Despidos, suspensiones, caída de la producción: los números que explican la movilización de los gremios industriales y su presión para que la CGT salga a la calle.

Por Aritz Recalde*. Publicado originalmente en la Revista Zoom

En una CGT que hace largo tiempo viene siendo conducida por los gremios de servicios, fueron los sectores industriales los que ejercieron presión para que la central obrera saliera de la pirotecnia verbal y, finalmente, pisara la calle. No fue fruto de una interna, sino el resultado de una situación evidente. En un escenario adverso para todo el movimiento obrero, los trabajadores de la industria están sufriendo con especial dureza los efectos del nuevo modelo que impone la Casa Rosada. En cada rama de la actividad se acumulan meses de caída de la producción, desplome de las ventas, aumento de los artículos importados y, sobre todo, miles de despidos, cesantías, vacaciones adelantadas y retiros voluntarios, además de casos donde las fábricas bajaron las persianas.

Este diagnóstico es el que pusieron sobre la mesa los sindicatos del sector, cuando el 31 de enero se reunieron con el triunvirato de secretarios generales, en la sede de Azopardo. Fueron 14 sindicatos, entre ellos, la Unión Obrera Metalúrgica, los gráficos, el personal jerárquico de la energía, ceramistas, trabajadores del calzado y curtidores. Dos días después, Juan Carlos Schmid, Héctor Daer y Carlos Acuña anunciaron el plan de lucha que hoy empieza a cumplirse, con una movilización junto a las dos CTA y el respaldo de un amplio espectro de organizaciones sociales y partidos políticos, y que llega con el suelo caliente del paro nacional docente lanzado 24 horas antes.

Números rojos

autosEn ese marco, que la consigna resumida sea “en defensa del trabajo y la producción nacional” no es casual. Y mucho menos que el acto central sea frente al ministerio que encabeza el mendocino Francisco Cabrera, en Chacabuco y Diagonal Sur. En todos los rankings -oficiales y privados- de puestos de trabajo perdidos y retroceso en el mercado interno, los industriales están bien arriba. De acuerdo al último dato del Estimador Mensual de la actividad Industrial (EMI), elaborado por el Indec, en enero la caída fue del 1,1% interanual, continuando la tendencia a la baja de los últimos 12 meses. El año pasado había cerrado con un mazazo acumulado de -4,6% desde la llegada de Mauricio Macri al poder. Para matizar un poco el impacto, el informe del EMI destacó que enero tuvo el menor retroceso en lo que va de la era Cambiemos y que hasta hubo casos específicos con incrementos, como automotrices (71,1%) y químicos (0,4%). De todos modos, estas subas también hablan del precipicio al que había caído la producción en esas ramas a principios de 2016, además de que no dejan de ser “brotes” aislados en un panorama reseco, como indica el repliegue sostenido de los rubros textil (-11,1%), metales básicos (-9,5%), papel y cartón (-8,9%), edición e impresión (-7,3%), productos minerales no metálicos (-6,4%), tabaco (-4,2%), caucho y plástico (-2,1%), alimentos (-1,4%), el resto de la metalmecánica (-1,0%) y la refinación de petróleo (-0,1%).

Para la consultora Orlando Ferreres, el cuadro fue incluso más grave: registró en enero una merma del quehacer industrial del 6,4% interanual, con fuertes bajas en tabaco (-26,5%), alimentos (-18,4%) y siderurgia (-10,6%).

En el suelo bonaerense, la Federación Económica de Buenos Aires (Feba) también informó un negativo del 4,6% en 2016. Advirtieron que “las perspectivas de corto plazo no son alentadoras”, debido a “menores niveles de consumo que desincentivan la producción industrial” y porque el “incremento de las importaciones también es una señal de preocupación de la actividad manufacturera local, que se agrava con la persistente recesión de la economía brasileña”. El gran impacto lo vieron en los textiles, con un global de -27,4%.

Desde la Federación de la Industria del Calzado (Faica) alertaron que en los primeros 45 días de 2017 hubo una suba del 62% de artículos importados, para un sector que cerró el año pasado con una baja del 11,2% en su producción.

“El pedido de los industriales no sólo tiene argumentos propios, sino que se calza sobre las certezas que fueron surgiendo de los meses que lleva la relación entre la CGT reunificada y Cambiemos”

Todo este desplome explica una parte de la tensión en los gremios. Pero el mayor desencadenante fue su otra cara: la sangría de afiliados. De acuerdo al Centro de Economía Política Argentina (Cepa), en enero la industria acaparó cerca del 70% de los puestos caídos en todo el mercado laboral: 2751 sobre 3617, seguida de lejos por los sindicatos de servicio (646) y del sector primario (220). Si se hace foco en el ámbito privado, de los 170.811 despidos y suspensiones registrados de diciembre de 2015 al 31 de enero pasado, 90.766 corresponden a la industria. De ellos, 17.567 fueron metalúrgicos, con el caso testigo de los caídos en Siderca Campana. Los textiles, acorralados por el arribo de las prendas asiáticas, tuvieron 3752 despidos y 11.820 suspensiones. En el rubro automotor, se esfumaron 9410 empleos, con despidos en Renault, Ford, Honda, Iveco y Volkswagen, más suspensiones en Fiat y Scania, entre otras compañías. En las autopartes hubo 1514 despidos y suspensiones, más 2164 casos de los trabajadores del caucho. Otro tanto vivió el petróleo, la electrónica y la línea blanca, los alimentos (7469 bajas), el calzado (2800), los frigoríficos (3071) y la energía (4042). En problema, como se ve, es de escala nacional.

Con esta realidad y un horizonte que sólo despierta esperanzas en Balcarce 50, los dirigentes industriales golpearon la mesa de la cúpula cegetista y pidieron pasar de la dialéctica a un plan de acción. Al triunvirato -donde los secretarios provienen de gremios de servicios- le quedaba poco margen para no dar una respuesta positiva, sobre todo porque se les hizo evidente que, más temprano que tarde, cada sector irá poniendo las barbas en remojo.

La paciencia y la bronca

cgtEl pedido de los industriales no sólo tiene argumentos propios, sino que se calza sobre las certezas que fueron surgiendo de los meses que lleva la relación entre la CGT reunificada y Cambiemos. A la paciencia extendida de la dirigencia cegetista el macrismo le respondió con un combo de indiferencia, desplantes y promesas incumplidas. En ese camino estuvo el vaporoso compromiso de no despedir que los empresarios asumieron ante los trabajadores, con el gobierno como testigo y de aplicación nula. También el anecdótico bono de fin de año, presentado con un paliativo pero concretado a cuentagotas y con montos por debajo de lo acordado. Y cuando la CGT empezó a subir el tono de las quejas, desde el oficialismo los acusaron de tener motivaciones políticas. Como broche, el Poder Ejecutivo sugirió paritarias que no superen el orden del 20%. Y aunque dijeron que no iban a incidir en los acuerdos de los privados, pusieron una clara referencia con el 18% que fijaron para los empleados públicos.

A pesar del rechazo generalizado que provoca el estilo macrista, hacia el interior del arco industrial conviven diferentes posturas, reflejo de las propias divergencias de una CGT reunificada pero no monolítica. Mientras la UOM de Antonio Caló se puso al frente del reclamo -acusó 9000 despidos y 14.000 suspensiones-, los mecánicos de Smata mantienen sus reparos. Si bien no participarán de la marcha, adherirán a la jornada de protesta, realizando “un cese de actividades en la industria de cuatro horas por turno en los lugares de trabajo avalando el reclamo”. El gremio de Alberto Pignanelli -que todavía mantiene diálogo con la Rosada- es una de las piezas más fuertes del Movimiento de Acción Sindical Argentino (Masa), una línea interna de la CGT que encabezan el taxista Omar Viviani y el ferroviario Sergio Sasia.

Otros que presionan al triunvirato son los sindicatos reunidos en la Corriente Federal de los Trabajadores, donde están los bancarios de Sergio Palazzo, que hace rato piden un paro nacional y que ven en el 7M un punto de inflexión para convocar a una huelga general con fecha concreta.

Un dato no menor es el apoyo llegado desde el otro lado del mostrador: al respaldo de la Confederación General Empresaria (CGE-RA), se sumó el acompañamiento de la poderosa Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

Con todos estos condimentos, después de meses de cautela, amenazas y pasos en falso, la CGT está en la calle. Ahí se jugará la pulseada entre los que quieren contener y los que buscan profundizar el rol de la mayor central obrera del país.

*Aritz Recalde es Sociólogo y Dr. en Comunicación UNLP

Fines 1934 y principios de 1935

Proponemos, públicamente, ante la Convención Nacional, las cuestiones que en privado muchos de nosotros han expuesto a los representantes que la forman.

Sus actos deben ajustarse al pensamiento y a la voluntad que individualmente nos han  declarado ante la sórdida conjuración que los rodea, ya evidenciada en la atroz humillación  impuesta al alto cuerpo, por quienes han implorado a las oficinas del gobierno, licencias y  beneplácitos para lo que se ha de decir y resolver en sus reuniones.

Los peligros del camino han sido iluminados por advertencias oportunas.

La mente de los convencionales ha sido esclarecida por el planteo de exigencias fundamentales que no pueden descuidarse, y por la ponderación de su responsabilidad.

Sus voluntades, si vacilan, tienen suficiente confortación en la certeza de que las inagotables  energías de los RADICALES FUERTES concurrirán a la defensa de la Unión Cívica Radical; no descansarán.

Estamos presenciando el esfuerzo sistemático que dentro de la U.C.R., realizan algunos de los  que accidentalmente la representan con el fin de demostrar que la U.C.R. es un “partido de orden”, o sea, el puntal que necesitan los gobiernos fraudulentos.
No ignoramos —pronto nadie ignorará— cuáles son las verdaderas causas de la nueva postura  que adoptan los ancianos caballeros que quieren dirigir el pensamiento radical. Pero nos está  impuesta la necesidad de establecer claramente la verdad acerca del contenido histórico y social de  la U.C.R. y este deber, perentorio en vísperas de la Convención, nos aparta, por un momento, del  anhelo de advertir a la gran masa de los ciudadanos unidos de toda la República, sobre los peligros  que para la Nación, se encierran en las vinculaciones y conveniencias existentes entre las empresas  extranjeras expoliadoras del trabajo y de la producción nacionales, por un lado, y conocidos ex miembros de gobiernos, llamados radicales, por el otro.

Felizmente la emergencia no es novedosa para la U.C.R., ni nos sorprende el conato de  desquiciamiento que se descubre: ella supo siempre desarrollar su admirable capacidad de defensa y ha podido hacer prevalecer su unidad espiritual cada vez que los enemigos de la soberanía del pueblo argentino han clavado en su seno “la cuña del mismo palo”.

Porque desde el principio fue la U.C.R., la Nación misma en marcha hacia su forma social más perfecta, y en su amplitud y complejidad de pueblo, no le faltaron nunca ni ancianos caballeros  ni jóvenes universitarios que quisieran arriar la bandera para ir a negociarse, como hacen los jefes  de los partidos políticos, a las empresas mercantiles o a los gobiernos fraguados por ellos.

Pero la U.C.R. no es un partido, y por eso no la entienden ni pueden manejarla los  vendepatrias que hoy infectan sus cuerpos directivos. Ella no se contiene en los límites de una casa  de reunión, ni en una lista de nombres, ni en los programas redactados en la estulticia de falseadas convenciones. No tememos nosotros que lleguen ellos a conocer la íntima estructura de la Unión,  pues a esta comprensión sólo se llega por amor, por sentimiento de unidad, por identificación  espiritual. Y ojalá se les abriera el entendimiento, y dejando de ser para ellos un misterio el vínculo que nos une, se sumaran a las masas de conducta radical. Tienen ellas, como pueblo, su irradiación propia, su fuerza invisible, que realiza cada día su nueva integración, asimilando y transformando  sus nuevos valores —nombres e ideas—; y que resiste y repulsa a los elementos de destrucción caídos o despertados en su seno.

Sería inútil buscar en los documentos de las primeras horas del radicalismo, la expresión del  propósito consciente de constituir así a la U.C.R., ni siquiera el esbozo descriptivo de la nueva  organización aparecía: el hecho histórico se aprecia en la perspectiva del tiempo. Pero en los  discursos de los idealistas portavoces del 90 está la concepción clara y el sentido profundo de la  acción popular que se definía como alzamiento no transitorio, no limitado en el tiempo ni en la  magnitud del esfuerzo, contra la dominación que ya entonces asentaban las compañías extranjeras  sobornadoras de los poderes públicos.

Así, el designio fundamental que unió a los ciudadanos fue restaurar la soberanía popular  violada por la negación de los derechos políticos del pueblo, y violada por la enajenación que los  gobernantes hacían, de los bienes públicos y de las facultades de la Nación para resolver sus propios  asuntos, pasando tales facultades, bajo diversas formas de concesiones, a las empresas mercantiles  que en la Argentina veían —como ven ahora—, sólo una factoría más de sus metrópolis.

El pueblo no vio entonces en una y otra manifestación del desorden existente, dos problemas  distintos que pudieran resolverse separadamente. Eran sólo el anverso y el reverso, dos aspectos de  un mismo hecho, dos presentaciones de una misma cuestión: los comicios se cierran y los derechos  populares se burlan para que los problemas se resuelvan según las conveniencias de las empresas  mercantiles sobornadoras.

La reclamación del sufragio nada habría significado sin la inmediata proyección revolucionaria en el terreno de las realizaciones gubernamentales. Eran inseparables ambas expectativas. El pueblo bregó unido, en reclamación de sufragio para que se le restituyeran sus  bienes y derechos comunes, los cuales empezaban a someterse a muchas sujeciones y privilegios a  favor de los que satisfacían las concupiscencias de los magistrados y depositarios de la fuerza. Y  para este fin no confió en providencias extrañas a sí mismo, sino que afirmó su fe en su propia  acción, comenzando a pensar y obrar como insurgente: en rebelión contra los gobiernos que  usurpaban sus derechos, y en rebelión contra las instituciones que eran fruto de esa usurpación  y están calculadas para asegurar el lucro de los explotadores.

Una visión clara de su destino, y la resolución de vencer comenzaron a animar al pueblo  argentino, erigiéndole en fuerza temida por los negociantes, no sólo porque este pueblo podría  sustraerse a sus garras, sino también porque su rebelión podría estimular y alzar a los pueblos  hermanos de la América Latina, cuyos brazos y cuyas tierras estaban ha siendo traficadas por los  sucesores de los próceres de la independencia. Comprendieron que les era preciso destruirla y para  eso era fácil tocar a hombres y grupos que por sus apellidos, sus fortunas o sus habilidades, gozaban  de “notabilidad”, como ellos decían de sí mismos. Y vino el acuerdo  de 1892, primera purificación  del movimiento popular, que dio ocasión al afianzamiento de la actitud de la masa de la gente desconocida.

Hasta entonces el pueblo había tenido en la acción política sólo presencias fugaces. Pero desde que se comprobó esa claudicación en la Unión Cívica, el pueblo constituyó su Unión Cívica  Radical, en la cual vino a ejercer sus poderes que ya no habrá de delegar.

Vinieron largos años de lucha bajo la opresión; los impacientes tornaron el camino de sus apetencias: nuevos esfuerzos armados en 1893 y en 1905 jalonaron de heroísmo el camino de la  abstención, forma tipo de las grandes luchas, que es la conducta radical por excelencia, la virtud histórica y el timbre de valor civil de sus antiguos cuadros nunca abatidos y siempre renovados.

Hipólito Yrigoyen había llegado a ver realizarse en su conciencia individual, la conciencia  profunda y vasta del pueblo, y vino a ser como la materialización de esa unidad misteriosa que el pueblo sentía en la U.C.R. Hízose portavoz, ejecutor y guía, en cuyas funciones no ha sido  reemplazado. Cuando alguien anunció desde un balcón de la calle Sarmiento, a la multitud  expectante y angustiada: ¡Yrigoyen ha muerto!, el pueblo clamoreó al unísono: ¡Viva Yrigoyen!

Para ese pueblo y para ese hombre, el gobierno ha sido una forma de la acción revolucionaria, una etapa de su milicia: se rescató la tierra pública; se interrumpió la dictadura de las empresas extranjeras y de las embajadas de Inglaterra y Estados Unidos; se abrieron al pueblo los caminos de  la instrucción; se guardó la paz, a pesar de las amargas vicisitudes; se devolvió a los trabajadores la facultad de hacer valer su derecho contra los expoliadores; se promovió colaboraciones efectivas con pueblos hermanos; se proclamó en Ginebra la igualdad y la justicia entre las naciones, y en las persecuciones que dentro del país se siguen, en nombre de la ley, contra la pobre gente, se puso la misericordia del Presidente por sobre las limitaciones mentales de los juristas.

La defección moral y política de esos RADICALES BLANDOS reaparecidos en los cuerpos administrativos del Comité Nacional, no quebró la fe del pueblo ni ensombreció el ánimo del jefe.

Uno y otro entran en la convicción definitiva de obrar por vías revolucionarias, para reemplazar estas instituciones, hechas para el peculado y el engaño, por las otras que se fundarán en la verdadera justicia, cuya práctica debe ser, para todos los del pueblo, la ocasión de su perfeccionamiento.

Pero desde el 6 de septiembre, el país llegó a ser ya desembozadamente, la factorías de los trusts que habían pagado ese alzamiento. Así se ha creado la imperiosa necesidad actual de la insurgencia que evite a la presente y a las futuras generaciones, caer en la horrorosa esclavitud a que procuran conducirlo.

Otra vez se jaloneó de heroísmo el camino de la lucha; y la abstención define de nuevo la dignidad cívica y el valor civil de los argentinos que reivindican la integridad de la soberanía nacional. Y de nuevo hay distinguidos caballeros que “no creen posible el camino de la revolución”,sin haber intentado recorrerlo; ya se ve a los impacientes tomar el camino de sus apetencias; nobles y prudentes ancianos hablan de paz nacional, o sea de un pacto de mutuo encubrimiento; y otros quieren perfeccionar el organismo “del partido U.C.R.”, para ir ellos, mejor cotizados, a negociarse —a negociarnos—, a las compañías monopolistas.

Y la vieja vocación revolucionaria de la U.C.R., más honda, más amplia y más firme resurge, sin impaciencias ni vacilaciones, en el espíritu de los viejos luchadores, no quebrado en la molicie de los gobiernos, y en la reflexión y en la esperanza de los desheredados. No esperamos que se realice en otro hombre la reencarnación de conciencia popular que fue Yrigoyen.

De la misma masa de la gente desconocida de la U.C.R. ya ha surgido la nueva mentalidad revolucionaria argentina, teniendo como primer postulado inequívoco de acción y de doctrina, la decisión de abolir todo privilegio y de restablecer la independencia cultural y económica de la República, es decir, de restaurar integralmente la soberanía del pueblo, que es para lo que fue creada la Unión Cívica Radical.

Pero todo eso fue muy poco porque Yrigoyen tuvo escasos colaboradores de conciencia, lo cual lo llevó a decir con amargura pero sin desfallecimiento: “Esta generación ha fracasado”.

Cuando la U.C.R. volvió al gobierno en 1928, traía Yrigoyen la resolución de alterar las  instituciones, pero no tuvo cerca de sí los muchos valores individuales cuya acción constructiva debía coordinarse, pues halló corrompida la juventud, y así lo dijo públicamente.

Los hombres representativos de aquella generación y de esa juventud, son frutos de la

Universidad, donde se enseñan todas las corrupciones mentales de Europa, y todas las teorías inventadas para la esclavización de las poblaciones coloniales.

Nosotros cumplimos el primer deber de la hora, demandando a la Convención para que no subalternice sus funciones, como procuran los agentes de las empresas sobornadoras que se sientan en su seno y que han intervenido en su convocatoria; y para que se aboque de una vez a encaminar la gran acción común de los pueblos, hacia la suprema finalidad irrenunciable que nos mueve y que la Convención proclamará a la faz del mundo estableciendo, precisamente, las siguientes declaraciones de nuestra voluntad común:

Es de esencia de la Unión Cívica Radical:

  1. —Promover la reconquista de la soberanía económica de la Nación  Argentina, y de todas las Naciones Latinoamericanas mediante la anulación inmediata de todos los tratados, leyes o sentencias por las cuales se haya dada o reconocido concesiones a empresas mercantiles.
  2. —Promover la reconquista de la soberanía política de la Nación Argentina, y de todas las Naciones Latinoamericanas, por la anulación absoluta de todas las facultades dadas o reconocidas a todas las instituciones educacionales que no se inspiren en los principios de la Revolución Americana.
  3. —Abolir todos los privilegios, por la anulación de todas las instituciones organizadas para conservarlos.
  4. —Establecer las nuevas instituciones, basadas en la colaboración continental y en la seguridad económica y cultural de todos y cada uno de los habitantes.
  5. —Restituir al ejército la integridad de la misión que le asignara San Martín, de defender la soberanía nacional y cumplir los mandatos legítimos conducentes a asegurar la libertad y la voluntad del pueblo.
  6. —Reafirmar la abstención, como método hasta la asunción del poder con tales fines.

Obraremos así, según nuestro convencimiento de que han de corregirse sin demora los errores y prevaricaciones de los gobiernos que nos han desviado del destino común que comprendieron los libertadores, quienes no lucharon sólo para independizarnos de poderes políticos extraños, sino para crear una nueva civilización que redima al hombre y lo reintegre a su verdadera dignidad.

Buenos Aires, diciembre de 1934

“Se ha creído siempre que los países nuevos deben inspirarse en los más viejos, cuando menos en las circunstancias análogas y especialmente en todo lo referente a la disciplina  mental, pero esta afirmación constituye un palmario error de juicio, puesto que la sabiduría fundamental humana, que impertérritamente deberá seguir el universo, la conciben igual o mejor los pueblos nuevos, ansiosos de verdad superior y envueltos o saturados en sus propias fuerzas”

Hipólito Yrigoyen

(Del memorial a la Corte Suprema de la Nación, Martín García, agosto 24 de 1931)

Fuente: FORJA: “Vocación Revolucionaria del Radicalismo” (fines 1934 y principios de 1935)

La pensadora nacional Iciar Recalde analizó la coyuntura política actual a la luz de la doctrina justicialista y su evolución desde la muerte de Juan Perón. Se refirió a la derrota electoral de 2015 y a los modos de lucha desde el campo popular para acceder al poder. Subrayó la vigencia del Modelo Argentino para el Proyecto Nacional elaborado por Perón en 1974.

Recomendamos escuchar la exposición completa:

Gerardo Burton y Diego Salas de Mano a Mano. 18 febrero, 2017

En el colmado salón de usos múltiples de la EPET 7 de esta capital [Neuquén, 16/2/17], la investigadora Iciar Recalde dijo que los trabajadores y las organizaciones libres del pueblo “son la columna vertebral” del movimiento nacional que debe reconfigurarse para recuperar el poder en 2019. La disertación, sobre el tema “¿Por qué soy peronista?” se realizó el jueves en el establecimiento educativo con la asistencia de más de 300 personas -militantes de agrupaciones políticas y movimientos sociales y simpatizantes del campo popular-.

La disertación fue inaugurada por Sandro Castro, titular de AATRAC -Asociación Argentina de Trabajadores de las Comunicaciones seccional Neuquén-; el diputado nacional FpV Darío Martínez y la dirigente Lorena Barabini Parodi. Tras los discursos iniciales, Recalde analizó la coyuntura política actual a la luz de la doctrina justicialista y se refirió específicamente a la vigencia del Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, elaborado por Juan Perón en 1974 y que constituye su testamento político. (…) Recalde es licenciada en Letras por la Universidad Nacional de La Plata y ha editado numerosos ensayos y artículos sobre los principales intelectuales peronistas y del campo nacional y popular.

Por ejemplo, su tesis doctoral es sobre el escritor Haroldo Conti; participa como fundadora del Centro de Estudios Juan José Hernández Arregui – sobre quien tiene un trabajo publicado a propósito del bicentenario de la Revolución de Mayo -, sobre el proyecto de las cátedras nacionales en la universidad de los años setenta, entre otros. También fue asesora de los bloques legislativos provinciales del Frente para la Victoria en Buenos Aires y de la vicegobernación de esa provincia.

En primer lugar, Recalde se refirió al “contexto de retroceso furibundo del movimiento nacional” desde la derrota de 2015, aunque señaló que existen “antecedentes en la patria”: los golpes de Estado de 1930 y de 1955 (“trágico”, según lo calificó) y el de 1976 que, además de instaurar el terrorismo estatal, inauguró una etapa de neoliberalismo que concluyó con la asunción de Néstor Kirchner a la presidencia de la Nación en 2003.

En este itinerario de avances y repliegues, hoy se produce un fenómeno original, explicó: “la oligarquía que comanda los destinos de la Argentina en la actualidad: gobierna con los personeros de las corporaciones, con las conducciones de las multinacionales, conducen lisa y llanamente el Estado. La oligarquía había tenido la capacidad de poner a representantes de sus intereses. Ahora, lisa y llanamente el imperio y sus corporaciones conducen la política del Estado argentino con todas las consecuencias trágicas que eso supone”.

A continuación, mencionó los “enormes desafíos” que enfrenta el campo popular. El primero de ellos, no menor, es el de la identidad, señaló, debido a la “profunda crisis” que transita el peronismo desde el fallecimiento de Juan Perón en 1974.

La respuesta más acertada, para Recalde, “la sintetiza Evita cuando dice que <el peronismo no se aprende ni se proclama, se comprende y se siente. Por eso es convicción y es fe; es la fe popular a partir de una causa de esperanza que faltaba en la patria>, y a continuación decía Evita <soy peronista por conciencia nacional, procedencia popular, por convicción personal y por apasionada solidaridad y gratitud a mi pueblo necesitado y actuante otra vez por el renacimiento de sus valores a partir de su jefe, el general Perón>. Son valores medulares de la doctrina justicialista”.iciar 3

Indicó que la crisis en el peronismo tuvo consecuencias en la derrota electoral. Esto hizo posible que una minoría antinacional, dijo, tome los resortes básicos del Estado porque “las mayorías sociales dejaron de ser un espacio seguro”.

Y la vocación peronista, dijo, tiene que ver “con recuperar la confianza perdida y, en consecuencia, creo que la pregunta por la identidad tiene una respuesta: es la recuperación de la doctrina justicialista”.

Ése fue el eje que Recalde se ocupó de desarrollar durante una gran parte de su disertación: mencionó entonces las “etiquetas del peronismo construidas con ismos sumados a otros apellidos”. Pero aclaró que el peronismo no es el Partido Justicialista ni un electoral ni una invención cultural, por el contrario, se trata de “la búsqueda políticamente organizada de soluciones a los problemas argentinos”.

La pregunta por el peronismo adquiere relevancia, sugirió, a la hora reconocer la vigencia o no de la lucha por alcanzar la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.

A partir de acá el peronismo se ofrece como una experiencia exitosa de la revolución nacional, que logró el punto más alto de la dignidad y el bienestar para el pueblo argentino porque “pese a las tropelías de los 90 hay un ADN vinculado con la dignidad”.

“La consecuencia del peronismo, continuó, es la doctrina: la propuesta de un destino posible, profundamente necesario para saber qué hacer con la patria. Pese al esfuerzo de las organizaciones libres del pueblo la doctrina justicialista permanece hoy replegada y es necesario hacer un esfuerzo para ponerla en el centro del debate”.

Dijo que la síntesis “más acabada” de la doctrina son los dos planes quinquenales y el plan trienal; la Constitución de 1949 y el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional que es “el testamento político del general Perón”. De este último, indicó que se trata de “una propuesta programática vigente para los próximos años en la Argentina”. Añadió que “el peronismo no está atrás como una pieza de museo, sino que fundamentalmente está adelante, hablándonos desde el futuro”. [Descargar “El Modelo Argentino para el Proyecto Nacional”, la Constitución de 1949, los Planes Quinquenales y el Plan trienal desde nuestra Biblioteca Digital]

Justamente por no ser una pieza de museo y por el carácter revolucionario del peronismo, no se trata de recordar a las glorias del pasado como Perón y Eva, sino que se trata de “iluminar el presente”. Por el contrario, “el peronismo nos legó una forma de entender la realidad nacional a corto, mediano y largo plazo y cómo solucionar los problemas nacionales”. Se trata, concluyó, de que el pueblo argentino tiene la capacidad de elaborar y desarrollar en la práctica política un proyecto soberano “a contrapelo de la oligarquía liberal que quiere ser una semicolonia de los gringos y copiar modelos foráneos”.

Fuente: Mano a Mano Noticias

 

APUNTES SOBRE EL PROGRAMA DE LA CORRIENTE FEDERAL DE TRABAJADORES
Por Gabriel Fernández*
En medio de la Resistencia, emerge una nueva Nación

El asentamiento histórico del programa planteado por la Corriente Federal de Trabajadores se vincula a la historia misma del movimiento obrero argentino. A sus luchas, sus planteos, sus proyecciones. Si tuviéramos que situar esas trayectorias en algunas síntesis, podríamos mencionar los puntos surgidos en La Falda, Huerta Grande, en el programa de la CGT de los Argentinos y en los 26 puntos de la central que orientaba el recordado Saúl Ubaldini. Asimismo, en una secuencia trascendente de discursos conceptuales realizados por el jefe de la CGTA Raimundo Ongaro, resumidos en el libro Ongaro hace y dice.

Sin embargo, no estaría demás incluir en esos antecedentes los históricos y profundos debates llevados adelante entre el movimiento obrero organizado y el entonces presidente Juan Domingo Perón en 1953, durante el Congreso de la Productividad, con rastros previos y derivaciones posteriores. De allí emana la tensión entre organización política y derechos sindicales que se condensa en puntos calientes pero no deriva en la ruptura. Como veremos, el gremialismo argentino posee un pedigree valioso, digno y estructuralmente potente, lo cual no ha impedido el emerger de vertientes oscuras más ligadas a los intereses oligárquicos que a los populares.

Vamos a la cuestión. El primer tramo del programa da cuenta de las situaciones de actualidad. Plantea la necesidad urgente de adoptar medidas para, en un marco de emergencia social, disponer la estabilidad laboral y proteger el trabajo argentino. Asimismo, se mete en la formación de precios tomando en cuenta el bolsillo de la familia trabajadora y la necesidad de reapropiarse de los recursos estratégicos de la Nación así como de los servicios públicos. En tren de completar labores interrumpidas, exige la conformación de una Junta de granos y productos regionales, así como un acuerdo multisectorial para impulsar estas medidas en el marco de un Plan de Desarrollo.

Ahora bien, como ese Plan debe contener medidas de corto y largo plazo, requiere involucrar acciones de orden estratégico. Por eso propone una Reforma Financiera. Es interesante dar cuenta de la fundamentación presentada por la Corriente Federal de Trabajadores: “confirmado el carácter de servicio público de la actividad financiera” la misma debe ser orientada “al respaldo de la producción y de las familias” en “sustitución de la actual Ley de Entidades Financieras, por una Ley de Servicios Financieros que determine también un esquema de Banca de Desarrollo y el rol del Banco Central como agente financiero del Gobierno Nacional y supervisor de toda actividad financiera bancaria y no bancaria”.

Nos extendemos en este punto porque la pugna entre proyectos productivos y proyectos rentísticos es central en el mundo de hoy y, claramente, en nuestro país. Todo el segmento tiene un intenso aroma forjista que nos remite a la discusión planteada por la gente de Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche en derredor del control y las funciones del BCRA. Por eso en la propuesta se impulsa también el contralor de las tasas de interés así como la determinación del volumen de los préstamos que la banca privada debe orientar al desarrollo productivo. En tal línea sostiene -en una reivindicación tácita de la Década Ganada- una política de “desendeudamiento externo, como base para la consolidación de un proyecto de desarrollo autónomo”.

Avanza claramente y propone, entonces, una “Reforma Tributaria”. Sabemos que el esquema impositivo argentino es regresivo, lo cual no impide que las autoridades liberal conservadoras periódicamente exculpen con argumentos diversos e inconstitucionales a las empresas privadas, de las cuales forman parte muchos de los miembros de la actual gestión. Por eso la CFT indica que esa reforma necesita relacionar “razonablemente los impuestos con los ingresos y la rentabilidad, garantizando el financiamiento del Estado y al mismo tiempo corrija el carácter regresivo de la actual carga impositiva”. Así, enfatiza que el sistema impositivo requiere “ganar en progresividad, incrementando los gravámenes sobre los sectores de altos ingresos y ampliar la masa tributaria de modo de poder reemplazar las alicuotas de impuestos regresivos como el IVA y estableciendo un mecanismo automático para modificar la base del impuesto a las ganancias”.

Asimismo, el programa requiere el establecimiento de una Legislación antimonopólica y antioligopólica efectiva. A diferencia de otros espacios económicos desarrollistas, se basa en la confianza en la capacidad creativa popular: “Se alentará la formación de cooperativas de productores para competir con los oligopolios que producen los bienes que encarecen artificialmente los bienes finales como plásticos, hojalata, envases de cartón, vidrio, así como para ofrecerse como alternativa a la red de supermercados que actúa en forma pro alcista en relación a los precios”. En este fragmento se visualiza el aprendizaje de las experiencias de construcción colectiva suscitadas en los últimos años del siglo pasado y los primeros del presente.

Como no podía ser de otra manera en una vertiente que congrega numerosos sindicatos industriales, se permite ir al nudo del problema cuando, en el punto 11 propone sin más la “Protección de la Industria Nacional”. Para eso destaca la importancia de reconstruir “la cadena de valor de todas las ramas priorizando aquellas que nos permitan sustituir importaciones” así como la “promoción de la pequeña y mediana empresa, del sector cooperativo y la economía popular”. Pueden observarse como hilvanados con ese planteo los ítems subsiguientes: la disposición de una nueva Ley de Inversiones Extranjeras que controle con claridad la situación de los capitales externos, y la administración del tipo de cambio y el control de la fuga de capitales, elementos que han sido habitualmente utilizados por el poder concentrado en beneficio particular y en contra del país.

Luego se refiere al establecimiento de un programa de Federalismo Solidario para promover las economías regionales y varios planes integrales destinados a fomentar el crecimiento nacional armónico: Plan Integral de Transporte que incluya red ferroviaria, caminera, aérea y fluvial (con fabricación local de sus elementos centrales) y Plan Energético Integral “que genere sinergias entre las nuevas usinas atómicas a desarrollar en Atucha y Río Tercero, sumando las nuevas obras hidroeléctricas en curso y el pleno aprovechamiento de la energía eólica y solar”. Allí también enlaza la propuesta de desplegar los recursos hídricos.

En zona de definiciones fuertes el programa de la CFT lanza puntos imprescindibles para arrancar con un programa de justicia social: Educación pública de calidad, Acceso a Tierra, Techo y Trabajo, Sistema de seguridad Social, Asistencia de Salud para todos. Estos aspectos que retoman el bloque de iniciativas urgentes se encuadrarían dentro de la necesaria Reforma Constitucional que propone el punto 23, donde se incluyen aspectos como “la democratización del poder Judicial, un sistema electoral participativo y seguro -el que se quema con leche cuando ve la vaca, llora, podríamos añadir-, la función social de la propiedad y el capital, y el compromiso con la integración económica y social suramericana”.

La referencia de comprensión del proceso pleno en desarrollo se evidencia en el punto 24, donde la CFT señala -y este periodista aplaude tal nivel de entendimiento- que la pugna entre proyectos se despliega en el marco de “un orden mundial multipolar”. Por eso insiste en la priorización de la integración socioeconómica regional y la consolidación de las estructuras que facilitan ese camino con el objetivo de disponer objetivos estratégicos en finanzas, infraestructura y producción, así como “recuperar nuestras Malvinas”. Caracteriza bien al BRICS: “orientados a limitar las ambiciones colonialistas de naciones o bloques pro hegemónicos”.

Finalmente da cuenta de una perspicacia distinta a la de otros espacios cercanos al proponer el impulso de “Medios de comunicación sin fines de lucro y con respaldo estatal vinculados con las organizaciones sociales, los sindicatos y la comunidad, para que todos los sectores de la sociedad puedan informarse y expresarse a través de los medios de comunicación”. El conjunto del andamiaje de propuestas de la CFT se ancla en “la defensa del modelo sindical argentino” como factor de “base y sustento de un Proyecto Nacional y Popular”.

Creemos que vale este repaso para la profundización de un programa surgido de lo más profundo del movimiento obrero argentino. Esta elaboración, a la cual se le podrán añadir puntos y detalles, implica un nivel de comprensión del presente agudo y también el deseo concreto de incidir fuertemente sobre el futuro en ciernes. No debería desplegarse un debate en torno al movimiento nacional sin tomar en cuenta estas propuestas y las mismas merecen estar integradas a las búsquedas políticas -electorales, parlamentarias, movilizadoras- que se lleven adelante. Pues este espacio existe, y mucho. Tiene hondura en la base social y mucha cabeza, como se observa, a la hora de diseñar una política nacional.

* Director La Señal Medios / Sindical Federal / Área Periodística Radio Gráfica

Fuente: La Señal Medios

Escribe Aritz Recalde*

Fuente: La Señal Medios

De manera sucinta, la inflación se puede definir como el aumento sostenido y generalizado de los precios. El fenómeno es el resultante de las disputas de poder social y produce beneficiarios y perjudicados.
 
La justificación neoliberal
Los programas neoliberales de reducción de la inflación implicaron una masiva transferencia de ingresos que empobreció al trabajador y que destruyó a la pequeña y mediana empresa nacional. Las acciones de gobierno guiadas por esa ideología tienden a priorizar, sin excepciones, la acumulación de ganancias del empresario oligopólico y del financista extranjero.
 
Los representantes del poder económico sostienen que la inflación se genera por la acción de los trabajadores y del Estado. El acrecentamiento de los precios sería la resultante de:
·         Emisión monetaria, gasto público y regulaciones estatales. Estas últimas generarían “problemas de confianza” en los inversores.
·         Aumentos salariales que amplían la demanda de bienes.
 
Con dicho diagnostico las políticas económicas neoliberales suelen estar vinculadas a:
·         Reducción del déficit fiscal: disminuyendo la emisión destinada a la inversión pública del gobierno (educación, salud, ciencia o seguridad). El paquete de medidas puede incluir privatizaciones a grupos extranjeros que generarían “clima inversor” y divisas.
·         Aplicar planes de reducción de la masa monetaria desde el Banco Central. La regulación de tasas de interés y la emisión de bonos son dos de sus mecanismos.
·         Rebajas salariales y debilitamiento del poder adquisitivo del trabajador. En democracia[1] proponen bajar la tasa de actividad y aumentar el desempleo con la finalidad de disminuir la capacidad de negociación sindical. Es frecuente que los delegados del poder económico apliquen políticas de alto impacto (shock distributivo) como es una fuerte devaluación o el aumento de tarifas, en paralelo a que el gobierno presiona para poner techo a las paritarias o directamente congelar salarios.  
 
·         Aumentar la oferta de bienes en el “corto plazo” a partir de:
a-     Flexibilizar controles y regulaciones económicas creando un supuesto “clima inversor”.
b-    Aumentar las importaciones para bajar los precios de productos locales.
c-     Reducir la capacidad de compra del salario y destinar el excedente a la potencial inversión de capital.
d-    Bajar impuestos y desandar la capacidad recaudatoria del Estado que es desfinanciado, para derivar la riqueza en potenciales inversiones privadas.
 
En el año 2016 CAMBIEMOS sub-ejecutó el presupuesto nacional y en 2017 redujo los fondos prácticamente en todas las carteras, menos aquellos destinados al pago de deuda que aumentaron exponencialmente. El gobierno eliminó regulaciones a las importaciones y a la salida de dólares, desarticuló el programa precios cuidados, desestimó controles sobre los intermediarios y bajó las retenciones al agro, al petróleo y a la minería. Con el objetivo de reducir el volumen de pesos circulantes, el Banco Central generó incentivos (ganancias exorbitantes) para la especulación financiera. Las paritarias laborales quedaron por debajo de la inflación y con la finalidad de “enfriar la economía”, los ministros pusieron en el congelador a los desempleados, pobres e indigentes. 
Todos los esfuerzos resultantes de la política económica actual (devaluación, LEBAC o baja de retenciones) los cargó la masa popular, mientras que los grupos económicos (exportadoras, bancos y empresas de servicios) acumularon un importante excedente. A diferencia del planteo oficial, los recursos atesorados en pocos sectores como resultado del empobrecimiento general de la población, no derivaron en inversión. Tampoco existió una relación directa entre trabajadores más pobres, super-ganancias empresarias y crecimiento económico.
 
Durante el año 2016 la inflación fue la más alta en 25 años y según un estudio de Instituto Estadístico de los Trabajadores de la UMET superó el 40,9%. Tomando distancia de sus anuncios de campaña acerca de un prominente segundo semestre, Mauricio Macri ya aclaró que en realidad “necesita 20 años de crecimiento continuo” para “sacar a todos los argentinos de la pobreza”. Al Presidente le faltó decir que además de “crecimiento”, haría falta “distribuir” la riqueza y que de esa manera no habría que esperar tanto tiempo requiriendo injustos sacrificios a los argentinos más débiles.  
 
La inflación es un reflejo de la lucha política interna
La inflación del año 2016 fue impulsada desde el gobierno nacional para garantizar los negocios del sector financiero, de los grupos exportadores de alimentos y de las empresas de servicios.
 
Los políticos neoliberales niegan que sus medidas estén orientadas a beneficiar al capital oligopólico y trasnacional y nunca reconocen que sus programas de gobierno no democratizan los costos de las crisis, sino que las transfieren al pueblo.
Más allá de la agenda neoliberal ya descripta, la inflación es una manifestación de la lucha de clases y supone disputas de intereses y tensiones de poder entre:
          Capital vs trabajo.
          Capital productivo vs especulativo.
          Capital industrial vs empresas de servicios.
          Capital industrial vs sector agropecuario.
          Grupos nacionales vs extranjeros.
          PYMES vs oligopolios.
 
Los diversos sectores van a utilizar su poder político y económico para subir el precio de sus bienes. Los aumentos relativos de los productos implican el desplazamiento de la riqueza de una clase/sector hacia la otra.
Atendiendo esta circunstancia, los Estados con vocación industrialista se apropian de los excedentes agrarios y financieros y los destinan al desarrollo del conjunto social. En el caso argentino, el peronismo (1946-1955) nacionalizó el comercio exterior, los depósitos bancarios y el Banco Central. Esta decisión soberana privilegia el interés social al de facción o clase y les permite a los países mantener a bajo costo los créditos productivos, los alimentos y las materias primas.  
 
CAMBIEMOS representa a los sectores agropecuarios y es por eso que aplicó una devaluación superior al 60% en el año 2016. Es por ésta misma causa que el gobierno nacional eliminó las retenciones al trigo (harina), el maíz (aceite), la carne o la soja (con reducción parcial). Acto seguido, el sector transfirió a precios la variación de costos de las importaciones y obligó a la población a pagar la canasta alimentaria a valores internacionales (dólares). Los aumentos redujeron la capacidad de compra del salario y originaron problemas de competitividad del sector industrial manufacturero.
Desde el año 2016 los recursos naturales y las empresas de servicios dejaron de ser concebidas como una actividad complementaria o estratégica, para volverse meramente unidades de negocios. Los abusivos aumentos del combustible, de la luz, del gas y del agua fueron trasladados a los precios por el sector productivo y por el conjunto de actores de la economía (clubes de barrio, escuelas privadas, clubes, municipalidades, etc.-).
El caso de la inflación de los derivados de los hidrocarburos en una muestra contundente del poder político del sector. Si los precios internacionales del barril del petróleo aumentan, automáticamente suben los costos internos de las naftas o los aceites. El proceso inverso no ocurre y la caída de los valores de los mismos productos en el mercado mundial no origina reducciones de precios. Incuso y por decisión del Ministro Aranguren, en el año 2016 aumentaron los combustibles con la finalidad de garantizar ganancias en dólares a las empresas que representa (en un contexto devaluatorio). En paralelo, en el año 2017 el gobierno eliminó las retenciones a la exportación petrolera y acompañó la reducción de los derechos laborales de los trabajadores del sector. 
 
Resultado del apoyo estatal a los empresarios, las paritarias quedaron por debajo de la inflación y las familias perdieron poder adquisitivo. Según el estudio de la UMET, en el año 2015 el salario real creció en promedio 3% y en 2016 cayó un 6,1%. En el Informe “El impacto asimétrico de la aceleración inflacionaria en argentina (2015-2016)”, se demostró que los aumentos perjudicaron principalmente a los estratos más pobres de la sociedad por el hecho de que destinan la mayor parte de sus ingresos al consumo de alimentos, al alquiler y al pago de servicios. Los tres rubros fueron los que más subas presentaron el último año, reflejando el contenido oligárquico y de clase de la inflación actual que multiplica pobres, para beneficiar a unos pocos ricos.  
 
Para explicar el aumento de los precios en la Argentina no puede dejar de contemplarse la estructura de producción e intermediación economía concentrada. No pocas áreas del mercado son controladas por oligopolios multinacionales, que ejercen presión sobre los precios y que incluso tienen el poder de enfrentar a los gobiernos. Los grupos económicos ponen y sacan administraciones y bloquean todos los intentos de regulación social y colectiva de la propiedad y de la riqueza. Ricardo Alfonsín fue una de sus víctimas y lo destituyeron con operaciones de evasión impositiva, de retiro de fondos de los bancos y con la fuga de capitales favoreciendo el desabastecimiento y los aumentos masivos de precios. Con la caída estrepitosa de la UCR, la democracia argentina perdió poder frente a las corporaciones.
CAMBIEMOS le otorgó al empresariado los Ministerios y con ello el pueblo delegó a las corporaciones la capacidad de regulación de los precios. Por ejemplo, en la Secretaría de Comercio el Presidente designó a una figura vinculada a la intermediación comercial (supermercados La Anónima), que es un actor fundamental de la inflación en la Argentina. En los años noventa quedó demostrado que el gato es mal guardián de las sardinas o como dijo algún colega, los zorros de los grupos económicos andan sueltos y se están comiendo a la gallina trabajadora y a la PYME nacional.
 
La inflación y la organización internacional de la dependencia
En los primeros años del siglo XXI se produjo un aumento de los precios de las materias primas (petróleo, alimentos o minerales). En parte, dicho fenómeno se relacionó a la ampliación de la demanda de la economía China caracterizada por un importante crecimiento ininterrumpido. Además, el capital financiero de los países centrales destinó recursos a crear fondos de inversión para producir bienes agropecuarios, haciendo del alimento mundial un bien de especulación.
En el caso del valor de la energía, se sumaron diversos conflictos geopolíticos y militares en zonas de producción de hidrocarburos como es el caso de los enfrentamientos y disputas en los contextos de Irak, Afganistán, Siria, Libia o Irán.
El aumento de los precios de las materias primas generó situaciones contradictorias. Por un lado, permitió mejorar temporalmente el intercambio comercial de Iberoamérica con las potencias industriales, bajando los precios relativos de las importaciones de manufacturadas. Los países sudamericanos dispusieron de mayores recursos para implementar los programas de desarrollo nacional.
La contracara de éste proceso fue el encarecimiento y el permanente aumento de los precios de la tierra, de los alimentos exportables y de la energía. El debate del año 2008 sobre las retenciones a las exportaciones fue una manifestación clara entre dos posiciones frente al aumento de los valores internacionales: se defiende el plato de comida de los argentinos o el tema es reducido a la obtención de divisas por parte de las empresas. El gobierno de CAMBIEMOS tomó esta segunda alternativa y los precios de los alimentos aumentaron de manera muy superior al resto de la economía.
Aprovechando los altos valores, algunos países profundizaron su perfil productivo extractivista y agro exportador. En la Argentina y el Brasil los valores de la soja derivaron en deforestación, desplazamiento de la cría de ganado o de la siembra de trigo y se hizo evidente la dificultad gubernamental para regular el mercado de alimentos para su población. De continuarse la tendencia a hacer de los comestibles una mera divisa, Sudamérica está condenando a la mayoría popular al hambre o a la desnutrición.
Por el contrario, los chinos a los cuales les vendemos la soja la utilizan para generar proteínas animales (en un 80%) y garantizar la nutrición de sus habitantes y la competitividad de su economía. La decisión del país oriental de importar la soja en lugar de producirla, fue parte de un plan estratégico de desarrollo que no permitió que desaparezca la producción de otros vegetales imprescindibles para la dieta nacional.   
 
El remedio puede ser peor que la enfermedad: estanflación
Los funcionarios neoliberales hacen de la política antiinflacionaria una finalidad en sí misma, sin atender los perjuicios que pueden aparejar sus decisiones sobre el conjunto de la actividad productiva y social.
En el año 2016 la política económica de CAMBIEMOS contrajo la economía que está en recesión (cayó el PBI 2,5%). La suba del precio de los créditos (tasa de interés), la apertura de las importaciones y la contracción del consumo interno destruyeron varias actividades productivas aumentando el desempleo, la pobreza y la indigencia. 
Durante su último mandato Cristina Kirchner gobernó con una alta inflación, cuyo promedio rondó el 25%. En parte, la incapacidad para resolver el problema fue justificada con la decisión de mantener el mercado interno de consumo y el crecimiento en un contexto mundial de caída de los precios de las exportaciones argentinas y de reducción del volumen comercial de los aliados estratégicos Brasil y China.
El argumento de los ministros del gobierno anterior era que el consumo y el crecimiento generan tensiones y acomodamientos de precios, que pueden ser corregidos en paritarias sin necesidad de achicar la economía y cercenar derechos. El Estado aparecía como un garante de la capacidad de compra del salario de los trabajadores y de los jubilados.
Según los gestores del kirchnerismo, la contracara se su política era el programa de metas monetaristas y antiinflacionarias que aplicó Dilma Rousseff en Brasil. Como resultado de las medidas del Partido de los Trabajadores se profundizó la caída de actividad productiva del país lusitano, con las consecuencias sociales que ello conlleva.
 
La cultura inflacionaria y los medios de comunicación
En la Argentina existe una cultura inflacionaria que es utilizada por las corporaciones para maximizar sus beneficios.
La sociedad atravesó situaciones sumamente traumáticas como fue el caso de la hiperinflación alfonsinista y ello generó una tendencia psicológica a maximizar el corto plazo. La cultura inflacionaria, la presión empresaria y la acción mediática inducen a los actores de la producción a ajustar constantemente precios, adelantándose a la “potencial pérdida” de ingresos.  
Los oligopolios de la comunicación utilizan la cultura inflacionaria para maximizar ganancias de sus publicistas y para debilitar a los gobiernos que consideran contrarios a sus propios intereses.
 
Acuerdos básicos para abordar el problema de la inflación
La inflación es una manifestación de la lucha de clases y su posible solución no es técnica, sino política.
Los sindicatos y las cámaras empresarias y cooperativas nacionales, tienen un rol político fundamental en la lucha por la determinación de precios justos.
La propiedad privada tiene una función social y ninguna corporación puede oponer sus intereses de facción sobre los de la colectividad.
La política antiinflacionaria debe partir de una concertación nacional que distribuya de manera equitativa los esfuerzos.
La política antinflacionaria no debe impedir que el conjunto de los sectores productivos y sociales se desarrollen.
El Estado es el ordenador social y tiene la soberanía para impedir la actuación oligopólica y abusiva de los factores de producción e intermediación.
La democracia debe regular el comercio interno y de exportación, promoviendo el trabajo y la producción y castigando la especulación.
La Nación y su pueblo son los destinatarios de las políticas del Estado y el consumo de las potencias extranjeras no puede derivar en el hambre de la familia argentina. 

 


[1] En la dictadura del año 1976 se prohibió la acción sindical con una inusitada represión, se congelaron salarios, se devaluó la moneda y se liberaron los precios. Como resultado del plan de Martínez de Hoz se transfirieron recursos del trabajador al capital y se cambió radicalmente la distribución de las ganancias entre la industria y la actividad financiera, entre los capitales nacionales y extranjeros y entre las PyMEs y los grandes grupos económicos que aumentaron considerablemente su capacidad de apropiarse la riqueza.

* Investigador, militante nacional popular

‘Enamorados’ del Pensamiento Nacional, transcribimos las palabras de Juan Godoy, originalmente publicadas en su Blog Sociología y Liberación en relación al enorme legado de Arturo Sampay (28 de julio de 1911, Concordia –  14 de febrero de 1977, La Plata).

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El gran constitucionalista argentino Arturo Enrique Sampay ha legado un conjunto de categorías, conceptos e ideas para pensar la justicia, el poder, el estado, la constitución, etc. que se revelan actuales y nos orientan para pensar el presente y el porvenir. Nosotros pretendemos aquí esbozar algunas de estas ideas que consideramos sirven para pensar la realidad actual de nuestro país atravesada por un “nuevo” proyecto neocolonial con aroma a “viejo”, que pretende cambiar patrones no solo económicos, sino también sociales, políticos y culturales. Desde ya ese “cambio” es en el sentido de un retroceso para las mayorías populares.

Partiendo de este punto, nos interesa rescatar la articulación que aparece en el pensamiento de Sampay entre las esferas económica, política, social y la ligazón con la justicia en general y la justicia social en particular.

El análisis que realiza Sampay parte de la idea que nuestro país luego de producidos los procesos de emancipación continental en el cual se enmarca el local, a pesar de los intentos de varios patriotas en el sentido contrario, pasó a ser dominado indirectamente por Inglaterra. La dominación es principalmente económica. Nacía un país pequeño de “cara a Europa”, inviable en términos históricos para el pueblo, pero muy cómodo para la oligarquía que se enriquece enormemente a partir de la explotación de la renta agraria diferencial, y apunta a construir el destino del país civilizado que deje atrás el atraso de la barbarie nativa, en la cual obviamente no se cuenta ella misma. La oligarquía se sintió francesa y/o británica, y dejó testimonio de ello en los escritos, parque y palacios, como asimismo (aunque intente borrar estas huellas), en represiones, matanzas y genocidios.

En relación a este proceso sostiene el autor de “Constitución y Pueblo”: “cierto es que entonces caímos bajo la dependencia económica de Inglaterra (…) nuestra “independencia de toda dominación extranjera” que rezaba el juramento de los congresales de Tucumán, quedamos aprisionados dentro del universo económico del Imperio británico lo cual a la sazón, así no fuera más que destruyéndonos viejas formas económicas, nos impulsó en el sector de la producción que a los intereses de ese imperio convenía, a establecer nuevas modalidades de trabajo, distribución y consumo, acordes con la transformación que la Revolución Industrial venía causando en el mundo”. (Sampay, 1968. En Sampay, 2013: 160) De esta forma, la estructura económica del país, su estructura jurídica, y por consiguiente la noción de justicia se organizó en relación a los intereses elitistas y foráneos.

Así a partir de su triunfo en la guerra civil, de la cual la Guerra del Paraguay es el último capítulo que entierra el proyecto de los caudillos, fue vertebrando el país semi-colonial-dependiente. Y si el estado es la cristalización de las relaciones de poder que se dan en la sociedad, y la constitución su manifestación más clara [1], la oligarquía construye el país en base a su proyecto político. Ese proyecto dependiente “implicaba mortandad precoz, enfermedades endémicas, analfabetismo e inacción del pueblo argentino radicado fuera de la Pampa Húmeda y esterilidad de las riquezas básicas que existen en el territorio de la nación” (ibídem: 160). La mantención en el primitivismo agropecuario. Se trata para poder avanzar en la justicia social entonces de romper con la dependencia de modo de “equiparar el rendimiento del trabajo argentino con el rendimiento del trabajo de los países altamente desarrollados”. (ibídem: 190)

Ahora bien, sobre esa estructura dependiente que se plasma en la constitución, la oligarquía establece un sistema educativo apropiado a sus intereses que “le permite detentar la exclusividad de la cultura, puesto que abriga la íntima convicción de que la elevación intelectual de los sectores populares engendra la rebeldía contra la Constitución que ella ha impuesto”. (Sampay, 2012: 61) Al país semi-colonial le corresponde una enseñanza a contrapelo de la Patria. Un país que no piense en base a su propia realidad, intereses y necesidades.

Estatuto legal de la LiberaciónSampay considera la necesidad del desarrollo de las fuerzas productivas al tiempo que la distribución de los bienes y servicios. El desarrollo económico e industrial no puede ser un desarrollo excluyente, sino no hay justicia, pues “la justicia es la virtud que ordena los cambios con miras a obtener dicha universalidad del bienestar; o sea, la justicia es el “bienestar general””. (Sampay, 1975. En Sampay, 2013: 37) Es necesario producir los bienes necesarios para toda la comunidad nacional (en una economía de escasez no puede llegarse a la plenitud de la justicia). Así, si la noción de justicia está reducida a resguardar los derechos de la propiedad privada, sus dueños y el disfrute por parte de éstos de esos bienes y servicios. Eso es justicia oligárquica (prácticamente un oxímoron), la justicia que responde al poder de unos pocos.

Dada la dependencia el país sufre “un dirigismo económico, por parte de los países altamente desarrollados a través de la llamada “economía libre””. (Sampay, 1968. En Sampay, 2013: 202) Lo que tiene implicancias concretas en la degradación del nivel de vida, en la desindustrialización, desocupación, pobreza, etc. La emprende así contra el librecambismo, en tanto también éste “es la inmunidad e impunidad de los monopolios supranacionales para expoliar a los pueblos dependientes”. (Sampay, 2012: 103) En este sentido, las empresas extranjeras a partir de su penetración destruyen los cimientos de la nacionalidad.

No hace mella en Sampay la idea del capital extranjero y/o privado como “buen administrador”, en relación al nacional y/o público. La cuestión la enmarca en la lógica que persigue el capital privado. Los países semi-coloniales solo pueden superar su atraso con una fuerte constitución de capital nacional y público, pues no puede seguir la lógica de la ganancia, “porque si a un esfuerzo del pueblo dirigido a salir de su atraso lo conducen las empresas privadas, lo canalizan primordialmente hacia su provecho, tras su afán de máximo lucro y seguridad, por lo que, en razón de esto último, invierten sus ganancias, no en el país en el que las obtuvieron –y al cual le pertenecen en dominio eminente-, sino en los países altamente desarrollados de empresas privadas”. (Sampay, 1968. En Sampay, 2013: 217) Otra “canaleta” por la cual se va el esfuerzo de los argentinos al extranjero, y es disfrutado por otros. El país pensado en función de otros intereses que no son los nacionales.

Desde ahí que a partir de considerar que la dependencia es el factor principal de nuestra historia, y la cuestión nacional la clave de interpretación de la misma, Javier Azzali en su trabajo sobre la Constitución del 49 afirma que la misma (y lo pensamos acá en relación a su mentor), “expresó en el más alto plano jurídico la resolución de la cuestión nacional en aquel momento y el modelo de país con soberanía y justicia social que pregonaba el peronismo” (Azzali, 2014: 38), y resume el pensamiento de Sampay en vinculación a la Constitución reformada como la propuesta de “hacer efectivo el gobierno de los sectores populares, liberar el país del imperialismo, estatizando el manejo de los recursos financieros, de los recursos naturales y de los principales bienes de producción, con la finalidad de ordenarlos planificadamente para conseguir un desarrollo autónomo y armónico de la economía, que concediera el bienestar moderno a todos y a cada uno de los miembros de la comunidad”. (Ibídem: 41) Al fin y al cabo la Constitución del 49 institucionaliza “una nueva concepción de derecho y de democracia: la justicia social y la democracia ampliada o de masas”. (Recalde, 2009)

Es por estas razones que considera la necesidad de avanzar en el sentido contrario al planteado por el modelo oligárquico, de modo de lograr avanzar en la justicia social, nacionalizar las fuentes de recursos y distribución de bienes es primordial, “la nacionalización consiste en transferí a entes públicos o asociaciones de interés colectivo la propiedad de medios de producción y cambio, a fin de utilizarlos exclusivamente para lograr que el pueblo participe de los beneficios de la civilización”. (Sampay, 2012: 121) Jorge Cholvis argumenta que “la economía peronista (y los planteos jurídicos inspirados por Sampay), se plantea el objetivo de que no exista la explotación del hombre por parte de la actividad privada. La propiedad abandona, de este modo, el sentido absoluto que le otorgaba el liberalismo constitucional para enmarcar su desarrollo en ciertas condiciones que reciben el nombre genérico de Justicia Social, pero que son en realidad una nueva forma de relación de las personas entre sí y de estas con las cosas, es decir, una nueva concepción de propiedad”. (Cholvis, prólogo a Koening, 2015: 19)

Marcelo Koening plantea en su estudio sobre la función social de propiedad en la Constitución del 49 que “el avance de los pueblos en su organización y defensa de sus intereses hace que la idea de la propiedad tienda a dejar de ser un asunto meramente individual y se empiece a poner en clave social y comunitaria”. (Koening, 2015: 39) Los trabajadores, generadores de la riqueza del país no disfrutan de la misma en el país dependiente por la expoliación de parte de las potencias de la misma. A partir de la posesión de esos recursos y medios de producción aparece la necesidad de la planificación económica en dirección a la justicia social, “porque si quedan en el dominio de los particulares son utilizados, según enseña la experiencia, para conseguir máximas ganancias y no el bienestar general”. (Sampay, 2012: 137)

Para lograr esa justicia social en el pensamiento de Sampay es central el papel de los trabajadores, argumenta que “únicamente un gobierno vigoroso, sostenido con ardor por los sectores populares, podrá ejecutar la política económica heroica que necesita el país para transformarse acorde con la revolución de nuestro tiempo (…) en el plano político y sindical, forzoso es contar con una firme auto-organización de las fuerzas obreras protagonistas de ese sostenido esfuerzo nacional, pues la disciplina para acometer semejante empresa debe serles impuesta por sus propias organizaciones”. (Sampay, 1968. En Sampay, 2013: 188) Los trabajadores organizados entonces son el puntal a partir del cual debe definirse el “modo de vida”, son estos los que tienen que estructurar en qué país y cómo quieren vivir. De esta forma, plantea la noción de justicia social en un sentido profundo. No existe posibilidad de justicia social sin romper la dependencia, y es “evidente que sólo hay cambio de estructuras económicas y de constitución real cuando una clase sustituye a otra en el predominio político”. (Sampay, 2012: 194)

* Juan Godoy es Licenciado en Sociología (UBA) y Miembro del Centro de Estudios Hernández Arregui (CEHA)

[1] Sampay define dos tipos de Constitución, la real “es la clase social que predomina, y la constitución escrita, concediéndole juridicidad formal a la violencia que monopoliza, convierte en legal a la Constitución real. Por consiguiente, la Constitución escrita es un instrumento del sector social predominante”. (Sampay: 2012: 193)

Bibliografía

Azzali, Javier. (2014). Constitución de 1949. Buenos Aires: Punto de Encuentro.

Koening, Marcelo. (2015). Una constitución para todos. Buenos Aires: Punto de Encuentro.

Recalde, Aritz. (2009). Constitución Argentina de 1949. Génesis y caída. Disponible aquí

Sampay, Arturo Enrique. (2012). Constitución y Pueblo. Buenos Aires: Inst. Jauretche.

Sampay, Arturo Enrique. (1996). Introducción a la teoría del estado. Buenos Aires: Theoría.

Sampay, Arturo Enrique. (1975). Las constituciones de la Argentina. En Sampay. (2013). Obras Escogidas. Buenos Aires: EDUNLa.

Sampay, Arturo Enrique. (1968). Ideas para la revolución de nuestro tiempo. En Sampay. (2013). Obras Escogidas. Buenos Aires: EDUNLa.

 

Lecturas recomendadas que pueden encontrarse en nuestra Biblioteca Digital:

Constitución de la Nación Argentina de 1949

Informe de Arturo Sampay para la Reforma Constitucional de 1949

Recalde, Aritz. (2009). Constitución Argentina de 1949. Génesis y caída

Con motivo del aniversario del nacimiento del patriota Raúl Scalabrini Ortiz (ciudad de Corrientes, 14 de febrero de 1898 – Buenos Aires, 30 de mayo de 1959), compartimos el artículo del compañero Juan Godoy* titulado “Hierro viejo en el subsuelo de la patria. Apuntes sobre la importancia (o no) de los ferrocarriles en la Argentina”.

“Un país industrializado (…) impone una restructuración, el entrelazamiento de las diversas regiones del país, cuya dispersión geográfica y económica, en los países coloniales, ha sido lograda a través de los ferrocarriles y caminos delineados no para el mercado interno sino para el mercado externo. Las comunicaciones deben invertir su trazado y dirección. No serán solamente de adentro hacia fuera. Sino en lo fundamental para dentro.”  J.J. Hernández Arregui en ‘Nacionalismo y liberación’

“(los ferrocarriles) pueden matar industrias, como las mataron. Pueden aislar zonas enteras del país, como las aislaron. Pueden crear regiones de preferencia, como las crearon. Pueden inmovilizar poblaciones, como las movilizaron o inmovilizaron de acuerdo a sus conveniencias. Pueden aislar puertos como los aislaron. Pueden ahogar ciertos tipos de cultivo, como los ahogaron. Pueden elegir gobernadores, como los eligieron.” R. Scalabrini Ortíz en ‘Los Ferrocarriles deben ser argentinos’

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Invocamos, para escribir estas líneas, la figura del gran pensador nacional Raúl Scalabrini Ortíz. Es Scalabrini el descubridor de la política ferroviaria, a pesar de las valiosas denuncias anteriores de Osvaldo Magnasco, las páginas dedicadas por Manuel Ugarte en periódico La Patria, y algunos patriotas más. Así, guiado por las apreciaciones de dicho autor acerca de los ferrocarriles argentinos, procuraremos dar cuenta de los factores que hacen fundamental (o no) al ferrocarril para un proyecto de desarrollo nacional autónomo.

Como sabemos el primer ferrocarril fue construido en el año 1857, años en los que la prepotencia porteña había llegado al punto de segregar a la provincia con tal de no repartir la renta de la aduana. Vale recordar que dicha línea, había sido construida y financiada por los porteños, y la provincia luego lo había tomado a su cargo, ampliado con los mejores resultados (por ejemplo, tarifas 50% menores). Éste en 1884 se vendió de forma tal que la operación no requirió desembolso de dinero por parte del comprador, al igual por ejemplo, que en los casos del F.C. Pacífico y el Central Córdoba.

Será bajo el gobierno de Mitre (1862-1868), donde se consolida la oligarquía porteña (con la liquidación de los blancos en Uruguay, con el aniquilamiento de la montonera, del interior provinciano y el Paraguay próspero, industrialista de los López), el momento en que se tienden las bases de la Argentina semi-colonial, con la instalación de bancos británicos, empréstitos, aparición de periódicos británicos, una política económica librecambista, y lo que más nos interesa aquí, el trazado en abanico hacia el puerto de Buenos Aires de los ferrocarriles, esa tela de araña que aprisiona a la nación. Se comunicaban así las regiones agropecuarias del interior con el puerto y de ahí con Europa (específicamente Gran Bretaña). Es un proyecto ajeno a los intereses nacionales, sin criterio de unificación y equilibro. Claro que hay algunas excepciones, como por ejemplo el tren construido en 1903 (no bajo el influjo británico lógicamente) que va desde Rosario a Bahía Blanca y Punta Alta, atravesando toda la provincia.

No es nuestra intención aquí hacer historia de los ferrocarriles, excede nuestro propósito. Nos interesa entender la lógica del ferrocarril, o más bien sus lógicas posibles, su importancia en la vida nacional. No se trató así de un trazado en sentido nacional, que comunicara las diferentes regiones (que buscara su equilibrio), que fomentara pueblos, industrias, etc., sino más bien todo lo contrario, pues resaltamos que es bien diferente la finalidad del tendido ferroviario en los países coloniales o semi-coloniales, en relación a los centrales, que buscan el desarrollo nacional, la industrialización, en lugar del mero transporte de las materias primas con destino de ultramar. Así, diferente será el trazado de las líneas férreas en países como, por ejemplo Estados Unidos, donde éste se hace de costa a costa, vinculando regiones, interconectando los pueblos, generando un mercado interno ligado a las industrias nacientes. Recordemos que tuvimos férreos defensores del capital británico y de los ferrocarriles bajo su lógica como Miguel Ángel Cárcano, Norberto de la Riestra, Manuel Quintana, el propio Mitre, etc.

La cuestión aquí, es que todo desarrollo, avance en la industrialización de un país dependiente desplaza o puede llegar a desplazar a los intereses de colocación de los productos manufacturados de un país industrializado. El ferrocarril con su tendido semi-colonial, es contra el interior, contra sus industrias florecientes, o contra la posibilidad de su aparición. El ferrocarril así como el enemigo de la prosperidad nacional, siendo éste una de las llaves fundamentales de la nación. El ferrocarril utiliza como arma silenciosa, la política de tarifas. Por medio de éstas, sobre todo, los ferrocarriles pueden impedir el desarrollo industrial, fomentar o no regiones, estimular o destruir ciudades, etc.

Los ferrocarriles, como las fuentes de energía, el crédito no pueden estar esencialmente en manos particulares, o privadas, pues estos recursos, estas herramientas se encuentran estrechamente ligadas a la nación. No pueden ser regidas, guiadas por el afán de lucro o la ganancia. No puede estar relacionado con su propio interés. Sí, todo no debe ser conducido por estas, las necesidades colectivas, los derechos sociales, no se pueden ligar a la ganancia. Pongamos de relevancia hoy día, la reforma de la Carta Orgánica del banco Central, el control sobre la divisa extranjera, la re-estatización de YPF, etc. como avance en este sentido.

Pretendemos oponernos aquí a dos ideas, la primera, es lo que se puede oír en reiteradas ocasiones, la idea del señor/a, muchacho/a que dice con un tono entre sorprendido y de reverencia: -Pero… ¡qué bárbaro… los ingleses son geniales, mirá cómo hicieron los ferrocarriles, por algo ellos están como están y nosotros como estamos!; la otra con concepción de la cual nos queremos alejar es la que sostiene que hubo, en el pasado una bella época, dorada, de oro de los ferrocarriles, que pareciera que no hubiese existido conflicto, huelgas, problemas con las formaciones, etc.

Con respecto a la primera, Scalabrini demostró claramente dos cuestiones la falsedad que hayan sido capitales británicos los que aportaron a la construcción de la nación argentina, y al ferrocarril, sino que fueron brazos argentinos los que crearon la riqueza nacional, y al menos, la mayor parte del tendido ferroviario, de ahí que los británicos, con argucias, corrompiendo, etc., en complicidad con la ayuda de sus lacayos internos, se hayan apropiado de la red, o se hayan tendido en relación a sus intereses, es otro cantar; al mismo tiempo demostró las irregularidades en las inversiones iniciales, y en las supuestas ampliaciones (son falsas y/o abultadas). Así apuntaba a quebrar el mito o la zoncera sobre los capitales ingleses, que como zoncera se relaciona con la madre que las parió a todas, a saber: la de civilización y barbarie.

En relación a la segunda idea que pretendemos refutar, es la de la época dorada, donde no existe el conflicto, donde todas son flores, donde ese sistema ferroviario funcionaba sin ninguna contradicción. Pensamos que con lo dicho hasta acá, en relación a la lógica del trazado ferroviario, a la política de tarifas, etc. esta idea queda a un lado. Si bien fue una de las creaciones más trascendentales (antes solo tracción animal), es necesario ver el reverso, es decir, verlo como instrumento de dominación y sojuzgamiento. Al mismo tiempo, sostenemos que esta idealización no permite pensar en el sistema ferroviario hoy, impide pensar en el avance sobre la cuestión atinente al desarrollo, a la liberación nacional.

Los ferrocarriles así pueden cumplir dos papeles, o ser el factor fundamental del anti-progreso, de la mantención en el primitivismo agropecuario; o ser una herramienta fundamental que contribuya para avanzar en un proyecto industrial, que posibilite la afirmación como comunidad autónoma, y mejore la calidad de vida de los sectores populares.

Por último, ya vimos que los ferrocarriles en busca de ganancias aniquilaron las industrias del interior, pueblos enteros, etc. (iban cargados de ida con productos manufacturados que necesitaba el interior, y de vuelta, con materias primas para la metrópoli), de esta forma decimos que deben ser puestos al servicio de las necesidades nacionales, en sentido diametralmente opuesto al capital privado.

Para finalizar, ahora sí, ponemos en consideración, que si bien Scalabrini ponía en claro que los ferrocarriles eran “hierro viejo”, no obstante lo cual, no debía inferirse de ello que no tuvieran que ser nacionales, dada su importancia estratégica, su “poder político”, su influencia sobre lo política nacional no deja de ser tal. De ahí la importancia de seguir avanzando en el control de los “resortes” básicos de la economía nacional y por eso también, que consideraba que adquirir los ferrocarriles equivalía a adquirir soberanía.

* Juan Godoy es Licenciado en Sociología (UBA) y Miembro del Centro de Estudios Hernández Arregui (CEHA)

Artículo publicado originalmente el 3 de junio de 2012 por la Agencia de Noticias Paco Urondo.

 

Lecturas recomendadas de Scalabrini Ortiz en nuestra Biblioteca Digital:

Los Ferrocarriles deben ser Argentinos

Historia de los Ferrocarriles Argentinos

Defendamos los Ferrocarriles del Estado. Un llamado de atención sobre el peligro de las sociedades mixtas ferroviarias.

Los ferrocarriles, factor primordial de la independencia nacional

Los ferrocarriles deben ser del Pueblo argentino. Alegato en favor de la nacionalización ferroviaria

La vigencia del pensamiento del General Peron y de todos aquellos que aportaron y aun hoy siguen aportando para la construcción de una conciencia nacional, esta intacta y al menos presenta 2 dimensiones, las cuales podemos visibilizar sin mayores dificultades, y que obviamente no se agotan en estas líneas.
Por un lado, desde el blanco y negro de las imágenes y el amarillo de hojas desgastadas podemos afirmar que no se trata de ser nostálgicos o románticos de un pasado de gloria, lucha y resistencia del Pueblo Argentino, sino de ser conscientes de que aun la tensión Nación-Imperio no esta resuelta, y asi, a medida que avanzamos nos encontramos con dificultades en el camino hacia la emancipación definitiva que, indudablemente, nos llevara a la Felicidad del Pueblo y la grandeza Nacional. Esa búsqueda de felicidad y grandeza, hace que muchos compañeros, busquen en el pasado atemporal de “nuestros” clásicos respuestas para un futuro mediato. Ahí es donde traemos a Peron, Cooke, Jauretche, Scalabrini Ortiz, Abelardo Ramos, Hernández Arregui y tantísimos otros a cada mesa, en cada espacio donde se reúnen dos o mas compañeros.
Por otro lado, desde la hd de las pantallas y la inmediatez de los portales de noticias, lo que parece ser una reacción instintiva nos sorprendemos, nos indignamos ante cada medida del Gobierno Nacional. Del burro no se puede esperar otra cosa que patadas y de Cambiemos no se puede esperar otra cosa que medidas que lesionen nuestra soberanía, nuestra independencia económica y atenten contra la justicia social.
Esta búsqueda entre el pasado y el futuro mediato, consciente o inconscientemente, nos deposita en nuestro tiempo. “Lo actual es un complejo amasado con el barro de lo que fue y el fluido de lo que será” nos diría Don Arturo Jauretche.
Estamos en momentos sumamente difíciles, donde la restauración oligarca no tiene ningún tipo de reparo para atentar contra los intereses populares. Podríamos quedarnos en un aspecto descriptivo y escribir paginas y paginas sobre las medidas que están llevando adelante los “Restauradores Oligarcas” y las consecuencias que padece nuestro Pueblo. Tarea, tal vez necesaria, pero insuficiente, porque nadie mejor que la “gente” sabe y padece las medidas del Gobierno Nacional y sus cómplices. Las cachetas de la “mano invisible” del PRO y sus aliados están dejando marcas muy profundas en nuestro Pueblo. Por eso es necesario que asumamos nuestra responsabilidad ante la historia.
Sufrimos una derrota electoral, que aun hoy, cuando han pasado ya varios meses, algunos siguen buscando responsables. Mientras se acomodan las criticas al “ismo” que corresponda, según el sector, color u otro distintivo, lo que queda claro es que perdió nuestro Pueblo.
Tenemos la obligación de dar por finalizada la etapa de monólogos, stand up y otras variantes artístico- políticas, que se observan por los distintos medios, cuyo objetivos son la discusión y posicionamiento político efímero.
En cada rincón de la provincia hay compañeros que, aun con dolor de la derrota electoral, están al frente de la batalla que hay que dar en estos tiempos. La Batalla es política, es cultural, es ideológica y están siendo esos compañeros los responsables de generar un silencio que aturde, quienes bajo una tensa calma que por momentos mueve estructuras, saben que no se trata de elegir entre en blanco y negro o de imágenes en full hd u optar entre paginas desgastadas o textos digitales, sino de encontrar coincidencias que nos permitan superar este momento y encaminarnos hacia lo que el General Peron llamo Modelo Argentino para el proyecto nacional, y justamente en esas páginas nos dice:
“No tengo dudas que éste es un momento crucial de nuestra Patria; o profundizamos las coincidencias para emprender la formidable empresa de clarificar y edificar una gran Nación, o continuamos paralizados en una absurda intolerancia que nos conducirá a una definitiva frustración.”

Nicolás Arias

En 6 de julio de 1972 se reúne en Buenos Aires el Congreso general del trabajo y del consejo directivo para elegir las nuevas autoridades de la Confederación General del Trabajo para el periodo 1972-1974. José Rucci es electo por otro periodo como Secretario General de la CGT y seguidamente pronuncia un discurso que goza de una gran vigencia que pone de manifiesto la continuidad histórica de la que se es parte.

A continuación el video – fragmentos del discurso – y luego la transcripción completa con resaltados que podrían ser dichos en la coyuntura actual.

“…Lo mas importante que ha arrojado este congreso nacional de la Confederación General del Trabajo es la mas absoluta preafirmación de unidad, solidaridad y organización, y si esto fuera poco se ha engalanando con definiciones categóricas que marcan una línea de conducta que se anida en todos los corazones de quienes tenemos un profundo cariño por nuestra patria y esa línea que se ha plasmado en este congreso implica nada mas ni nada menos que la determinación que nace y se gesta dentro de una filosofía política que se denomina sencillamente Peronismo y cuando hablamos de Peronismo marcamos aquella línea que nos legaran nuestros mayores. En sentido nacional y rechazo a toda contaminación extranjerizante que pretenda anidarse en el espíritu de los argentinos. Indudablemente esto que para muchos puede implicar un día de alegría también determinan a quienes vamos a asumir nuevamente la conducción de la central obrera una tremenda responsabilidad.

Todos estamos perfectamente persuadidos de que nuestro país en todos sus niveles se esta debatiendo frente a un caos como jamás se dio en la historia, no solamente un caos en lo que hace a cuestiones vinculadas con lo material sino que también el descreimiento de nuestro pueblo frente a los desgobiernos que han asumido a la responsabilidad de conducción del país y frente a esta alternativa, frente a esta coyuntura histórica el movimiento obrero argentino no esta dispuesto a ser simple testigo de los acontecimientos sino que se va a introducir de cabeza dentro de ese proceso y va a pasar a ser el gran protagonista de todos aquellos acontecimientos que estén plasmados en los sentimientos del pueblo. Se acabo el tiempo en que los trabajadores nos conformábamos con la discusión de un salario o la reclamación de la solución de los intereses profesionales. Hoy el movimiento obrero esta perfectamente esclarecido y sabe que el camino de la reivindicación de la patria tiene un solo nombre y tiene una sola causa que genera precisamente este estado de crisis que estamos soportando y esa causa es la causa del pueblo, es el resultado de una causa mal entendida y prostituida desde hace 17 años, es la causa de la marginación del pueblo en las grandes decisiones que espera este país y frente a esta alternativa histórica el movimiento obrero argentino no puede seguir tirando trompadas al aire pretendiendo combatir los efectos cuando el gran mal se da en la causa y esa causa es política hacia nuestro país, hacia nuestro movimiento y de ahí en mas la clase trabajadora tiene que ser categórica y definitoria en sus apreciaciones. La central obrera mancomunada con el pueblo solo reclama la legitimidad del poder.

Es por eso que el movimiento obrero argentino sindicalmente organizado quizás lo único que este organizado en nuestro país reclama y reclamara permanentemente que se anule esa causa que nos ha prostituido y se abra la puerta para que por el camino ancho de la liberación entre ese pueblo y con el camino ancho de la liberación entre ese pueblo y con el gobierno en sus manos plasme la legitima revolución que anhelamos todos los argentinos. Y en esta síntesis ningún dirigente, ningún trabajador que realmente quiera a su patria podrá escapar a esa tremenda responsabilidad y esa responsabilidad será en primer termino hacer de la unidad del movimiento obrero un símbolo y ofrecer esa unidad al país con un aporte de los trabajadores y entender definitivamente en función de lo que somos, en función de lo que hemos abrazado desde lo mas profundo de nuestros corazones que es el movimiento Peronista, solamente existe en el ejercicio de la conducción de este grandioso movimiento que es del pueblo y para el pueblo la figura del General Juan Dominigo Peron.

Compañeros, momentos muy difíciles quizás se aproximen, momentos en que es muy posible que el movimiento obrero argentino tenga que participar en esas definiciones históricas y yo como secretario general de la Confederación General del Trabajo en nombre del secretariado, en nombre del consejo directivo, en nombre de todos los cuerpos orgánicos de la central obrera no juramentamos frente a este congreso que jamás entrara en nuestras actitudes o en nuestras intenciones la mezquindad de la especulación sino que colocaremos a la central obrera fundamentalmente al servicio del país y dentro de ello al servicio de todo aquello que signifique la defensa de nuestro patrimonio nacional. Se acabaron las especulaciones, ya no hay más capacidad de maniobra para nadie y si alguien ilusoriamente quiere torcer este proceso o será el mismo proceso que lo pasara por arriba. De hoy en más solamente importa restituir al pueblo en el poder de decisión. De hoy en mas solo importa colocar a la nación en el pedestal del cual nunca debió ser sacada y para eso este consejo directivo necesita de todos, de los que compartan o no compartan nuestra ideologías, de los que estén o no estén de acuerdo frente a distintas actitudes que se pueden asumir, de todos porque este es un problema de todos, no tiene dueño. Sin ninguna mezquindad y sin especulaciones todos nuestros esfuerzos, esfuerzo que indudablemente no estarán al servicio de sectores ni de grupos sino que estarán al servicio de los supremos intereses de la nación. Nada mas compañeros”.

Asi rezaba la popular canción de Sui Generis. Tal vez ese tiempo, debía remontarse al decenio 45/55 del siglo pasado, donde la Argentina bajo la conducción estratégica del General Perón había despegado para realizarse como una Nación, convirtiéndose en una potencia en el plano social, cultural, industrial, político y económico (potencia entendido como país del tercer mundo, que espera realizarse en un marco de solidaridad con los pueblos que luchan por su definitiva liberación y bregando por la unidad iberoamericana, y no como las potencias imperiales con fines colonialistas).

Sin embargo, los cambios profundos que en la Argentina se estaban desarrollando, necesitaban un nuevo marco constitucional. Y en esa dirección el General Perón maniobró.

El Dr. Alberto González Arzac indicaba: “es el grupo dominante el que conforma el régimen político, de tal modo que si el poder social dominante es nacional, su producto constitucional será nacional; pero si ese poder es colonial, la constitución será de seguro colonial”. Habían pasado casi 100 años desde que la Argentina seguía con la misma constitución, la de 1853, aquella surgida después de Caseros, luego de la derrota de Rosas. El historiador Fermín Chávez apunta que ésta, fue reformada en 1860, por un acuerdo entre Urquiza-Mitre en junio del mencionado año, contradiciendo su artículo 30, que fijaba un mínimo de diez años para cualquier reforma. Luego esa reforma seria ratificada por el acuerdo Roca -Mitre.

El Coronel Domingo Mercante, ex presidente de la Convención de 1949, daba a conocer, en 1957 en Montevideo, un manifiesto que decía: “La Reforma de 1949 tuvo por esencial finalidad la de consolidar jurídicamente los frutos de la Revolución Popular del 17 de octubre de 1945, ratificada electoralmente en los comicios libérrimos del 24 de febrero de 1946, cuyo contenido consistían en hacer de una Argentina, hasta entonces dependiente de un imperialismo expoliador, una Nación económicamente libre y políticamente soberana”.

Es decir que la Revolución Justicialista necesitaba de un nuevo marco constitucional, para afianzar los logros del gobierno del General Perón. Y en la Constitución Justicialista del 49′, hay un artículo que hoy tiene vigencia absoluta. Ese mismo es el Articulo 40.

Capítulo IV. La función social de la propiedad, el capital y la actividad económica.

Art. 40 – La organización de la riqueza y su explotación tienen por fin el bienestar del pueblo, dentro de un orden económico conforme a los principios de la justicia social. El Estado, mediante una ley, podrá intervenir en la economía y monopolizar determinada actividad, en salvaguardia de los intereses generales y dentro de los límites fijados por los derechos fundamentales asegurados en esta Constitución. Salvo la importación y exportación, que estarán a cargo del Estado, de acuerdo con las limitaciones y el régimen que se determine por ley, toda actividad económica se organizará conforme a la libre iniciativa privada, siempre que no tenga por fin ostensible o encubierto dominar los mercados nacionales, eliminar la competencia o aumentar usurariamente los beneficios.

Los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón y de gas, y las demás fuentes naturales de energía, con excepción de los vegetales, son propiedad imprescriptibles e inalienables de la Nación, con la correspondiente participación en su producto que se convendrá con las provincias.

Los servicios públicos pertenecen originariamente al Estado, y bajo ningún concepto podrán ser enajenados o concedidos para su explotación. Los que se hallaran en poder de particulares serán transferidos al Estado, mediante compra o expropiación con indemnización previa, cuando una ley nacional lo determine.

Luego del Golpe de estado a Perón en 1955, la Constitución del 49′ fue derogada por un simple decreto el 1 de mayo de 1956, contradiciendo el propio texto constitucional que condiciona todo cambio y toda reforma a la autoridad de una convención.

Fermín Chávez cita una declaración de Perón, en su exilio en Madrid, al diario Mayoría: ” Para nosotros rige todavía la Constitución de 1949. Es la única que aceptamos. No ha sido derogada; para serlo tendría que haber seguido un proceso constitucional, es decir, de acuerdo con el artículo 30 que establece la forma en que se ha de suprimir o modificar el todo o las partes de la Constitución”.

En momentos donde el imperialismo arrasa con los pueblos del tercer mundo, llevándose por delante a gobiernos que no son adictos a su régimen (ahí están como ejemplo la Libia de Gadafi o la Siria de Al Asad), expoliando sus fuentes de energía, yacimientos petrolíferos, sus reservas de gas, fomentando la división religiosa, como en Medio Oriente, o con sus satélites en nuestra Patagonia como los Lewis, Benetton, Turner, etc, es hora de repensar como el pueblo argentino en su conjunto, vuelva a poseer sus recursos naturales, como propiedad imprescriptible e inalienable de la Nación.

Tal vez desempolvando la Constitución Justicialista, y hegemonizando el poder político con dirigentes que posean conciencia nacional, la Argentina vuelva a ser grande, como una vez San Martín y Perón lo soñaron.

La Constitución Justicialista de 1949 se encuentra disponible para leer y descargar en nuestra Biblioteca Digital

Estatuto legal de la Liberación

Muchos los llamaron, sin duda alguna, “aventureros”.
Yo quisiera saber qué hicieron en concreto
los que eso dicen.
En la lucha revolucionaria siempre es igual.
El que triunfa es un héroe nacional;
el derrotado es un provocador.
La historia, por lo demás,
la escriben los “triunfadores”.

John William Cooke

Compartimos a continuación el documental de Marcelo Goyeneche


SINOPSIS

Enero de 1959, alrededor de 9000 obreros del frigorífico estatal Lisandro De la Torre, inician una huelga contra su privatización. Mientras el presidente de la república Arturo Frondizi viaja a EEUU, en el barrio de Mataderos se vive una insurrección popular sin precedentes. El documental rescata el testimonio de los protagonistas de la ya legendaria TOMA DEL FRIGORIFICO, para hacer un análisis de los estrechos vínculos que tienen a lo largo de la historia argentina, la carne, la política y la violencia.

FICHA TECNICA

Realización Integral: Marcelo Goyeneche
Música: Ruben Júarez
Documental – 60’ – Buenos Aires, Argentina 2007.

Marcelo Goyeneche, nació en Buenos Aires en 1972, estudio Diseño de Imagen y Sonido en la Escuela Panamericana de Arte. Documentalista y dirigente sindical ha realizado varios cortometrajes documentales, entre ellos: ‘’Los Carasucias’’ (1997), sobre un comedor comunitario en el Barrio de Mataderos y ‘’Como un León’’ (1998), basado en un cuento de Haroldo Conti escritor desaparecido durante la última dictadura militar. Durante dos años investiga el bombardeo a la ciudad de Buenos Aires en Junio de 1955 para realizar ‘’El día que bombardearon Buenos Aires’’ (2004), su primer y multipremiado largometraje documental. Su siguiente trabajo, ‘’Carne viva’’ (2007), sobre la huelga del frigorífico’’ Lisandro de la Torre’’ en 1959, obtuvo el premio al Mejor video documental en el Festival Latinoamericano de Rosario 2007 y fue declarado de interés por la Cámara de Diputados de la Nación. ‘’SMO, el batallón olvidado’’ (2011) es el tercer largometraje documental de esta serie dedicada a la reciente historia argentina. Actualmente es miembro de DOCA (documentalistas argentinos), la CTA (Central de Trabajadores Argentinos) y da talleres de formación sobre cine documental.

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“El Campo Recuperado por Perón” es una publicación de la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación que contó con dos ediciones, la primera de 1952 y la segunda de 1953. En las mismas se detallan de manera concreta las acciones del gobierno nacional en materia agraria, los resultados obtenidos y los beneficios para “el sector” y el país en su conjunto.

La historiografía – liberal – oficial y los grandes medios de difusión se encargaron, luego del golpe militar que dejó trunco el Segundo Plan Quinquenal de Gobierno, de decir que el peronismo se lleva mal con “el campo”. Si soplamos el castillo de naipes construido tras la cubierta de chorros de tinta, es posible observar los actores de carne y hueso. De manera sencilla y peronista, podemos agrupar a los actores del sector en dos grandes grupos: los que trabajan y los que viven de los que trabajan. Esto puede ayudarnos a comprender a qué “campo” recuperó la acción gubernamental del peronismo…

Descargar “El Campo Recuperado por Perón” (segunda edición) desde nuestra Biblioteca Digital