En el año 1989 el entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires Antonio Cafiero, convocó un ciclo de discusión “Simposio a 40 años de la comunidad organizada: proyecciones del pensamiento nacional”. En ese marco, el intelectual uruguayo Alberto Methol Ferré (1929 – 2009) dio las palabras introductorias al panel de debate “Proyección de la Argentina en el mundo: integración y unidad nacional”.

Methol Ferré se inscribió en la línea histórica del “federalismo de Oribe, que fue el Comandante en Jefe del Ejército de la Confederación Argentina, porque nosotros éramos “argentino – orientales”.

La ponencia del pensador oriental está centrada en un discurso que dio Juan Perón en el año 1953 en la Escuela Militar. En dicha oportunidad el mandatario argentino se refirió a las vinculaciones de la Argentina con Chile de Ibáñez y con el Brasil de Getulio Vargas.

Ferré mencionó que la creación del Uruguay independiente se originó como parte de las disputas entre la Confederación Argentina y el Imperio del Brasil. Éste último gobierno ocupó el territorio oriental y la bautizó Provincia Cisplatina.

Aprovechando las internas políticas y las guerras entre los gobiernos iberoamericanos, el imperio inglés “ayudado por la oligarquía unitaria porteña”, impulsó la creación del Uruguay emancipado de ambos países. La estrategia británica de fundación del Uruguay se integró con la ocupación colonialista de Malvinas del año 1833. La dominación neocolonial se mantuvo por décadas al punto de que Methol destacó que en la segunda posguerra mundial “éramos el último baluarte del Imperio Británico”.

La decadencia inglesa y el avance de los EUA en la región generaron nuevas dificultades al Uruguay, por el hecho de que los norteamericanos eran exportadores de cereales y de carnes. Methol destacó que “no éramos funcionales con el nuevo imperio”.

En este nuevo contexto internacional, Ferré consideró que Perón postuló por primera vez en la región la creación de un orden político por fuera del “marco británico”. En la óptica del líder argentino había que hacer una revolución nacional, poniendo en movimiento la industria pesada, la siderurgia y el petróleo. Ferre desatacó que Perón le dice al ejército que la Argentina era un país pobre y débil “cuando la Argentina en aquella época creía que era el centro del mundo. Buenos Aires era el París Latinoamericano. Lo creían todos menos Perón”. Con este diagnóstico Perón manifiesta que “que solamente con el entendimiento con Brasil, es posible superar la nueva fase histórica y que viene la época de la superación de las naciones”.

Perón avanzaba en la certeza de que la unidad latinoamericana sería el único reaseguro de la revolución nacional industrialista. Methol destacó que Perón “empezó a pensar que Argentina era una patria chica” y a partir de ello es que “le dice al ejército, especialista en fronteras, no en defensa nacional” que “hablamos con Vargas y acordamos que si era necesario suprimir las fronteras, las suprimimos”.

Methol Ferré concluyó su ponencia sosteniendo “que me parece que los peronistas no le han sacado el jugo a Perón, que los pensamientos centrales de Perón han sido muy poco desarrollados. Yo, al revés de mis compatriotas en Uruguay, que pensaban siempre qué lástima que Argentina un país tan grande tenía un conductor tan pequeño como Perón (esa era la opinión uruguaya), a mí me asombraba que un país tan pequeño como la Argentina tuviera un conductor tan grande”.

DESCARGA EL DISCURSO  DE M. FERRE COMPLETO

Desde La Baldrich, nuestro total apoyo a los Canillitas, al compañero Omar Plaini y al modelo sindical argentino. Organización y lucha contra el gobierno oligárquico.

A continuación el comunicado del Sindicato de Canillitas: 

Ante la intervención del juez federal Marcelo Martínez de Giorgi, y el allanamiento de la Gendarmería Nacional en las instalaciones de nuestro sindicato, por un supuesto fraude en las últimas elecciones, en el año 2013, es necesario que los canillitas tomemos conciencia de qué intereses representa esta persecución.

La intervención se inscribe en el contexto del marcado rasgo neoliberal de las medidas llevadas adelante por el gobierno nacional, a favor de las grandes corporaciones, en base a una enorme transferencia de recursos desde los bolsillos de los trabajadores a las arcas de los capitales más concentrados y del empobrecimiento generalizado del pueblo en su conjunto. 

En los últimos días, el Grupo Clarín tomó el control del Grupo Telecom, formando un conglomerado infocomunicacional que concentra el 42% de la telefonía fija, el 34% de la telefonía móvil, el 56% de las conexiones a Internet por banda ancha fija, el 35% de la conectividad móvil, el 40% de la tv paga, además del control absoluto sobre toda la rama gráfica, que incluye la producción de papel para diarios, la edición e impresión de publicaciones y el fuerte avance sobre la cadena de distribución que los canillitas venimos denunciando y combatiendo a diario. Todo esto con la complicidad de un gobierno de CEOs que derogó la Ley de Medios, autorizó la adquisición de Nextel y la fusión de Cablevisión y Multicanal y ahora interviene la organización sindical de los vendedores de diarios, el último eslabón de la cadena gráfica, que el monopolio hace décadas intenta sin éxito doblegar.

La intervención es la antesala del intento por introducir, mediante la fuerza, la flexibilización de nuestras condiciones laborales, que en nuestra actividad conlleva la desregulación del sistema y la supresión de la exclusividad de los trabajadores canillitas en la venta de publicaciones.

Esto no es una persecución a tal o cual dirigente, ni tampoco un ataque a los canillitas de manera aislada, sino una muestra de lo que el proyecto de país de los CEOs y las multinacionales preparan para el conjunto de la clase trabajadora y sus organizaciones. La persecución, el miedo, el terror, la estigmatización, la represión y el caos, son las herramientas con que cuenta el régimen como única salida para implementar su plan. La unidad, la lucha y la organización son la única salida para los trabajadores.

La convocatoria a un plan de lucha que no solo se oponga al conjunto de medidas que viene sufriendo nuestro pueblo, sino que convoque a la construcción de un proyecto de país en el cual el conjunto de los trabajadores seamos parte, es la tarea que tenemos por delante.

ALERTA Y MOVILIZACIÓN 

NO A LA INTERVENCION PATRONAL DE CLARIN Y LOS CEOS DEL GOBIERNO A NUESTRA ORGANIZACIÓN SINDICAL.

NO A LA INTERVENCION DE LOS CANILLITAS

ASAMBLEA GENERAL MIERCOLES 5/7 A LAS 15:30Hs EN LA PUERTA DEL SINDICATO (Venezuela 2365)

C.A.B.A., 3 de Julio de 2017.

“ATLAS nació para lograr la unidad de los pueblos latinoamericanos, luchando contra la explotación, la miseria y el hambre que imperan en el Continente. ATLAS se basa en un auténtico americanismo elaborado en base no a teorías ni abstracciones de gabinete, sino de acuerdo con la realidad que viven hoy los pueblos del Continente. La entidad quiere un americanismo ecuménico extraído del núcleo vivo de la situación actual y para ello levanta una triple bandera de Justicia Social, Soberanía Política e Independencia Económica”. (Declaración ATLAS)
“Allí donde se oiga un grito de angustia, una voz que pide ayuda, allí está ATLAS porque ATLAS es carne y alma de los pueblos de América Latina y porque está constituida por auténticos trabajadores que saben del dolor y la miseria de nuestros pueblos ya que han nacido de sus propias entrañas”.

“Consideramos que si América Latina ha de integrarse como son los deseos de casi todos los dirigentes populares, esto ha de comenzar a tener su base en la organización sindical que es donde está el numen verdadero del pueblo. No olvidemos esto: el pueblo argentino se unió también sobre la clase trabajadora. Pensamos que ese mismo experimento que nos ha dado tanto éxito en la Argentina nos puede dar el mismo éxito en el Continente”. (Juan Perón)


En el camino de la Patria Grande

El proceso de emancipación comenzado por los patriotas del siglo XIX, a pesar de varios avances posteriores, todavía se encuentra abierto, en tanto se logra la emancipación política, pero no la económica, y ante la profundización en la dependencia económica con su consecuencia en la cultura, aquella aparece también aparece disminuida: ¿qué soberanía política se puede tener sin independencia económica? En este marco entonces, como se ha dicho muchas veces, somos país semi-colonial, parte del proyecto de una gran nación inconcluso. Así la emancipación política debe ser profundizada a partir de la ruptura del orden dependiente, y es ahí donde los trabajadores cumplen un papel central, en tanto único sector social dispuesto a llevar los destinos de la Patria a su grandeza y emancipación definitiva.

El momento histórico que más se avanzó sobre la ruptura de la dependencia en nuestro país fue, sin dudas, los años de las tres gestiones de gobierno peronistas. Perón lleva a cabo una revolución nacional y para ello se apoya fundamentalmente en los trabajadores. Durante sus administraciones, éstos no solo obtienen un conjunto de derechos, y el mejoramiento de sus condiciones de vida, sino que logran una presencia política importante. Los trabajadores argentinos, varios nacidos de barriadas humildes de nuestra patria, históricamente relegados a un plano marginal y de subsistencia, no sólo logran mejorar sustancialmente sus condiciones de vida, sino (y esto es sustancias) que también discuten los destinos de la nación[1].

Juan Perón tiene una conciencia latinoamericana y piensa en la necesidad que para que Argentina siga avanzando en su emancipación definitiva, debe retomar el proyecto de la Patria Grande: “unidos o dominados”. La emancipación nacional es posible en el marco de la continental. Desde sus gobiernos realiza muchas medidas en ese sentido, que no viene a cuenta recapitular aquí, pues nuestra intención es centrarnos en la política ligada al sindicalismo latinoamericano, el fomento y apoyo del líder al mismo. Los trabajadores que el 17 de octubre del 45 demostraron la maduración de la conciencia nacional y trocaron los destinos de la Patria, también fueron cimentando una conciencia latinoamericana. Es que los pueblos se vinculan más a la identidad latinoamericana que las clases altas, ajenadas a Europa y/o Estados Unidos.

Situación del sindicalismo a escala global en la posguerra

Al finalizar la segunda Guerra Mundial Estados Unidos y la Unión Soviética emergen como potencias y la geopolítica se expresa como el escenario de lucha. El mundo se “parte en dos”. Las potencias comienzan a disputarse a los demás países desde los ámbitos más diversos. De esta forma: si los norteamericanos hacen el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa Occidental, los soviéticos hacen lo propio con el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME). En el plano militar, Estados Unidos lanza la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y la Unión Soviética el Pacto de Varsovia. Se crea la Organización de Naciones Unidas (ONU), donde algunos países con más iguales que otros en tanto un puñado tiene el poder de veto, cristalizando la ficción de la igualdad entre las naciones. En el aspecto económico Norteamérica lanza el Fondo Monetario Internacional (FMI), y el Banco Mundial (BM), para lanzarse a conquistar vía el endeudamiento a los países dependientes, y ajustar los lazos de dominación. En este marco de la Guerra Fría, al “tener” que posicionarse los demás países del globo, en uno u otro bando, limitaba seriamente las posibilidades de desarrollo autónomo, y se limitaba las soberanías nacionales de los países del Tercer Mundo. No obstante, no tardará en aparecer, y en esto el peronismo es señero (con su tercera posición), el levantamiento de la bandera de los países del Tercer Mundo (la conferencia de Conferencia de Bandung y el nacimiento de los Países no alineados son hitos). (Taiana, 2014)

Por la importancia de los trabajadores, el campo sindical era evidente que no podía quedar fuera de esta división del mundo en dos zonas de influencia. En este sentido, el sindicalismo mundial cristalizaba esta división. La situación se daba de la siguiente forma: en febrero de 1945 se realiza una Conferencia Sindical Mundial en Londres, donde participan más de cuarenta países, y tienen como finalidad crear una internacional de organizaciones sindicales. En esta participan, entre las principales, las centrales obreras de Gran Bretaña (TUC), soviética (CC.SS.), francesa (CGT) y de los Estados Unidos participa el Congreso de Organizaciones Industriales (CIO), pero no la Federación Americana del Trabajo (AFL). Al mes siguiente se conforma la Federación Sindical Mundial (FSM), pero las diferencias entre las centrales no tardan en hacerse presentes, y con el Plan Marshall se terminan dividiendo. Se van de la FSM la CIO, la TUC y conjuntamente con la AFL (que no había participado de la FSM), conforman la Confederación de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) en el año 1949. Así para los 50, aparecen dos grandes centrales mundiales la FSM, bajo injerencia soviética, y la CIOSL, bajo la norteamericana. En una publicación del ATLAS “Unidad para la liberación total de América Latina”, afirman al respecto de las centrales internacionales “ningún interés obrero las mueve. Ninguna preocupación por la suerte y condición de los trabajadores en los pueblos oprimidos”. (ATLAS, 1953: 2)

LA CIOSL le va a otorgar mucha importancia a su “lucha” contra el peronismo, a partir de “etiquetarlo” como una dictadura nazi-fascista demagógica. Por eso en su primer congreso dice que plantea la “solidaridad con los hermanos en esos países que están embarcados en una lucha continua para frustrar las actividades de las dictaduras”. (Cit. en Basualdo, s.f.: 6) Desde ya el peronismo estaría (a pesar de ser electo democráticamente), entre estas últimas. Más clara es la alusión del Comité Ejecutivo de la Federación Internacional de Trabajadores de Transporte enrolado en la CIOSL, en un Congreso en Londres en el año 51, donde sostienen que ““el dictador Perón desarrolló una política sistemática que tenía como objetivo transformar a las organizaciones sindicales argentinas en instrumentos gubernamentales para la esclavitud de los trabajadores. Su arma favorita es la demagogia y muchos trabajadores argentinos cayeron en la trampa”. (Cit. en ibídem: 7) La CGT le contesta a Romualdi por intermedio de su periódico en una nota de fines de 1951 bajo el título: “Romualdi quiere esclaviza a los trabajadores del Continente. Una figura siniestra en América”, y dice en la misma que “los ataques de la FAT (AFL) y Romualdi a la Argentina son sino los ataques del imperialismo, proferidos por boca de sus sirvientes. (…) Para atacar a Perón tendrán que quemar una muralla de 16 millones de argentinos. Y con los argentinos a todos los hombres libres de América.” (Cit. en Ibídem: 8) La preocupación norteamericana por los planes de integración regional de Perón se ponen en evidencia. Norberto Galasso sostiene que “en los documentos reservados del Departamento de Estado norteamericano, del período 1952-54, se hace referencia al peligro de la política sustentada por el gobierno peronista pues (y cita) la tercera posición no es una posición de neutralidad pasiva, ya que Perón busca agresivamente alinear a la América Latina bajo su liderazgo”. (Galasso, 2006: 627)

El sindicalismo latinoamericano en la posguerra

Todo este esquema internacional va a tener impacto en el sindicalismo de América Latina. En 1938 había nacido, con la fuerte influencia de la Confederación de Trabajadores Mexicana (CTM), la Confederación de trabajadores de América Latina (CTAL). Participan once países, e incluso la CIO (recordemos norteamericana). En la CTAL había sindicatos comunistas, socialistas, laboristas y reformistas. Con el paso del tiempo, sobre todo al terminar la Segunda Guerra Mundial, tomó un perfil Continuar leyendo

 FORJA cree que sólo del pueblo argentino, de la masa innumerable sin voz y sin más conocimiento que la certeza de sus propias dificultades, puede surgir la salvación entera de la nación” (FORJA, 16/8/41)
“Si hemos guerreado durante 20 años para conseguir la independencia política, no debemos ser menos que nuestros antecesores y debemos pelear otros veinte años, si fuera necesario, para obtener la independencia económica. Sin ella seremos siempre un país semi-colonial” (Perón, 7/8/45)

Hoy hace 82 años nacía FORJA que se iba a desintegrar 10 años más tarde sumándose al peronismo naciente…


Las distintas influencias que tuvo Juan Perón en su ascenso a la presidencia, y como líder de masas es un tema recurrente en los estudios históricos, se destaca la influencia del catolicismo, del sector industrialista de las FF.AA., del nacionalismo de los años 30’s, del sindicalismo, etc. Sin soslayar estas influencias, vamos a abordar aquí otra que (con algunas excepciones), no ha sido muy tratada por la historiografía. Esta es: la influencia de un sector del radicalismo yrigoyenista, la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA), en el ascenso del líder popular entre los años 1943 y 1945, y la desintegración de la agrupación en el peronismo. La influencia, como veremos, es tanto directa, por relaciones concretas de los forjistas con Perón, y también indirecta, ya que Perón incorporó gran parte del ideario forjista.

FORJA surge en plena década infame el 29 de junio de 1935, y se desintegra luego de dos meses del 17 de octubre, y por éste, dejando que sus afiliados se incorporen al “nuevo movimiento”. Se funda en un subsuelo en Buenos Aires. Participan: Jauretche, Manzi, Dellepiane, Del Mazo, Scalabrini Ortíz, Ortiz Pereyra, etc. Nace como una fractura con el radicalismo que había traicionado, con Alvear a la cabeza, el ideario de Yrigoyen. FORJA va a levantar las banderas del yrigoyenismo, y sostenemos, en su lucha, las va a profundizar. Aparece también para denunciar la entrega a las garras del imperialismo británico de los gobiernos vende-patria. El forjismo denuncia que Argentina es una semi-colonia británica. Arregui argumenta que FORJA realiza la primera denuncia profunda y sistematizada del accionar del imperialismo británico en nuestra nación (Hernández Arregui, 2004).La agrupación actúa como un eje entre los dos movimientos nacionales: el yrigoyenismo y el peronismo. Jauretche escribe en una carta del año 42: “yo no creo que estén agotadas las posibilidades morales del pueblo y del ejército. La que está agotada es la bandera del radicalismo, de tanto arrastrarla por el barro” (Jauretche, 1976: 140). Confía Jauretche en la unidad del pueblo y las FF.AA. En este sentido es que cuando con el golpe del 4 de junio de 1943 se termine con los años infames, FORJA movilizará al Congreso 300 militantes, y Darío Alessandro le dará el réquiem a la década infame. (Scenna, 1983). El forjismo pretende influir en la dirección de la política del nuevo gobierno, procurando profundizarlo, y tiñéndolo de pueblo. Sostienen que es necesario radicalizar la revolución, y revolucionar al radicalismo.
Es aquí que Jauretche y Manzi le “echan el ojo” a un joven Coronel: Perón. Se reúnen con él, y se convencen que es el hombre que puede liderar un proceso de transformación. Perón había leído los cuadernos que editaba FORJA mientras estaba en Italia, se los mandaban dos militares vecinos de Manzi (Galasso, 2003). Otro testimonio de esta influencia directa es que en el año ’44 Perón da un discurso en La Plata, allí van los forjistas, y Scalabrini Ortíz le manda un “papelito” al Coronel donde le pide por los trencitos, éste que había leído historia de los FF.CC. de Scalabrini le dice: “confíe Scalabrini en que una de las primeras medidas que tomaremos será la recuperación de los ferrocarriles”. (Orsi, 1985: 131) Sabemos que Perón cumplió su palabra.
Otro lazo estrecho entre Perón y el forjismo es que el Coronel se reunía entre el 43y el 44 (1 año), prácticamente todos los días con Jauretche, éste señala: “sobre la vieja política argentina creo haberle sido muy útil para informarle, pero le aseguro que pronto sabía más que yo” (Jauretche, 2010:161). Otro contacto directo con el peronismo es que en las reuniones de la CGT previas al 17 de octubre, en las cuales se vota la huelga para el 18, cumple un rol fundamental Libertario Ferrari (ATE), sosteniendo dicha posición, y marchan los forjistas con el pueblo el 17. FORJA saca un comunicado de apoyo ese mismo día, y finalmente se disuelve, afirman en el acta: “que el pensamiento y las finalidades perseguidas al crearse F.O.R.J.A. están cumplidos al definirse un movimiento popular en condiciones políticas y sociales que son la expresión colectiva de una voluntad nacional de realización” (Jauretche, 1976: 177)
Así FORJA que había planteado “la restauración argentina sólo podrá cumplirse sobre la base de la soberanía popular, la emancipación económica y el imperio de la justicia” (Volante FORJA), como así también la solución integral a las problemáticas nacionales contenidas en las cuatro P: PATRIA, PAN Y PODER AL PUEBLO, sostenido una posición nacional que enfrente a todos los sectores nacionales contra la oligarquía y el imperialismo, que supo ver, dejando de lado el anti-militarismo abstracto, la importancia de la unidad del pueblo y las fuerzas armadas, que sostuvo una posición latinoamericanista y democrática, que su programa llevaba implícita la industrialización, que resaltó la importancia del papel de las masas trabajadoras en la historia, etc. nutre al peronismo tanto directa como indirectamente, y de esta forma las reivindicaciones, ideas que se habían comenzado a gestar en un subsuelo de la ciudad de Buenos Aires por un puñado de muchachos militantes en la oscuridad de la década infame, serán las que aflorarán luego en millones de personas, cuando el subsuelo de la patria se subleve.

* Sociólogo (UBA). Becario CIC. Miembro del Centro de Estudios Hernández Arregui (CEHA). Publicado en Aluvión Popular. Expresión de la Argentina que Trabaja. Año 7. Nº 42. Julio 2014.

Bibliografía

Galasso, N. (2003). Jauretche y su época. Buenos Aires: Corregidor.

Scenna, M. A. FORJA. Una aventura argentina (de Yrigoyen a Perón). Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1983.

Disponibles en nuestra Biblioteca Digital:

Hernández Arregui, J. J. (2004). La formación de la conciencia nacional. Buenos Aires: Continente. 

Jauretche, A. (1976). Forja y la década infame. Buenos Aires: Peña Lillo.

Jauretche, A. Escritos inéditos. Corregidor, Buenos Aires, 2010.

Orsi, R. Jauretche y Scalabrini Ortíz. Peña Lillo, Buenos Aires, 1985

“Vengo personalmente a cumplir con el sagrado mandato encomendado por el pueblo argentino de hacer entrega de las reliquias que, esperamos, sellen para siempre una inquebrantable hermandad entre nuestros pueblos y nuestros países.” (Perón, Juan Domingo. Palabras pronunciadas en acto de devolución de los trofeos de la Guerra del Paraguay, 1954)


¿El padre de la historia o del país semi-colonial?

Brevemente diremos aquí que el fundador del diario La Nación (guardaespaldas para su posteridad, a decir de Homero Manzi), Bartolomé Mitre, se iba a instaurar en el poder luego de la defección y el retiro de Justo José de Urquiza luego de la Batalla de Pavón. Con él, la oligarquía porteña, estancieros de Buenos Aires y comerciantes del puerto, accedía al poder pleno. Se sientan las bases del modelo agroexportador, de crecimiento “hacia el exterior”, el trazado de los ferrocarriles en forma de tela araña metálica hacia el puerto de Buenos Aires que aprisiona a la mosca de la República (dirá Scalabrini Ortíz), la exportación de materias primas y la importación de mercancías de la metrópoli, la instalación de bancos británicos, la instauración de una política librecambista. Es un proyecto de nación semi-colonial. Jorge Abelardo Ramos sostiene que “alrededor de la personalidad de Mitre y de su tradición ideológica se han agrupado todas las tendencias antinacionales del país” (Ramos, Del patriciado a la oligarquía, página 14)

El interior provinciano iba a ser asfixiado por la política mitrista (1862-1868), así éste se iba a levantar gran cantidad de veces, eran los caudillos que lideraban la lucha contra la política de apertura económica que llevaba a las provincias a la ruina, entre los cuales figuran Vicente “el Chacho” Peñaloza, Juan de Dios Videla, Carlos Juan Rodríguez, Juan Saa, Felipe Varela (quien nos compete en estas líneas), etc. Para acallar las voces de éste, iba a aplicar lo que se denominó “política de pacificación”, que consistía en una feroz represión sobre la montonera, “en esos seis años del gobierno mitrista (…) se produjo la represión más violenta con miles y miles de criollos asesinados, solo comparable al proceso de 1976. De la misma manera, para imponer el proyecto semi-colonial que hundiría a las provincias del interior, fue preciso, primero, someterlas, imponerles el terror, aniquilarlas” (Galasso, El mitrismo y las bases de la Argentina agroexportadora, página 14)  

            Mitre aparece así en la historia y política nacional como fiel representante de la burguesía librecambista, portuaria, europeizante, aliada a las potencias extranjeras, etc. De esta forma, “el gobierno de Mitre constituye una dictadura sobre los pueblos provincianos, así como su política económica constituye la base de la Argentina semi-colonia inglesa, “granja de su Majestad británica” (Galasso, El mitrismo y las bases de la Argentina agroexportadora, página 6)

Un “incómodo” modelo alternativo

Ante este modelo agroexportador se erigía el Paraguay de Francisco Solano López. Paraguay había heredado la estructura económica desarrollada por los jesuitas, y por sus particularidades geográficas desde sus comienzos se encontró en una situación de aislamiento respecto al resto de los dominios españoles. El estado asumía desde el gobierno de José Gaspar Rodríguez de Francia un rol vital para la economía del país, para el desarrollo de ésta “Francia (…) estructuró paso a paso la política económica a seguir y en pos de alcanzar la liberación económica” (Somosierra, El Dr. Francia y la independencia del Paraguay, página 102). Así la mayor parte de la tierra estaba en manos estatales, se desarrollaron las “estancias de la patria”, medidas proteccionistas de las artesanías y la producción local, desde 1828 se dictaba la obligatoriedad de la enseñanza desde los 14 años, etc.

Pero, podemos considerar que dicha política “aislacionista” impidió la relación con los demás sectores del continente. Ramos sostendrá que la negativa al acceso a los ríos interiores y a nacionalizar la aduana de Buenos Aires de Rivadavia y de Rosas, terminó aislándola y declarándola independiente. Así el Paraguay de López se ve compelido a apoyarse en fuerzas nacionales, por lo cual es fruto de sesenta años de evolución autónoma, es decir, de ese aislamiento también pudo sacar ventajas. (Ramos, Del patriciado a la oligarquía). 

El modelo paraguayo aparecía como un “modelo alternativo” al planteado por las oligarquías locales de los demás países, como la desarrollada por el mitrismo en la Argentina. Así éste era visto como un “mal ejemplo” para la región. A la vez damos cuenta que los intereses de la economía paraguaya coincidían con los de nuestras provincias interiores.

En el Paraguay del Mariscal Solano López, el estado tenía el monopolio sobre las maderas de construcción, la yerba mate, existían los Campos de la patria y Monte, repartos de tierras a los indios, el desarrollo de una próspera industria metalúrgica, la primera línea telegráfica, una marina mercante con 11 barcos, industrias de fundición, el primer ferrocarril de América del Sur, fábricas de armamentos, hornos de fundición, ausencia de empréstitos extranjeros, etc. En fin el Paraguay era, en los 1860, sin lugar a dudas “el país más desarrollado de América del Sur. Era la realización práctica del programa morenista (se refiere al Plan de Operaciones)” (Galasso, La Guerra de la Triple Infamia, página 5)

Es este desarrollo autónomo el que “hará posible resistir durante cinco años una tragedia de proporciones descomunales como fue la “Guerra de la Triple Alianza”” (Patiño, La independencia del Paraguay: una grieta en el proceso de emancipación hispanoamericana, página 275). Resistir el ataque conjunto de tres países: Argentina, Brasil y Uruguay, con el apoyo de una potencia como Gran Bretaña.

Estalla la guerra y el grito de unidad

Ante esta situación, en los primeros meses del año 1865 se desencadena la guerra denominada de la Triple Alianza, pero que los acontecimientos nos permiten denominarla de la Triple infamia. Mitre ya había explicitado las causas que lo llevaban a tal empresa “hay que derrocar a esa abominable dictadura de López y abrir al comercio a esa espléndida y rica región” (citado en Galasso, Felipe Varela y la lucha por la unidad latinoamericana. Originalmente La Nación, 24/3/1865) Al mismo tiempo que estallaba la guerra, el interior provinciano se iba a levantar apoyando la lucha heroica del pueblo paraguayo.

Alberdi va a caracterizar la política porteña y a la Guerra del Paraguay como una guerra civil, así sostiene que “si Buenos Aires deseara la unión de los argentinos, no habría necesitado buscarla por el camino de la guerra con el Paraguay. Hay un camino más corto, que está siempre en su mano, y sería el de devolver a la nación lo que es de la nación –su renta, su tesoro. Pero devolverla de palabra, o en principio, no es devolverla de hecho (…) las guerras exteriores de ese país (Argentina) no son más que expedientes suscitados a propósito, ya por la una, ya por la otra de sus dos fracciones, para encontrar la solución interior que cada una desea. Son guerras civiles en el fondo, bajo la forma de guerras internacionales, como la presente” (Alberdi, La guerra del Paraguay, páginas 153-154) La guerra del Paraguay solo se puede entender desde una mirada latinoamericana, no desde las “patrias chicas”.

En la concepción de Alberdi, lo que aparece como gobierno argentino es una abstracción, pues en realidad es el gobierno de Buenos Aires, así argumentará que en realidad lo que aparenta ser una nación son dos “hemos dicho que Buenos Aires y las provincias argentinas forman como dos países extranjeros uno del otro” (Alberdi, La guerra del Paraguay, páginas 94)

La derrota aliada de Curupaytí va a ser el desencadenante del levantamiento del interior. El triunfo paraguayo es recibido con júbilo y festejado en las provincias del interior argentino.

Los federales van a avanzar en varias provincias, como en Mendoza ocupada por las fuerzas revolucionarias al mando de Juan de Dios Videla y Carlos Juan Rodríguez, San Luis ocupada por Felipe Saa, San Juan ocupada también por Juan de Dios Videla, La Rioja por Felipe Varela, en Córdoba se prepara un complot a cargo de “los Rusos federales”, Entre Ríos López Jordán conspira, en Buenos Aires se percibe apoyo de algunos intelectuales nacionales, también hay contactos en Bolivia, Chile, Uruguay y Paraguay. Una de las voces que se iba a levantar en contra de la guerra, era la del autor del Martín Fierro: “en nombre de la democracia habéis atentado contra ella, pretendiendo imponer a otro pueblo nuestros principios, aunque ellos hablasen en nombre de los beneficios de una civilización que se anuncia con la muerte y la destrucción. En nombre de la independencia habéis conspirado contra la independencia de un pueblo” (citado en Rivera, José Hernández y la guerra del Paraguay, página 73)

Norberto Galasso consigna las alianzas del enfrentamiento: “por un lado, la oligarquía mitrista, la oligarquía montevideana (con V. Flores a la cabeza), la clase dominante del Brasil, y el imperio británico. Por otro lado, el pueblo paraguayo, los blancos orientales, los caudillos federales y los pueblos del interior argentino con su esperanza puesta en los litorales del litoral, y la buena voluntad de Chile, Bolivia y Perú”. (Galasso, La Guerra de la Triple Infamia, página 22) La oligarquía porteña era la que oprimía tanto a las provincias del interior, como al Paraguay.

Pero, la revuelta provinciana no tiene el sustento económico suficiente para derrotar al mitrismo, quien podría darlo es Urquiza, que terminará defeccionando.

Pocos meses después de Curupaytí, en diciembre de 1866, Felipe Varela, quien había sido integrante de la Coalición del Norte junto con el “Chacho” Peñaloza, va a dar su proclama revolucionaria. “COMPATRIOTAS: ¡A LAS ARMAS!… ¡es el grito que se arranca del corazón de todos los buenos Argentinos” (La proclama del 6/12/1866 es reproducida en Ortega Peña y Duhalde, Felipe Varela contra el imperio británico, páginas 343-344).

Norberto Galasso sostiene que Varela “ha presenciado o intervenido en los desbandes del gauchaje entrerriano, de ese gauchaje que no entiende de ficciones jurídicas y para quien es más compatriota un paraguayo o un blanco uruguayo que un mitrista porteño. Ahora va a asistir a las rebeliones que estallan en todas las provincias confirmándose su presunción de que las masas populares repudiarían esta política” (Galasso, Felipe Varela y la lucha por la unidad latinoamericana, página 67).

Recorreremos proclamas y manifiestos brevemente para poder visualizar la concepción acerca de la guerra del Paraguay y de la Unidad Latinoamericana de Felipe Varela.

Así, en la proclama del 6/12/1866 va a fustigar la política mitrista en relación al interior provinciano “ COMPATRIOTAS: desde que aquel usurpó el Gobierno de la Nación, el monopolio de los tesoros públicos y la absorción de las rentas provinciales vinieron a ser el patrimonio de los porteños, condenando al provinciano a cederles hasta el pan que reserva para sus hijos. Ser porteño, es ser ciudadano exclusivista; y ser provinciano, es ser mendigo sin patria, sin libertad y sin derechos. Esta es la política del gobierno de Mitre”. (Proclama del 6/12/1866)

En la misma también identifica a los responsables de la infamia y plantea la posición a asumir “¡abajo los infractores a la ley! Abajo los traidores a la patria! Abajo los mercaderes de Cruces de Uruguayana, a precio de oro, de lágrimas y de sangre Argentina y Oriental. ¡ATRÁS los usurpadores de las rentas y derechos de las provincias en beneficio de un pueblo vano, déspota e indolente. SOLDADOS FEDERALES! Nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el orden común, la paz y la amistad con el Paraguay, y la unión don las demás Repúblicas Americanas, ¡¡ Ay de aquel que infrinja este programa!!” (Proclama del 6/12/1866)

En el Manifiesto del 1º de Enero de 1868, Felipe Varela va a desnudar la política mitrista en la Guerra del Paraguay, a poner de relevancia que la guerra fue calculada, premeditada por Mitre, va a dar cuenta también de que la Unidad de los pueblos de Nuestro Continente, tiene ya varios años de desarrollo, así sostiene que “no era, pues , una idea enteramente nueva en la sociedad Sudamericana, la de la alianza de sus poderes democráticos (…) los pueblos generosos de la América, como se ha dicho, acogieron llenos de entusiasmo la iniciación de esta gran idea, porque ella es el escudo de la garantía de su orden social, de sus derechos adquiridos con su sangre”. (El Manifiesto de 1/1/1868 es reproducido en Ortega Peña y Duhalde, Felipe Varela contra el imperio británico, páginas 337-363)

Felipe Varela dará cuenta también que las provincias argentinas no deseaban participar de la guerra, así dice: “las provincias argentinas, empero, no han participado jamás de estos sentimientos, por el contrario, esos pueblos han contemplado gimiendo la deserción de su presidente, impuesto por las bayonetas, sobre la sangre argentina, de los principios de la unión Americana” Demuestra asimismo que Buenos Aires se impuso luego de la Revolución de Mayo sobre las demás provincias “Buenos Aires es la metrópoli de la República Argentina, como España lo fue de la América” (Manifiesto 1/1/1868)

En el mismo manifiesto pone en consideración la concepción de federalismo que lo guía “La palabra Federación, tiene aquí una significación especial. Es un vocablo que envuelve un significado opuesto al de Centralismo, que hemos combatido siempre en las provincias, para recuperarnos las rentas de la Nación confiscadas, centralizadas en Buenos Aires”, a la vez que gritará allí también la causa por la que lucha “¡Federación o muerte!, ¡¡Viva la Unión Sudamericana!!¡Abajo los negreros traidores a la patria” a la vez que (Manifiesto 1/1/1868)

La guerra terminará luego de cinco años de heroica resistencia del pueblo paraguayo, el Mariscal López morirá combatiendo en Cerro Corá el 1º de marzo de 1870. En la Guerra de la triple infamia, además de las armas, la diplomacia británica se encargó de hacer partícipe a la Alta Banca, así “al terminar la guerra, endeudaron al Paraguay en ruinas, con empréstitos usurarios, de los que jamás se recuperaría, y se apoderaron de sus tierras” (Ortega Peña y Duhalde, Felipe Varela contra el imperio británico, página 51)

El Paraguay quedará en ruinas, su población era al comenzar la guerra aproximadamente de 1.500.000 personas, al finalizar serán aproximadamente 250.000. (Galeano, Las venas abiertas de América Latina). De los asesinados la inmensa mayoría era población masculina de más de 15 años (algunos autores hablan del 99%). Solo una guerra de exterminio puede producir tal genocidio. Guido Spano dirá en su poema Nenia que “¡Llora, llora urutaú,/ en las ramas del yatay,/ ya no existe el Paraguay,/donde nací como tú / ¡llora, llora urutaú!”

Así, los fantasmas del pasado habitan en el presente, en nosotros. Al pueblo paraguayo se le debe un resarcimiento. Algunos han dado muestran en ese sentido. El Presidente Juan Perón devolverá al pueblo hermano los trofeos de la guerra en el año 1954. La Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner ha pedido perdón en nombre del pueblo argentino, en 2007 ha dicho que la guerra significó la triple traición a los intereses latinoamericanos frente a los imperialismos. Este año, le ha puesto el nombre de Mariscal Francisco Solano López a un Grupo de Artillería argentino. También ha destacado al Mariscal López, y a su Paraguay como el primer país industrializado del continente. En todas las ocasiones el guardaespaldas (los editorialistas) que dejó Mitre al terminar la guerra, salió en defensa de su “protegido”. Cristina Fernández de Kirchner les ha contestado en una ocasión “algún medio de comunicación fundado tal vez por uno de los que encabezó aquella “triple traición”, me criticó duramente. No importa, la verdad histórica no puede taparse con editoriales, está escrita, desgraciadamente a sangre y fuego en el corazón del pueblo paraguayo”.

Juan Godoy

Revista Falta Envido. Año 1, Nº 3.

Revista Reseñas y debates. Agosto de 2011, Nº 67.

Observamos que muchos (aun dentro del movimiento nacional) se quejan, les molesta y/o piensan que los trabajadores organizados no deben participar en política

“Es alrededor de los sindicatos donde se centra la lucha nacional. Una lucha de todo el pueblo contra el coloniaje”. Juan José Hernández Arregui 

“Cada trabajador debe pensar que su futuro depende de lo que él haga y resuelva. Cuando los millones de obreros del país piensen así, se organicen y se unan, no habrá poder en la tierra que pueda hacer que sean engañados, defraudados y estafados en su voluntad”. Juan Perón

Juan Domingo Perón llevó a cabo una Revolución Nacional que quedó inconclusa con el golpe de Estado del 55 y fue retomada con la vuelta del líder popular aunque brevemente, porque a su muerte y al derrocamiento del gobierno constitucional le sucedió la profundización del 55 con el terrorismo de Estado genocida, y el establecimiento de las bases de un “nuevo modelo” dependiente: el neoliberalismo. Esa Revolución Nacional se cristalizó en la nacionalización de la estructura económica que desde mediados de siglo XIX se encontraba en manos británicas teniendo como destino el triste papel de un país dependiente. Esa condición semi-colonial fue la que el peronismo vino a destruir, para que “el dinero se haga argentino”, seamos independientes, soberanos y logremos instaurar la justicia social. Como sabemos, esa dependencia encuentra un actor interno que es la oligarquía. Sobre ella el peronismo avanzó significativamente pero no logró destruirla definitivamente, y ésta ensangrentó el país con tal que eso no sucediera, dejando inconclusa la Revolución Nacional que más ha avanzado en nuestra historia. 

Teniendo en cuenta este marco, el peronismo se enfrentó abiertamente contra el imperialismo británico, deteniendo el saqueo imperialista sobre nuestro país, y el norteamericano, obturando y retrasando su ingreso e imposibilitando el “cambio de collar”. Asimismo no se recostó en la Unión Soviética en el mundo bipolar, y por último se enfrentó a la oligarquía. Tamaños enemigos tuvo el peronismo, y sobre ellos logró edificar durante 10 años una patria libre, justa y soberana. Otorgándole a los trabajadores uno de los mejores niveles de vida, sino el mejor, al menos del continente latinoamericano, y dejando al país cerca del desarrollo de la industria pesada. La estructura sobre la cual hoy se monta el país es en gran medida la heredada por el peronismo, a pesar de que los gobiernos posteriores (con la excepción del modelo kirchnerista que volvió -aunque más tenuemente, claro-, a un proyecto ligado a la industria y la generación de trabajo), se encargaron de destruirla. Muchos se preguntan cómo Perón pudo tener tantos logros en tan poco tiempo, y con enemigos tan poderosos. La concepción y la práctica de Perón con respecto a la clase trabajadora nos da una clave de interpretación. Al mismo tiempo nos habla acerca del lugar de los trabajadores en el proyecto nacional durante el peronismo, nos sirve en términos comparativos con la experiencia de los últimos años, y como “brújula” en el camino de reconstrucción del movimiento nacional ante la embestida oligárquico-imperialista. Por último, recorre el texto el interrogante acerca del sector social que tiene preeminencia en el movimiento nacional, principalmente pensando si son los sectores medios, la “burguesía nacional”, o los trabajadores (organizados).

Para adentrarnos en el tema, observamos que muchos (aun dentro del movimiento nacional) se quejan, les molesta y/o piensan que los trabajadores organizados no deben participar en política. Al respecto Perón sostuvo en 1973 que “todos han venido sosteniendo que las organizaciones sindicales no deben intervenir en política. Es decir que, mientras las organizaciones políticas intervienen en el proceso sindical, los sindicatos no han de intervenir en el proceso político. Dado que la organización sindical se realiza para convertirse normalmente en un factor de poder, aquella premisa es totalmente falsa”, y por eso “cuando los obreros hayan renunciado a intervenir en los destinos del país esa será una determinación suicida para su propia clase y para sus propias organizaciones”. 

Entendiendo entonces la necesidad de la participación política de los trabajadores organizados, y siguiendo la enseñanza de Hernández que decía “se ha de recordar para hacer bien el trabajo que el fuego, pa calentar debe ir siempre por abajo”, Perón se lanzó a darle poder real a los trabajadores. El camino para lograr el objetivo comienza desde el “viejo” Departamento, ahora Secretaría, de Trabajo y Previsión Social (y en menor medida desde el Ministerio de Guerra y la Vice-Presidencia), en el periodo 1943-45. 

El entonces Coronel ya comienza a realizar esfuerzos por la unificación de la CGT. Piensa en la necesidad de la existencia de una sola central obrera, para fortalecer el poder de los trabajadores organizados. En este sentido expresó más tarde, en el 74 que “el justicialismo siempre se sustentó en el criterio de la indivisibilidad de la clase obrera organizada. Se requiere, en consecuencia, una sola central obrera”. Así, siendo Secretario de Trabajo y Previsión, en el año 1945 se unifica la CGT. Es que Perón piensa que “si los trabajadores se dividen pierden todo su poder. Esto lo vemos en muchas organizaciones (…) es como si no hubiera ninguna”. 

Antes de ser Presidente también otorga nuevos derechos como indemnizaciones, vacaciones pagas, el estatuto del peón rural, los tribunales de trabajo, licencias, prevención de accidentes de trabajo, capacitación técnica, etc. Asimismo, entre los años 1936 a 1940 los sindicatos habían firmado solo 46 convenios colectivos de trabajo, y tan solo entre los años 1944 y 1945 rubricaron más de de 700. Cómo venía transformando la Argentina que cuando el subsuelo de la patria se subleve el 17 de octubre, Perón insta a los trabajadores, hasta hace poco perseguidos, desde los balcones de la Casa de Gobierno:“ha llegado ahora el momento del consejo. Trabajadores: únanse; sean hoy más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa tierra la unidad de todos los argentinos”. 

Jauretche había dicho que el caudillo era el sindicato del gaucho, es decir, era la representación directa de los intereses de éstos. Muchos años antes Alberdi, en sus años mayores, había dicho algo similar, claro que en otros términos. Probablemente podemos ubicar allí el origen de la representación directa. El 2 de octubre del 45 se dicta la Ley de Asociaciones Profesionales. Los sindicatos son declarados entidades de bien público. Los trabajadores obtienen así el reconocimiento de sus derechos, se les da apoyo legal y cuentan con el estado como respaldo. A partir de ahora, los sindicatos (con personería o sin ella), no pueden ser intervenidos por el Estado. En este sentido, Perón en un discurso de 1950 dice que “el justicialismo comienza por convertir el sindicato, de una organización al margen de la ley, en una institución pública (…) le da estado legal a la existencia del sindicalismo”. Es que el tres veces presidente de nuestro país consideraba que “cuando el obrero ha estado en el .mundo sin organizarse ha sido juguete de las circunstancias y ha sufrido la mayoría de las injusticias sociales. La justicia social no se discute, se conquista, y se conquista sobre la base de la organización y, si es preciso de la lucha”.

Más tarde dicha ley incorporó el sindicato único por rama de industria, ya no por oficio, dándole un poder mucho más importante a los mismos. Un caso emblemático para observar el fortalecimiento que trae es el de la construcción que de 14 sindicatos distintos (pintores, albañiles, yeseros, carpinteros, colocadores de vidrios, colocadores de cerámicos, etc.), se unifica en un solo sindicato de la Construcción. En 1947 dicta los derechos del trabajador, dos años más tarde incorporados a la Constitución reformada. Vale resaltar en relación a los derechos el rol otorgado al sindicalismo por Perón, quien piensa que “es el sindicato el que hace que se cumplan los derechos del trabajador que figuran en la Constitución (…) El Estado lo hace en grande para todos, el sindicato en pequeño para sus asociados”. Derechos que la comisión argentina presentó en su ponencia en la reunión de la OIT de 1948 realizada en California, sorprendiendo a los demás países americanos y europeos quienes sostuvieron que los alcances y aspiraciones eran mayores que los de la OIT misma. 

Con las medidas a favor de los trabajadores y las entidades sindicales, éstas se convierten en verdaderas potencias financieras con capacidad para construir hoteles, hospitales, sitios de descanso, etc. En este punto es central la acción de Perón, observemos su concepción en un discurso de agosto del 50 donde expresa, para los que se escandalizan aún hoy que los sindicatos manejen dinero, construyan hoteles y/o manejen obras sociales, que “el gobierno va a dar a los sindicatos obreros todo el dinero que necesiten para construirse y organizarse: tener locales, sus mutualidades y sus escuelas (…) Busco que podamos organizar el movimiento sindical argentino con organizaciones poderosas y ricas. El gobierno está dispuesto a dar a las cooperativas obreras la oportunidad para que hagan negocios que les permitan ganar mucho dinero, en lugar de dárselos, como se hacía antes, a entidades capitalistas”.

La CGT reunificada con el paso de los años va a incrementar fuertemente su poder con una masiva sindicalización de los trabajadores, de esta forma, si en 1943 tenía 400 mil trabajadores en pocos años el número de afiliados asciende a 2 millones 750 mil. Se establecen asimismo los delegados de fábrica, una creación muy importante en el esquema de poder de los trabajadores. Se preocupa Perón también por que se organicen escuelas sindicales para los jóvenes dirigentes a lo largo y ancho del país, y como veíamos anteriormente participen de la política: “¿por qué razón van a renunciar las organizaciones a tener sus representantes en los tres poderes del Estado que son realmente los que gobiernan, dirigen y conducen la Nación? ¿O es que los obreros no tienen derecho a ser partícipes de esa conducción, que si la hacen los demás ellos tendrán muy poco que agradecerles?”. 

De esta forma, además del fortalecimiento de las entidades gremiales y la central obrera, comienza a hacer efectiva la participación en política otorgándole un rol central (la “columna vertebral”), en el movimiento nacional. Así, en el gobierno peronista, además del conocido 33% de las bancas (porcentaje que en algunos momentos fue mayor), reservada al movimiento obrero, que pintó el parlamento con los “colores del pueblo”, algo parecido quizás a lo que se puede ver hoy en la Bolivia de Evo Morales, tuvo otras medidas que le otorgaron un alto grado de poder y decisión a los trabajadores. Los trabajadores aparecen como quienes generan la riqueza, y como el sector social desde donde parten las soluciones a los problemas nacionales, por eso en el 74 Perón afirma que “en la comunidad a que aspiramos, la organización de los trabajadores es una condición imprescindible para la solución auténtica de los problemas argentinos”. Es que “las grandes líneas de coincidencia únicamente pueden nacer del pueblo (…) Necesitamos, pues, crear la fuerza requerida para sustentar una política nacional”.

La participación obrera en el gobierno es enorme, veamos algunas de las funciones y lugares destinados al mundo del trabajo. Ángel Borlenghi (del sindicato de Comercio), aparece como Ministro del Interior. Freire (del sindicato del Vidrio), como Ministro de Trabajo. Bramuglia (abogado de la Unión Ferroviaria –por entonces el gremio más grande del país-), como Ministro de Relaciones Exteriores. Juan Unamuno (del sindicato bancario), como Presidente del Banco Hipotecario Nacional. José Gago (también del sindicato Bancario), como Intendente de Buenos Aires.

Asimismo, el Secretario General de la CGT participaba de las reuniones de gabinete. En todos los ministerios existía una comisión con representantes de la CGT, a quien se debía consular sobre las acciones y medidas a tomar. También había directores obreros en diferentes organismos estatales como por ejemplo la Caja de Jubilaciones, y en las empresas nacionalizadas (recordemos que Perón nacionaliza una amplia franja de la economía, y crea la DINIE). Todos los días a las 6 de la mañana el Secretario General de la CGT se reunía con el Presidente Perón. La Casa de Gobierno, los ministerios o los gobiernos provinciales tenían las puertas abiertas para los sindicatos. También participaba de todas las audiencias del Presidente con los ministros. 

Una de las cuestiones que irritó mucho a los sectores patronales (aparece reiteradamente por ejemplo en el famoso Congreso de la Productividad), fue el poder de las comisiones internas en las fábricas. Al mismo tiempo, cualquier conflicto laboral era resuelto con la CGT como interlocutor. Asimismo, la Comisión Económica del Ministerio de Hacienda estaba presidida (entre los años 1946-1953), por el Secretario General de la CGT, cargo ocupado por entonces por Espejo. En ese ámbito se discutían los convenios colectivos de trabajo, y se fijaban las pautas salariales.

Si hay un cuerpo elitista en nuestro país es el de embajadores. Allí también hizo lo suyo la Revolución Nacional peronista, poniendo agregados obreros en las Embajadas, de los cuales varios fueron posteriormente nombrados Embajadores. Es el primer país del mundo que hace participar a los obreros en la representación exterior. Perón argumenta en 1946 que “ya funciona un curso de capacitación preparando a los agregados obreros que irán en representación de la República (…) De esta manera llegaremos no solamente a los círculos sociales más o menos amables sino a los centro de trabajadores del mundo”. Los dirigentes deben cursan en los mismos sindicatos cursos de economía, historia argentina, geografía, historia latinoamericana, historia del movimiento obrero, etc. Otros sitios reservados para la oligarquía son ocupados por “los olvidados” de ayer, y puestos ahora en la primera plana de la política oficial desde el plano simbólico, hasta las medidas concretas, como Mar del Plata, o el Teatro Colón.

Para finalizar, Perón siempre pensó y llevó a cabo su accionar político en términos de la Patria Grande. De esta forma, la cuestión sindical también la piensa en eso términos, de ahí que en 1952 ponga en marcha el proyecto de la Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas (ATLAS), cuya primera secretaría recae en José Espejo de la CGT (los agregados obreros en las embajadas habían cumplido un rol fundamental en este armado). La experiencia del ATLAS queda herida de muerte con el derrocamiento de peronismo en el 55, y termina desapareciendo. Es en la integración de la Gran Patria con que San Martín soñó, se encuentra una clave de la revolución nacional-latinoamericana, por esto sostiene Perón que “nosotros tenemos que ir hacia organizaciones gremiales continentales. Es decir que, si los políticos se unen, los gremialistas también deben unirse. Si algún día integramos el Continente Latinoamericano, la base de esa integración ha de ser la de los pueblos. No se construyen pirámides empezando por la cúspide, sino que es menester hacerlo comenzando por la base, y la base, para mí, son las organizaciones sindicales.

El controvertido empresario fue una figura clave en el peronismo como articulador de un programa económico que buscaba armonizar el interés nacional entre el capital y el trabajo. Por Julián Blejmar. Fuente: Página 12

José Ber Gelbard

Por su sueño de un país más justo enfrentó a la Sociedad Rural, a la Bolsa de Comercio, a las principales cámaras de la Unión Industrial Argentina, al FMI, a Clarín y La Nación. En definitiva, al Poder de la Argentina. Pero para llegar a ese punto, recorrería un muy largo camino desde Radomsko, la ciudad polaca en donde nació un 14 abril de 1917 y de la cual escapó a los once años huyendo del antisemitismo y la pobreza. En ese derrotero que fue la Argentina del siglo XX, José Ber Gelbard fue acompañado por sus ideales de una Argentina sin excluidos, su admirable y autodidacta capacidad empresaria y política, las habituales prácticas oscuras del gran empresariado para realizar sus negocios, y, fundamentalmente, Juan Perón.

Aunque jamás se reconoció peronista, sino un cuadro del Partido Comunista, ni la Confederación General Económica (CGE), organización gremial empresaria que creó en 1953 para nuclear a los pequeños y medianos empresarios nacionales, ni su cargo como ministro de Economía desde donde intentó modificar el rumbo que la oligarquía diversificada le había impreso al país, hubieran sido posibles sin el respaldo de Perón.

Perón encontró en Gelbard al gremialista empresario que podía ayudar a conformar su modelo corporativo basado en una “comunidad organizada” bajo acuerdos entre el Estado, los empresarios y los trabajadores. La primera experiencia de Gelbard como co-conductor de la política económica duró solo dos años, pues el Golpe de 1955 significó también la intervención de la CGE por parte de un régimen aliado con el tradicional poder económico.

Aquellos años de dictadura y democracia tutelada, encontraron a Gelbard formando parte de la “alianza populista” entre empresarios nacionales y trabajadores, la cual enfrentaba a la “alianza liberal” de la oligarquía pampeana asociada a las grandes industrias monopólicas y el capital extranjero y financiero. A la par, continuaba haciendo crecer sus negocios, centrados en el rubro hotelero, comercial, comunicacional, e industrial, fundamentalmente a través de la empresa de transmisores Wobron, de neumáticos Fate, y en la metalúrgica Acindar.

Según el investigador egresado de Harvard James Brennan, Gelbard “había logrado construir un emporio que además formaba parte de un poderoso grupo industrial. Sus contactos con el Estado habían dado beneficios en el pasado y eran esenciales para el futuro”, pero al mismo tiempo “Gelbard y su quipo económico estaban genuinamente preocupados por elevar el nivel de vida de los trabajadores, como parte de un proyecto para desarrollar un capitalismo nacional justo, que evitaría una revolución socialista en el país. Su preocupación no era tan solo hacer buenos negocios. Cuando hablaba de su oposición a un liberalismo antinacional y anticomunitario, y de su deseo de establecer un modelo humanista de desarrollo económico, no se trataba de un mero discurso hueco”.

Desde la CGE reinaugurada en 1958 bajo la presidencia de Arturo Frondizi, Gelbard suscribió diversos acuerdos con la CGT para modificar un rumbo económico que solo favorecía a los agroexportadores y los capitales monopólicos y extranjeros. Según señaló en una entrevista, la “receta basada en el ajuste del cinturón”, era “inmoral, injusta, y por si ello fuera poco, totalmente ineficaz” ya que “en nuestra concepción del proceso, no solo es justo mejorar el ingreso real de los trabajadores, sino que constituye un requisito para crear un gran mercado interno que sirva de expansión a las fabricas nacionales”. La presión de estas dos organizaciones gremiales, mayoritarias en sus bases en términos electorales, resultó clave para la vuelta a la democracia, que volvería a llevar al justicialismo a la presidencia, partido que designaría a Gelbard como ministro de Economía e implementaría el programa económico de la CGE.

El plan económico promovido desde los inicios por Gelbard constaba de fuertes regulaciones por parte del Estado, principalmente a través de veinte leyes que tenían como objetivo aumentar salarios, jubilaciones y otros beneficios sociales, promover la empresa nacional a través de la ampliación del consumo interno, limitar la competencia extranjera y otorgar una mayor disponibilidad de crédito público y privado. Todo ello, regulado por un Pacto Social entre empresarios y sindicatos, que posibilitaba un aumento y posterior congelamiento de los salarios, así como un congelamiento de los precios. Las divisas necesarias para este recambio económico, provendrían de la apertura de nuevos canales comerciales con el exterior, en las que los contactos de Gelbard con los países del bloque comunista resultarían claves, así como de una reforma agraria que obligaría a los terratenientes a incrementar su producción y otorgar parte de su rentabilidad en el Estado. De hecho, Gelbard no ocultaba que se iría “reduciendo la importancia relativa del sector agropecuario, lo que cambiara las fuentes tradicionales de poder en el país”, e incluso sostenía en relación a la oligarquía diversificada que “no queremos que Argentina sea una colonia rica, ni que estas mejoras lleguen siempre a un grupo selecto, generalmente parasitario de la población”.

Gelbard intentaba transmitir el carácter épico del Plan, al señalar que “mucho más fácil hubiera sido elaborar una política para mantener intacta la estructura de dependencia económico social. Pero lo que acabamos de hacer no fue un juego intelectual destinado a buscar un envase más bonito para enquistar la dependencia, sino una denodada investigación de los medios que nos permitan liberarnos cuanto antes de los nefastos poderes del colonialismo económico, ideológico y cultural”

La muerte de Perón en julio de 1974 fue también la muerte política de Gelbard, que se quedó sin su principal sostén. Presentó su renuncia a Isabel Perón en octubre de 1974. Pero antes de retirarse, emitió un discurso por cadena nacional donde resaltaba los logros obtenidos en su gestión, como un crecimiento del PIB del 10 por ciento, un aumento en participación de los trabajadores en la renta del 33,0 al 42,5 por ciento, y un descenso de la desocupación del 6,1 al 4,4 por ciento, además de un incremento de 800 millones de dólares en las reservas incluso después de desendeudarse con el FMI.

Además, dejó algunas definiciones, como que “a partir de 1955, las denominadas reglas de mercado, que existen y deben respetarse bajo ciertas condiciones, llevaron siempre miseria para el pueblo trabajador”; que “las tesis económicas aplicadas por los técnicos adiestrados en las grandes metrópolis extranjeras solo sirvieron para mantener nuestra dependencia”, y que los problemas económicos que persistían “tienen arreglo sin caer en cirugías monetaristas o reaccionarias”.

Gelbard regresó así a la gestión de su grupo económico, mientras el país se derrumbaba con una presidenta incapaz de resolver la extrema violencia y el caos económico y social. Para marzo de 1976, pocos días antes del derrocamiento de Isabel Perón, otorgó una entrevista a la revista Cuestionario, en la que señaló que existía “una campaña destinada a exhibir nuestras tragedias presentes como un resultado de la política económica aplicada entre mayo de 1973 y octubre de 1974, cuando la realidad es que estamos sufriendo las consecuencias de haber abandonado aquella política. La maniobra es clara: primero se hizo arriar las banderas del desarrollo con justicia social y soberanía, y ahora se trata de asegurar que nadie se atreva en el futuro a levantar estas mismas banderas. Hoy, no hay más que mirar la cara de la gente para ver su angustia”.

Luego del golpe cívico militar, que en una de sus primeras medidas intervino la CGE y la CGT con el objetivo de destruir vidas y registros de aquella alianza de empresarios nacionales y trabajadores que desde el primer peronismo le disputaba el poder a la alianza liberal, Gelbard se exilió a los Estados Unidos, tras lo cual los militares confiscaron sus cuentas y le retiraron su ciudadanía argentina, dejándolo apátrida. En octubre de 1977, un aneurisma cerebral acabó con su vida a los 60 años.


“Política Económica y Social: Ruptura de la Dependencia. Unidad y reconstrucción nacional con Justicia Social para la Liberación” – Disponible en nuestra Biblioteca Digital en la sección de documentos de presidencias peronistas

Contiene:

Mensaje del señor Ministro de Hacienda y Finanzas, Don José B.Gelbard – 1973

Objetivos de la política del Gobierno y del Programa de Reconstrucción

Acta de Compromiso del Estado

Declaración de la Asamblea de Gobernadores

Acta de Compromiso Nacional (CGT, CGE, Gobierno Nacional)

“En el acto del 1º de mayo, el presidente Macri dijo una frase de Juan Perón. Como toda cita abre un interrogante sobre lo que no se citó”. Por Juan Godoy*

El 1º de mayo pasado el presidente Mauricio Macri realizó un acto en conmemoración del Día de los Trabajadores en el microestadio del Club Ferrocarril Oeste, aquel ferrocarril que -¿sabrá el presidente?- fue el primero en nuestro país (inaugurado en 1857) y que pertenecía a la provincia de Buenos Aires, siendo un modelo de ferrocarril (era la línea con más lujos, con pasajes y fletes más baratos, etc.). Una línea que, a la vez que contraría la idea que trae nuevamente el macrismo (y por la cual el tren sería finalmente privatizado por Juárez Celman) de que “el Estado es mal administrador”, también tira “por la borda”, como demostró Scalabrini, la idea de que los británicos desarrollaron nuestros ferrocarriles.

Allí el presidente estaba acompañado por parte de su gabinete de CEOs y algún que otro representante de la patronal (¡perdón! decimos de los “trabajadores”). Observando la foto se destaca el gran número, en relación a los que están en el escenario, de sujetos vinculados al esclavismo, la trata de personas, el trabajo no registrado y/o la precarización laboral. Esto no en términos simbólicos, sino reales.

Veamos: estaba allí Ricardo Buryaile, integrante de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y hoy Ministro de Agroindustria, aquel que en 2008 por no pagar unos pesos más de impuestos llamó a disolver el Congreso y que fue denunciado por tener en sus extensos campos formoseños trabajadores no registrados y en condiciones de esclavitud. El “organizador” del acto fue Gerónimo “Momo” Venegas, ligado a la centenaria entidad que nuclea a los patrones del campo (la Sociedad Rural), al mismo tiempo que “representante” de un sector con más del 70% de trabajo no registrado, enorme cantidad de trabajo infantil, y pésimas condiciones de trabajo, llegando a situaciones de esclavitud siendo el mismo “Momo” cómplice de esta realidad. No asistió al acto, probablemente por estar lejos o quizás porque al parecer se alejó del gobierno en los últimos meses, el nombrado por Macri como Embajador en España (ex gobernador de Misiones), Ramón Puerta, también denunciado por trata de personas y trabajo esclavo. Ignoramos si andaba por ahí uno de los principales sostenes y aliados de la alianza Cambiemos, el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Luis Miguel Etchevehere, en cuyos campos se encontró trabajo esclavo. También se dejan ver en la foto, la conocida Patricia Bullrich, hoy ministra de Seguridad, ayer recortadora de los salarios estatales y las jubilaciones. Asimismo, podríamos nombrar al mismo presidente, cuya esposa (hoy Primera Dama) ha sido denunciada por la asociación La Alameda por trabajo esclavo, o él mismo que se dejó fotografiar en el “prostíbulo” de Raúl Martins, denunciado por su propia hija por proxenetismo y por regentear una red de trata de personas, también denunciado por financiar la campaña de Macri. Podríamos seguir, pero paremos aquí, pues no queremos abrumarlo con los datos, y nuestra intención aquí (más allá que esté vinculado) es más bien dar cuenta de otra cuestión.

Nos referimos a que el presidente en su discurso hizo mención (¡ay!) a Juan Perón y citó una frase del mismo. Cita Macri a Perón: “cada argentino tiene por lo menos que producir lo mismo que consume”. Como toda cita abre un interrogante sobre lo que no se citó. En este sentido queremos mostrar correctamente la frase de Perón y que la misma contraria lo que pretende decir y hacer el presidente. Pero no solo eso, sino también en pocos renglones “enjuicia” la política entreguista de los representantes de la oligarquía y el capital extranjero en nuestro país, hoy en el gobierno. En el discurso de Macri, ¡Perón pasa de ser un líder que llevó adelante una Revolución Nacional a favor de los trabajadores, a un simple justificador de las políticas de ajuste y explotación sobre los mismos!

Veamos: la idea de Perón que nos trae Macri originalmente está vinculada al muy conocido Congreso de la Productividad de 1954 sobre el que se ha escrito mucho (y en general muy mal). No pretendemos aquí entrar en los debates sobre dicho Congreso -excede nuestro propósito- pero reproducimos estas breves “conclusiones” de Norberto Galasso al respecto en su trabajo sobre Perón: “el propósito empresario (la “avivada”, como señala Juan -Perón-) se ha frustrado ante la resistencia de los trabajadores. Y él (Perón) legitima ese resultado al no adoptar, desde ese momento hasta su derrocamiento, en septiembre, ninguna medida propuesta por la CGE”.

La frase específicamente aparece en el texto escrito durante el exilio por Perón: La fuerza es el derecho de las bestias. ¿Qué dice allí Perón, más allá de lo reproducido por el presidente? La cita se encuentra en el tercer capítulo del libro, titulado “La traición al pueblo”, y que lleva como subtítulo “La reacción parasitaria”. El marco ya empieza a cambiar, ¿cierto? Dice Perón: “Los parásitos conforman un sector definido en todas las comunidades animales o humanas. Están en la naturaleza misma, como una maldición. Siempre y en todas partes, han existido los que producen y los que sólo consumen”. Basta preguntarse de qué lado están los funcionarios de la CEOcracia y el Presidente.

Sigue el líder: “El gobierno del Pueblo y la justicia social son dos cosas que el parásito no tolera. Ellos viven del trabajo ajeno y además quieren que ese trabajo sea despreciado, miserable y doliente. Esta es la mentalidad del parásito”. Claramente si hay algo que no tolera la oligarquía hoy gobernante son los gobiernos populares y las políticas para la justicia social. Estos meses de “revancha clasista” más desencarnada es demostración de ello. En la segunda parte hace referencia a los que “viven del trabajo ajeno”, ¡teléfono para el presidente y la mayoría de sus funcionarios! que siempre se han dedicado a vivir de los que producen la riqueza: los trabajadores. Solo se dedican a consumir la riqueza que otros producen. Son parásitos, y en su mentalidad parasitaria aparece la precarización laboral, hacia lo que la Alianza Cambiemos viene avanzando en este intento de volver a los años 30, al pre-peronismo vale decir, donde los trabajadores no tengan ningún derecho, y sean pisoteados por los patrones.

Más adelante continúa el planteo, y aparece la frase que dijo Macri, pero con algunas palabras más. Cuenta Perón: “el régimen justicialista había lanzado una “consigna negra” para los parásitos”. Es decir, la consigna era negativa para los que vivieron siempre del trabajo ajeno, sin producir, como el presidente y el elenco gobernante. La “consigna negra” era que “cada argentino debe producir, por lo menos, lo que consume”. La organización del Pueblo, el trabajo organizado iba cerrando el cerco alrededor de los que consumen sin producir. Ese fue uno de los motivos de la reacción”. En fin, los trabajadores avanzan con sus organizaciones sindicales y adquieren poder sobre el sector parasitario. Los convenios colectivos, la mayor sindicalización, las comisiones internas, la presencia en las decisiones del estado a través de los legisladores obreros, de su presencia en todos los ministerios, embajadas, etc. De ahí los crímenes y la violencia oligárquica, de ahí la reacción parasitaria, y para esta “recurrieron a la fuerza, “el derecho de las bestias”, para dilucidar un problema de opinión, utilizando para ello a las bestias mismas”.

Años más tarde, ya ocupando nuevamente la presidencia de nuestro país, Perón en su último texto, Modelo argentino para el proyecto nacional, vuelve a hacer mención a la frase que reprodujo Macri, como venimos viendo, a partir de una fuerte tergiversación de la idea. En este texto Perón dice otra vez que: “el trabajo es un derecho”, hoy vulnerado por el macrismo. Continúa Perón: “y un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume”. Pero como en el otro caso de los ’50, no termina ahí, sino que va al núcleo sosteniendo que “en el momento en que teníamos que rescatar a la sociedad argentina de una concepción liberal, los trabajadores configuraron la columna vertebral del proceso. En la comunidad a que aspiramos, la organización de los trabajadores es condición imprescindible para la solución auténtica de los problemas argentinos”. Y además “el Justicialismo siempre se sustentó en el criterio de la indivisibilidad de la clase obrera organizada. Se requiere, en consecuencia, una sola central obrera”.

Quizás el Presidente no debería pretender apoyarse en las ideas de Perón a partir de su tergiversación: puede quedar en evidencia como en este caso, y “salirle el tiro por la culata”. Probablemente sería mejor que sincere su discurso y cite a los clásicos Adam Smith, David Ricardo, o directamente a los que sustentan sus políticas como Friedrich August Von Hayek, o Milton Friedman, o por qué no a los locales Domingo Cavallo o Alfredo Martínez de Hoz.

Para terminar, consideramos que el poder de los trabajadores organizados hizo temblar a la oligarquía en los 40-50, que decidió un baño de sangre que comenzó en el 55 con el bombardeo, y tuvo su profundización en el terrorismo de Estado del 76, con la intención de enterrar el país industrial, las conquistas de los trabajadores y sus organizaciones. Esas mismas banderas que enarboló el peronismo y esos mismos trabajadores organizados vuelven a hacer temblar hoy a la oligarquía que pretende seguir profundizando el proyecto del 55, el 76 y los 90. Son los trabajadores de la Patria los encargados (una vez más) de enfrentar y esta vez sí enterrar definitivamente ese proyecto o nuestra bandera Patria hoy mancillada por la oligarquía extranjerizante y el imperialismo flameará sobre sus ruinas.

*Lic. en Sociología (UBA). Prof. Sociología (UBA). Mg. Metodología de la investigación (UNLa). Docente universitario (UNLa, UNAJ, IUNMA).

Los libros”La fuerza es el derecho de las bestias” y “El modelo argentino para el proyecto nacional”, disponibles para descargar en nuestra Biblioteca Digital.