Un cuentito sobre peronistas, psicoanalistas, nazis y judíos para irse a dormir- Por Federico Niemetz

Rodolfo Freude

Quizás la mejor caracterización para distinguir el sustrato del peronismo de las bases del nazismo lo haya dado Freud en “Psicología de masas y Análisis del yo” cuando en sus primeros párrafos polemiza con las concepciones degradantes de las masas del -tiempo después- asesor del tercer Reich, Gustave Le Bon. Y es que si las casualidades no existen, el hecho de ser la Argentina el país del peronismo y el país más psicoanalizado del mundo no es un dato baladí. Algo más que la concurrencia territorial debe unir al psicoanálisis y al peronismo. Sobre esa bases entonces surge la indomable pregunta ¿tuvo algo que ver Freud con el surgimiento del peronismo? ¿Llegó Freud a la Argentina?

De averiguaciones alrededor de estos cuestionamientos íntimos aparece una hipótesis disparatada, alocada pero que abre el camino de la imaginación.

Un secretario privado del General Perón, luego jefe de informaciones, se llamaba Rodolfo Freude ¿coincidencia? Freude era hijo de un inmigrante alemán llamado Ludwing Freude de cuya procedencia poco se conoce. ¿Habrá pasado Freude por Viena? ¿Cambió su apellido de Freud a Freude? Lo cierto es que fuera de la Argentina, Freude es un apellido poco común, a diferencia de los Freud que proliferan en Europa y Estados Unidos. ¿Habrá sido uno de esos tradicionales cambios de apellido en la aduana Argentina? ¿O quizás una intentona de borrar su identidad judía de un germanófilo que luego ofició de embajador paralelo de la Alemania nazi en la Argentina?

Hasta acá, puras especulaciones desvariadas; pero hay un nombre que no cuaja en la historia. Cuando Perón arriba al gobierno, Freude hijo asume, con solo 23 años, como secretario privado (algunos dicen que era más una suerte de custodio extraoficial) gracias a su vínculo con Juan Duarte (a quien, según allegados a Evita, terminaría asesinando) y debido al rol de espía y embajador alemán paralelo de su padre, crea la comisión de allegados que tendría la misión entre 1946 y 1949 de recibir fugitivos nazis y acomodarlos en la Argentina. De los 22 mil documentos que recopiló la DAIA sobre el rol de la comisión de allegados para el año 1997, se destaca la confirmación del refugio de decenas de militares alemanes, belgas, algunos franceses, etc.

Aquí aparece el nombre que no cuaja, el del Dr. Mariano Barilari, un médico psiquiatra argentino/italiano acogido por los Freude. La versión oficial tilda a Barilari de cómplice de Mengele y sostiene que fueron compañeros en la Universidad de Heidelberg, pero Barilari era 20 años mayor que Mengele y egresó de la casa de altos estudios cuando Mengele era solo un bebé. Otro dato que hace ruido es que su estadía en Alemania fue previa al arribo de Hitler al poder y demasiado breve como para haber logrado participar en las más altas esferas de los experimentos nazis. Así mismo, el área de conocimiento de Barilari eran el psicoanálisis y la hipnosis; disciplinas poco útiles para el Dr. Muerte. ¿Cómo un hombre sin vínculo suficiente conocido con el nazismo recibió la venia de Rodolfo Freude para expatriarse en la Argentina y recibir una casa en las cercanías de Bariloche? Como digo, la versión hace agua por todos lados.

Lo que si cuadra es que Barilari fue, junto con Theodor Reik, una suerte de discípulo de Sigmund Freud con quien compartió experiencias académicas, profesionales y personales. ¿Habrá conocido Mariano Barilari a Ludwing Freude en Europa allá por el 1920 gracias a Sigmund Freud? ¿Habrá sido una cagada no vinculada a la guerra (¿quizás una infidelidad?) lo que obligó a Barilari a escapar de Italia? ¿Habrá sido gracias a conocer a Freude que Argentina fue su destino elegido? En su retorno a la Argentina, Barilari ya jubilado se recluyó al encierro, dejó el ejercicio de la psiquiatría y se dedicó a la pintura. Jamás habló sobre vínculos nazis, jamás se corroboró la visita de Mengele y, por el contrario, recibió la visita de prolíficos artistas entre los que se encuentra el mismísimo Picasso.

En una entrevista realizada a su esposa en el año 2016, la Sra. Sylvette Badessich niega terminantemente lo de Mengele y confirma la amistad entre su marido y Freud; pero lo más llamativo es que declara que fue ayudado a ingresar al país “por un judío”, lo que lo llevó a tener siempre una gran estima por los practicantes del judaísmo. ¿Quién era ese judío? ¿Se refería a Freude?

Por su parte, Rodolfo Freude, se distanció rápidamente de Perón y perdió su puesto a los pocos meses. Desde allí comenzó una carrera empresaria ligada a los negocios de su padre llegando a ser propietario de una fábrica de autos, una inmobiliaria y una constructora y teniendo un leve recontacto con la política durante el gobierno de Frondizi gracias a su amistad con el ministro Roberto Alemann. Falleció como magnate de la construcción en el año 2003 sin decir una sola palabra sobre Perón y los refugiados nazis.

La ucronía de los herederos de Freud construyendo el ala nazi del peronismo es delirante, quizás hasta psicótica, pero sumamente útil en el terreno de la fantasía, de la ficción, del relato, para crear un nuevo capítulo de la relación entre peronismo y psicoanálisis. La disparatada idea sobre los presuntos orígenes judíos e intelectuales de dos empresarios germanófilos peronistas versaría una vez más sobre las contradicciones genéticas del peronismo, mientras que pensar una familiaridad de Freude con el psicoanálisis alimentaría el morbo sobre su batalla a muerte con Evita ¿Será que Freude pasaba las tardes con Perón y Evita las noches? ¿Será que uno era el Ello de Perón y otro el Superyó? ¿Será que la Argentina peronista y psicoanalizada es una simple causalidad?

Niemetz Federico

 

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