Escribe Juan Godoy*

            El 16 de junio de 1955 la barbarie oligárquica se hacía presente nuevamente, esta vez haciendo “llover” bombas sobre la población civil en el centro de la Ciudad de Buenos Aires, dejando casi 400 muertos. Dos meses después se daba el golpe de estado, dejando inconclusa la Revolución Nacional. El nacionalismo católico, como en 1930, esta vez a cargo de Lonardi con su “ni vencedores, ni vencidos” dura poco, el 13 de noviembre del mismo año el liberalismo conservador probritánico encarnado en Aramburu y Rojas lo desplaza, y se hace del gobierno. El Contra-almirante Rial, en septiembre, mientras dirigentes de la CGT esperaban entrevistarse con el entonces Presidente de facto Lonardi, dejaba en claro el objetivo del golpe, recuerda Miguel Gazzera que les dijo “sepan ustedes que la Revolución Libertadora se hizo para que en este país el hijo del barrendero, muera barrendero”[1]

Pero los millones trabajadores peronistas no iban a dejar que la oligarquía se “la lleve de arriba”, entonces se lanzan rápidamente a la Resistencia Peronista. Esa resistencia heroica que no se amedrenta con la represión, la tortura, ni con el Decreto 4161[2], ni aún con los fusilamientos. Esa resistencia que, en palabras de un militante del peronismo revolucionario, “El Cacho” Envar El Kadri era “la de los que escondían los bustos de Perón y Evita, lucían el nomeolvides en la solapa, escribían panfletos a máquina y con carbónicos, y con tizones dibujaban el “Perón Vuelve” en las paredes; ayudaban solidariamente a las familias de los miles de presos, víctimas de las Comisiones Investigadoras; conspiraban con suboficiales y oficiales para dar un golpe. La de los trabajadores que defendían sus conquistas; la de los muchachos que ponían rudimentarios caños llevando el terror a las guaridas gorilas”[3]

César Marcos había nacido a principios de siglo, el 3 de septiembre de 1907, mientras la oligarquía porteña se preparaba para los festejos del Centenario como Granja de Su Majestad el Reino Unido, y el yrigoyenismo se encontraba conspirando y conformando lo que sería el primer movimiento nacional de nuestro país. De muy pequeño había adquirido, por consejo de su madre, el hábito de la lectura, de modo que a los 12 años leía a Marx en el tranvía. Lector voraz, con educación formal primaria, será autodidacta. Trabaja desde joven haciendo changas en el Mercado Dorrego. Luego de la conscripción, participa en el Ejército en la compañía de Archivistas, allí comienza a “escribir para otros”. Lleva a ser sub-oficial del Ejército. Interesado por la historia Argentina, asumiendo una posición revisionista, durante la década infame se integra al Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manual de Rosas[4]. Años más tarde afirma “la historia es siempre eso: una eterna lucha entre la opresión y la liberación”[5]. Neutralista durante la Segunda Guerra Mundial, trabaja luego del golpe de 1943 como Director General de Espectáculos. Apasionado latinoamericanista, a su hija Mercedes le dice Ñusta (princesa inca)[6].

Por esa época, influencia a la figura de John William Cooke, quien era por entonces (sin “escapar” a la superestructura cultural de colonización pedagógica), anti-rosista, unitario, rupturista, y pro-inglés, bajo la figura de su padre, un radical conservador. Conversa asiduamente con el joven Cooke (Marcos le lleva poco más de 10 años), y “otorga a estas conversaciones una óptica nacional que resulta novedosa para ese John William Cooke atrapado aún por mitos de la escuela y del radicalismo en declinación”.[7]De allí, nacerá una profunda amistad que durará muchos años, y cuando Cooke sea Diputado en el primer gobierno de Juan Perón, éste es asesor del “Bebe”. Más tarde, en 1954 será artífice con Cooke de la Revista De Frente.

Una vez producido el golpe de estado, Cooke se pone rápidamente en contacto con Perón, “Cooke fue (dice Perón) el único dirigente que se conectó a mí y el único que tomó abiertamente posición de absoluta intransigencia, como creo yo que corresponde al momento que vive nuestro movimiento”[8]. Comienza entonces, apenas producido el golpe, junto con César Marcos y Raúl Lagomarsino, entre otros, a organizar la Resistencia Peronista. Organizan conjuntamente el Comando Nacional Peronista, que buscaba articular la lucha. El “Bebe” Cooke” nombrado por Perón el 2 de noviembre como su representante en la Argentina, y su heredero en caso de muerte, había sido detenido tiempo antes estando “guardado” en la casa del historiador José María Rosa[9]. Cuando Cooke esté preso, quedarán a cargo en la “superficie” Marcos y Lagomarsino.

César Marcos había sido detenido una semana antes del levantamiento de Valle y Tanco en junio de 1956, junto con otros cinco militantes del Comando Nacional. Sufre estando detenido un simulacro de fusilamiento, e incluso el 11 de junio aparece como “fusilado” en la primera página de La Razón[10]. Sale de la cárcel afines del ’57. Veintisiete fusilados por una Revolución que no tiró ni veintiséis tiros, sostiene Salvador Ferla[11]. Marcos dice al respecto de los fusilamientos, “es igual en Villamayor, en 1856, que cien años después, en 1956, en los basurales de José León Suárez, en los fusilamientos de Lanús y la penitenciaría”[12].

César Marcos, como decíamos, será uno de los artífices de la Resistencia Peronista. Cuenta Marcos que “en 1955 fue la caída. Entonces el cielo entero se nos vino encima. El mundo que conocíamos, el mundo cotidiano, cambió por completo. La gente, los hechos, el trabajo, las calles, los diarios, el aire, el sol, la vida se dio vuelta. De repente entramos en un mundo de pesadilla en que el peronismo no existía”13]. Se lanza una consigna que unifica a la resistencia, un reclamo sin “medias tintas” que grita: Perón Vuelve. Asimismo afirma que “tuvimos que entender que una insurrección auténtica no nace en los cuarteles sino en el seno del pueblo. Las revoluciones legítimas no se improvisan ni surgen sin un proceso previo de maduración y de preparación”[14].

Cuenta Marcos que los golpistas en la feroz represión que lanzan detienen a los dirigentes sindicales de primera e incluso segunda línea[15]. Otros se exilian, algunos “negocian”. Allí surge entonces una “nueva camada” de dirigentes sindicales, que se hacen al calor de la lucha. Por entonces, en el año 1957 Marcos (junto con Lagomarsino), comienza a editar una publicación que llama (¿premonitoriamente?) “El Guerrillero”. En esas páginas se desenvuelve como editorialista, según consta en la investigación de Fernando Monzón (h)[16], bajo el seudónimo de Juan Caracas (Juan por Perón, y Caracas porque el líder se encontraba en esa ciudad). Escribirá allí 17 editoriales entre el ’57 y el ‘58. La publicación es realizada desde las cárceles de Caseros y Magdalena. Desde allí denunciará a la “Revolución Fusiladora”. En uno de esos editoriales dice al respecto de este cambio de dirigentes: “nuevos hombres, nuevas fuerzas, son las que han asumido, en calidad y en profundidad, los comandos efectivos de la conducción (…) hemos sido espectadores, de primera fila, de una crisis total de la antigua dirección (…) pero de la misma entraña del pueblo, de las filas del Movimiento, fueron surgiendo nuevos dirigentes”[17].

Marcos no solía escribir, o mejor dicho no solía firmar los escritos que, en general, escribía para otros. Ha escrito hasta libros enteros para otros. Desde 1943 hasta que muere en el ’87, recibe en su casa a quien quiera conversar con él, “era cultor de una relación que podría definirse como socrática. Escuchaba atentamente, y respondía con respeto”[18]. En otro editorial de “El Guerrillero” grita “¡a la lucha! Hambre, cárcel y tumbas ofrece el Gobierno al pueblo trabajador”.[19]En el Nº 4 afirma la lealtad al líder exiliado, e identifica al enemigo sosteniendo que “el movimiento (peronista) no es una estancia, ni tiene patrones. Tiene sí, un jefe (…) Un movimiento como el nuestro se define precisamente por su intransigencia frente a los sistemas internos y externos, que deben ser destruidos”.[20]

Al siguiente editorial profundiza el análisis estableciendo:“es el enfrentamiento de fuerzas políticas perimidas contra fuerzas históricas en ascenso (…) De un lado, el frío mecanismo de una política entreguista y cipaya, antinacional y antipopular. Del otro, la concepción y la práctica histórica, el fervor telúrico que se sinteriza en la soberanía política, la independencia económica y la justicia social”.[21]El de Marcos y “El Guerrillero” es un peronismo intransigente, que se aleja de los pactos, y no ve otra salida que la vuelta sin condicionamientos de Perón a nuestro país, afirma en un editorial: “Dijo Perón: “el pueblo no puede ser vencido”. Los que quieren seguir que sigan… La lucha entre el pueblo y la oligarquía sólo puede resolverse por la insurrección”,[22]“¡Perón sí Otros no![23]

Observamos como César Marcos, por un lado ejerce su militancia en la conspiración, en el armado de los núcleos de la Resistencia, en el enfrentamiento directo con la canalla dictatorial; y por otro, al mismo tiempo, se dedica a reflexionar, hablar con los compañeros, seguir formándose, y a escribir como parte de esa lucha. En los años 70’s Marcos, desde la Unidad Básica John W. Cooke abre espacios de discusiones con los sectores de La Tendencia, con los cuales encuentra proximidad. Si bien es crítico del gobierno de Isabel Perón, sostiene la idea que hay que evitar el golpe.[24] Un compañero anota que “en la Resistencia (Marcos) fue una especie de guardián de la doctrina (otro afirma que) todo aquel que pensara en una organización revolucionaria dentro del peronismo iba a ver al viejo”[25]

César Marcos fue uno de los principales actores de la Resistencia Peronista, esa acerca de la cual él mismo realizó esta certera reflexión: “después de Caseros pasaron más de ochenta años de escamoteo histórico, de falseamiento de la verdad nacional, de ignorancia premeditada de la época de Rosas el Grande. (…) NOSOTROS, LOS PERONISTAS DE LA PRIMERA RESISTENCIA, EVITAMOS LA REPETICIÓN DE CASEROS. Sin permitir que se apagara, mantuvimos encendida la llama sagrada de Perón. Y esa llama fue la que, al final, floreció en la gran hoguera del 25 de mayo de 1973.[26]

* Juan Godoy es Sociólogo de la Universidad de Buenos Aires (UBA). juanestebangodoy@hotmail.com

[1] Galasso, Norberto. (2011). Historia Argentina. Desde los pueblos originarios hasta el tiempo de los Kirchner. Tomo II. Buenos Aires: Colihue, página 354.

[2] El mismo (firmado por Aramburu), prohibía, entre otras cosas, nombrar a Perón, a Eva Perón, las expresiones como peronismo, peronista, justicialismo, tercera posición, la abreviatura P.P., la marcha peronista, Evita capitana, etc. Como si la memoria del pueblo peronista pudiese borrarse por un decreto. El mismo es reproducido íntegro en Baschetti, Roberto. (2012). Documentos de la Resistencia Peronista. 1955-1970. Volumen 1. Buenos Aires: ediciones De la Campana, pp. 80-82.

[3] El Kadri, Envar. Prólogo a ibídem, página 18.

[4] Galasso, Norberto. César Marcos. En Galasso, Norberto. (Comp.). (2005). Los malditos. Hombres y mujeres excluidos de la historia oficial de los argentinos. Buenos Aires: Ediciones Madres de Plaza de Mayo.

[5] Marcos, César. La cosa fue así. En Revista Peronismo y Liberación (Dir. Juan José Hernández Arregui). Nº1, agosto de 1974, página 24. Este escrito es reproducido en Baschetti, Roberto. (2012). Documentos de la Resistencia Peronista. 1955-1970. Volumen 1. Buenos Aires: ediciones De la Campana, pp. 61-66.

[6] Baschetti, Roberto. César Francisco Marcos. En Militantes del peronismo revolucionario uno por uno. Disponible en http://www.robertobaschetti.com/biografia/m/52.html

[7] Galasso, Norberto. (2004). Cooke, de Perón al Che. Una biografía política. Buenos Aires: Ed. Nuevos Tiempos, página 14.

[8] Carta de Juan Perón al Compañero Pecari (Leloir). Caracas, 10 de marzo de 1957. Cooke, John William. (2008). Obras Completas. Correspondencia Perón-Cooke. Tomo II. Buenos Aires: Colihue, página 60.

[9] Recalde, Aritz. (2009). El pensamiento de John William Cooke en las cartas a Perón. 1956-1966. Buenos Aires: Ed. Nuevos Tiempos.

[10] Pastoriza, Lila. César Marcos. El atizador de Fuegos. En Revista Crisis Nº 59, abril de 1988.

[11] Ferla, Salvador. (2008). Mártires y verdugos. La insurrección de Valle y los 27 fusilamientos. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente).

[12]  Marcos, César. (1974). Op. Cit., página 24. Recordemos que la masacre de Villamayor se produce unos años más tarde que Buenos Aires, con tal de no repartir la renta de la aduana, se segregara del resto de la Confederación el 11 de septiembre de 1852. Así, en 1856 las fuerzas de la Confederación pretenden reincorporar a la provincia díscola y prepotente al resto del país, fracasan, y se produce la represión: el fusilamiento de 115 combatientes por orden de Mitre, Obligado, Alsina y De la Riestra. Galasso, Norberto. (2011). Historia Argentina. Desde los pueblos originarios hasta el tiempo de los Kirchner. Tomo I. Buenos Aires: Colihue.

[13] Marcos, César. Op. Cit., página 23.

[14] Marcos, César. Op. Cit., página 23.

[15] Recordemos que por ejemplo la CGT es intervenida por la Marina, el interventor es Alberto Patrón Laplacette, se inhabilitan a 150 mil delegados de fábricas, los cuales tampoco podrán ser elegidos en futuras elecciones. Ramos, Jorge Abelardo. (1983). La era del peronismo. 1946-1976.  Buenos Aires: Mar Dulce.

[16] Monzón, Fernando (h). (2012). El peronismo del silencio. Con los escritos ocultos de César Marcos. Buenos Aires: Corregidor. En el mismo libro se recopilan los escritos de César Marcos en El Guerrillero.

[17] Marcos, César (bajo el seudónimo Juan Caracas). El Guerrillero, Nº 2, 3/10/1957. Reproducido en Ibídem, páginas 58-59.

[18] Ibídem, página 39-40.

[19]  Marcos, César (bajo el seudónimo Juan Caracas). El Guerrillero, Nº 3, 17/10/1957. Reproducido en Ibídem, página 66.

[20] Marcos, César (bajo el seudónimo Juan Caracas). El Guerrillero, Nº 4, 1/11/1957. Reproducido en Ibídem, página 74 y 77.

[21] Marcos, César (bajo el seudónimo Juan Caracas). El Guerrillero, Nº 5, 15/11/1957. Reproducido en Ibídem, página 82.

[22] Marcos, César (bajo el seudónimo Juan Caracas). El Guerrillero, Nº 14,6/2/1958. Reproducido en Ibídem, página 143.

[23] Marcos, César (bajo el seudónimo Juan Caracas). El Guerrillero, Nº 14,6/2/1958. Reproducido en Ibídem, página 153.

[24] Pastoriza, Lila. Op. Cit.

[25] Testimonios citados en ibídem.

[26] Marcos, César. (1974). Op. Cit., página 25.

Bibliografía citada

Baschetti, Roberto. (2012). Documentos de la Resistencia Peronista. 1955-1970. Volumen 1. Buenos Aires: ediciones De la Campana

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Galasso, Norberto. (2011). Historia Argentina. Desde los pueblos originarios hasta el tiempo de los Kirchner. Dos volúmenes. Buenos Aires: Colihue

Galasso, Norberto. (Comp.). (2005). Los malditos. Hombres y mujeres excluidos de la historia oficial de los argentinos. Buenos Aires: Ediciones Madres de Plaza de Mayo.

Marcos, César. La cosa fue así. En Revista Peronismo y Liberación (Dir. Juan José Hernández Arregui). Nº1, agosto de 1974

Monzón, Fernando (h). (2012). El peronismo del silencio. Con los escritos ocultos de César Marcos. Buenos Aires: Corregidor.

Pastoriza, Lila. César Marcos. El atizador de Fuegos. En Revista Crisis Nº 59, abril de 1988.

Ramos, Jorge Abelardo. (1983). La era del peronismo. 1946-1976.  Buenos Aires: Mar Dulce.

Recalde, Aritz. (2009). El pensamiento de John William Cooke en las cartas a Perón. 1956-1966. Buenos Aires: Ed. Nuevos Tiempos.

En la antigua Roma se llamaba perduellis, al enemigo interno de la patria. El crimen de perduellio (contra la patria) era castigado con la pena de muerte.

Como principio general, la muerte liberaba de la pena y de acción penal al delincuente. Sin embargo, cuando el delito era contra el Estado, esta regla no valía; la maldición también alcanzaba la tumba y aún después de la muerte, en donde se podía aplicar la “privación de sepultura, la remoción de la tumba y la execración de la memoria del difunto” (Derecho Penal Romano, tomo 19, pág. 74).

Los perduellis criollos lo aplicaron con Juan Manuel de Rosas, en donde recién después de un siglo, pudo volver a descansar en la Patria que con tanto esmero defendió y a la que dedico su vida. Otro caso paradigmático fue el de Evita. Y esa vez, fueron por más, llegando al punto tal de la profanación de su tumba y posterior ensañamiento con su cuerpo. Las bombas “libertadoras” del 55´ habían traído consigo la “civilización”. Fusilaron al General Valle en una celda fría de la Penitenciaría Nacional, mientras el “perduellis mayor” de ese tiempo dormía. La misma suerte corrieron el Teniente Coronel Oscar Cogorno y los que cayeron en los basurales de José León Suárez.

Años más tarde perfeccionarán los métodos. Arrojaran a compatriotas desde aviones, desaparecerán y torturaran a militantes populares, con la ayuda de buchones de seccionales de policía y con viejos acabados con olor a sacristías. Las fuerzas armadas se habían transformado en la guardia pretoriana de esa oligarquía rapaz y parasitaria. Su primer crimen no fue contra un “marxista subversivo”. Fue contra un propio camarada de armas, el Mayor Bernardo Alberte, edecán del General Perón.

La última dictadura conto con el apoyo civil y empresarial. José Alfredo Martínez de Hoz, fue la figura más acabada de esa pata empresaria, contraria a los intereses nacionales, en la cual modificó la matriz productiva de nuestro país, que es la que perdura hasta nuestros días. El sueño de tener una patria altamente industrializada, con desarrollo y pleno empleo cambió radicalmente para ser una colonia pastoril, de importación de manufacturas y la de un pueblo sumido en la pobreza.

Hoy nuevamente los perduellis están en el poder. Pero esta vez con los votos. No recurrieron al tradicional e infame golpe de estado. Cuando más oscuro parece el porvenir, cuando parece consolidarse la indiferencia, cuando se predica el egoísmo de la pasión más ruin, que es la codicia del dinero, cuando se impone el “perduellio” en la vida argentina, y se supere la triste experiencia de un fracaso, la conciencia de todos los buenos argentinos deberá apelar a la unidad.

El pueblo argentino tiene inmensas, inacabables reservas de honradez, de coraje y de virtud. Y como decía José Luis Torres, hemos de triunfar en nuestra tarea, porque una fuerza mítica nos anima a cumplir con firmeza inquebrantable nuestra tarea.


El libro “Los Perduellis” de José Luis Torres se encuentra disponible para descargar en nuestra Biblioteca Digital

Escribe el General Perón a Don Arturo Jauretche en carta fechada un 10 de abril de 1968, palabras que hacen eco aún en la actualidad:

“Mi estimado amigo (…) He seguido siempre su prédica patriótica, tan elocuente como constructiva y eficaz, especialmente en estos momentos en que la pobre Argentina está tan necesitada de verdades. Hasta esta lejana Europa llegan los lamentos; sin embargo nada se puede intuir por lo menos que nos haga pensar en soluciones. (…) La situación Argentina en la hora que nos toca vivir ya no puede ser de enfrentamientos parciales: es preciso vencer los divisionismos suicidas como única manera de alcanzar la necesaria unidad y solidaridad ciudadana, que nos permita enfrentar unidos a la línea nacional que domina. Usted ha sido siempre un hombre de esa causa y le honra el hecho de que aún permanezca en la misma trinchera, en la que también seguimos luchando nosotros. Es precisamente ahora cuando más unidos debemos estar. (…) Remorino le podrá informar cuánto hemos charlado al respecto dirigentes hayan defeccionado, como comúnmente suele suceder cuando los hombres ceden a la acción destructora del tiempo y la corrupción es provocada desde arriba. (…) el Movimiento Peronista no tiene nada que temer si se organiza y conduce con acierto: es lo que espero para el futuro inmediato. En esas condiciones, recién podremos aspirar a que todos los argentinos se unan, organicen y sean conducidos acertadamente, sin banderías ni divisionismos negativos, como la única manera posible de salvar a la Patria.”

Publicado por Iciar Recalde

Carta completa en Perón Vence al Tiempo

Roberto Pettinato

Roberto Pettinato fue el primer titular de la Dirección Nacional de Institutos Penales, y a la vez, el primer inspector general surgido de la institución.

Nació el 3 de septiembre de 1908 en la Ciudad de Buenos Aires. Sus padres fueron Rosalia Cianciarulo y Antonio Pettinato. Completó sus estudios secundarios hasta el tercer año en una Escuela Nacional de Comercio. Además fue profesor de la disciplina Jiu-jitsu, arte marcial japonés.

Ingresó al Servicio Penitenciario Federal Argentino el 21 de agosto de 1934 como Ayudante Principal. Recorrió todo el escalafón penitenciario hasta alcanzar el máximo grado.

El 8 de enero de 1947, durante la presidencia del Gral. Juan Perón, fue nombrado Director General de Institutos Penales. Al asumir su cargo instituyó como premisas centrales de su gestión la dignificación y el desagravio a las victimas de los penados. Durante su gestión, se delinearon los puntos principales de su programa de la reglamentación de la ley N° 11.833, un régimen de producción penal, el aumento del peculio de los penados, la atención y contención hacia la familia de los presos y la formación profesional de los sujetos que cumplieran su condena en los establecimientos penales. Además. promovió la alfabetización de los presos.

Con Pettinato a la cabeza del sistema penitenciario, se resolvió clausurar el penal de máxima seguridad de Ushuaia, el “Presidio del Fin del Mundo. El presidio debaja de funcionar y las crónicas de la época manifestaban: “El drama de Ushuaia ha terminado”.

Luego, en 1948, asumió la dirección de la Escuela Penitenciaria de la Nación a efectos de encarar su organización y designar al personal directivo. La escuela fue el primer instituto de formación y capacitación penitenciaria de América Latina, y uno de los primeros del mundo. Allí, donde se formó a los primeros agentes penitenciarios de acuerdo al estatuto de 1946, Pettinato fue designado profesor de la cátedra “Orientación Profesional Penitenciaria y Visitas Extraordinaria”.

Pettinato impulsó las reformas que introdujeron el principio de la resocialización como pilar en el trato de las personas recluidas en el sistema penitenciario.

El 14 de agosto de 1953 fue confirmado como Director Nacional de Institutos Penales. Desde su cargo dispuso eliminar los grilletes y erradicar el uso del uniforme a rayas amarillo y negro que lucían los presos hasta el momento.

Una de sus actuaciones más destacadas fue en el Primer Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente (Ginebra, Suiza, del 22 de agosto al 3 de septiembre de 1955) que concluyó con la aprobación de las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos.

Su acción profundizó la obra de Juan José O´Connor y el Coronel Rómulo Paez con gran audacia. Tomó las ideas de José Ingenieros y la célebre frase de 1811, luego inserta en la Constitución de la Nación Argentina de 1853, la cual reza que “Las cárceles de la Nación, deben ser sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas…”

Después del golpe militar de 1955 que instauró la dictadura autodenominada Revolución Libertadora el matrimonio Pettinato debió exiliarse en Ecuador. Previamente se refugiaron en la embajada de Ecuador en Buenos Aires, donde nació su hijo Roberto Pettinato, reconocido músico y conductor de TV argentino. Estuvieron tres años exiliados en Ecuador, para luego recalar en Perú y después en Chile, hasta su regreso en 1966.

Reconocimientos:

En agosto de 1950 el Comisario General de la Administración Penitenciaria de los Países Bajos lo nombra miembro de honor del Centro de Estudios Penitenciarios y Criminológicos de Holanda. Un año después, el gobierno de España le otorga el “Diploma y Medalla de Oro al Mérito Social Penitenciario”.

En 1954 la República de Ecuador le entrega la “Orden Nacional al Mérito en el Grado de Comendador”, mientras que la Asociación Brasileña de Prisiones hace lo propio con la medalla “Grande Mérito Penitenciario”. Ese mismo año, la República de Chile lo condecora con la orden de Bernardo O’Higgins en el grado de comendador.

El 22 de diciembre de 2005, el Presidente de la Nación Argentina, Néstor Kirchner, y el Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina, Eugenio Zaffaroni, impusieron el nombre “Roberto Pettinato” a la Academia Superior de Estudios Penitenciarios.

 

Fuentes: Revista Pensamiento Penal, RNR, Wiki, La Nación

Antonio Rivero, pastor y esquilador de ovejas de la colonia de Puerto Soledad, acompañado de otros ocho gauchos, el 26 de agosto de 1833 se rebeló contra la autoridad inglesa y dieron muerte a algunos funcionarios. “Hasta enero –dice José María Rosa– estuvieron las Malvinas bajo el control de los gauchos de Rivero.”

Las familias de los colonos ingleses fueron confinadas a un islote y alimentadas por los sublevados. En octubre llegaron algunos balleneros ingleses, pero no se atrevieron con los amotinados; debió esperarse a enero de 1834, en que una goleta de guerra consiguió imponerse y Rivero y los suyos cayeron presos. Se les hizo un proceso en el buque “Spartiate”, de la estación naval británica de la América del Sur. Tan inicuo, que el Almirante inglés no se atrevió a convalidarlo, y prefirió desprenderse del asunto desembarcando a Rivero y los suyos en la República Oriental del Uruguay. El cabecilla fue dado de alta en el ejército argentino por Rosas, para morir, como era su ley, el 20 de noviembre de 1845 peleando contra los ingleses en la Vuelta de Obligado.

Juan Carlos Moreno, figura consular de la historia malvinera, hizo una excelente síntesis de este hecho controvertido de la historiografía argentina; si bien el mérito de sacar a Rivero del anonimato se debe a la enconada labor de Martiniano Leguizamón Pondal, quién después de arduas investigaciones, de revisar archivos y de recoger la tradición oral subsistente en Entre Ríos, escribió ese precioso libro que tituló “Toponimia criolla de las Malvinas”.

Veamos que dice Moreno:

“Después de haber usurpado las islas Malvinas, con el abuso de la fuerza, el capitán inglés John James Oslow se alejó del archipiélago dejando 31 hombres, sin contar las mujeres y los niños. Poco después regresó a Puerto Soledad Mateo Brisbane, que había sido mayordomo del gobernador Vernet y ahora estaba al servicio de los ingleses. Dos extranjeros más estaban provisoriamente al frente de la comandancia: el capataz francés Simón y el carnicero irlandés Dickson. De los argentinos, ocho estaban en desacuerdo con el nuevo estado de cosas, capitaneados por Antonio Rivero, que había ido a las islas capitaneado por Luis Vernet.

Vernet tenía por costumbre pagar al personal con vales, que luego eran canjeados en la proveeduría. Dickson se negaba a reconocer los vales de los peones, y Simón ponía trabas para entregar el ganado manso como alimento, obligando a los paisanos a que se rebuscasen con las vacas chúcaras dispersas por los valles.

No pudiendo tolerar por más tiempo esta situación, los criollos se sublevan el 26 de agosto de 1833, atacan la comandancia y matan a Brisbane, a Dickson y a Simón. “Los gauchos llevados casi al frenesí –dice Leguizamón Pondal– con una furia patriótica, sacaron la enseña inglesa y, delirantes, enarbolaron la de Belgrano”. Fue así como Antonio Rivero y sus compañeros recuperaron el dominio de las Malvinas y se mantuvieron en ellas durante seis meses, totalmente ignorados de las autoridades argentinas y sin medios para comunicarse con el continente.

El 23 de octubre entró en Soledad la goleta inglesa “Hopeful”, comandada por Henry Rea, y al enterarse de la situación, zarpó nuevamente, sin atreverse a izar la bandera inglesa, para dar cuenta del cambio operado. Poco después llegó la “Antartic”, en demanda de alimentos, y Rivero le entregó varias reses de vacuno. Proveía, también, de carne a los demás pobladores, algunos de ellos recluidos en el islote Peat.

Viendo que no llegaban socorros de Buenos Aires, Rivero se dispuso a construir una balsa que pudiera conducirlos a la costa continental. No pudiendo cumplir sus deseos, porque el 3 de enero de 1834 entraban los buques “Challenger” al mando del capitán Seymur, y “Hopeful”, comandado por Rea, que había ido a buscarlo. Al frente de este contingente numeroso y armado venía el teniente de marina Henry Smith, enviado probablemente por el capitán Oslow. Smith enarboló nuevamente la insignia británica y organizó una partida para capturar a los criollos, que se habían alejado a la vista de aquel contingente armado. Después de sufrir una persecución encarnizada, que duró cerca de tres meses, y de haber perdido dos hombres, el gaucho Rivero, sin otra arma que su facón, extenuado y hambriento, se entregó.

Los ingleses labraron varias actas con las declaraciones de los presuntos testigos y de los prisioneros, naturalmente coaccionados, donde hacían aparecer como vulgares delincuentes a Rivero y sus compañeros. Después, engrillados, fueron transportados a Londres para ser juzgados por el Almirantazgo británico. Lo curioso es que el tribunal no encontró materia para condenarlos, sea porque no daba valor a las actas fraguadas, sea porque consideraba que los gauchos pelearon en defensa de un territorio argentino, que ellos habían usurpado y dispuso que fueran devueltos a su patria.

El vapor ‘Talbot’ viajó al sur y dejó a Antonio Rivero y a sus compañeros en Montevideo. De allí pasó Rivero a Entre Ríos, su provincia, según tradición oral, recogida por Leguizamón Pondal, el gaucho Rivero más tarde se habría enrolado en las milicias del general Mansilla y habría perecido en el combate de la Vuelta de Obligado.” (1)

Sin duda, una hermosa parábola, para un hombre sencillo y de escasa o nula instrucción como todo el paisanaje de su época, que, sin embargo, encendió una estrella de rebelión en las islas usurpadas…

La personalidad de Antonio Rivero ha sido motivo de discusión por parte de los historiadores, a pesar de su penosa y heroica vida. Fermín Chávez lo compara con “…la Nana Sahib, el indio que en 1857 encabezó la rebelión de los sepoys consumando una matanza de ingleses en la ciudad de Kanpur”. Otros, basándose en crónicas de origen británico sobre la sublevación gaucha, lo consideran un gaucho matrero. Para Vicente Sierra no fue “… ni bandolero, ni prócer”.

La Academia Nacional de la Historia, en un dictamen dado el 19 de abril de 1966, firmado por los académicos de número Ricardo R. Caillet-Bois y Humberto F.Burzio, dijo:

“Los antecedentes documentales hasta ahora conocidos, no son nada favorables para otorgar a Rivero títulos que justifique un homenaje”. “Es deber y responsabilidad de la Academia Nacional de La Historia, como institución asesora del Poder Ejecutivo, comprobar fehacientemente el hecho y si el mismo reviste carácter de verdad histórica indubitable de la defensa de la heredada patria”.

Fue este dictamen el que se invocó para anular la designación de Puerto Rivero para la capital del las islas, dada la mala impresión que causaba entre los habitantes que lo consideraban un forajido. Claro, la colonización de Australia la hicieron con becarios universitarios y el Ejército de Salvación. Finalmente, entre dimes y diretes, en lugar de restaurar el nombre histórico, Puerto Soledad, se eligió la originalísima denominación de Puerto Argentino.

Distinta ha sido la actitud de Gran Bretaña respecto a su venerado –e inexistente para los árabes– “Lawrence de Arabia”, un apasionado por la aventura y los muchachitos, al decir de Enrique Oliva, que el cine ha elevado a la categoría de mito al igual que otras fábulas históricas. (El indigesto bodrio de “El Álamo” es un buen ejemplo).

José María Rosa criticó ese dictamen, donde se juzgó con documentos ingleses la actitud de argentinos que quisieron vivir bajo el pabellón nacional, arriando el estandarte foráneo en Puerto Soledad.

(1) Moreno, Juan Carlos. “El gaucho Rivero habría caído con las milicias del general Mansilla en la Vuelta de Obligado” En: Suplemento del diario “Mayoría” 26 de agosto de 1974

Fuente: El Ortiba – Colectivo de Cultura Popular

“Nuestros imitadores institucionales de los EE.UU. no vieron (…) que tanto en los Estados Unidos como en Alemania se aplicaban entonces ideas liberales con sentido nacional, no pudieron ver que la marcha hacia el Oeste y la producción industrial eran el ingrediente nacional de ese proceso liberal. No podían percibir que en los EE. UU., al ganar el Norte al Sur, se derrotaba la tesis de la división internacional del trabajo. Y no podían ver eso porque nuestros pensadores liberales, partían del supuesto, sin duda falso, de la historia como una oposición entre civilización y barbarie.” Arturo Jauretche – Entrevista en la Revista Crisis N° 5, Septiembre de 1973

“La economía moderna es dirigida. O la dirige el Estado o la dirigen los poderes económicos. Estamos en un mundo económicamente organizado por medidas políticas, y el que no organiza su economía políticamente es una víctima. El cuento de la división internacional del trabajo, con el de la libertad de comercio, que es su ejecución, es pues una de las tantas formulaciones doctrinarias, destinadas a impedir que organicemos sobre los hechos nuestra propia doctrina económica.” Arturo Jauretche – Política y Economía p. 153 , disponible en nuestra Biblioteca Digital

El importante paso de unidad en el rechazo al plan económico oficial que brindaron el movimiento obrero organizado y las organizaciones sociales en este jornada no fue acompañado por casi ningún medio de comunicación, excepción hecha de la [Radio] Gráfica, La Señal Medios, Sindical Federal y AGN.

Mientras los medios concentrados pusieron su eje sobre las dificultades del tránsito, remarcaron la escasez de la convocatoria -total, se puede afirmar lo que sea- y realzaron el discurso oficial -¡aumento del empleo!, estabilidad económica e inutilidad del reclamo- los cercanos no se quedaron atrás.

Toda la cobertura de los espacios que suelen cuestionar aspectos de la política oficial enfatizaron la “fractura” en la CGT, justo cuando confluyeron planteos fuertes y no se registraron cruces, y en vez de entrevistar a los sindicalistas ofrecieron micrófono a miembros del FIT. Luego hablaron de la no convocatoria a un paro que no estaba previsto.

Como nos apuntó Ariel Weinman, este trabajo comunicacional adverso, que viene de hace semanas, derivó en la escasez de segmentos medios en el acto, circunscribiendo la masividad a las entidades obreras y sociales. Es decir, se ha logrado teñir de desconfianza horizontal una movida que salió en línea con las necesidades nacionales y populares.

Gabriel Fernández / La Señal Medios.

Movilización del 22 de Agosto convocada por la CGT – ES Fotografía

Fuente: LAS ZONCERAS ABIERTAS DE AMÉRICA LATINA

“Cuando te quejás de la CGT no podés reconocer que, nos guste o no, son ellos los que hoy representan a los trabajadores. También caés en el reduccionismo político de equiparar a la CGT con Barrionuevo. Sería como equiparar a los empresarios con Martínez de Hoz. (…) Ser intelectual no significa mostrarse diferente, tal como ser valiente no implica mirar a los demás desde la cima de la montaña (…) creo que vos y yo no pensamos tan diferente, sino que tenés miedo. Miedo de que te confundan, porque creés que la individualidad te va a preservar. Pero no te olvides que pertenecemos a una generación que siempre creyó en las construcciones colectivas. La individualidad te pondrá en el firmamento pero sólo la construcción colectiva nos reivindicará frente a la historia. Al fin y al cabo todos somos pasantes de la historia.” Néstor Kirchner a José Pablo Feinmann

Daniel Santoro

No es herejía decir que el tan criticado modelo sindical argentino es un ejemplo imitado pero nunca igualado en el mundo. No es herejía porque resulta consecuente con la evidencia de que el demoliberalismo político no ofrece a la comunidad nacional lo que el movimiento obrero organizado, y vicerversa. Para que el lector pierda por completo esperanzas de objetividad en este escrito, diremos que contra cualquier pataleo, el sindicalismo (con sus matices) es y será el mejor termómetro del estado espiritual del trabajador promedio.

Sucede que esos “sucios feos y malos Señores Feudales del Sindicalismo tradicional” (también los jacobinos) no representan sujetos comunicacionales, ni electorado susceptible de ser interpelado con campañas publicitarias, representan nada más que a los trabajadores organizados, pero nada menos.

A diferencia de la política, sometida a la dictadura de la novedad contemporánea que mantiene en estado de neurosis colectiva a sus consumidores más fieles, el modus vivendi sindical no está expuesto a tan nociva radiación, y por eso conserva el oído agudo que -más tarde o más temprano-  lo constituye como vector de las demandas masivas, no atomizadas, más allá de los tiempos de la dimensión política. Quizás por eso sus apesadumbrados pasos hacia el 22 de agosto tienen una correlación más milimétrica que la de la dimensión política con el clima de “la calle”.

La simetría entre la organización y el estado de ánimo del trabajador que representa, radica en el dato natural de que simplemente, el sindicato convive con el trabajador. No “baja” al ámbito laboral, como quien baja de la universidad al territorio. En la alquimia de esa convivencia directa con los problemas  con el accionar concreto (apresurado o retardatario) y sus consecuencias inmediatas, la organización sindical está menos sometida a las neuróticas necesidades de la teatralización mediatizada de la política. Quizás por eso se dice que las masas se movilizan de manera poderosa a través de la organización sindical, cuyos paros tienen la capacidad de daño de una bomba de hiroshima en materia económica.

En su barrosa genealogía, la organización sindical venció al tiempo porque tiene algo que otros dispositivos de representación no: tiene cultura política, historia, códigos, y una particular sensibilidad para entender y traducir, sin moralinas bienpensantes, lo que esas muchedumbres que trabajan demandan, aunque esas demandas no siempre sean del gusto de nuestros ilustrados compañeros más esclarecidos.

Si esto es así, puede que entonces esa suerte de “punitivismo cultural” aplicable a muchas cosas (también para con el “tiempismo” de ciertas dirigencias sindicales), no tenga en cuenta un importante factor: una falta de clamor popular por reemplazar al macrismo, y  no esté directamente asociada con la tan fácilmente atribuida “funcionalidad” de la organización hacia el gobierno oligárquico en ejercicio. Pero es una hipótesis, claro está.

En tiempos de macrismo, más precisamente en marzo de 2017, una marea de cerca de 500mil trabajadores y trabajadoras nos nucleamos en unidad (que todavía hoy es mucho más que poco) para demandas concretas. Sin embargo ese punitivismo cultural no ahorró en intentos por reducir semejante hecho político a un incidente mediatizado por los mismos grupos que TODOS nosotros decimos combatir. Haciéndole honor a la cita inicial, una buena analogía sería la de sugerir que reducir la movilizaciónal al incidente de la urna es proporcional a reducir 12 años de kirchnerismo a los bolsos de José López, guiñándole un ojo al simpatiquísimo Santiago Del Moro.

Aunque no hay chocolate por la noticia,  el ataque a la estructura sindical es transversal e intenso desde el 10 de diciembre de 2015. En este sentido es válida también la hipótesis de que la expectativa/esperanza sobre un “cambio de rumbo” de parte del gobierno macrista, parece más el sueño perimido de la ingenuidad tilinga cooptada por la filosofía mediática o la excusa indiferente de meros “administradores” distanciados de la realidad, que una lectura de dirigientes con importante representación política. Pero el “tiempismo” es un arte que se aprende en la conducción de masas, y no necesariamente en las necesidades de un simple escrito como este o como otros.

Es en este sentido en el que no todo es tan lineal en el ecosistema político argento,  porque el flagelo del anticegetismo -etapa superior del antisindicalismo- no sólo esconsecuencia de la incomprensión o de la radiación del pornoshow periodístico, sino del propio accionar de algunos dirigentes que le dan de comer a ese diletante progresismo pequeño-burgués.

Entonces, cuando (en el mejor de los casos) se diagnostica por derecha o izquierda de que  hay crisis de representatividad en el sindicalismo,habría que anoticiarse de que si bien formamos parte de una comunidad integral (y no tan integrada), cada estructura debe resolverla por sí misma. En el caso de los sindicatos, se resuelve entre dirigencia y afiliados, y sanseacabó. 

Lo que no resulta para nada útil es utilizar este tipo de diagnósticos sesgados para una gerra de trincheras entre esa única clase de hombres y mujeres (las y los que trabajan) en la urgente coyuntura.

La CGT, los sindicatos en general, con su gloria y su barro son la única muestra tangible de que la organización vence al tiempo, a pesar de los errores que puedan cometer sus dirigentes, como los cometen los dirigentes políticos, y la raza humana en general. Sería un desatino que un día nosostros nos despertemos con el diario del lunes, enterándonos de que participando compulsivamente del happy Hour de la crítica al sindicalismo, estamos dándole una manito bastante grande a nuestros verdugos históricos: los dirigentes de la oligarquía.

Como es largamente evidente, los caracteres aquí volcados no tienen pretensión de ninguna objetividad ilustrada, sino apenas la inquietud relativa de un simple militante al que, como a otros, también le preocupa que estemos fanatizados con el deporte del codazo, esperando el error del compañero, pero nunca construyendo más que un charlatán diagnóstico pesimista sobre los hechos, que solo alimenta nuestros egos indignados que nos lleva a regodearnos en lo negativo, y pasamos a militar indirectamente el proyecto del enemigo, que es derrotarnos políticamente, culturalmente, y sobre todo, espiritualmente.

Hoy me hacía varias preguntas: ¿No podemos imaginar siquiera que fuera de las minorías intensas hiperpolitizadas de nuestra fauna de “orgas” y especies varias, existe un pueblo que consume 15 minutos diarios de tv e información completamente desjerarquizada y agobiante? .

¿Será que algunos se resignaron a naturalizar las construcciones mediáticas y a generar sentido común en lugar de concientizar y promover el pensamiento crítico?, ¿será que no tenemos voluntad real de salir de ese sentido común arrogante, infalible, que vomita su desprecio sobre todas las demás fuerzas políticas y organizaciones del campo popular, que son por definición las que se equivocan, las que tienen falencias, las que están condenadas, etc.?

¿Ya nos las sabemos todas, y somos especialistas en buscar culpables, incluso de “delitos” que sólo tienen sentencia firme en un medio de comunicación?. Quizás nuestro edipo con “los (y las) culpables” es un edipo nocivo. Quizás no seamos tan infalibles como pensamos, y quizás nuestras buenas intenciones y decorosos razonamientos no nos inmunicen de la radiación mediática que paraliza y confunde en un berenjenal insondable donde todo está revuelto desde hace bastante tiempo. Todos estamos sometidos a ese fenómeno, en tanto hecho social.

Si el peronismo es de arena, como observa el lúcido artista (y autor de la portada de este escrito) Daniel Santoro, entonces no se pueden trazar límites, y sería muy fecundo para el tiempo presente no forzarlos, cuando se necesita una aglomeración de todos los componentes nacionales, especialmente de los sindicatos, para enfrentar tiempos en los que, se ganen o no las elecciones, la cosas se pondrán muy difíciles.

Humildemente y en agradecimiento a quienes siguieron atentamente estas líneas, hay dos sugerencias para todos los militantes políticos y sindicales que intenten bregar la unidad por sobre cualquier diferencia secundaria; dos tentaciones que debemos evitar de cara a los tiempos que vienen:

1) confundir (y fundir) críticas a dirigentes con críticas a la organización.

2) pedirle a la estructura sindical que haga lo que no puede hacer la estructura política.

Si no hay respeto por el sindicalismo, que no haya nada entonces.

Marcos Domínguez – Zonceras Abiertas de América Latina

“En las colonias, la realidad social está maquillada. Se imita a las metrópolis productoras de venenos sub-culturales, tanto como de artículos de mercado, se calcan las modas extranjeras, se leen autores extranjeros.” Hernández Arregui

“Desacreditar y aislar todo pensamiento argentino es la misión combinada de la prensa, la radio, el cine, al servicio de los centros organizados del poder mundial.” Hernández Arregui

En los últimos años el rol de los medios de comunicación se ha incrementado sustancialmente. Al tiempo que penetran la opinión pública, hoy en nuestro país aparecen interpelados y criticados por varios sectores de nuestra población, que dan cuenta rápidamente de la “falacia” de la “prensa independiente”, y develan los intereses de los mismos. No obstante, no podemos dejar de dar cuenta que en algunos sectores (sobre todo de clase media), penetran fuertemente generando opinión, ideas, y acciones en torno a las más diversas materias.

De esta forma, los medios de comunicación y otras usinas culturales, sin exagerar su importancia, continúan actuando en gran medida como agentes de colonización pedagógica. Hace ya algunas décadas Juan José Hernández Arregui[1] dedicó varias páginas en sus obras a analizar el rol de los mismos (en su momento sobre todo la prensa escrita, la radio y en menor medida la televisión). Así el papel de los medios de comunicación aparece reiteradamente como parte fundamental en la construcción de su pensamiento, y más específicamente de su crítica a la cultura de la oligarquía negadora del sustrato profundo del pueblo.

Es que en el esquema de análisis de Hernández Arregui los medios de comunicación son parte de los instrumentos que se vale el imperialismo cultural, sombra de del saqueo económico, para reforzar la conciencia falsa de lo que somos, al mismo tiempo que debilitar los rasgos distintivos como comunidad autónoma. Así en los países semi-coloniales el papel de la prensa es fundamental para asegurar el control y dominio sobre el saqueo de la economía y no permitir la formación de una conciencia nacional. Los medios de comunicación contribuyen a hacer invisible lo central a discutir en un país como el nuestro, a saber: la estructura dependiente del mismo.

El autor de “La formación de la conciencia nacional” establece una relación entre las agencias de noticias de los países centrales y los medios locales. Aquellas controlan la información y “bajan la línea” a los países periféricos. Las noticias acerca de la situación internacional (y muchas veces sobre la local), son creadas desde los países imperialistas. Los periodistas aparecen como uno de los sectores que actúan como polea intermedia entre el imperialismo y la opinión pública.

La oligarquía, vale decir, no se identifica con los valores nacionales, su forma de interpelar el mundo se basa en la cultura extranjera. Así, Hernández Arregui arremete contra la prensa como portadora y difusora de las ideas y valores de la oligarquía, ya que “toda la prensa de Buenos Aires (la gran prensa) está hoy contra el pueblo. Esta prensa, poderosa, “democrática” y ruin, tiene por objeto enviciar la verdad, despistar la opinión pública, denigrar a las masas (…) Es un deber (…) denunciar inexorablemente a los enemigos del país”. (Hernández Arregui, 20004: 115) La prensa también aparece como generadora de prestigios y ocultamientos sobre personalidades históricas, políticas, literarias, etc.

Los medios de comunicación refuerzan la idea que la Argentina pertenece y/o es similar a un país europeo, y no a Nuestra América, como asimismo la imagen de la “patria chica” con eje en Buenos Aires. La imagen de la Argentina blanca, europea y agroexportadora, y hoy también ligada a la valorización financiera. La difusión insistente del “estar insertos en el mundo” da cuenta de esto, como también la denigración de la industria nacional, en base a un “supuesto mundo” donde los países ya no producen industria propia.

Debemos destacar aquí que la penetración cultural extranjera es una forma de destruir la conciencia nacional. Es a partir de esta penetración que se destruye la identidad como nación, quitando la “barrera defensiva” ante el avasallamiento de las potencias imperialistas, al mismo tiempo que rompiendo las bases desde donde se puede transformar profundamente la realidad nacional en beneficio de nuestro pueblo. ¿Qué más fuerte que la cultura nacional para resistir al cada vez más poderoso conglomerado de capitales extranjeros que no reconocen fronteras y avanzan sobre nuestros pueblos? No resulta casual entonces este avance de las potencias sobre la misma, así “montañas de diarios, revistas, películas, etc., divulgan los soporíferos de la cultura extranjera y los mitos en colores del capitalismo de las metrópolis. Aparece, entonces, en los países coloniales, ante millones de lectores medios masificados, el “american life of wife” tal cual lo entiende una nación, Estados Unidos, que ha entrado tarde a la Cultura”. (Hernández Arregui, 1973: 223)

Arregui destaca una cuestión central: el rol de las agencias internacionales de noticias y su relación con la formación de nuestra “mirada del mundo”, cuestión que hoy sigue apareciendo en forma similar. Solo unas pocas agencias internacionales “bajan línea” a las propias acerca de lo que pasa en los países hermanos (y también más lejanos). De esta forma, “las mismas informaciones, los mismos alimentos periodísticos orquestados por un puñado de agencias noticiosas –en su mayoría norteamericanas-, son los megáfonos monstruosos de los trusts mundiales que dirigen la economía internacional y congelan la opinión pública en una visión aberrante de la vida”. (Hernández Arregui, 1973b: 12) Cuestión que si no creemos en la “objetividad periodística”, y en la filantropía de las potencias imperiales se revela sumamente grave y perjudicial para nuestros pueblos.

La información está controlada en un puñado pequeño de agencias, “el 90% de las noticias políticas, financieras, artísticas, historietas para niños y adultos, son acaparadas por diez agencias noticiosas de ilimitado poder difusor (…) son fábricas de narcóticos ideológicos”. (Hernández Arregui, 1973b: 12-13) De esta forma, nuestra realidad la abordamos a partir de lo que “nos cuentan” estas agencias que evidentemente tienen un interés formado que no se corresponde con el nacional, sino más bien al contrario.

Decíamos al comienzo que los medios de comunicación, al menos en materia de opinión y acción política penetran sobre todo en los sectores medios. Es que la colonización pedagógica hace mayor mella en estos sectores en tanto son los que más relación tienen con ciertos “consumos culturales”, muchas veces con el único afán de buscar la “distinción”. En este sentido, en los países con los órganos culturales como el cine, la radio, o la televisión, dominados por el extranjero “vivir a la “europea” o a la “americana” pasa a ser un snobismo y una frustración simultánea”. (Hernández Arregui, 1973: 220) Estos sectores medios, sobre todo por los lugares que ocupan en la estructura social, actúan como correa de transmisión de los valores de la oligarquía.

Los periódicos encuentran entre estos sectores mayormente a sus consumidores, lo que no pasa desapercibido para Arregui. En nuestro país, el periódico representante de las ideas de la oligarquía acerca de nuestro país: La Nación, a decir de Homero Manzi el “guardaespaldas” que dejó Bartolomé Mitre, pasa por la pluma de del autor de “Imperialismo y Cultura” que lo critica duramente. Sostiene que “la historia de Mitre tiene su tribuna perpetua en un diario de Buenos Aires: La Nación, dirigido por sus herederos vitalicios. Este diario es el portavoz de los intereses y la mentalidad política de la clase ganadera argentina y sus foráneos” (Hernández Arregui, 20004: 115)

Avanzar en la ruptura de la dependencia tanto económica como cultural aparece como horizonte para la emancipación nacional. Así, a partir de estos análisis, Hernández Arregui considera como fundamental el rechazo a la imposición cultural extranjera, y la revalorización de la cultura nacional[2], ambas cuestiones ligadas a la lucha por la liberación nacional, es por eso que “en el pueblo las palabras extranjero y enemigo son sinónimas y se funden en un solo sentimiento de defensa y rechazo”. (Hernández Arregui, 1973b: 25)

*El presente artículo es parte del Proyecto de Investigación Amilcar Herrera “Aportes teóricos del Pensamiento Nacional a los debates acerca de la universidad, los medios de comunicación y la integración regional”. Universidad Nacional de Lanús (UNLa). Dir. Aritz Recalde. Integrantes: Julián Dércoli, Dionela Guidi, Iciar Recalde, Manuel Valenti.

** Lic. en Sociología (UBA). Prof. Sociología (UBA). Mg. Metodología de la investigación (UNLa). Docente universitario (UNLa, UNAJ, IUNMA).

[1] Juan José Hernández Arregui (1912-1974). Comienza su actividad política en Córdoba, en el radicalismo sabattinista. Con el advenimiento del peronismo se suma a este “nuevo” movimiento nacional. Participa de la Resistencia Peronista, y en la década del 60 funda el grupo CONDOR. Doctor en filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba, bajo la dirección de Rodolfo Mondolfo. Dicta clases, entre otras, en la Universidad Nacional de La Plata y la Universidad de Buenos Aires. (Galasso. 1986. Piñeiro Iñíguez, 2007)
[2] Tratamos esta cuestión más profundamente en Godoy, Juan. Hernández Arregui y la revalorización de la cultura nacional en los procesos de liberación nacional. Agosto de 2013. Disponible en sociologiayliberacion.blogspot

Bibliografía

Galasso, Norberto. (1986). J.J. Hernández Arregui: del peronismo al socialismo. Buenos Aires: Ediciones del Pensamiento Nacional.

Godoy, Juan. Hernández Arregui y la revalorización de la cultura nacional en los procesos de liberación nacional. Agosto de 2013. Disponible en sociologiayliberacion.blogspot

Hernández Arregui, Juan José. (1962). Prólogo a Carpani, Ricardo. (2011). La política en el arte. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente)

Hernández Arregui, Juan José. (1973). ¿Qué es el ser nacional?. Buenos Aires: Plus Ultra

Hernández Arregui, Juan José. (1973c). Imperialismo y cultura. Buenos Aires: Plus Ultra

Hernández Arregui, Juan José. (2004b). La formación de la conciencia nacional. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente)

Hernández Arregui, Juan José. (2004). Nacionalismo y liberación. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente).

Hernández Arregui, Juan José. (1973b). Peronismo y liberación. Buenos Aires: Plus Ultra

Piñeiro Iñíguez, Carlos. (2007). Hernández Arregui. Intelectual peronista. Pensar el nacionalismo popular desde el marxismo. Buenos Aires: Siglo XXI (editora Iberoamericana).

Mediante un decreto en el Boletín Oficial, el Ejecutivo nacional otorga al ministro de Transporte la facultad de clausurar ramales del ferrocarril.

Dos días después de las PASO, aún sin resultado oficial en la provincia de Buenos Aires pero con una gran elección de Cambiemos a nivel nacional, los grandes medios muestran a un gobierno envalentonado.

El Boletín Oficial de hoy parece confirmar que el macrismo tomó las PASO como reaseguro para avanzar con sus reformas. El decreto 652/2017 le otorga al ministro de Transporte de la Nación, Guillermo Dietrich, “la facultad de clausurar ramales ferroviarios en forma definitiva y proceder al levantamiento de las vías y demás instalaciones ferroviarias”.

En su segundo artículo, establece que “los rieles, durmientes, aparatos de vías y el resto de los bienes muebles que compongan la infraestructura ferroviaria” quedarán en poder de la Administración de Infraestructuras Ferroviarias Sociedad del Estado (ADIFSE). Este decreto pone también de relieve la importancia que el macrismo le asigna a la construcción de miles de kilómetros de autopistas. Luego de las elecciones primarias del domingo, las acciones de Autopistas del Sol subieron un 6,3% en la bolsa de comercio porteña.

La política de desmantelamiento del sistema ferroviario no es nueva

Luego de la nacionalización del sistema ferroviario llevada a cabo por el presidente Perón en 1948, la creación de la empresa Ferrocarriles Argentinos y la gran expansión que la sucedió, se puso en marcha el “Plan Larkin” en 1962. El objetivo buscado por el presidente Frondizi y sus ministros de Obras Públicas, Constantini, y de Hacienda, Álvaro Alsogaray, era disminuir el déficit fiscal a través de un aumento de tarifas y “modernizar” el sistema ferroviario. Alsogaray viajó a los Estados Unidos para acordar la llegada del general Thomas Larkin a nuestro país, quien haría un estudio de los transportes por cuenta del Banco Mundial.​ El diseño del denominado Plan Larkin, entre otras cuestiones, contemplaba abandonar el 32% de las vías férreas existentes, despedir 70 000 empleados ferroviarios y la reducir a chatarra todas las locomotoras a vapor, al igual que 70 000 vagones y 3000 coches, con la idea de que se comprase todo esto en el mercado exterior. El plan de “racionalización” dio sus primeros pasos pero debió detener su marcha dada la tenaz resistencia de los sindicatos del riel en defensa de la fuente de trabajo de sus afiliados y del sistema ferroviario en su conjunto.

La última dictadura, también ferrocida

Escribe Federico Bernal que “cuando se instaló el gobierno de la dictadura, la conducción del área de Transporte quedó radicada en el Ministerio de Economía (de Martínez de Hoz) a través de la Secretaría de Transporte y Obras Públicas” y ” elaboró un plan de acción que permitiera retomar las medidas de racionalización recomendadas 15 años antes por el Plan Larkin (…) para poner en práctica la privatización periférica (desguace lento y progresivo, sumado a la tercerización de inversiones, actividades y servicios con empresas privadas) de Ferrocarriles Argentinos (FA): cierre de ramales antieconómicos, supresión de trenes de pasajeros de baja utilización, cierre de talleres redundantes, cierre de estaciones, supresión de la tracción a vapor, etcétera.”

“Resultado: entre 1976 y 1980 se abandonaron unas 560 estaciones, se redujeron trenes de pasajeros interurbanos y locales del interior en un 30%, se cerraron 5500 km de líneas secundarias. Sólo a nivel talleres, la cantidad de personal se redujo de 155 mil empleados en 1976 a 97 mil en 1980, cifra que habría de mantenerse hasta el fin del gobierno de Raúl Alfonsín (…). La desconexión del país y la intensa eliminación de talleres contribuyeron a la decadencia y desaparición de unos 700 pueblos y a la aceleración de la pobreza y la desigualdad regional.”

La continuidad privatizadora del alfonsinismo

“Para mediados de la década del ’80, el plan de vaciamiento (…) estaba a medio hacer. YPF y Ferrocarriles Argentinos si bien muy golpeadas, resistían su desmantelamiento. En ambos casos, un golpe de gracia se hacía necesario para retomar el plan original trazado por Martínez de Hoz. Pues bien, el gran favor a la “patria financiera y especuladora” no se hizo esperar. Su protagonista fue nada más ni nada menos que el gobierno de Raúl Alfonsín (…). De la misma manera que sucedió con YPF, luego de una década de deliberado saboteo la empresa ferroviaria arrojaba grandes pérdidas. La ineficiencia estatal era así satisfactoriamente confirmada, zoncera a la que se le agregaba una segunda, la del Estado elefantiásico. Claro, un país aniquilado, despoblado y económicamente atrasado no justificaba para las mentes subdesarrolladas ninguna inversión que lo revirtiera. El país podía sobrevivir perfectamente si se restringía a los límites de la Capital Federal o, con suerte, a la Pampa Húmeda triguera y vacuna. Fue así que a finales de 1986, el gobierno encomendó a Manuel Madanes la elaboración de un plan para reducir la planta ferroviaria en unos 65 mil agentes. La dura oposición sindical, sumada a la fuerte derrota radical en las elecciones legislativas y provinciales [PBA en manos de Antonio Cafiero] de 1987 lograron frenar la avanzada privatizadora de lo que hubiera significado la reedición del Plan Larkin en tiempos de Frondizi. No obstante la transitoria victoria, la presión fue insoportable. Rodolfo Terragno fue nombrado ministro de Obras y Servicios Públicos de la Nación. La tormenta privatizadora se cernió amenazante sobre ENTEL y Aerolíneas Argentinas. En materia ferroviaria, (…) Rodolfo Terragno [propuso] (…) el proyecto de Ferrocargo, esto es, el ingreso del capital privado a FA. Si bien Ferrocargo nunca llegó a implementarse [por la oposición sindical y la caída del gobierno]  tanto la idea en sí misma como lo hecho en materia de prefactibilidad y planificación del proyecto lograron que el fuego privatizador se hiciera esta vez inextinguible.” – Federico Bernal

La privatización lisa y llana de Ferrocarriles Argentinos

““María Julia es una cruzada. Necesitamos a alguien capaz de enfrentarse al sindicato para que ENTEL se privatice. Si tuviéramos que disolver a las Fuerzas Armadas llamaríamos a la izquierda. Para privatizar necesitamos de los liberales, que lo van a hacer con más convicción que nosotros, los ‘peronistas’.” (La Patria Sublevada. Alfredo Silleta). Así justificó Carlos Menem el nombramiento de la hija del ultra liberal Álvaro Alsogaray al frente de la empresa pública de teléfonos. Igual suerte correría el escaso patrimonio público sobreviviente desde el frontal y letal ataque iniciado en 1976: Ferrocarriles Argentinos, YPF, Gas del Estado, Aerolíneas Argentinas, Jubilaciones y Pensiones, entre muchas otras. De la misma manera que con la dictadura y el radicalismo, la gran prensa antinacional se encargaría de construir una opinión pública favorable a la más ignominiosa entrega del patrimonio nacional.” –Federico Bernal

¿Qué ocurrió con Ferrocarriles Argentinos y cuál era la situación del sector al inicio del menemismo?

“Las unidades de tráfico (ut) habían descendido de 23.300 millones en 1979 a 19.100 en 1989. A pesar de la electrificación del Roca, el tráfico suburbano era de 100 millones de ut menos que una década atrás. El tráfico de pasajeros había aumentado sólo un 10% mientras que el de carga había caído el 25%. La disponibilidad de locomotoras de 844 a 603 en igual período (…). En agosto de 1989 se promulgó la Ley 23.696 de Reforma del Estado. La contrarrevolución golpista iniciada en 1976 celebraba el zarpazo final. (…) El neoliberalismo pariría así el Decreto 666 de 1989 y con él, el desmantelamiento y privatización de los ferrocarriles. Las nuevas concesionarias se harían cargo de todas las actividades laborales, técnicas (mantenimiento y operación), comerciales y económicas (inversiones) ferroviarias. La primera licitación –apenas dos meses después de la firma del decreto 666– sirvió en bandeja al capital privado unos 5000 kilómetros de red. Obviamente, los futuros concesionarios no podrían operar nada sin el material ferroviario propiamente dicho: el gentil menemismo les ofreció una flota de 1600 vagones y unas 30 locomotoras.”- Federico Bernal

Sostenemos que durante los oscursos años ’90 se llevó a cabo un Ferrocidio, este consistió en la supresión de la mayor parte de los servicios ferroviarios de nuestro país. Así, el 10 de marzo de 1993, la Argentina, que supo tener la tercer red más extensa del continente (luego de Estados Unidos y Canadá), se quedó de un día al otro sin servicios ferroviarios que integrasen la nación, así se vieron reducidas sus vías operativas de un promedio de 35.000 km. a aproximadamente 10.000 km.

Esta medida, bajo el lema “ramal que para, ramal que cierra”, significó para muchas personas la imposibilidad de viajar, de ver a sus familiares y amigos, el aislamiento absoluto para una gran cantidad de pueblos que se vieron vaciados al no contar con el tren y arrojo un manto de oscuridad sobre regiones enteras, que se vieron de pronto olvidadas y sin medios de transporte, frente a un Estado que había olvidado la función social del servicio publico y la característica de fomento para las economías regionales. Quien no pudiese afrontar el costo de un pasaje en micro o cargas en camión, quedaría entonces fuera del sistema.

Decenas de miles de puestos se perdieron de forma directa (mediante despidos y “retiros voluntarios” financiados por el Banco Mundial), mientras que muchos mas se perdieron de forma indirecta, como consecuencia del aislamiento de regiones enteras que ya no contaban con servicios de pasajeros ni de cargas.

El país perdía un medio estratégico de transporte, aquel capaz de superar cualquier clima, llegar a destino a pesar de las adversidades de la naturaleza. Se perdió medio de integración de la nación, que permitía viajar por su país a decenas de miles de personas, uniendo nuestro territorio, se perdió un factor de desarrollo fomento y comunicación con los países hermanos. Si con la nacionalización peronista habíamos comprado soberanía, como afirmaba Scalabrini Ortiz, ahora la perdíamos.

Avances

La década ganada llegó en 2013 al sistema ferroviario con la estatización del Ferrocarril Belgrano Cargas y continuó con el Ferrocarril Sarmiento y de algunos servicios de larga distancia. Luego, en 2014,  los Ferrocarriles Urbanos Roca, Mitre, San Martín y Belgrano Sur pasaron a la órbita del Estado. El sistema de concesiones de los ’90 había fracasado y el gobierno lo puso de manifiesto con la creación de la nueva empresa Ferrocarriles Argentinos Sociedad del Estado (hoy Trenes Argentinos). Los servicios urbanos e interurbanos mejoraron sustancialmente, Belgrano Cargas y Logística fue reestructurada en un plan ambicioso, se recuperaron cientos de kilómetros de vías, sin embargo, los servicios de larga distancia y la industria ferroviaria que supieron ser orgullo nacional continuaron postergados.

No hay conciencia nacional sin conciencia ferroviaria

El atropello oligárquico contra los ferrocarriles debe encontrar del otro lado de la balanza el peso de la unidad de los nacionales que luchan, junto a los trabajadores ferroviarios, “para que los ferrocarriles vuelvan a ser la columna vertebral del sistema de transporte en la Argentina”.

Los sindicatos ferroviarios, en alerta:

-Fuente noticia: Agencia Paco Urundo