obreros hayan renunciado a intervenir en los destinos del país, ese será un sentimiento suicida para su propia clase y para sus propias organizaciones.”

Es esa clase media progresista que todavía, ¡todavía!, se sigue quejando de los trece paros de Saúl Ubaldini a Alfonsín, contra su estrategia de debilitamiento del movimiento obrero y los inicios de la política neoliberal. Son, ¡ay, los peronistas! que no “dejan gobernar”, la barbarie que se cierne sobre la república. El mismo Ubaldini que había enfrentado a la dictadura, con el paro más rápido en comparación con las otras dictaduras latinoamericanas, y que le legó el que quizás sea (con temor a equivocarnos, pues en los últimos años hubo algunos, pero que pensamos no tuvieron la repercusión necesaria), el último programa al movimiento obrero revolucionario hasta hoy.

Asimismo el moralismo progresista hace hincapié en que las elecciones en las organizaciones gremiales no siempre son del todo transparentes, y hay cargos que se reeligen una y otra vez a lo largo de los años. Más allá de si uno está o no de acuerdo con esta cuestión, basta observar prácticamente cualquier institución en nuestro país para observar las mismas prácticas, por eso llama la atención que solo se observe en este tipo de organizaciones, por lo cual pensamos que esa crítica está más ligada a lo que venimos diciendo: la “incomodidad” de los sectores medios en tanto el poder de los trabajadores. Por poner un ejemplo de los decenas que podríamos, nos preguntamos: ¿o acaso la elección en organismos científicos es absolutamente transparente y los cargos se renuevan periódicamente? ¿Por qué no se le exige a estos sectores “amor a la patria y sus compatriotas” cuando van a utilizar los conocimientos pagados por todos en el extranjero porque suponen que aquí no se les paga de acuerdo a lo que estudiaron? Spilimbergo refiere que “el tema del moralismo en la política argentina es parte de la táctica oligárquica de dividir el frente del pueblo”.

En el mismo sentido, la relación dirigente sindical y “sus bases”, es una relación tensa, no carente de conflictividad. Más allá de esto, resulta poco realista la idea de una escisión tajante entre las dirigencias y “sus representados”. Resulta difícil que una dirigencia “odiada” por “sus bases” subsista a lo largo de muchos años. Lo que no anula el hecho de la existencia de dirigencias sindicales contradictorias. Las mismas pueden ser mejores o peores, lo que no debiera llevar a un discurso anti-sindical, sino más bien a la disputa del espacio. El triunvirato puede ser mejor o peor, pero “putearlo” sin construcción sindical que dispute los espacios, solo tiene como consecuencia el debilitamiento de la herramienta fundamental de los trabajadores.

Es claro que la organización a partir de los sindicatos es la herramienta de lucha fundamental de los trabajadores, y fortalecerla dentro del movimiento nacional es central para la emancipación nacional, por eso Hernández Arregui afirma que es “alrededor de los sindicatos donde se centra la lucha nacional. Una lucha de todo el pueblo contra el coloniaje”. Así lo que debilita a las representaciones gremiales, más aún sin construcción de otras que le disputen las mismas, debilita a los trabajadores de cara no solo a la oligarquía, sino también dentro del movimiento nacional en detrimento de otros sectores, medios o burgueses por ejemplo. No resulta casual que desde que comenzó a tomar para sí la historia en octubre del 45, o al menos desde la intervención de Alberto Patrón Laplacette la intención de la oligarquía haya sido barrer con el movimiento obrero organizado, al mismo tiempo que con el país industrial que es parte de lo mismo.

Insistimos en que esta división es trágica para el movimiento nacional, más allá que gusten más o menos las representaciones sindicales, es la estrategia de la oligarquía. No “caer” en ésta resulta fundamental. En el pasado reciente esa ruptura fue funesta para el campo nacional. Por eso, apuntalar la unidad es central para enfrentar la brutal política llevada a cabo por la Alianza Cambiemos. Poner por delante los intereses de la nación y el pueblo es imperativo.

En fin, lo que problematizamos es que hay una construcción en relación al sujeto del cambio que pondera a la clase media (sobre todo universitaria) por sobre los trabajadores. No es casual que sean los sectores medios principalmente los portadores de esta visión, pues con los que están mayormente penetrados por la colonización pedagógica, son los que consumen ciertos bienes culturales (muchas veces solo con el afán de “la distinción”), correas de transmisión de los valores de la oligarquía. Es la cristalización del civilización y barbarie sarmientino. En esta “soberbia intelectual” aparece que solo pueden gobernar los “lindos”, universitarios, “blancos y puros”. Pero por mucha vuelta y explicación teórica (y con ejemplos prácticos) que se quiera dar el sujeto de la transformación del movimiento nacional en general y el peronismo en particular es el pueblo trabajador organizado, es el que produce la riqueza y el que tiene que definir los destinos de la nación. Por eso Perón afirma en el año 74 que “en la comunidad a que aspiramos, la organización de los trabajadores es una condición imprescindible para la solución auténtica de los problemas argentinos”.

Juan Godoy es Lic. en Sociología (UBA). Mg. Metodología de la investigación (UNLa). Docente universitario. Autor de “La FORJA del nacionalismo popular. La construcción de una posición nacional en la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA)”

Publicado por la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) en su sitio web oficial

Más de 500 mil trabajadores se movilizaron

La más masiva movilización de los últimos años, con cientos de miles de trabajadores en las calles, ha dejado mucha tela por cortar. Dos cosas, sin embargo, quedan claras. Este modelo económico ya no se aguanta.  No lo aguantan los asalariados ni los trabajadores de la economía popular, no se aguanta en las villas, ni en los barrios obreros, ni en los hogares humildes, ni en las comunidades indígenas, ni en las grandes ciudades, ni en el interior.

Por otro lado, nuestro pueblo ha demostrado en esta jornada un alto nivel de conciencia de sus derechos y cómo defenderlos. Cuando el diálogo se reduce a promesas incumplidas deja de ser diálogo y pasa a ser mentira. Gigantescas columnas afluían y en la conciencia colectiva resonaba un solo deseo: paro general. La falta de definición sobre esta fecha defraudó a gran parte de la concurrencia. La gran masa del pueblo trabajador sabe que sólo con organización y unidad se puede frenar este monstruoso proceso de empobrecimiento social. Sabemos que la fragmentación del campo popular solo fortalece al poder económico y quienes se regodean frente a nuestras divisiones son funcionales al Capital.

Por su parte, el triunvirato que conduce la CGT tiene la responsabilidad histórica de ponerse a la cabeza de ese reclamo y garantizar la unidad del movimiento de todos los trabajadores desde sus bases para terminar con el ajuste, la flexibilización, los despidos y el incumplimiento de la ley de emergencia social.

Los trabajadores de la economía popular agrupados en la CTEP, Barrios de Pie y la CCC queremos construir la unidad de la clase trabajadora sobre la base de nuestras justas reivindicaciones y un programa de transformación social que garantice Tierra, Techo y Trabajo para todos. Unidad de acción, organización y concepción.

Por ese motivo, el lunes 13 de marzo convocamos a una gran asamblea popular con todas las fuerzas sociales y sindicales para discutir este programa, que no se reduce a la coyuntura, sino que plantea un horizonte de cambio estructural. Sin embargo, frente a los incumplimientos del gobierno, este pueblo necesita levantarse desde su columna vertebral para hacer oír su grito de justicia social y a esta altura, ese grito solo puede oírse en el silencio de la huelga general.

Reunión de la Corriente Federal de Trabajadores, tras el gran acto del 7 de Marzo. La CFT exige Confederal inmediato para declarar paro general el 30 de marzo.

ANTE EL CLAMOR DE LOS TRABAJADORES: Pedimos el Confederal para concretar un paro general ya resuelto

Resaltando la multitudinaria movilización de los trabajadores de este 7 de marzo, acompañados por sectores populares y empresarios, reclamando el urgente cambio de esta política económica que ocasiona cientos de miles de despidos, la progresiva destrucción del entramado productivo, el empobrecimiento de millones de argentinos, con un mercado interno en crisis y un creciente endeudamiento externo que vuelve a condicionar las decisiones nacionales de la mano de este Gobierno de CEO’s de las grandes empresas y la banca extranjera, escuchando el clamor de los trabajadores, fijamos la siguiente posición:

1) De acuerdo al mandato aun no cumplido del último Comité Central Confederal, atento el plenario de los sindicatos de la Industria realizado en la Secretaria respectiva, y la grave agresión que sufren los trabajadores docentes y sus sindicatos representativos violando la legislación sobre paritarias , es urgente e ineludible fijar dentro del mes de marzo una fecha para el Paro General de 24 hs exigiendo un inmediato cambio en la política económica y la realización de negociaciones paritarias nacionales sin techo. Nuestra propuesta es hacerlo, por su significación histórica, el 30 de marzo.

2) Fijada la fecha de ese Paro General, acatando insistimos la decisión orgánica en ese sentido, es necesario y urgente, en la próxima semana, reunir un nuevo Comité Central Confederal para decidir cómo se continua un plan de acción una vez concretada la huelga,hasta alcanzar el objetivo de un cambio de la política económica favorable a los trabajadores, la reactivación del mercado interno, la pequeña y mediana empresa, y la industria nacional.

3) Advertimos que ignorar la decisión orgánica adoptada en el último Cómite Central Confederal, el reclamo contundente de cientos de miles de trabajadores en todo el país y persistir en un supuesto diálogo que el Gobierno y los grandes empresarios condenan a la esterilidad, sólo servirá a quienes quieren deslegitimar y fragmentar a nuestra querida CGT para profundizar una situación de crítica crisis de conducción que afecta al campo nacional y popular. Por último felicitamos calurosamente por su ejemplo y por su lucha a todas las compañeras argentinas comprometiéndonos con su reclamo de igualdad, contra la violencia de género y por el ni una menos.

Buenos Aires, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora

PLENARIO DE SECRETARIOS GENERALES DE LA CORRIENTE FEDERAL DE TRABAJADORES

Audio: Hector Amichetti (Federación Gráfica Bonaerense – CFT) en comunicación con Gabriel Fernández en el programa Terapia de Grupo en La Señal por Radio Gráfica

Fuente: La Señal Medios

 

“No hay que ser un analista avezado para dar cuenta de que la política llevada adelante por el gobierno tiene los resultados deseados”

Por Juan Godoy*. Publicado originalmente en la Revista Zoom

“Librecambio y proteccionismo son en nuestro medio mucho más que dos doctrinas económicas, como sucede en el hemisferio norte, son dos culturas antagónicas. Puerto, libre comercio, autodenigración, oligarquía subsidiaria del imperio, economistas apátridas, golpes militares. La otra: patria, pueblo, industria, conciencia nacional, justicia social.” Salvador Ferla

A más de un año de gobierno, se revela evidente que la Alianza Cambiemos se esfuerza para invertir su lema de campaña, y que el pueblo argentino viva cada día un poco peor. Los números en materia económica son claramente negativos para el sector del trabajo y la soberanía nacional, no así claro para la oligarquía argentina y los intereses foráneos en nuestro país para los que son más que positivos. No hay que ser un analista avezado para dar cuenta de que la política llevada adelante por el gobierno tiene los resultados deseados, en el sentido de la pérdida de puestos de trabajo, la mayor pobreza, exclusión, cierre de fábricas, comercios, pérdida del poder adquisitivo, etc. No son consecuencias no deseadas, pues en este esquema de gobierno hay sectores, aunque minoritarios, claramente beneficiados. Es el gobierno de los que “no trabajan” o vivieron toda su vida del “trabajo ajeno” para su propia clase.

La política llevada a cabo por el macrismo es lo que Rodolfo Walsh definió como una política de “miseria planificada” que comenzó a perfilarse en el 55 y se profundizó en el 76 y los años 90, con el interregno de la “vuelta a una política nacional” de los gobiernos de Cámpora y Perón, y los últimos años de las administraciones kirchneristas. En esta lógica se enmarca la política de apertura de importaciones acelerada.

Desde que asumió el gobierno en diciembre de 2015 viene implementando una política de persecución a la producción nacional. Tempranamente comenzó con la rebaja o la eliminación total de los aranceles a la importación, el incremento de las facilidades para importar, a lo que se suma el “excel” a medida de las empresas eléctricas que subió descomunalmente los precios de los servicios, haciendo inviable que muchas fábricas (y también comercios) continúen sus actividades, dejando cientos de miles de desocupados, sin olvidar la política de endeudamiento y valorización financiera.

Esta política de “apertura de importaciones” sigue su curso y se profundiza mes a mes. Basta leer los periódicos de las últimas semanas y observar: “denuncian 4 mil empleos perdidos en la industria del calzado” por la importación de Brasil y China; “Banghó, primera víctima de la quita de arancel a la importación de computadoras”, dejando cientos de despidos; “Las importaciones “obligaron” al cierre de la fábrica de llantas “Mefro Wheels”, única fábrica en el rubro que quedaba en pie en nuestro país; “La avalancha de importaciones destruyó miles de empleos en la industria textil”; “El mapa de la destrucción del empleo metalúrgico por las importaciones”, en el caso metalúrgico los despidos se cuentan por miles; “La apertura de importaciones amenaza con colapsar la industria nacional”, y podríamos seguir llenando hojas con noticias similares. La situación no deja lugar a dudas acerca de la existencia de una política de destrucción del tejido industrial.

La “apertura de importaciones” para la “baja de precios” y “la valorización del poder adquisitivo” de los trabajadores la consideramos como una “vieja zoncera”, en tanto la definición de Arturo Jauretche como principios introducidos desde que somos pequeños (y también cuando somos adultos), que tiene como finalidad que no se conforme un “pensar en nacional”, en fin que no se consolide un pensamiento anclado en los intereses nacionales, que son los intereses populares. No nos referimos aquí entonces a los sectores que defienden esta política económica sabiendo los beneficios para la minoría que se enriquece con el trabajo del otro. Fácilmente: mayor importación, mayor desempleo, destrucción del “tejido industrial”, menores derechos laborales, mayor precarización, menores salarios, etc.

Existe cierto “hilo invisible” entre los “tours de compras” sobre todo a Chile (pero también a otros destinos “más chic” como Miami), rememorando el “deme dos” de los años de plomo, los argumentos a favor de la eliminación de los aranceles a las computadoras (y otros productos), y los “maestros voluntarios” (más allá del armado a partir de los call centers “oficiales”). Es la construcción de una sociedad egoísta, ajena a los lazos de solidaridad, del “sálvese quién pueda”, en las cual los derechos de los trabajadores son subordinados al interés individualista. Es la destrucción de cualquier intento de conformar una comunidad nacional, más bien todo lo contrario.

Acerca de la “compra barata” de los productos importados, Manuel Ugarte aborda la cuestión, en el marco de la discusiones y diferencias con el Partido Socialista de Justo (que van a llevar a que sea expulsado del mismo en dos ocasiones), que vale recordar fue abiertamente librecambista (coincidiendo, como en otros temas, con la oligarquía liberal), que se posicionó contra los aranceles aduaneros en una defensa de la “vida barata” y la valorización del salario del obrero. El gran latinoamericano, Ugarte, en cambio piensa que en los países sin industrias propias la riqueza “pasa de largo” hacia el extranjero, y afirma que “los que arguyen que aumentará el precio de los artículos olvidan que, precisamente desde el punto de vista obrero, la industria resulta más necesaria. Abaratar las cosas en detrimento de la producción nacional, es ir contra una buena parte de aquellos a los cuales se trata de favorecer, puesto que se les quita el medio de ganar el pan en la fábrica. Disminuir el precio de los artículos y aumentar el número de los desocupados resulta un contrasentido. Interroguemos a los millares y millares de hombres que hoy pululan en las calles buscando empleo a causa de las malas direcciones de la política económica; preguntémosle qué es lo que elegirían: vivir más barato o tener con qué vivir. ¿De qué sirve al obrero que baje el precio de los artículos, si no obtiene con qué comprarlos?”. Asimismo alerta acerca del “snobismo de las clases ricas, extendido por espíritu de imitación a las que no lo son y quieren parecerlo, ha generado esa preferencia absurda por cuanto se vende con marca o rótulo extranjero”. En ese sentido, es preferible la “vida cara” en un país próspero, que la “vida barata” en uno sumido en la miseria.

Es larga la tradición de las ideas en nuestro país que se oponen a la apertura indiscriminada de las importaciones, muchas de las mismas silenciadas, al igual que quienes las enuncian, al tiempo que se difunden largamente las que pregonan el librecambio. ¡La sabia organización de la ignorancia! decía Scalabrini. Así, tempranamente, en una de las primeras (quizás la primera), manifestación clara de proteccionismo en estas tierras, el primer gobernador nativo Hernandarias le escribe al Rey español en 1615: “el vino y otras mercancías importadas que entran por el puerto de Buenos Aires impiden las crianzas y labranzas de estas tierras. Si esto sigue, ¿de qué va a trabajar la gente?”.

Otra de las plumas que tempranamente defiende con lucidez la industria nacional y critica la libre importación es Carlos Pellegrini que sostiene a mediados del siglo XIX: “no hay en el mundo un solo estadista serio que sea librecambista, en el sentido que aquí entienden esta teoría. Hoy todas las naciones son proteccionistas y diré algo más, siempre lo han sido y tienen fatalmente que serlo para mantener su importancia económica y política (…) Es necesario que en la República se trabaje y se produzca algo más que pasto”. El librecambio mata la industria naciente. Ya el correntino Pedro Ferré, otro lúcido defensor de la industria nativa, aseveraba la urgente necesidad de establecer “la prohibición de importar artículos producidos en el país”.

Para la misma época que Pellegrini, como parte de los debates parlamentarios durante el gobierno de Avellaneda en los que se discute si aplicar o no tarifas aduaneras (vale recordar, gana la posición de aplicarlas), Vicente Fidel López, otro defensor de la industria nacional (aunque historiográficamente esté cercano a la historia liberal), expresa “para el Señor Ministro (se refiere al porteñista, librecambista y pro-británico Norberto de la Riestra -¡cualquier similitud con el gobierno actual no es casualidad!-, por entonces Ministro de Hacienda) un país que no produce sino materias primas (…) puede alcanzar la misma altura que un país que produce materias manufacturadas (…) Y yo digo que si nos limitamos a esta esfera, jamás saldremos de la pobreza, de la miseria, de la barbarie y del retroceso”.

Miguel Cané también lo fustiga preguntando: “yo quisiera que el Señor Ministro me mostrara un solo país en el mundo en que se haya producido la industria de la manera maravillosa (mediante el librecambio refiere) con que él pretende”. Amargamente comenta el diputado Alcorta que fruto de no proteger la manufactura local la misma “ha desaparecido, dejando sin ocupación a muchos hijos de esta provincia”. Rafael Hernández también se preocupa por el destino de nuestra industria en detrimento de la británica, pues así “abandonando nuestras industrias, entregando nuestro capital, nos convertimos en una especie de Irlanda, en un feudo cuyo señor está en los bancos de Inglaterra”. Ya en el siglo XX Scalabrini Ortíz trata la misma cuestión, rememorando que “telas, trajes y zapatos se fabricaban en el norte argentino y en Corrientes, hasta que la industria inglesa nos confinó al primitivismo pastoril y agrario. Inglaterra, con las ventajas del librecambio arrolló las industrias del interior asentadas en dos siglos de proteccionismo español (…) el librecambio fue fatal para el interior”.

Pero quizás a nuestros actuales gobernantes y a otros también estas palabras le parecerán parte de la “política criolla”, de un pensamiento de “menor seriedad” por ser expresado desde nuestra nación. Así que veamos, como ejemplo, qué dice Arsenio Isabelle, que en un viaje por Argentina, Uruguay y Brasil hacia 1830 expresa: “¿Sabéis que han hecho los ingleses? Se apoderaron de la industria de los indios pampas y araucanos, de los habitantes de Tucumán y Corrientes, fabricando y confeccionando ponchos y las jergas con que se realiza u gran comercio en América del Sur. Y lo consiguieron tan bien que ahora solo se usan ponchos ingleses”.

Don Arturo Jauretche, defensor de una política nacional en defensa de nuestra industria, hizo conocida la anécdota del general norteamericano Grant que es útil brevemente aquí. Al término de la guerra civil en el Norte de América (a diferencia de la del Sur) triunfa la política proteccionista, y Grant viaja a Inglaterra desde donde se pregonaba la necesidad que los países adopten el librecambio y se fustigaba el proteccionismo, a lo que Grant arguye que Inglaterra logró su poderío en base al proteccionismo aplicado por dos siglos, y sentencia: “dentro de doscientos años, cuando Norteamérica haya obtenido del régimen protector lo que éste pueda darle, adoptará firmemente el librecambio”.

No obstante estas advertencias, y muchas más, lo que fue primando fue la política de quitarle protección a nuestra industria, salvo excepciones claro como por ejemplo en el siglo pasado la Ley de Aduanas de Rosas que levantó nuevamente la industria artesanal del Virreinato que había sido perseguida por muchos años. Pero a esta política siguió Caseros y Pavón y los principios del librecambio, como a la política industrial del peronismo (la más consecuente, profunda y con mayores logros hasta aquí en nuestra historia), le correspondió la liberal de “la Libertadora”, y la neoliberal de la Dictadura genocida profundizada en los años 90.

En esta valoración positiva del librecambio resulta relevante destacar que como analiza Marcelo Gullo en su trabajo La insubordinación fundante, los países centrales tienen instrumentos “oficiales”, básicamente los organismos de estado; y “no oficiales”, fundaciones, universidades como Harvard, Hollywood, etc. para lograr lo que denomina como “subordinación ideológico-cultural” de los países dependientes. Es mediante estas estrategias de “poder blando” que van penetrando, sobre todo a las elites dirigentes, con ideologías de franca subordinación como el librecambio. En este sentido Hernández Arregui manifiesta que “una nación que acepta la teoría librecambista de otra no es una nación, pues está favoreciendo, al desguarnecer su propio mercado, a la industria extranjera, y en consecuencia, frenando su propio desarrollo industrial, base de toda independencia nacional”.

Llevamos más de un año de franco y acelerado retroceso de los sectores populares. No obstante, algo comienza a moverse en el subsuelo de la patria, algunos movimientos hacia la re-unificación del campo nacional, y la marcha de los trabajadores el 7 de marzo puede marcar el inicio de la recuperación, convencidos que los trabajadores son los que sostienen la nación, y que “solo el pueblo salvará al pueblo”.

* Juan Godoy es Licenciado en Sociología (UBA) y Miembro del Centro de Estudios Hernández Arregui (CEHA)

Paro docente – ES Fotografía

Las marchas en todo el país de los gremios de la educación en reclamo por la apertura de la Paritaria Nacional Docente fueron contundentes en cuanto a los asistentes (70 mil en Bs. As.) como así en el porcentaje de acatamiento (90%) al paro de 48hs. En el segundo día de paro docente converge con la movilización de las centrales obreras contra el plan de ajuste impulsado por el Gobierno Nacional.
La Confederación General del Trabajo (CGT) a través de su Consejo Directivo convoca a movilizar este martes en defensa del trabajo y la producción nacional, de paritarias libres, de los convenios colectivos de trabajo, del sistema previsional y la salud de la seguridad social, de la educación, y en contra de la flexibilización y el aumento indiscriminado de tarifas.
En la Ciudad de Buenos Aires la concentración será frente al Ministerio de Producción a partir del mediodía y se espera que a partir de este hecho, sin dudas trascendental, se fije fecha para la realización de un paro general.
Las entidades que convocan y adhieren son la Confederación General del Trabajo (CGT), la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), la CTA Autónoma, la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), la Confederación General Empresaria (CGE-RA), movimientos sociales, estudiantiles y juveniles y partidos políticos (PJ, FR, PS).

La movilización se enmarca en el conflicto docente, el paro de Mujeres del 8 de marzo, y una enorme cantidad de luchas en las distintas regiones argentinas en defensa de los puestos de trabajo, contra los despidos y en oposición a la apertura económica.

“Trabajadores: Únanse; sean hoy más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa patria la unidad de todos los Argentinos.” Juan Peron – 17 de Octubre de 1945

Convocatoria de la Unión Obrera Metalúrgica

 

Despidos, suspensiones, caída de la producción: los números que explican la movilización de los gremios industriales y su presión para que la CGT salga a la calle.

Por Aritz Recalde*. Publicado originalmente en la Revista Zoom

En una CGT que hace largo tiempo viene siendo conducida por los gremios de servicios, fueron los sectores industriales los que ejercieron presión para que la central obrera saliera de la pirotecnia verbal y, finalmente, pisara la calle. No fue fruto de una interna, sino el resultado de una situación evidente. En un escenario adverso para todo el movimiento obrero, los trabajadores de la industria están sufriendo con especial dureza los efectos del nuevo modelo que impone la Casa Rosada. En cada rama de la actividad se acumulan meses de caída de la producción, desplome de las ventas, aumento de los artículos importados y, sobre todo, miles de despidos, cesantías, vacaciones adelantadas y retiros voluntarios, además de casos donde las fábricas bajaron las persianas.

Este diagnóstico es el que pusieron sobre la mesa los sindicatos del sector, cuando el 31 de enero se reunieron con el triunvirato de secretarios generales, en la sede de Azopardo. Fueron 14 sindicatos, entre ellos, la Unión Obrera Metalúrgica, los gráficos, el personal jerárquico de la energía, ceramistas, trabajadores del calzado y curtidores. Dos días después, Juan Carlos Schmid, Héctor Daer y Carlos Acuña anunciaron el plan de lucha que hoy empieza a cumplirse, con una movilización junto a las dos CTA y el respaldo de un amplio espectro de organizaciones sociales y partidos políticos, y que llega con el suelo caliente del paro nacional docente lanzado 24 horas antes.

Números rojos

autosEn ese marco, que la consigna resumida sea “en defensa del trabajo y la producción nacional” no es casual. Y mucho menos que el acto central sea frente al ministerio que encabeza el mendocino Francisco Cabrera, en Chacabuco y Diagonal Sur. En todos los rankings -oficiales y privados- de puestos de trabajo perdidos y retroceso en el mercado interno, los industriales están bien arriba. De acuerdo al último dato del Estimador Mensual de la actividad Industrial (EMI), elaborado por el Indec, en enero la caída fue del 1,1% interanual, continuando la tendencia a la baja de los últimos 12 meses. El año pasado había cerrado con un mazazo acumulado de -4,6% desde la llegada de Mauricio Macri al poder. Para matizar un poco el impacto, el informe del EMI destacó que enero tuvo el menor retroceso en lo que va de la era Cambiemos y que hasta hubo casos específicos con incrementos, como automotrices (71,1%) y químicos (0,4%). De todos modos, estas subas también hablan del precipicio al que había caído la producción en esas ramas a principios de 2016, además de que no dejan de ser “brotes” aislados en un panorama reseco, como indica el repliegue sostenido de los rubros textil (-11,1%), metales básicos (-9,5%), papel y cartón (-8,9%), edición e impresión (-7,3%), productos minerales no metálicos (-6,4%), tabaco (-4,2%), caucho y plástico (-2,1%), alimentos (-1,4%), el resto de la metalmecánica (-1,0%) y la refinación de petróleo (-0,1%).

Para la consultora Orlando Ferreres, el cuadro fue incluso más grave: registró en enero una merma del quehacer industrial del 6,4% interanual, con fuertes bajas en tabaco (-26,5%), alimentos (-18,4%) y siderurgia (-10,6%).

En el suelo bonaerense, la Federación Económica de Buenos Aires (Feba) también informó un negativo del 4,6% en 2016. Advirtieron que “las perspectivas de corto plazo no son alentadoras”, debido a “menores niveles de consumo que desincentivan la producción industrial” y porque el “incremento de las importaciones también es una señal de preocupación de la actividad manufacturera local, que se agrava con la persistente recesión de la economía brasileña”. El gran impacto lo vieron en los textiles, con un global de -27,4%.

Desde la Federación de la Industria del Calzado (Faica) alertaron que en los primeros 45 días de 2017 hubo una suba del 62% de artículos importados, para un sector que cerró el año pasado con una baja del 11,2% en su producción.

“El pedido de los industriales no sólo tiene argumentos propios, sino que se calza sobre las certezas que fueron surgiendo de los meses que lleva la relación entre la CGT reunificada y Cambiemos”

Todo este desplome explica una parte de la tensión en los gremios. Pero el mayor desencadenante fue su otra cara: la sangría de afiliados. De acuerdo al Centro de Economía Política Argentina (Cepa), en enero la industria acaparó cerca del 70% de los puestos caídos en todo el mercado laboral: 2751 sobre 3617, seguida de lejos por los sindicatos de servicio (646) y del sector primario (220). Si se hace foco en el ámbito privado, de los 170.811 despidos y suspensiones registrados de diciembre de 2015 al 31 de enero pasado, 90.766 corresponden a la industria. De ellos, 17.567 fueron metalúrgicos, con el caso testigo de los caídos en Siderca Campana. Los textiles, acorralados por el arribo de las prendas asiáticas, tuvieron 3752 despidos y 11.820 suspensiones. En el rubro automotor, se esfumaron 9410 empleos, con despidos en Renault, Ford, Honda, Iveco y Volkswagen, más suspensiones en Fiat y Scania, entre otras compañías. En las autopartes hubo 1514 despidos y suspensiones, más 2164 casos de los trabajadores del caucho. Otro tanto vivió el petróleo, la electrónica y la línea blanca, los alimentos (7469 bajas), el calzado (2800), los frigoríficos (3071) y la energía (4042). En problema, como se ve, es de escala nacional.

Con esta realidad y un horizonte que sólo despierta esperanzas en Balcarce 50, los dirigentes industriales golpearon la mesa de la cúpula cegetista y pidieron pasar de la dialéctica a un plan de acción. Al triunvirato -donde los secretarios provienen de gremios de servicios- le quedaba poco margen para no dar una respuesta positiva, sobre todo porque se les hizo evidente que, más temprano que tarde, cada sector irá poniendo las barbas en remojo.

La paciencia y la bronca

cgtEl pedido de los industriales no sólo tiene argumentos propios, sino que se calza sobre las certezas que fueron surgiendo de los meses que lleva la relación entre la CGT reunificada y Cambiemos. A la paciencia extendida de la dirigencia cegetista el macrismo le respondió con un combo de indiferencia, desplantes y promesas incumplidas. En ese camino estuvo el vaporoso compromiso de no despedir que los empresarios asumieron ante los trabajadores, con el gobierno como testigo y de aplicación nula. También el anecdótico bono de fin de año, presentado con un paliativo pero concretado a cuentagotas y con montos por debajo de lo acordado. Y cuando la CGT empezó a subir el tono de las quejas, desde el oficialismo los acusaron de tener motivaciones políticas. Como broche, el Poder Ejecutivo sugirió paritarias que no superen el orden del 20%. Y aunque dijeron que no iban a incidir en los acuerdos de los privados, pusieron una clara referencia con el 18% que fijaron para los empleados públicos.

A pesar del rechazo generalizado que provoca el estilo macrista, hacia el interior del arco industrial conviven diferentes posturas, reflejo de las propias divergencias de una CGT reunificada pero no monolítica. Mientras la UOM de Antonio Caló se puso al frente del reclamo -acusó 9000 despidos y 14.000 suspensiones-, los mecánicos de Smata mantienen sus reparos. Si bien no participarán de la marcha, adherirán a la jornada de protesta, realizando “un cese de actividades en la industria de cuatro horas por turno en los lugares de trabajo avalando el reclamo”. El gremio de Alberto Pignanelli -que todavía mantiene diálogo con la Rosada- es una de las piezas más fuertes del Movimiento de Acción Sindical Argentino (Masa), una línea interna de la CGT que encabezan el taxista Omar Viviani y el ferroviario Sergio Sasia.

Otros que presionan al triunvirato son los sindicatos reunidos en la Corriente Federal de los Trabajadores, donde están los bancarios de Sergio Palazzo, que hace rato piden un paro nacional y que ven en el 7M un punto de inflexión para convocar a una huelga general con fecha concreta.

Un dato no menor es el apoyo llegado desde el otro lado del mostrador: al respaldo de la Confederación General Empresaria (CGE-RA), se sumó el acompañamiento de la poderosa Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

Con todos estos condimentos, después de meses de cautela, amenazas y pasos en falso, la CGT está en la calle. Ahí se jugará la pulseada entre los que quieren contener y los que buscan profundizar el rol de la mayor central obrera del país.

*Aritz Recalde es Sociólogo y Dr. en Comunicación UNLP

Fines 1934 y principios de 1935

Proponemos, públicamente, ante la Convención Nacional, las cuestiones que en privado muchos de nosotros han expuesto a los representantes que la forman.

Sus actos deben ajustarse al pensamiento y a la voluntad que individualmente nos han  declarado ante la sórdida conjuración que los rodea, ya evidenciada en la atroz humillación  impuesta al alto cuerpo, por quienes han implorado a las oficinas del gobierno, licencias y  beneplácitos para lo que se ha de decir y resolver en sus reuniones.

Los peligros del camino han sido iluminados por advertencias oportunas.

La mente de los convencionales ha sido esclarecida por el planteo de exigencias fundamentales que no pueden descuidarse, y por la ponderación de su responsabilidad.

Sus voluntades, si vacilan, tienen suficiente confortación en la certeza de que las inagotables  energías de los RADICALES FUERTES concurrirán a la defensa de la Unión Cívica Radical; no descansarán.

Estamos presenciando el esfuerzo sistemático que dentro de la U.C.R., realizan algunos de los  que accidentalmente la representan con el fin de demostrar que la U.C.R. es un “partido de orden”, o sea, el puntal que necesitan los gobiernos fraudulentos.
No ignoramos —pronto nadie ignorará— cuáles son las verdaderas causas de la nueva postura  que adoptan los ancianos caballeros que quieren dirigir el pensamiento radical. Pero nos está  impuesta la necesidad de establecer claramente la verdad acerca del contenido histórico y social de  la U.C.R. y este deber, perentorio en vísperas de la Convención, nos aparta, por un momento, del  anhelo de advertir a la gran masa de los ciudadanos unidos de toda la República, sobre los peligros  que para la Nación, se encierran en las vinculaciones y conveniencias existentes entre las empresas  extranjeras expoliadoras del trabajo y de la producción nacionales, por un lado, y conocidos ex miembros de gobiernos, llamados radicales, por el otro.

Felizmente la emergencia no es novedosa para la U.C.R., ni nos sorprende el conato de  desquiciamiento que se descubre: ella supo siempre desarrollar su admirable capacidad de defensa y ha podido hacer prevalecer su unidad espiritual cada vez que los enemigos de la soberanía del pueblo argentino han clavado en su seno “la cuña del mismo palo”.

Porque desde el principio fue la U.C.R., la Nación misma en marcha hacia su forma social más perfecta, y en su amplitud y complejidad de pueblo, no le faltaron nunca ni ancianos caballeros  ni jóvenes universitarios que quisieran arriar la bandera para ir a negociarse, como hacen los jefes  de los partidos políticos, a las empresas mercantiles o a los gobiernos fraguados por ellos.

Pero la U.C.R. no es un partido, y por eso no la entienden ni pueden manejarla los  vendepatrias que hoy infectan sus cuerpos directivos. Ella no se contiene en los límites de una casa  de reunión, ni en una lista de nombres, ni en los programas redactados en la estulticia de falseadas convenciones. No tememos nosotros que lleguen ellos a conocer la íntima estructura de la Unión,  pues a esta comprensión sólo se llega por amor, por sentimiento de unidad, por identificación  espiritual. Y ojalá se les abriera el entendimiento, y dejando de ser para ellos un misterio el vínculo que nos une, se sumaran a las masas de conducta radical. Tienen ellas, como pueblo, su irradiación propia, su fuerza invisible, que realiza cada día su nueva integración, asimilando y transformando  sus nuevos valores —nombres e ideas—; y que resiste y repulsa a los elementos de destrucción caídos o despertados en su seno.

Sería inútil buscar en los documentos de las primeras horas del radicalismo, la expresión del  propósito consciente de constituir así a la U.C.R., ni siquiera el esbozo descriptivo de la nueva  organización aparecía: el hecho histórico se aprecia en la perspectiva del tiempo. Pero en los  discursos de los idealistas portavoces del 90 está la concepción clara y el sentido profundo de la  acción popular que se definía como alzamiento no transitorio, no limitado en el tiempo ni en la  magnitud del esfuerzo, contra la dominación que ya entonces asentaban las compañías extranjeras  sobornadoras de los poderes públicos.

Así, el designio fundamental que unió a los ciudadanos fue restaurar la soberanía popular  violada por la negación de los derechos políticos del pueblo, y violada por la enajenación que los  gobernantes hacían, de los bienes públicos y de las facultades de la Nación para resolver sus propios  asuntos, pasando tales facultades, bajo diversas formas de concesiones, a las empresas mercantiles  que en la Argentina veían —como ven ahora—, sólo una factoría más de sus metrópolis.

El pueblo no vio entonces en una y otra manifestación del desorden existente, dos problemas  distintos que pudieran resolverse separadamente. Eran sólo el anverso y el reverso, dos aspectos de  un mismo hecho, dos presentaciones de una misma cuestión: los comicios se cierran y los derechos  populares se burlan para que los problemas se resuelvan según las conveniencias de las empresas  mercantiles sobornadoras.

La reclamación del sufragio nada habría significado sin la inmediata proyección revolucionaria en el terreno de las realizaciones gubernamentales. Eran inseparables ambas expectativas. El pueblo bregó unido, en reclamación de sufragio para que se le restituyeran sus  bienes y derechos comunes, los cuales empezaban a someterse a muchas sujeciones y privilegios a  favor de los que satisfacían las concupiscencias de los magistrados y depositarios de la fuerza. Y  para este fin no confió en providencias extrañas a sí mismo, sino que afirmó su fe en su propia  acción, comenzando a pensar y obrar como insurgente: en rebelión contra los gobiernos que  usurpaban sus derechos, y en rebelión contra las instituciones que eran fruto de esa usurpación  y están calculadas para asegurar el lucro de los explotadores.

Una visión clara de su destino, y la resolución de vencer comenzaron a animar al pueblo  argentino, erigiéndole en fuerza temida por los negociantes, no sólo porque este pueblo podría  sustraerse a sus garras, sino también porque su rebelión podría estimular y alzar a los pueblos  hermanos de la América Latina, cuyos brazos y cuyas tierras estaban ha siendo traficadas por los  sucesores de los próceres de la independencia. Comprendieron que les era preciso destruirla y para  eso era fácil tocar a hombres y grupos que por sus apellidos, sus fortunas o sus habilidades, gozaban  de “notabilidad”, como ellos decían de sí mismos. Y vino el acuerdo  de 1892, primera purificación  del movimiento popular, que dio ocasión al afianzamiento de la actitud de la masa de la gente desconocida.

Hasta entonces el pueblo había tenido en la acción política sólo presencias fugaces. Pero desde que se comprobó esa claudicación en la Unión Cívica, el pueblo constituyó su Unión Cívica  Radical, en la cual vino a ejercer sus poderes que ya no habrá de delegar.

Vinieron largos años de lucha bajo la opresión; los impacientes tornaron el camino de sus apetencias: nuevos esfuerzos armados en 1893 y en 1905 jalonaron de heroísmo el camino de la  abstención, forma tipo de las grandes luchas, que es la conducta radical por excelencia, la virtud histórica y el timbre de valor civil de sus antiguos cuadros nunca abatidos y siempre renovados.

Hipólito Yrigoyen había llegado a ver realizarse en su conciencia individual, la conciencia  profunda y vasta del pueblo, y vino a ser como la materialización de esa unidad misteriosa que el pueblo sentía en la U.C.R. Hízose portavoz, ejecutor y guía, en cuyas funciones no ha sido  reemplazado. Cuando alguien anunció desde un balcón de la calle Sarmiento, a la multitud  expectante y angustiada: ¡Yrigoyen ha muerto!, el pueblo clamoreó al unísono: ¡Viva Yrigoyen!

Para ese pueblo y para ese hombre, el gobierno ha sido una forma de la acción revolucionaria, una etapa de su milicia: se rescató la tierra pública; se interrumpió la dictadura de las empresas extranjeras y de las embajadas de Inglaterra y Estados Unidos; se abrieron al pueblo los caminos de  la instrucción; se guardó la paz, a pesar de las amargas vicisitudes; se devolvió a los trabajadores la facultad de hacer valer su derecho contra los expoliadores; se promovió colaboraciones efectivas con pueblos hermanos; se proclamó en Ginebra la igualdad y la justicia entre las naciones, y en las persecuciones que dentro del país se siguen, en nombre de la ley, contra la pobre gente, se puso la misericordia del Presidente por sobre las limitaciones mentales de los juristas.

La defección moral y política de esos RADICALES BLANDOS reaparecidos en los cuerpos administrativos del Comité Nacional, no quebró la fe del pueblo ni ensombreció el ánimo del jefe.

Uno y otro entran en la convicción definitiva de obrar por vías revolucionarias, para reemplazar estas instituciones, hechas para el peculado y el engaño, por las otras que se fundarán en la verdadera justicia, cuya práctica debe ser, para todos los del pueblo, la ocasión de su perfeccionamiento.

Pero desde el 6 de septiembre, el país llegó a ser ya desembozadamente, la factorías de los trusts que habían pagado ese alzamiento. Así se ha creado la imperiosa necesidad actual de la insurgencia que evite a la presente y a las futuras generaciones, caer en la horrorosa esclavitud a que procuran conducirlo.

Otra vez se jaloneó de heroísmo el camino de la lucha; y la abstención define de nuevo la dignidad cívica y el valor civil de los argentinos que reivindican la integridad de la soberanía nacional. Y de nuevo hay distinguidos caballeros que “no creen posible el camino de la revolución”,sin haber intentado recorrerlo; ya se ve a los impacientes tomar el camino de sus apetencias; nobles y prudentes ancianos hablan de paz nacional, o sea de un pacto de mutuo encubrimiento; y otros quieren perfeccionar el organismo “del partido U.C.R.”, para ir ellos, mejor cotizados, a negociarse —a negociarnos—, a las compañías monopolistas.

Y la vieja vocación revolucionaria de la U.C.R., más honda, más amplia y más firme resurge, sin impaciencias ni vacilaciones, en el espíritu de los viejos luchadores, no quebrado en la molicie de los gobiernos, y en la reflexión y en la esperanza de los desheredados. No esperamos que se realice en otro hombre la reencarnación de conciencia popular que fue Yrigoyen.

De la misma masa de la gente desconocida de la U.C.R. ya ha surgido la nueva mentalidad revolucionaria argentina, teniendo como primer postulado inequívoco de acción y de doctrina, la decisión de abolir todo privilegio y de restablecer la independencia cultural y económica de la República, es decir, de restaurar integralmente la soberanía del pueblo, que es para lo que fue creada la Unión Cívica Radical.

Pero todo eso fue muy poco porque Yrigoyen tuvo escasos colaboradores de conciencia, lo cual lo llevó a decir con amargura pero sin desfallecimiento: “Esta generación ha fracasado”.

Cuando la U.C.R. volvió al gobierno en 1928, traía Yrigoyen la resolución de alterar las  instituciones, pero no tuvo cerca de sí los muchos valores individuales cuya acción constructiva debía coordinarse, pues halló corrompida la juventud, y así lo dijo públicamente.

Los hombres representativos de aquella generación y de esa juventud, son frutos de la

Universidad, donde se enseñan todas las corrupciones mentales de Europa, y todas las teorías inventadas para la esclavización de las poblaciones coloniales.

Nosotros cumplimos el primer deber de la hora, demandando a la Convención para que no subalternice sus funciones, como procuran los agentes de las empresas sobornadoras que se sientan en su seno y que han intervenido en su convocatoria; y para que se aboque de una vez a encaminar la gran acción común de los pueblos, hacia la suprema finalidad irrenunciable que nos mueve y que la Convención proclamará a la faz del mundo estableciendo, precisamente, las siguientes declaraciones de nuestra voluntad común:

Es de esencia de la Unión Cívica Radical:

  1. —Promover la reconquista de la soberanía económica de la Nación  Argentina, y de todas las Naciones Latinoamericanas mediante la anulación inmediata de todos los tratados, leyes o sentencias por las cuales se haya dada o reconocido concesiones a empresas mercantiles.
  2. —Promover la reconquista de la soberanía política de la Nación Argentina, y de todas las Naciones Latinoamericanas, por la anulación absoluta de todas las facultades dadas o reconocidas a todas las instituciones educacionales que no se inspiren en los principios de la Revolución Americana.
  3. —Abolir todos los privilegios, por la anulación de todas las instituciones organizadas para conservarlos.
  4. —Establecer las nuevas instituciones, basadas en la colaboración continental y en la seguridad económica y cultural de todos y cada uno de los habitantes.
  5. —Restituir al ejército la integridad de la misión que le asignara San Martín, de defender la soberanía nacional y cumplir los mandatos legítimos conducentes a asegurar la libertad y la voluntad del pueblo.
  6. —Reafirmar la abstención, como método hasta la asunción del poder con tales fines.

Obraremos así, según nuestro convencimiento de que han de corregirse sin demora los errores y prevaricaciones de los gobiernos que nos han desviado del destino común que comprendieron los libertadores, quienes no lucharon sólo para independizarnos de poderes políticos extraños, sino para crear una nueva civilización que redima al hombre y lo reintegre a su verdadera dignidad.

Buenos Aires, diciembre de 1934

“Se ha creído siempre que los países nuevos deben inspirarse en los más viejos, cuando menos en las circunstancias análogas y especialmente en todo lo referente a la disciplina  mental, pero esta afirmación constituye un palmario error de juicio, puesto que la sabiduría fundamental humana, que impertérritamente deberá seguir el universo, la conciben igual o mejor los pueblos nuevos, ansiosos de verdad superior y envueltos o saturados en sus propias fuerzas”

Hipólito Yrigoyen

(Del memorial a la Corte Suprema de la Nación, Martín García, agosto 24 de 1931)

Fuente: FORJA: “Vocación Revolucionaria del Radicalismo” (fines 1934 y principios de 1935)

La pensadora nacional Iciar Recalde analizó la coyuntura política actual a la luz de la doctrina justicialista y su evolución desde la muerte de Juan Perón. Se refirió a la derrota electoral de 2015 y a los modos de lucha desde el campo popular para acceder al poder. Subrayó la vigencia del Modelo Argentino para el Proyecto Nacional elaborado por Perón en 1974.

Recomendamos escuchar la exposición completa:

Gerardo Burton y Diego Salas de Mano a Mano. 18 febrero, 2017

En el colmado salón de usos múltiples de la EPET 7 de esta capital [Neuquén, 16/2/17], la investigadora Iciar Recalde dijo que los trabajadores y las organizaciones libres del pueblo “son la columna vertebral” del movimiento nacional que debe reconfigurarse para recuperar el poder en 2019. La disertación, sobre el tema “¿Por qué soy peronista?” se realizó el jueves en el establecimiento educativo con la asistencia de más de 300 personas -militantes de agrupaciones políticas y movimientos sociales y simpatizantes del campo popular-.

La disertación fue inaugurada por Sandro Castro, titular de AATRAC -Asociación Argentina de Trabajadores de las Comunicaciones seccional Neuquén-; el diputado nacional FpV Darío Martínez y la dirigente Lorena Barabini Parodi. Tras los discursos iniciales, Recalde analizó la coyuntura política actual a la luz de la doctrina justicialista y se refirió específicamente a la vigencia del Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, elaborado por Juan Perón en 1974 y que constituye su testamento político. (…) Recalde es licenciada en Letras por la Universidad Nacional de La Plata y ha editado numerosos ensayos y artículos sobre los principales intelectuales peronistas y del campo nacional y popular.

Por ejemplo, su tesis doctoral es sobre el escritor Haroldo Conti; participa como fundadora del Centro de Estudios Juan José Hernández Arregui – sobre quien tiene un trabajo publicado a propósito del bicentenario de la Revolución de Mayo -, sobre el proyecto de las cátedras nacionales en la universidad de los años setenta, entre otros. También fue asesora de los bloques legislativos provinciales del Frente para la Victoria en Buenos Aires y de la vicegobernación de esa provincia.

En primer lugar, Recalde se refirió al “contexto de retroceso furibundo del movimiento nacional” desde la derrota de 2015, aunque señaló que existen “antecedentes en la patria”: los golpes de Estado de 1930 y de 1955 (“trágico”, según lo calificó) y el de 1976 que, además de instaurar el terrorismo estatal, inauguró una etapa de neoliberalismo que concluyó con la asunción de Néstor Kirchner a la presidencia de la Nación en 2003.

En este itinerario de avances y repliegues, hoy se produce un fenómeno original, explicó: “la oligarquía que comanda los destinos de la Argentina en la actualidad: gobierna con los personeros de las corporaciones, con las conducciones de las multinacionales, conducen lisa y llanamente el Estado. La oligarquía había tenido la capacidad de poner a representantes de sus intereses. Ahora, lisa y llanamente el imperio y sus corporaciones conducen la política del Estado argentino con todas las consecuencias trágicas que eso supone”.

A continuación, mencionó los “enormes desafíos” que enfrenta el campo popular. El primero de ellos, no menor, es el de la identidad, señaló, debido a la “profunda crisis” que transita el peronismo desde el fallecimiento de Juan Perón en 1974.

La respuesta más acertada, para Recalde, “la sintetiza Evita cuando dice que <el peronismo no se aprende ni se proclama, se comprende y se siente. Por eso es convicción y es fe; es la fe popular a partir de una causa de esperanza que faltaba en la patria>, y a continuación decía Evita <soy peronista por conciencia nacional, procedencia popular, por convicción personal y por apasionada solidaridad y gratitud a mi pueblo necesitado y actuante otra vez por el renacimiento de sus valores a partir de su jefe, el general Perón>. Son valores medulares de la doctrina justicialista”.iciar 3

Indicó que la crisis en el peronismo tuvo consecuencias en la derrota electoral. Esto hizo posible que una minoría antinacional, dijo, tome los resortes básicos del Estado porque “las mayorías sociales dejaron de ser un espacio seguro”.

Y la vocación peronista, dijo, tiene que ver “con recuperar la confianza perdida y, en consecuencia, creo que la pregunta por la identidad tiene una respuesta: es la recuperación de la doctrina justicialista”.

Ése fue el eje que Recalde se ocupó de desarrollar durante una gran parte de su disertación: mencionó entonces las “etiquetas del peronismo construidas con ismos sumados a otros apellidos”. Pero aclaró que el peronismo no es el Partido Justicialista ni un electoral ni una invención cultural, por el contrario, se trata de “la búsqueda políticamente organizada de soluciones a los problemas argentinos”.

La pregunta por el peronismo adquiere relevancia, sugirió, a la hora reconocer la vigencia o no de la lucha por alcanzar la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.

A partir de acá el peronismo se ofrece como una experiencia exitosa de la revolución nacional, que logró el punto más alto de la dignidad y el bienestar para el pueblo argentino porque “pese a las tropelías de los 90 hay un ADN vinculado con la dignidad”.

“La consecuencia del peronismo, continuó, es la doctrina: la propuesta de un destino posible, profundamente necesario para saber qué hacer con la patria. Pese al esfuerzo de las organizaciones libres del pueblo la doctrina justicialista permanece hoy replegada y es necesario hacer un esfuerzo para ponerla en el centro del debate”.

Dijo que la síntesis “más acabada” de la doctrina son los dos planes quinquenales y el plan trienal; la Constitución de 1949 y el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional que es “el testamento político del general Perón”. De este último, indicó que se trata de “una propuesta programática vigente para los próximos años en la Argentina”. Añadió que “el peronismo no está atrás como una pieza de museo, sino que fundamentalmente está adelante, hablándonos desde el futuro”. [Descargar “El Modelo Argentino para el Proyecto Nacional”, la Constitución de 1949, los Planes Quinquenales y el Plan trienal desde nuestra Biblioteca Digital]

Justamente por no ser una pieza de museo y por el carácter revolucionario del peronismo, no se trata de recordar a las glorias del pasado como Perón y Eva, sino que se trata de “iluminar el presente”. Por el contrario, “el peronismo nos legó una forma de entender la realidad nacional a corto, mediano y largo plazo y cómo solucionar los problemas nacionales”. Se trata, concluyó, de que el pueblo argentino tiene la capacidad de elaborar y desarrollar en la práctica política un proyecto soberano “a contrapelo de la oligarquía liberal que quiere ser una semicolonia de los gringos y copiar modelos foráneos”.

Fuente: Mano a Mano Noticias

 

APUNTES SOBRE EL PROGRAMA DE LA CORRIENTE FEDERAL DE TRABAJADORES
Por Gabriel Fernández*
En medio de la Resistencia, emerge una nueva Nación

El asentamiento histórico del programa planteado por la Corriente Federal de Trabajadores se vincula a la historia misma del movimiento obrero argentino. A sus luchas, sus planteos, sus proyecciones. Si tuviéramos que situar esas trayectorias en algunas síntesis, podríamos mencionar los puntos surgidos en La Falda, Huerta Grande, en el programa de la CGT de los Argentinos y en los 26 puntos de la central que orientaba el recordado Saúl Ubaldini. Asimismo, en una secuencia trascendente de discursos conceptuales realizados por el jefe de la CGTA Raimundo Ongaro, resumidos en el libro Ongaro hace y dice.

Sin embargo, no estaría demás incluir en esos antecedentes los históricos y profundos debates llevados adelante entre el movimiento obrero organizado y el entonces presidente Juan Domingo Perón en 1953, durante el Congreso de la Productividad, con rastros previos y derivaciones posteriores. De allí emana la tensión entre organización política y derechos sindicales que se condensa en puntos calientes pero no deriva en la ruptura. Como veremos, el gremialismo argentino posee un pedigree valioso, digno y estructuralmente potente, lo cual no ha impedido el emerger de vertientes oscuras más ligadas a los intereses oligárquicos que a los populares.

Vamos a la cuestión. El primer tramo del programa da cuenta de las situaciones de actualidad. Plantea la necesidad urgente de adoptar medidas para, en un marco de emergencia social, disponer la estabilidad laboral y proteger el trabajo argentino. Asimismo, se mete en la formación de precios tomando en cuenta el bolsillo de la familia trabajadora y la necesidad de reapropiarse de los recursos estratégicos de la Nación así como de los servicios públicos. En tren de completar labores interrumpidas, exige la conformación de una Junta de granos y productos regionales, así como un acuerdo multisectorial para impulsar estas medidas en el marco de un Plan de Desarrollo.

Ahora bien, como ese Plan debe contener medidas de corto y largo plazo, requiere involucrar acciones de orden estratégico. Por eso propone una Reforma Financiera. Es interesante dar cuenta de la fundamentación presentada por la Corriente Federal de Trabajadores: “confirmado el carácter de servicio público de la actividad financiera” la misma debe ser orientada “al respaldo de la producción y de las familias” en “sustitución de la actual Ley de Entidades Financieras, por una Ley de Servicios Financieros que determine también un esquema de Banca de Desarrollo y el rol del Banco Central como agente financiero del Gobierno Nacional y supervisor de toda actividad financiera bancaria y no bancaria”.

Nos extendemos en este punto porque la pugna entre proyectos productivos y proyectos rentísticos es central en el mundo de hoy y, claramente, en nuestro país. Todo el segmento tiene un intenso aroma forjista que nos remite a la discusión planteada por la gente de Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche en derredor del control y las funciones del BCRA. Por eso en la propuesta se impulsa también el contralor de las tasas de interés así como la determinación del volumen de los préstamos que la banca privada debe orientar al desarrollo productivo. En tal línea sostiene -en una reivindicación tácita de la Década Ganada- una política de “desendeudamiento externo, como base para la consolidación de un proyecto de desarrollo autónomo”.

Avanza claramente y propone, entonces, una “Reforma Tributaria”. Sabemos que el esquema impositivo argentino es regresivo, lo cual no impide que las autoridades liberal conservadoras periódicamente exculpen con argumentos diversos e inconstitucionales a las empresas privadas, de las cuales forman parte muchos de los miembros de la actual gestión. Por eso la CFT indica que esa reforma necesita relacionar “razonablemente los impuestos con los ingresos y la rentabilidad, garantizando el financiamiento del Estado y al mismo tiempo corrija el carácter regresivo de la actual carga impositiva”. Así, enfatiza que el sistema impositivo requiere “ganar en progresividad, incrementando los gravámenes sobre los sectores de altos ingresos y ampliar la masa tributaria de modo de poder reemplazar las alicuotas de impuestos regresivos como el IVA y estableciendo un mecanismo automático para modificar la base del impuesto a las ganancias”.

Asimismo, el programa requiere el establecimiento de una Legislación antimonopólica y antioligopólica efectiva. A diferencia de otros espacios económicos desarrollistas, se basa en la confianza en la capacidad creativa popular: “Se alentará la formación de cooperativas de productores para competir con los oligopolios que producen los bienes que encarecen artificialmente los bienes finales como plásticos, hojalata, envases de cartón, vidrio, así como para ofrecerse como alternativa a la red de supermercados que actúa en forma pro alcista en relación a los precios”. En este fragmento se visualiza el aprendizaje de las experiencias de construcción colectiva suscitadas en los últimos años del siglo pasado y los primeros del presente.

Como no podía ser de otra manera en una vertiente que congrega numerosos sindicatos industriales, se permite ir al nudo del problema cuando, en el punto 11 propone sin más la “Protección de la Industria Nacional”. Para eso destaca la importancia de reconstruir “la cadena de valor de todas las ramas priorizando aquellas que nos permitan sustituir importaciones” así como la “promoción de la pequeña y mediana empresa, del sector cooperativo y la economía popular”. Pueden observarse como hilvanados con ese planteo los ítems subsiguientes: la disposición de una nueva Ley de Inversiones Extranjeras que controle con claridad la situación de los capitales externos, y la administración del tipo de cambio y el control de la fuga de capitales, elementos que han sido habitualmente utilizados por el poder concentrado en beneficio particular y en contra del país.

Luego se refiere al establecimiento de un programa de Federalismo Solidario para promover las economías regionales y varios planes integrales destinados a fomentar el crecimiento nacional armónico: Plan Integral de Transporte que incluya red ferroviaria, caminera, aérea y fluvial (con fabricación local de sus elementos centrales) y Plan Energético Integral “que genere sinergias entre las nuevas usinas atómicas a desarrollar en Atucha y Río Tercero, sumando las nuevas obras hidroeléctricas en curso y el pleno aprovechamiento de la energía eólica y solar”. Allí también enlaza la propuesta de desplegar los recursos hídricos.

En zona de definiciones fuertes el programa de la CFT lanza puntos imprescindibles para arrancar con un programa de justicia social: Educación pública de calidad, Acceso a Tierra, Techo y Trabajo, Sistema de seguridad Social, Asistencia de Salud para todos. Estos aspectos que retoman el bloque de iniciativas urgentes se encuadrarían dentro de la necesaria Reforma Constitucional que propone el punto 23, donde se incluyen aspectos como “la democratización del poder Judicial, un sistema electoral participativo y seguro -el que se quema con leche cuando ve la vaca, llora, podríamos añadir-, la función social de la propiedad y el capital, y el compromiso con la integración económica y social suramericana”.

La referencia de comprensión del proceso pleno en desarrollo se evidencia en el punto 24, donde la CFT señala -y este periodista aplaude tal nivel de entendimiento- que la pugna entre proyectos se despliega en el marco de “un orden mundial multipolar”. Por eso insiste en la priorización de la integración socioeconómica regional y la consolidación de las estructuras que facilitan ese camino con el objetivo de disponer objetivos estratégicos en finanzas, infraestructura y producción, así como “recuperar nuestras Malvinas”. Caracteriza bien al BRICS: “orientados a limitar las ambiciones colonialistas de naciones o bloques pro hegemónicos”.

Finalmente da cuenta de una perspicacia distinta a la de otros espacios cercanos al proponer el impulso de “Medios de comunicación sin fines de lucro y con respaldo estatal vinculados con las organizaciones sociales, los sindicatos y la comunidad, para que todos los sectores de la sociedad puedan informarse y expresarse a través de los medios de comunicación”. El conjunto del andamiaje de propuestas de la CFT se ancla en “la defensa del modelo sindical argentino” como factor de “base y sustento de un Proyecto Nacional y Popular”.

Creemos que vale este repaso para la profundización de un programa surgido de lo más profundo del movimiento obrero argentino. Esta elaboración, a la cual se le podrán añadir puntos y detalles, implica un nivel de comprensión del presente agudo y también el deseo concreto de incidir fuertemente sobre el futuro en ciernes. No debería desplegarse un debate en torno al movimiento nacional sin tomar en cuenta estas propuestas y las mismas merecen estar integradas a las búsquedas políticas -electorales, parlamentarias, movilizadoras- que se lleven adelante. Pues este espacio existe, y mucho. Tiene hondura en la base social y mucha cabeza, como se observa, a la hora de diseñar una política nacional.

* Director La Señal Medios / Sindical Federal / Área Periodística Radio Gráfica

Fuente: La Señal Medios

Escribe Aritz Recalde*

Fuente: La Señal Medios

De manera sucinta, la inflación se puede definir como el aumento sostenido y generalizado de los precios. El fenómeno es el resultante de las disputas de poder social y produce beneficiarios y perjudicados.
 
La justificación neoliberal
Los programas neoliberales de reducción de la inflación implicaron una masiva transferencia de ingresos que empobreció al trabajador y que destruyó a la pequeña y mediana empresa nacional. Las acciones de gobierno guiadas por esa ideología tienden a priorizar, sin excepciones, la acumulación de ganancias del empresario oligopólico y del financista extranjero.
 
Los representantes del poder económico sostienen que la inflación se genera por la acción de los trabajadores y del Estado. El acrecentamiento de los precios sería la resultante de:
·         Emisión monetaria, gasto público y regulaciones estatales. Estas últimas generarían “problemas de confianza” en los inversores.
·         Aumentos salariales que amplían la demanda de bienes.
 
Con dicho diagnostico las políticas económicas neoliberales suelen estar vinculadas a:
·         Reducción del déficit fiscal: disminuyendo la emisión destinada a la inversión pública del gobierno (educación, salud, ciencia o seguridad). El paquete de medidas puede incluir privatizaciones a grupos extranjeros que generarían “clima inversor” y divisas.
·         Aplicar planes de reducción de la masa monetaria desde el Banco Central. La regulación de tasas de interés y la emisión de bonos son dos de sus mecanismos.
·         Rebajas salariales y debilitamiento del poder adquisitivo del trabajador. En democracia[1] proponen bajar la tasa de actividad y aumentar el desempleo con la finalidad de disminuir la capacidad de negociación sindical. Es frecuente que los delegados del poder económico apliquen políticas de alto impacto (shock distributivo) como es una fuerte devaluación o el aumento de tarifas, en paralelo a que el gobierno presiona para poner techo a las paritarias o directamente congelar salarios.  
 
·         Aumentar la oferta de bienes en el “corto plazo” a partir de:
a-     Flexibilizar controles y regulaciones económicas creando un supuesto “clima inversor”.
b-    Aumentar las importaciones para bajar los precios de productos locales.
c-     Reducir la capacidad de compra del salario y destinar el excedente a la potencial inversión de capital.
d-    Bajar impuestos y desandar la capacidad recaudatoria del Estado que es desfinanciado, para derivar la riqueza en potenciales inversiones privadas.
 
En el año 2016 CAMBIEMOS sub-ejecutó el presupuesto nacional y en 2017 redujo los fondos prácticamente en todas las carteras, menos aquellos destinados al pago de deuda que aumentaron exponencialmente. El gobierno eliminó regulaciones a las importaciones y a la salida de dólares, desarticuló el programa precios cuidados, desestimó controles sobre los intermediarios y bajó las retenciones al agro, al petróleo y a la minería. Con el objetivo de reducir el volumen de pesos circulantes, el Banco Central generó incentivos (ganancias exorbitantes) para la especulación financiera. Las paritarias laborales quedaron por debajo de la inflación y con la finalidad de “enfriar la economía”, los ministros pusieron en el congelador a los desempleados, pobres e indigentes. 
Todos los esfuerzos resultantes de la política económica actual (devaluación, LEBAC o baja de retenciones) los cargó la masa popular, mientras que los grupos económicos (exportadoras, bancos y empresas de servicios) acumularon un importante excedente. A diferencia del planteo oficial, los recursos atesorados en pocos sectores como resultado del empobrecimiento general de la población, no derivaron en inversión. Tampoco existió una relación directa entre trabajadores más pobres, super-ganancias empresarias y crecimiento económico.
 
Durante el año 2016 la inflación fue la más alta en 25 años y según un estudio de Instituto Estadístico de los Trabajadores de la UMET superó el 40,9%. Tomando distancia de sus anuncios de campaña acerca de un prominente segundo semestre, Mauricio Macri ya aclaró que en realidad “necesita 20 años de crecimiento continuo” para “sacar a todos los argentinos de la pobreza”. Al Presidente le faltó decir que además de “crecimiento”, haría falta “distribuir” la riqueza y que de esa manera no habría que esperar tanto tiempo requiriendo injustos sacrificios a los argentinos más débiles.  
 
La inflación es un reflejo de la lucha política interna
La inflación del año 2016 fue impulsada desde el gobierno nacional para garantizar los negocios del sector financiero, de los grupos exportadores de alimentos y de las empresas de servicios.
 
Los políticos neoliberales niegan que sus medidas estén orientadas a beneficiar al capital oligopólico y trasnacional y nunca reconocen que sus programas de gobierno no democratizan los costos de las crisis, sino que las transfieren al pueblo.
Más allá de la agenda neoliberal ya descripta, la inflación es una manifestación de la lucha de clases y supone disputas de intereses y tensiones de poder entre:
          Capital vs trabajo.
          Capital productivo vs especulativo.
          Capital industrial vs empresas de servicios.
          Capital industrial vs sector agropecuario.
          Grupos nacionales vs extranjeros.
          PYMES vs oligopolios.
 
Los diversos sectores van a utilizar su poder político y económico para subir el precio de sus bienes. Los aumentos relativos de los productos implican el desplazamiento de la riqueza de una clase/sector hacia la otra.
Atendiendo esta circunstancia, los Estados con vocación industrialista se apropian de los excedentes agrarios y financieros y los destinan al desarrollo del conjunto social. En el caso argentino, el peronismo (1946-1955) nacionalizó el comercio exterior, los depósitos bancarios y el Banco Central. Esta decisión soberana privilegia el interés social al de facción o clase y les permite a los países mantener a bajo costo los créditos productivos, los alimentos y las materias primas.  
 
CAMBIEMOS representa a los sectores agropecuarios y es por eso que aplicó una devaluación superior al 60% en el año 2016. Es por ésta misma causa que el gobierno nacional eliminó las retenciones al trigo (harina), el maíz (aceite), la carne o la soja (con reducción parcial). Acto seguido, el sector transfirió a precios la variación de costos de las importaciones y obligó a la población a pagar la canasta alimentaria a valores internacionales (dólares). Los aumentos redujeron la capacidad de compra del salario y originaron problemas de competitividad del sector industrial manufacturero.
Desde el año 2016 los recursos naturales y las empresas de servicios dejaron de ser concebidas como una actividad complementaria o estratégica, para volverse meramente unidades de negocios. Los abusivos aumentos del combustible, de la luz, del gas y del agua fueron trasladados a los precios por el sector productivo y por el conjunto de actores de la economía (clubes de barrio, escuelas privadas, clubes, municipalidades, etc.-).
El caso de la inflación de los derivados de los hidrocarburos en una muestra contundente del poder político del sector. Si los precios internacionales del barril del petróleo aumentan, automáticamente suben los costos internos de las naftas o los aceites. El proceso inverso no ocurre y la caída de los valores de los mismos productos en el mercado mundial no origina reducciones de precios. Incuso y por decisión del Ministro Aranguren, en el año 2016 aumentaron los combustibles con la finalidad de garantizar ganancias en dólares a las empresas que representa (en un contexto devaluatorio). En paralelo, en el año 2017 el gobierno eliminó las retenciones a la exportación petrolera y acompañó la reducción de los derechos laborales de los trabajadores del sector. 
 
Resultado del apoyo estatal a los empresarios, las paritarias quedaron por debajo de la inflación y las familias perdieron poder adquisitivo. Según el estudio de la UMET, en el año 2015 el salario real creció en promedio 3% y en 2016 cayó un 6,1%. En el Informe “El impacto asimétrico de la aceleración inflacionaria en argentina (2015-2016)”, se demostró que los aumentos perjudicaron principalmente a los estratos más pobres de la sociedad por el hecho de que destinan la mayor parte de sus ingresos al consumo de alimentos, al alquiler y al pago de servicios. Los tres rubros fueron los que más subas presentaron el último año, reflejando el contenido oligárquico y de clase de la inflación actual que multiplica pobres, para beneficiar a unos pocos ricos.  
 
Para explicar el aumento de los precios en la Argentina no puede dejar de contemplarse la estructura de producción e intermediación economía concentrada. No pocas áreas del mercado son controladas por oligopolios multinacionales, que ejercen presión sobre los precios y que incluso tienen el poder de enfrentar a los gobiernos. Los grupos económicos ponen y sacan administraciones y bloquean todos los intentos de regulación social y colectiva de la propiedad y de la riqueza. Ricardo Alfonsín fue una de sus víctimas y lo destituyeron con operaciones de evasión impositiva, de retiro de fondos de los bancos y con la fuga de capitales favoreciendo el desabastecimiento y los aumentos masivos de precios. Con la caída estrepitosa de la UCR, la democracia argentina perdió poder frente a las corporaciones.
CAMBIEMOS le otorgó al empresariado los Ministerios y con ello el pueblo delegó a las corporaciones la capacidad de regulación de los precios. Por ejemplo, en la Secretaría de Comercio el Presidente designó a una figura vinculada a la intermediación comercial (supermercados La Anónima), que es un actor fundamental de la inflación en la Argentina. En los años noventa quedó demostrado que el gato es mal guardián de las sardinas o como dijo algún colega, los zorros de los grupos económicos andan sueltos y se están comiendo a la gallina trabajadora y a la PYME nacional.
 
La inflación y la organización internacional de la dependencia
En los primeros años del siglo XXI se produjo un aumento de los precios de las materias primas (petróleo, alimentos o minerales). En parte, dicho fenómeno se relacionó a la ampliación de la demanda de la economía China caracterizada por un importante crecimiento ininterrumpido. Además, el capital financiero de los países centrales destinó recursos a crear fondos de inversión para producir bienes agropecuarios, haciendo del alimento mundial un bien de especulación.
En el caso del valor de la energía, se sumaron diversos conflictos geopolíticos y militares en zonas de producción de hidrocarburos como es el caso de los enfrentamientos y disputas en los contextos de Irak, Afganistán, Siria, Libia o Irán.
El aumento de los precios de las materias primas generó situaciones contradictorias. Por un lado, permitió mejorar temporalmente el intercambio comercial de Iberoamérica con las potencias industriales, bajando los precios relativos de las importaciones de manufacturadas. Los países sudamericanos dispusieron de mayores recursos para implementar los programas de desarrollo nacional.
La contracara de éste proceso fue el encarecimiento y el permanente aumento de los precios de la tierra, de los alimentos exportables y de la energía. El debate del año 2008 sobre las retenciones a las exportaciones fue una manifestación clara entre dos posiciones frente al aumento de los valores internacionales: se defiende el plato de comida de los argentinos o el tema es reducido a la obtención de divisas por parte de las empresas. El gobierno de CAMBIEMOS tomó esta segunda alternativa y los precios de los alimentos aumentaron de manera muy superior al resto de la economía.
Aprovechando los altos valores, algunos países profundizaron su perfil productivo extractivista y agro exportador. En la Argentina y el Brasil los valores de la soja derivaron en deforestación, desplazamiento de la cría de ganado o de la siembra de trigo y se hizo evidente la dificultad gubernamental para regular el mercado de alimentos para su población. De continuarse la tendencia a hacer de los comestibles una mera divisa, Sudamérica está condenando a la mayoría popular al hambre o a la desnutrición.
Por el contrario, los chinos a los cuales les vendemos la soja la utilizan para generar proteínas animales (en un 80%) y garantizar la nutrición de sus habitantes y la competitividad de su economía. La decisión del país oriental de importar la soja en lugar de producirla, fue parte de un plan estratégico de desarrollo que no permitió que desaparezca la producción de otros vegetales imprescindibles para la dieta nacional.   
 
El remedio puede ser peor que la enfermedad: estanflación
Los funcionarios neoliberales hacen de la política antiinflacionaria una finalidad en sí misma, sin atender los perjuicios que pueden aparejar sus decisiones sobre el conjunto de la actividad productiva y social.
En el año 2016 la política económica de CAMBIEMOS contrajo la economía que está en recesión (cayó el PBI 2,5%). La suba del precio de los créditos (tasa de interés), la apertura de las importaciones y la contracción del consumo interno destruyeron varias actividades productivas aumentando el desempleo, la pobreza y la indigencia. 
Durante su último mandato Cristina Kirchner gobernó con una alta inflación, cuyo promedio rondó el 25%. En parte, la incapacidad para resolver el problema fue justificada con la decisión de mantener el mercado interno de consumo y el crecimiento en un contexto mundial de caída de los precios de las exportaciones argentinas y de reducción del volumen comercial de los aliados estratégicos Brasil y China.
El argumento de los ministros del gobierno anterior era que el consumo y el crecimiento generan tensiones y acomodamientos de precios, que pueden ser corregidos en paritarias sin necesidad de achicar la economía y cercenar derechos. El Estado aparecía como un garante de la capacidad de compra del salario de los trabajadores y de los jubilados.
Según los gestores del kirchnerismo, la contracara se su política era el programa de metas monetaristas y antiinflacionarias que aplicó Dilma Rousseff en Brasil. Como resultado de las medidas del Partido de los Trabajadores se profundizó la caída de actividad productiva del país lusitano, con las consecuencias sociales que ello conlleva.
 
La cultura inflacionaria y los medios de comunicación
En la Argentina existe una cultura inflacionaria que es utilizada por las corporaciones para maximizar sus beneficios.
La sociedad atravesó situaciones sumamente traumáticas como fue el caso de la hiperinflación alfonsinista y ello generó una tendencia psicológica a maximizar el corto plazo. La cultura inflacionaria, la presión empresaria y la acción mediática inducen a los actores de la producción a ajustar constantemente precios, adelantándose a la “potencial pérdida” de ingresos.  
Los oligopolios de la comunicación utilizan la cultura inflacionaria para maximizar ganancias de sus publicistas y para debilitar a los gobiernos que consideran contrarios a sus propios intereses.
 
Acuerdos básicos para abordar el problema de la inflación
La inflación es una manifestación de la lucha de clases y su posible solución no es técnica, sino política.
Los sindicatos y las cámaras empresarias y cooperativas nacionales, tienen un rol político fundamental en la lucha por la determinación de precios justos.
La propiedad privada tiene una función social y ninguna corporación puede oponer sus intereses de facción sobre los de la colectividad.
La política antiinflacionaria debe partir de una concertación nacional que distribuya de manera equitativa los esfuerzos.
La política antinflacionaria no debe impedir que el conjunto de los sectores productivos y sociales se desarrollen.
El Estado es el ordenador social y tiene la soberanía para impedir la actuación oligopólica y abusiva de los factores de producción e intermediación.
La democracia debe regular el comercio interno y de exportación, promoviendo el trabajo y la producción y castigando la especulación.
La Nación y su pueblo son los destinatarios de las políticas del Estado y el consumo de las potencias extranjeras no puede derivar en el hambre de la familia argentina. 

 


[1] En la dictadura del año 1976 se prohibió la acción sindical con una inusitada represión, se congelaron salarios, se devaluó la moneda y se liberaron los precios. Como resultado del plan de Martínez de Hoz se transfirieron recursos del trabajador al capital y se cambió radicalmente la distribución de las ganancias entre la industria y la actividad financiera, entre los capitales nacionales y extranjeros y entre las PyMEs y los grandes grupos económicos que aumentaron considerablemente su capacidad de apropiarse la riqueza.

* Investigador, militante nacional popular