Ferrari, Libertario (1912 – 1947) – Biografía

LIBERTARIO FERRARI (1912 – 1947)

Nace en Buenos Aires, en el barrio de Caballito, en 1912, en una familia donde su padre –don Tomás- levanta ideas anarquistas y de allí, el nombre con que lo designan: Libertario. Conoce desde su infancia los rigores y angustias de los trabajadores, desempeñándose en diversas tareas. Hacia 1940, ingresa como peón en la vieja “Compañía Primitiva de Gas”, de capital británico, donde su entusiasmo y capacidad lo convierten en delegado. En asambleas, huelgas y reuniones intersindicales realiza su aprendizaje gremial. Al mismo tiempo, concurre al sótano de FORJA, donde Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz formulas las bases fundamentales para desarrollar una conciencia antiimperialista, bajo el lema “Somos una Argentina colonial. Queremos ser una Argentina libre”.

Su primera militancia sindical se produce en la Agrupación de Obreros y Empleados de Gas y luego pasa a revistar en ATE.

A partir de 1943, como tantos otros, se interesa vivamente por la política social que empieza a desarrollar el coronel Perón desde la Secretaría de Trabajo y Previsión. Los días decisivos de octubre de 1945, lo encuentran como figura importante de ATE, por lo cual es designado para representar al gremio, junto con otros tres compañeros: Conditti, Alpuy y Tesorieri, en la reunión del Comité Central Confederal. Ésta se realiza el 16 de octubre de 1945, al atardecer, teniendo como eje principal ratificar o rechazar el paro general que ya ha dispuesto la Comisión Administrativa de la CGT, con motivo de la renuncia y detención del coronel Perón.

A fin de consolidar su posición para dicho debate, conversa, la noche anterior, con Arturo Jauretche, analizando la situación política conflictiva que está viviendo la Argentina y la posición del movimiento obrero frente a la misma.

En la mencionada reunión sindical del 16 de octubre, los ferroviarios, la delegación más numerosa, se inclinan por una posición moderada, oponiéndose a toda medida de fuerza. La intervención de Libertario Ferrari adquiere entonces enorme importancia pues la solidez de sus argumentos, como también su mayor profundidad política, influyen decididamente sobre la asamblea obrera. Allí sostiene:

“Ayer, cuando se tomó la resolución de declarar la huelga general, en principio, en la reunión de la Comisión Administrativa dije que la huelga sería hecha en defensa de las conquistas obreras y contra la oligarquía que había ganado una posición de privilegio en el gobierno… Ahora se arguye que no hay razones para declarar la huelga general y que no puede ser motivo el pedido de libertad del coronel Perón. Yo pregunto: ¿y la negativa de los patrones a pagar el 12 de octubre y a otorgar las vacaciones?, ¿y la campaña que hace la prensa enemiga de la clase obrera?, ¿y la información que dan los diarios sobre los posibles integrantes del gabinete nacional, conspicuos miembros de la oligarquía todos ellos?, ¿y la prisión del coronel Perón?… Dentro de poco, seguiremos nosotros el mismo camino, pues no debemos olvidar que si Ávalos se proclama amigo de Perón, Vernengo Lima es enemigo acérrimo de aquél y de nosotros, y a mi juicio, tiene más influencia en el gobierno Vernengo Lima que nadie, porque cuenta con el apoyo del capital y la oligarquía… En concreto, la situación sería ésta: Ávalos está con Perón y Vernengo Lima está contra Perón. Me parece entonces que nuestra actitud va a reforzar la posición del primero y tendrá como consecuencia inmediata la libertad del coronel y el aseguramiento de todas nuestras conquistas. Tenemos que aprovechar este momento excepcionalmente favorable para nosotros…”

Al producirse la votación, la delegación de ATE se divide: de los cuatro integrantes, José Tesorieri se encuentra ausente mientras Aniceto Alpuy vota contra la huelga. En cambio, Libertario y Cecilio Conditti apoyan la huelga. La moción por la cual declara paro general para el 18 de octubre triunfa por 16 votos contra 11.

Al constituirse, poco después, el Partido Laborista y confeccionarse la lista de candidatos a diputados, para las elecciones del 24 de febrero, Libertario rechaza toda nominación, a pesar de la insistencia de sus compañeros: “Mi lucha está en el campo obrero”.

Meses después, en abril de 1946, es designado integrante de la delegación argentina a la Tercera Conferencia Interamericana del Trabajo, a realizarse en Méjico. Llegados a la tierra azteca, los representantes argentinos son advertidos por un viejo luchador anarquista –Simón Radowitzky, aquel que ajustició al Jefe de Policía, coronel Ramón Falcón, en 1909, por la matanza de Plaza Lorea- de que la entente Estados Unidos-Unión Soviética se expresa en el acuerdo entre dirigentes de la Federación Americana del Trabajo (Yanqui) y el Partido Comunista mejicano, representado por el gremialista Lombardo Toledano, para no reconocer a los representantes argentinos. El 4 de abril de 1946, Toledano propone la exclusión de Ferrari y de sus compañeros. En sesión secreta se priva de voto a nuestra delegación. Libertario denuncia la maniobra y rechaza las calumnias esgrimidas –el gobierno presuntamente fascista de la Argentina- reivindicando el carácter democrático del mismo, elegido en elecciones libres y apoyado por la clase trabajadora.

En sus declaraciones califica de “burócratas” y “ladrones” a los dirigentes de la Federación Americana del Trabajo.
En la noche del 10 al 11 de junio de 1947, fallece en un accidente producido en Natal, Brasil, al caer el avión de FAMA que lo conducía a Ginebra, junto a otros compañeros de la CGT.

Arturo Jauretche, bajo el seudónimo Juan Fabriquero, escribió los siguientes versos, en la revista “Descamisada”, del 15/05/1946, recordando el incidente de Ferrari y sus compañeros, en el congreso amañado por Toledano:

A LIBERTARIO FERRARI

Salú, salú, Libertario,
embajador sin camisa
que al congreso proletario
le jugaste la precisa.

Era una banca tupida
de vivos y de pequeros
que laburaban de obreros
sin laburar en su vida.

Vos entraste, Libertario
con cara de punto al bardo
y al verte, dijo Lombardo:
¡Ya mordió el yeite, el otario!

Y al argentino laburo
entró a cargar con escombro…
creyendo llevarte al hombro,
¡te trabajaba de apuro!

En eso alzaste la mano
mostrando tus duros callos:
a que este palo está fallo,
le gritaste a Toledano.

¿De qué trabajo me hablás?
Serás punto filipino
pero a un obrero argentino,
Lombardo, no lo pasás.

Tu laburo proletario
no encuentra, en mi tierra, giles.
Allá hay pequeros a miles
y todos tienen prontuario.

Y si te pido los callos
es porque sos licenciado
y sólo habrás trabajado
algún primero de mayo.

Buscándolo al inventor
del trabajo que en su fuga
ese día no la yuga
porque él es trabajador.

Salú, salú, Libertario
embajador sin camisa
que al congreso proletario
le pusiste la precisa
¡Se acabaron los otarios!

Fuente: NORBERTO GALASSO – LOS MALDITOS – VOLUMEN I – PÁGINA 85. Ediciones Madres de Plaza de Mayo