Discurso del Min. del Interior Esteban Righi a la Policía Federal – 1973

Publicamos el siguiente discurso pasada una semana del fallecimiento de Esteban Righi, histórico abogado penalista del peronismo de una larga trayectoria como durante la cual ejerció los cargos de Ministro del Interior (1973) y de Procurador General de la Nación (2004 y 2014) durante los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner.

 

Buenos Aires, 5 de junio de 1973*

En su mensaje del 22 de marzo, diez días después del plebiscito que lo llevó a la primera magistratura, el presidente de la Nación definió el contenido de los 60 días que aún faltaban para la transmisión del poder:  “Hasta el 25 de mayo, el Régimen: desde entonces, el Pueblo. La frontera es nítida”, dijo entonces el compañero presidente Héctor Cámpora.

Este plazo se ha cumplido y todos deben tomar nota de lo que ello implica.

Por eso el ministro del Interior, desea dirigirse a todos los hombres de la Policía Federal, desde el jefe hasta los agentes, para reflexionar con ellos acerca de su misión en esta nueva etapa histórica y poner en claro qué es lo que se debe y qué es lo que no se puede hacer.

Existen todavía hábitos, reflejos, que inducen a actuar como si nada hubiera cambiado. Formas de comportamiento que se consideran normales simplemente porque hace muchos años que no se conocen otras.

Dentro de la estructura de sometimiento que el pueblo padeció en los últimos años, las fuerzas policiales fueron puestas en un difícil papel.

Esta realidad la conocen bien los hombres de la Policía, que han corrido todos los riesgos, que han debido hacer todos los sacrificios, en la primera línea de fuego, como brazo armado de un régimen cruel e inhumano.

Encerrados dentro de las comisarías, y rodeados de vallas, fueron alejados del pueblo, sin desearlo ni buscarlo.

También ellos serán beneficiados con el fin de la dependencia y el comienzo de la liberación. Tendrán obligaciones, que deberán cumplir ineludiblemente.

Pero tendrán también los derechos que en todos estos años habían perdido. Y sus propias obligaciones serán cumplidas con un espíritu nuevo, porque implican clausurar un período de dolorosa memoria para iniciar otro más justo, más noble.

Lo trágico de la situación que nuestra Policía ha vivido es que sus jefes, oficiales y tropas han sido compelidos a enfrentarse con las masas populares de las que surgieron, y que defendían un futuro mejor también para ellos.

Esta es una enfermedad que ahora queremos curar.

Las condiciones que el régimen impuso a quienes se jugaron la vida por él no han sido mejores que las del resto de la población. La crónica de estos últimos años ha registrado motines policiales porque los sueldos no alcanzaban para vivir con decoro, para disponer de una vivienda digna y sana, para curar a la mujer cuando se enfermaba o mandar a los hijos al colegio a instruirse.

La comunidad organizada que el General Perón dejó en el país cedió paso a los desgarramientos de una sociedad empobrecida y saqueada, de cuyas consecuencias todos fuimos víctimas. Pero esto debe cambiar.

Es habitual llamar a los policías guardianes del orden. Así seguirá siendo. Pero lo que ha cambiado, profundamente, es el orden que guardan. Y en consecuencia, la forma de hacerlo.

Un orden injusto, un poder arbitrario impuesto por la violencia, se guarda con la misma violencia que lo originó.

Un orden justo, respaldado por la voluntad masiva de la ciudadanía, se guarda con moderación y prudencia, con respeto y sensibilidad humanas.

La sociedad argentina ha padecido muchos agravios en estos años terribles que acaban de concluir. Todos hemos perdido mucho. Todos hemos sufrido. El país que recibimos carece de cosas imprescindibles.

Faltan escuelas. Faltan viviendas. Faltan hospitales, cárceles limpias y sanas. Es natural y comprensible que la presión tan duramente contenida escape ahora con ímpetu. Que se manifiesten pedidos y demandas sectoriales.

El gobierno del pueblo lo juzga legítimo. Afirmamos lo que sus candidatos dijeron durante la campaña electoral. Nuestra terapéutica es reconstruir. No permitir.

Hay tensiones acumuladas y habrá conflictos. Lo sabemos y no nos asusta. Es imposible restaurar en pocos días todo lo destrozado en tantos años.

La función policial no será combatir esas manifestaciones. Sólo encauzarlas, ponerles razonables límites, impedir desbordes. Los hombres de la Policía pueden sentirse aliviados. Ahora nadie pretende que de sus armas deba salir la solución a los conflictos. Son los grandes movimientos de la sociedad. Los cambios revolucionarios que en ella se irán produciendo apaciguarán esas pasiones. Conseguirán canalizar todas las energías hacia la ardua tarea de construir una Argentina justa, libre y soberana.

¡Cómo vamos a ordenar reprimir al pueblo, si suyo es este Gobierno y en su nombre y por su voluntad actuamos!

Dije que la Policía tendrá nuevas obligaciones y quiero enumerar algunas de ellas. Tendrá la obligación de no reprimir los justos reclamos del pueblo. De respetar a todos sus conciudadanos, en cualquier ocasión y circunstancia. De considerar inocente a todo ciudadano mientras no se demuestre lo contrario. De comportarse con humanidad, inclusive frente al culpable.

Mencioné también nuevos derechos.

Los hombres de la Policía tendrán derecho a una retribución que les permita vivir con dignidad. A una vivienda que merezca ese nombre. A una efectiva protección para sí y para sus familiares, en el caso de incapacidad o muerte.

De esta forma serán acompañados por el afecto del pueblo.

Estos criterios que rigen para la relación con las manifestaciones de los distintos sectores de la sociedad, deben extenderse en varios sentidos a las expresiones delictivas.

En la Argentina nadie será perseguido por razones políticas. Nadie será sometido a castigos o humillaciones adicionales a la pena que la justicia le imponga.

La sociedad debe protegerse del delito, pero será ineficiente si no comienza por comprender que sus raíces no están en la maldad individual sino en la descomposición de un sistema que no ha ofrecido garantías ni oportunidades.

La violencia ha sido una constante en el país en los últimos años porque el mal ejemplo vino de arriba.

La ilegalidad ha gobernado en la Argentina porque el poder estuvo divorciado de su única fuente de legitimidad que es la soberanía popular, manifestada a través de sus instituciones establecidas en la Carta Magna.

La catástrofe económica, política y social que sufrió nuestro pueblo es el telón de fondo que acompañó a las desviaciones individuales de las normas de la convivencia.

El castigo despiadado al infractor complementaba el ciclo. El aumento de la criminalidad de todo tipo y la vigencia paralela de formas extremas de represión fueron la traducción del gran proceso de despojo y marginamiento de todos los argentinos.

El gobierno del pueblo actuará sin pausas en la remoción de este cuadro aterrador, que hizo de cada habitante una víctima o un culpable. Todo su empeño está comprometido para que jamás nadie pueda concebir que el delito es su único horizonte.

Durante interminables años el declamado respeto a la persona humana fue confrontado con la brutalidad con que algunos hombres escarnecieron a otros hombres.

Cuando el gobierno del pueblo jura solemnemente que defenderá sin claudicaciones los derechos humanos, no está repitiendo una abstracción de liberalismo hipócrita. Piensa en hombres y mujeres concretos, a quienes permitirá disponer de un techo y un trabajo. De educación para sus hijos y cuidado para su salud. De bienes materiales pero también de objetivos espirituales. La Policía y las cárceles suelen ser mejores espejos de un gobierno que las palabras de los gobernantes.

Queremos que en la Policía argentina también se refleje la transformación que ya comienza a vivir el país. Arbitraremos todos los medios para que así sea, y seremos inflexibles con quienes no lo entiendan.

Las reglas del juego han cambiado. Ningún atropello será consentido. Ninguna vejación a un ser humano quedará sin castigo. El pueblo ya no es el enemigo, sino el gran protagonista.

Esa es nuestra convicción y nuestra mejor garantía. Seamos dignos de ella.

 

Fuente

*Ver Roberto Baschetti (compilador). Documentos 1973-1976- De Cámpora a la rupura. Ediciones de la Campana, 1996. Ver también, José Pablo Feimann. Peronismo. Filosofía Política de una obstinación argentina, “El discurso de Righi a la policía”, Buenos Aires, Página 12, Suplemento especial: www.pagina12.com.ar/especiales/archivo/peronismo_feinmann/CLASE81.pdf (consultado 2 de marzo 2018)

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