revisionismo histórico

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Al término de la nota se encuentra el enlace al libro “La Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas” de José María Rosa y películas recomendadas.

Guerra de la Triple Alianza Infografía

“Un pueblo sin memoria, esta resignado a cometer siempre los mismos errores.”

El 1° de mayo de 1865 el imperio de Brasil (Pedro II), la reciente República ensangrentada de Argentina (Mitre) y el nuevo gobierno dictatorial de Uruguay (Flores) firmaron en secreto el Tratado de la Triple Alianza, en el que se fijaban los objetivos de la guerra y las condiciones de rendición que se le impondrían al Paraguay (Solano López). Los resultados fueron de dimensiones genocidas: medio millón de muertos, la población guaraní casi exterminada.

El conflicto se desencadenó, cuando el mariscal Francisco Solano López, presidente paraguayo, decidió acudir en ayuda del gobierno de tendencia federal ejercido por el Partido Blanco del Uruguay, en guerra civil contra el Partido Colorado, apoyado éste militarmente por el Brasil. López advirtió a los gobiernos de Brasil y la Argentina que consideraría cualquier agresión al Uruguay “como atentatorio del equilibrio de los Estados del Plata”. A pesar de esto, las tropas del imperio del brasil invadieron territorio uruguayo en octubre de 1864, forzando a López a enviar ayuda a Uruguay a través de territorio argentino. Mitre, neutral en los papeles, tomó el hecho como una declaración de guerra.

La guerra fue promovida secretamente por el imperio británico, que se benefició realizando grandes empréstitos, vendiendo armas a las tres naciones y, especialmente, “abrió” a Paraguay al mundo abandonando el proteccionismo económico. El objetivo principal era destruir el modelo autónomo de desarrollo paraguayo que “amenazaba” expandir sus ideas liberadoras a otras naciones del continente: “Bajo los gobiernos de Carlos Antonio López y su hijo, Francisco Solano López, [Paraguay] construyó astilleros, fábricas metalúrgicas, ferrocarriles, líneas telegráficas y numerosas escuelas. La mayor parte de las tierras pertenecía al Estado, que ejercía además una especie de monopolio de la comercialización en el exterior de sus dos principales productos: la yerba y el tabaco, eran llamadas las “Estancias de la Patria”. Paraguay era la única nación de América Latina que no tenía deuda externa porque le bastaban sus recursos.”

Guerra infame contra el Paraguay:

La participación argentina en la guerra respondía también al interés del gobierno en imposibilitar una posible alianza entre las provincias litorales y el Paraguay. La impopularidad de la guerra, sumada a la histórica hegemonía porteña, provocó levantamientos en Mendoza, San Juan, La Rioja y San Luis. El caudillo catamarqueño Felipe Varela lanzó una proclama llamando a la rebelión y a no participar en una guerra fratricida manifestando que “ser porteño es ser ciudadano exclusivista y ser provinciano es ser mendigo sin Patria, sin libertad, sin derechos. Esta es la política del gobierno de Mitre. Soldados Federales, nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el orden común, la amistad con el Paraguay y la unión con las demás repúblicas americanas”.

“Unidos seremos inconquistables. Separados, indefendibles” Gral. Juan Perón:

La oposición a la guerra se manifestaba de las maneras más diversas, entre ellas, la actitud de los trabajadores correntinos, que se negaron a construir embarcaciones para las tropas aliadas y en la prédica de pensadores que apoyaban al Paraguay, como Juan Bautista Alberdi y José Hernández, el autor del Martín Fierro.

Para los paraguayos, la guerra era una causa de defensa nacional: Todo el pueblo participaba activamente y, como Solano López, no se rendía ante ninguna situación. En cambio, los soldados argentinos, brasileros y uruguayos peleaban por dinero o por obligación. Esto llevó a los paraguayos a concretar verdaderas hazañas militares, como el triunfo de Curupaytí, en el que, contando con un armamento claramente inferior, tuvieron sólo 50 muertos frente a los 9 mil de los aliados, entre ellos Dominguito, el hijo de Domingo F. Sarmiento.

La guerra finalizó durante el gobierno de Sarmiento. Le costó a Argentina más de 500 millones de pesos, 50 mil muertos y benefició, en el plano interno, a grandes comerciantes y ganaderos. Además, el regreso de las tropas trajo a Buenos Aires, en 1871, una terrible epidemia de fiebre amarilla contraída por los soldados en la guerra. La peste dejó un saldo de 13 mil muertos e hizo emigrar a las familias oligárquicas hacia el norte de la ciudad, abandonando sus amplias casonas de la zona sur. Poco antes de comenzar la guerra, Mitre arengaba: “En veinticuatro horas en los cuarteles, en quince días en campaña, en tres meses en la Asunción”, este resultó ser un pronóstico demasiado optimista sobre la duración de la guerra, que finalizó en 1871.

Francisco Solano López fue fusilado, Paraguay quedó literalmente arrasado, con perdidas territoriales, la mayoría de su población caída en combate y la población masculina reducida en un gran porcentaje. Las secuelas pueden obsevarse hasta el día de hoy, por acción bélica, el hambre, estrés y pestes dejaron al Paraguay en ruinas. En lo económico, el ferrocarril nacional y las nacientes industrias fueron destruidos o intervenidos por las compañías británicas. Sumado a esto, Paraguay pasó a endeudarse por primera vez con empréstito de los bancos británicos. “El propio Conde D’Eu supervisó la destrucción pieza por pieza de la fundición de Ibicuy, que fue posteriormente incendiada e inundada. La producción agrícola fue puesta bajo su control a través de empresarios brasileños y fuerzas militares brasileñas, financiadas por éstos y por los inversionistas ingleses. Esta guerra condicionó en forma permanente el desarrollo ulterior de Paraguay y lo signó, hasta la actualidad, bajo la égida de Gran Bretaña y Estados Unidos”.


Recomendamos la lectura del libro “La Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas” de José María Rosa. El mismo puede descargarse desde nuestra Biblioteca Digital

Contra Paraguay (2013) 75min. Argentina. Director: Federico Sosa

Sinopsis: En el siglo XIX aconteció un hecho poco conocido para la importancia que tuvo: la guerra más grande de Sudamérica, en la que hubo cuatro países involucrados ¿Cómo entender esta guerra de la que se sabe poco y nada? ¿Fue una guerra entre países? ¿Se aliaron la Argentina, Brasil y Uruguay en contra del Paraguay? ¿Por qué se la llama de tantas formas distintas? La guerra del Paraguay. La de la triple alianza. La guerra del 70. ¿Cómo nombrarla, cuando el hacerlo implica ya una toma de posición? Los resultados: medio millón de muertos y casi el exterminio de la población guaraní.

En venta en Capital Federal en Solo Cine
Horarios: 10 a 20 30 hs de Lunes a Sábado
Dirección: Rodríguez Peña 402 esq. Av. Corrientes
solocine1@gmail.com – Teléfono: 4375-0855

Por último, compartimos a continuación la serie documental Guerra Guasú, realizada TV Pública.

Cuatro capítulos de una hora de duración, que busca interrumpir largos años de silencio en la producción cultural argentina a propósito de la guerra más importante que vivió América Latina y que liquidó al Paraguay del siglo XIX, la experiencia política y social más igualitaria y celosa de su soberanía que quedaba en pie en la región.

Fuentes: Barrilete Cósmico, El Historiador y el libro y las películas mencionadas.

Vuelta de Obligado

“Esta contienda es, en mi opinión, de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España.” Palabras del Gral. San Martín a Juan Manuel de Rosas

Conmemoramos la Batalla de la Vuelta de Obligado del 20 de noviembre de 1845, aquella heroica defensa de nuestra soberanía por parte del ejército de la Confederación Argentina a las órdenes del gran General Lucio Mansilla y el pueblo de San Pedro, frente a la flota imperialista anglo-francesa.

Sobre la Batalla de la Vuelta de Obligado recomendamos el siguiente video del Canal Encuentro:

La finalidad del imperialismo inglés y francés era imponer la libre navegación de los ríos internos del continente. Esta contradicción de “imposición de la ‘libertad’ por medio de la fuerza”, recuerda a las invasiones estadounidenses a Medio Oriente para apoderarse del petróleo, entre otros objetivos. Volviendo al siglo XIX, el liberalismo buscaba condenar a Latinoamérica a la dependencia económica eterna, la gesta patriótica de Obligado le puso freno.

Años más tarde, traidores como Urquiza y cipayos como Mitre se encargarían de realizar la tarea encomendada por Inglaterra y Francia. Créase o no, la historia mitrista presenta en las escuelas, incluso actualmente, a la libre navegación de los ríos como una victoria argentina y olvida deliberadamente enseñar acerca la batalla de la Vuelta de Obligado.

Muy por el contrario, don Arturo Jauretche en su obra “Manual de Zonceras Argentinas” (disponible en aquí), explica que la libre navegación de los ríos fue una derrota aplastante enseñada como una victoria:

“La libertad de los ríos nos había sido impuesta después de una larga lucha en la que intervinieron Francia, Inglaterra y el Imperio de los Braganzas. Y en lo que no se había podido imponer por las armas en Obligado, en Martín García, en Tonelero, por los imperios más poderosos de la tierra, fue concedido —como parte del precio por la ayuda extranjera— por los libertadores argentinos que aliados con el Brasil vencieron en el campo de Caseros y en los tratados subsiguientes.

Entonces me pregunté qué habrían hecho los norteamericanos si alguien les hubiera impuesto liberar el Mississipi. Y los ingleses de haberle ocurrido eso con el Támesis. O los alemanes en el caso con el Elba. O los franceses con el Ródano. Y ahora pienso en Egipto con el Nilo, y así, hasta no acabar.
Se me ocurre que hablarían de la pérdida del dominio de sus ríos y que lógicamente en lugar, como nosotros, de convertir en triunfo esa liberación y darse corte con ella, habríanse dolido de esa derrota y hecho bandera del deber patriótico de retomar su dominio.

Los mismos brasileños que tanto hicieron por la “libertad” de nuestros ríos, tienen una tesis distinta cuando se trata de los ríos de ellos, aún cuando esos ríos sean el acceso marítimo a otros países. En el caso del Amazonas, sostienen la tesis inversa a la que sostuvieron en el Plata y mantienen celosamente su dominio porque entienden que “su navegación es cosa que rige el que controla su cauce inferior”.

Y esto no significa obstaculizar la navegación de los que están en el curso superior. Pero se trata de conceder a los que están en el curso superior ventajas lógicas, convenidas, producto del acuerdo entre los ribereños, cosa muy distinta a la renuncia de la soberanía como en el caso de la proclamada libre navegación, “urbi et orbi”, que es la pérdida del dominio de cada uno en la parte que le corresponde. Con lo que se ve que la mentida “libertad” que significa nuestra pérdida no es siquiera la determinada por el común uso y vecindad, sino una disposición en beneficio de las banderas imperiales ultramarinas y en perjuicio de la formación de una propia creación náutica.

También para eso se impuso al Paraguay la libre navegación después de la guerra de la Triple Alianza, porque todo es un complemento del pensamiento de los Apóstoles de Manchester que Mitre ejecutaba como instrumento de la política de los Braganza, a su vez instrumento de otra política, pero sacando ventajas propias. (…)

La libre navegación de los ríos fue una derrota argentina que nos presentan… ¡como una victoria! Y encima nos enseñan a babearnos de satisfacción y darnos corte, como vencedores, allí, justamente donde fuimos derrotados. ¿Comprenderéis ahora por qué se oculta la Vuelta de Obligado donde, a pesar de la derrota, impusimos nuestra soberanía sobre los ríos?” – Arturo Jauretche

Lamentablemente, la Constitución liberal de 1853 y sus reformas asegurarían la libre navegación de los ríos al imperialismo. Como decía Raúl Scalabrini Ortiz “el que no lucha, se estanca”. En la Vuelta de Obligado los argentinos no nos estancamos, la lucha anti-imperialista continúa en la actualidad en todos los órdenes.

Reproducimos a continación un fragmento del discurso de John William Cooke en la sesión del 7 de septiembre de 1949 -Homenaje a Saldías- en la Cámara de Diputados:

“Creemos que nuestro presente y nuestro futuro argentinos se encuentran precisamente allí en el fondo de la historia argentina. Nosotros -a diferencia de los integrantes de la oligarquía-, no creemos que todo debe ser importado. Creemos que no deben ser importados los hombres, los capitales, las ideas y los dogmas; que las soluciones nacionales se encuentran en la tierra argentina; que la fuerza de superación de este país está en el hombre de la tierra, en nuestra clase desposeída, que fue despreciada siempre por la oligarquía.

En ambas posiciones -en la de la oligarquía y en la nuestra- hay coherencia, señor Presidente. La oligarquía -algunos de cuyos hombres fueron venales, otros a los cuales San Martín calificó de felones, y muchos de ellos que creyeron de buena fe que labraban el porvenir de la patria- constituyó una mentalidad conceptual y trató de influir en el país para que todas las generaciones futuras siguiesen pensando como ellos. Eran, en realidad -y esto se puede demostrar perfectamente-, instrumentos del imperialismo extranjero.

Inglaterra nos acechó desde que nosotros conseguimos nuestra independencia política en 1810. Canning lo declaró así en cartas memorables: “América española es libre, y si nosotros sentamos rectamente nuestros intereses, ella es inglesa”.

Muchos estadistas ingleses contemplaron las grandes posibilidades que estas nuevas tierras argentinas tenían para el comercio inglés; mientras con las colonias americanas establecían un sistema de férreo monopolio de comercio -que fue el que dio origen a la revolución de los Estados Unidos-, con nosotros proclamaban el libre cambio, porque aspiraban simplemente a una sustitución, reemplazando el virreinato español por su dominación económica. Por eso reconocieron nuestra independencia y por eso favorecieron la independencia de la América española convencidos de que ellos habrían de reemplazar la dominación española por un dominio más sutil. Lo consiguieron varias veces y varias veces fueron derrotados; esperemos que ahora lo sean para siempre.

En el aspecto conceptual la oligarquía intentó siempre emponzoñar la mentalidad argentina con una serie de falsos dogmas, que los llamados grandes de las historias -los fabricantes, además, de la historia “oficial”- han venido repitiendo a través de los tiempos. Nos hablaron de capital extranjero “civilizado y progresista”, de la incapacidad nativa para la industria y para la conducción de empresas, de la necesidad de que el Estado no tuviese injerencia en las cuestiones económicas; y al mismo tiempo, al que luchó contra la oligarquía o contra los intereses que ella directa o indirectamente representaba, se lo calificó de “tirano”, de “sanguinario”, de “antiprogresista”, de “bárbaro”.

Lo mismo se hace ahora con nosotros, con los hombres que queremos reaccionar contra esa concepción falsa que sigue impresionando a los hombres, que estamos seguros, creen en la independencia económica y en la absoluta soberanía argentina.

Los dos términos del silogismo de la oligarquía son perfectamente coherentes: por un lado los dogmas históricos; por el otro los dogmas económicos; detrás de ellos el imperialismo.

Nuestra posición es inversa: creemos que solamente se puede obtener la liberación económica nacional a través de la destrucción de esos dogmas históricos falsamente fabricados. Y contra nosotros emplean los mismos recursos: se nos tilda de totalitarios, se dice que somos antidemocráticos. Seríamos totalitarios y antidemocráticos si nosotros, creyendo en la barbarie y en la tiranía de algunos hombres, siguiésemos elogiándolos; pero nos proponemos demostrar -y lo hemos conseguido si se estudia el problema objetivamente- dónde estaba la verdadera barbarie, dónde estaban las fuerzas del país y dónde los enemigos de la nacionalidad.

Todo esto es una trama coherente, y las dos posiciones, la de la oligarquía y la posición popular, están perfectamente delineadas. Nuestra postura es la más democrática, porque reivindicamos lo popular contra las fórmulas importadas del extranjero, porque reivindicamos a los hombres que fueron representación de la masa argentina contra los hombres que sólo fueron representantes de pequeños intereses del círculo; porque vamos al elogio de los caudillos que son representación del sentir nacional, en contra de la oligarquía de todos los tiempos, que solamente es la representación de sus propios intereses o de los intereses extranjeros, cubierto todo ello con el manto de los dogmas históricos y de los dogmas “democráticos” y “civilizadores”.

Afrontamos, señor Presidente, esta posición porque creemos que no es destructiva sino constructiva; no somos un grupo de perversos a la búsqueda de estatuas para tirarlas al suelo; no somos un grupo de hombres escudriñando el pasado argentino para arrojar lodo entre las figuras ya consagradas en el bronce. Repito que la verdadera clave de la historia argentina está, precisamente, en el conocimiento de nuestro pasado histórico, aunque lamentemos tener que herir a algún hombre público, a algún hombre a quien otras generaciones han rendido su tributo, creemos que únicamente destruyendo esa historia maliciosamente falseada, esa concepción completamente incoherente con la realidad nacional, podremos encarar el problema.”

Fuente: Acción Parlamentaria. Tomo I. Obras Completas de John William Cooke – Compilador: Eduardo L. Duhalde

Carta de San Martín a Juan Manuel de Rosas, 10 de julio de 1839.

Carta de San Martín a Juan Manuel de Rosas, 10 de julio de 1839.

Citado en Acción Parlamentaria. Tomo I. Obras Completas. Página 261 – John William Cooke

Cooke sobre la política francoinglesa de libre navegación de nuestros ríos durante el gobierno de Rosas. Paralelismo con la ‘libertad ferroviaria’:

“Durante esos trece años [de gobierno de Juan Manuel de Rosas], los móviles de la política inglesa y francesa, por encima de todos los eufemismos diplomáticos, fueron claros y concretos: conseguir la libre navegación de nuestros ríos y substraerlos, por consiguiente, de la exclusiva navegación argentina.
Y el país supo defender su soberanía sin recurrir a alianzas extranjeras, sin comprometer el patrimonio nacional, sin enajenar el porvenir mediante compromisos con fuerzas foráneas. Ni el bloqueo, ni el hombre, ni la carencia de fondos, ni las llamadas «campañas libertadoras», destinadas al más absoluto fracaso, doblegaron el patriotismo y la energía de la nación, en defensa de su independencia. Ni tampoco la traición de aquellos de quienes San Martín dirá: «lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer«.
Sobre la verdadera intención de la intervención francoinglesa en el Río de la Plata, ya no puede caber ninguna duda. Fue una típica expedición colonial, cuyo plan inicial consistía en imponer a la fuerza la libre navegación de nuestros ríos, es decir, sin equívocos, el dominio de nuestras vías fluviales por las dos potencias europeas aliadas, lo que finalmente equivaldría al dominio de todo el antiguo Virreinato del Río de la Plata.
Es que, en efecto, solo una política de entrega o si se quiere una política paradójicamente carente de política, puede concebir dentro de la geografía argentina, la libertad de sus ríos interiores. Una política que preceptúa tal principio, solo puede imponerse cuando las clases dirigentes están dispuestas a entregarlo todo sin preocuparse, en absoluto, de la soberanía nacional.
Para las generaciones actuales, ese concepto es absurdo, considerado racionalmente. Y, políticamente hablando, es incalificable. Pero en realidad, es el mismo principio que ha regido, desde sus orígenes en la cuestión de los ferrocarriles en nuestro país. La libertad de los ríos es, paralelamente, la libertad de los ferrocarriles. Es, en resumen, la entrega de la libertad del tráfico a las fuerzas foráneas, al margen del Estado, de nuestra soberanía y de la iniciativa nacional.” [John William Cooke en Acción Parlamentaria. Tomo I. Obras Completas. Eduardo Luis Duhalde compilador. Páginas 261-262]

Lamentablemente, luego de la derrota de Rosas en la batalla de Caseros, a través los decretos de libre navegación del traidor Urquiza (28 de agosto y 3 de octubre de 1852) y una cláusula de la Constitución de 1853, se liberaron los ríos a la libre navegación internacional.

John William Cooke - Somos una continuidad histórica

“Los que mienten hoy, son los encubridores de los que mintieron ayer. Los que agravian ahora, son los continuadores de los que agraviaron antes: bárbaro, chusma, gaucho, descamisado…
El descamisado reconoce en el montonero, en el gaucho, en las chusma, a sus hermanos de sufrimiento y de lucha…
Como hombres de la nueva Argentina somos una continuidad histórica de los hombres que auténticamente hicieron la Nación.” John William Cooke, Diputado de la Nación 1946 – 1952, referente del peronismo de izquierda

Las obras de Cooke “Apuntes para la militancia”, “La lucha por la liberación nacional” y “Peronismo y Revolución” disponibles en nuestra Biblioteca Digital

Scalabrini Ortiz - De un lado el Pueblo de la Nación, de otro los agentes extranjeros

En el día de hoy, don Raúl cumple 117 años de vida, y decimos vida porque aquellos hombres que dedican su vida a una obra, a una causa, siguen vivos en ella, trascendiendo así los limites de su propio cuerpo y existencia temporal.

Este es, sin dudas, el caso de Raúl Scalabrini Ortiz, quien allá por los años 30, indignado ante la injusticia y el sometimiento imperialista comenzara el largo camino de su lucha, que resultó fundamental para lo que hoy conocemos como Pensamiento Nacional.

Agrimensor de profesión, destacado escritor y miembro de FORJA, en él tuvimos a uno de los máximos exponentes del Pensamiento Nacional, así como al más claro denunciante de la política exterior británica para con América Latina, habiéndose dedicado a descifrar las relaciones entre ese país, sus empresas y nuestros países, sobre los cuales Gran Bretaña establecía una relación de sometimiento. Por eso Scalabrini Ortiz creía indispensable un revisionismo histórico patriota y popular, como su compañero forjista Jauretche, que apunte a reconstruir la historia propia por sobre la que nos contaron los lacayos del imperio británico.

“La reconstrucción de la historia argentina es, por eso, urgencia ineludible e impostergable. Esta nueva historia nos mostrará que los llamados “capitales invertidos” no son más que el producto de la riqueza y del trabajo argentinos contabilizados a favor de Gran Bretaña.”

Scalabrini Ortiz tuvo un interés particular por demostrar la estrecha relación entre ferrocarriles extranjeros y dependencia, como así también entre ferrocarriles estatales y soberanía. Como consecuencia de sus arduas investigaciones, fue el principal impulsor de la Nacionalización Ferroviaria, aseverando que “Comprando los ferrocarriles, compramos soberanía”. Este hecho, que fue consumado el 1° de marzo de 1948, fue un pedido expreso de R.S.O. al entonces Coronel Juan Perón en una cena en La Plata en el año 1944, escrito informalmente pero con un fuerte contenido independentista en materia económica. (Puede leerse más al respecto en nuestro artículo: “CORONEL: LE VAMOS A PEDIR LOS TRENCITOS”)

Scalabrini Ortiz sobre la magnitud del hecho de la Nacionalización Ferroviaria

Scalabrini Ortiz sobre la magnitud del hecho de la Nacionalización Ferroviaria

Pero, ¿Qué lo llevó a dedicarse a desenmascarar al tremendo imperio británico y a sus lacayos nativos?

Como escritor consagrado, y habiendo trabajado en el diario de los Mitre, Scalabrini Ortíz decide “suicidarse” en el año 1933, utilizando esta palabra al estar en conocimiento de los grandes intereses a los que se enfrentaría de ahí en más. Para graficar esto, transcribimos a continuación un texto del mismo Raúl, consultando el caso a su amigo Macedonio Fernández:

“Fue entonces que consulté el caso con el mas lúcido espíritu que he conocido en mi vida en que tantos grandes hombres he tratado. Macedonio me escuchó en silencio, tocó un rato la guitarra y después me dijo: “hay un punto en que siempre hemos sentido de manera distinta. Yo no creo más que en la pasión entre iguales. Es el único milagro del ser. Usted siempre afirma que la pasión puede depositarse en cualquier cosa, hasta en una abstracción. Quizás esta sea su vida. Solo usted puede resolverlo…”

“He allí -pensaba yo, después- el consejo de Macedonio. “Quizás sea esa su vida”. Pero esa vida constituye despojar a la vida de todo lo que burguesamente constituye la vida. Una vida con un solo objetivo en que todo lo demás esta muerto, es casi una muerte. Pensaba yo: por lo tanto, para vivir esa vida es indispensable matar todo lo que constituye para los hombres normales una manifestación de vida: la lucha de posiciones, la conquista del éxito y su mantenimiento, la pequeña vanidad, la pequeña codicia, el pequeño engreimiento… Matar todo eso… es como suicidarse. Y una noche, en el pequeño escritorio que yo tenia en la casa de madre, donde había escrito “El hombre que esta solo y espera”, tome la decisión y me suicidé. Me suicidé para mi mismo y quede convertido en puro espíritu. Las demoníacas potencias del imperio británico serian inermes para mi. Ellas tienen validez solamente sobre lo temporal, pero no sobre el espíritu y yo era solo espíritu. Mis debilidades corporales habían sido abatidas para siempre. Ese es el secreto de mi constancia. Por eso no hay derrota que pueda desalentarme. ¡Y ahora voy tras esa idea!…”

Scalabrini Ortiz - Pensamiento NacionalY a esa profunda entrega a la causa nacional es a la que debemos no solo el desarrollo de esta corriente de pensamiento, sino el descubrimiento de la realidad argentina y, posteriormente, la adopción de políticas por parte del gobierno del Gral. Juan Perón basadas en ese diagnóstico, alcanzándose como uno de los mayores logros la nacionalización de los Ferrocarriles británicos y franceses, mencionada anteriormente.

Tratar de abarcar toda su obra excedería el volumen de un simple artículo, por lo que transcribiremos un fragmento de una carta que el Gral. Perón le enviara desde Caracas en 1957:

“Su prestigio, volcado valientemente en trabajos serios, ininterrumpidos y oportunos, le ponderan hoy -una vez más- ante la argentinidad.

Los que como usted no saben pedir, pero son conscientes de sus responsabilidades, no podían dejar de contribuir con su capacidad autorizada y orientadora frente a las nuevas fuerzas de ocupación.

Usted conoce el pesado trabajo de la prédica anticolonialista. Durante muchos años -lo recuerdo bien- se encontró casi solo en el combate. La conspiración del silencio, cuando no la persecución abierta, era problema permanente que le enfrentó con la miseria -sobrellevada dignamente- mientras quebraba las energías de numerosas inteligencias argentinas. No podía exigirse un país de apóstoles “elegidos” y se presenciaba con descorazonamiento que ante la chatura del ambiente, la crueldad de la realidad ahogaba los esfuerzos por las banderas nacionales.

En fin, entre nosotros no podemos contarnos historias tan recientes. Pero hay cosas innegables de las cuales no se puede prescindir en cualquier planteo presente o futuro. A usted le cabe el honor del precursor, el formador de una promoción que alimento a la revolución nacional. Por otra parte, el merito de la popularización y realización de los principios de independencia económica y soberanía política es obra exclusivamente del justicialismo, que las vinculo estrechamente con el problema social.

Hoy, mi amigo, comprobamos con alegría que su popularidad es inmensa, porque su lenguaje y conceptos están en el pueblo y usted pude dialogar cómodamente con él. Su actitud ha sido invariable en muchos años pero, ¡que hermoso es sentirse interpretado! Está lejos el tiempo aquel en que clamaba, prácticamente en el desierto, ante la incomprensión de la masa y la indiferencia oligárquica. En un lapso maravillosamente corto se ha operado el cambio politizador y usted ya podrá continuar ininterrumpidamente ese dialogo, porque los pueblos nunca abandonan a sus verdaderos amigos”

De esta manera, queremos rendirle nuevamente homenaje a este gran luchador argentino, latinoamericano y antiimperialista, redirigiendo el pedido que el mismo Don Raúl le hiciera al entonces Coronel en 1944:

Cra. Cristina, ¡LE VAMOS A PEDIR LOS TRENCITOS! ¡ADQUIRIR LOS FERROCARRILES PARA EL ESTADO ES ADQUIRIR SOBERANÍA!

Se puede encontrar más pensamiento de don Raúl en la sección de Pensamiento Nacional en Frases, pero recomendamos fuertemente empaparse en los escritos completos de Scalabrini Ortiz, algunos de los cuales pueden descargarse gratis en nuestra Biblioteca Digital.

Scalabrini - Portada

Otra forma de expresar "Liberación o dependencia"

Otra forma de expresar “Liberación o dependencia”

Se conmemora por Ley de la Nación, el Día del Pensamiento Nacional, en homenaje a don Arturo Jauretche, que nació el día 13 de Noviembre de 1901, en Lincoln, provincia de Buenos Aires. Creemos que no es suficiente, por lo que decidimos honrar también a su amigo Raúl Scalabrini Ortiz, propulsor de la nacionalización ferroviaria y planificador de la “Argentina libre de todo imperialismo extranjero cualquiera sea la ideología con que pretenda encubrir explotación” (FORJA)

Arturo Jauretche - Pensamiento Nacional

Don Arturo, un polémico y nunca obsecuente pensador, analizó la historia y la realidad del país desde un revisionismo y una sociología nacionales. Desde esta postura, analizó la historia de la dependiencia argentina para así poder explicar la forma de pensar de ciertos sectores de nuestra sociedad. Ademas, Jauretche nos demuestra en sus obras que la colonización no es solamente económica sino también mental, a la cual llama “colonización pedagógica”.

En consonancia con sus escritos más teóricos, escribe el “Manual de Zonceras Argentinas”, en el cual a partir de la zoncera madre ‘Civilización o Barbarie”, se desprenden dichos autodenigratorios y de otras índoles que apuntan a mantener la relación de dependencia del país desde el plano psicológico.

Es así que se autodenomina el creador de las expesiones “vendepatria” y “cipayo” para aquellos individuos que están al servicio del extranjero y actúan en prejuicio de sus compatriotas y de los intereses de la Nación, que busca liberarse de la dependencia. También, en materia económica, don Arturo abogaba por la dirección de la economía por parte del Estado y por una política crediticia en favor de los argentinos, dirigiendo duras palabras fustigadoras hacia el capital extranjero y sus siervos.

El pensamiento de este patriota es en la actualidad fundamental para comprender la realidad social y política, pero también, en gran parte, psicológica de los argentinos.

“La falsificación [de la historia] ha perseguido precisamente esta finalidad: impedir, a través de la desfiguración del pasado, que los argentinos poseamos la técnica, la aptitud para concebir y realizar una política nacional. Mucha gente no entiende la necesidad del revisionismo porque no comprende que la falsificación de la historia es una política de la historia, destinada a privarnos de experiencia que es la sabiduría madre.” Arturo Jauretche

Scalabrini Ortiz - Pensamiento Nacional

Por su parte, don Raúl Scalabrini Ortiz, gran argentino de visión latinoamericanista dedicó su vida, como su amigo y compañero de FORJA, a luchar por la independencia económica y la soberanía política.

Agrimensor de profesión, destacado escritor y miembro de FORJA, en él tuvimos a uno de los máximos exponentes del Pensamiento Nacional, así como al más claro denunciante de la política exterior británica para con América Latina, habiendo dedicado años a descifrar las relaciones entre ese país, sus empresas y nuestros países, sobre los cuales Gran Bretaña logró establecer una relación de sometimiento.
Scalabrini Ortiz tuvo un interés particular por demostrar la relación entre ferrocarriles extranjeros y dependiencia, es así que escribió varias obras sobre materia de ferrocarriles. Como consecuencia de sus investigaciones, fue el principal impulsor de la nacionalización ferroviaria, aseverando que “Comprando los ferrocarriles, compramos soberanía”.
Las referencias que pueden hacerse a este gran pensador son casi infinitas, pero para conmemorarlo en el día de hoy, afirmamos que sigue presente a través de sus palabras, de su lucha y encarnado en los que hoy defienden las grandes Causas Nacionales y en la lucha contra el imperialismo, cualquiera sea su bandera.

“Desalojemos de nuestra inteligencia la idea de la facilidad. No es tarea fácil la que hemos acometido, Pero no es tarea ingrata. Luchar por un alto fin es el goce mayor que se ofrece a la perspectiva del hombre. Luchar es, en cierta manera, sinónimo de vivir: Se lucha con la gleba para extraer un puñado de trigo. Se lucha con el mar para transportar de un extremo a otro del planeta mercaderías y ansiedades. Se lucha con la pluma. Se lucha con la espada. El que no lucha, se estanca, como el agua. El que se estanca se pudre.” Raúl Scalabrini Ortíz

 

Podemos escribir cientos de artículos homenajeando a nuestros patriotas, pero creemos que la mejor manera de rendirles honores es militando por la Liberación Nacional y de la Patria Grande y difundiendo el pensamiento de nuestros pensadores de la emancipación.

En nuestra Biblioteca Digital están disponibles gratiutamente para descargar obras de Jauretche y Scalabrini, entre otros autores.

Raúl Scalabrini Ortiz sobre la inversión extranjera en la historia argentina

“La reconstrucción de la historia argentina es, por eso, urgencia ineludible e impostergable. Esta nueva historia nos mostrará que los llamados “capitales invertidos” no son más que el producto de la riqueza y del trabajo argentinos contabilizados a favor de Gran Bretaña.”

Raúl Scalabrini OrtizComo siempre, más claro imposible. Un saludo a este compañero en su cumpleaños Nº 115. Raúl Scalabrini Ortiz ¡siempre presente!