La entrega de los recursos naturales a la Corona Británica. Una historia que se repite – Por Juan Francisco Natalizio

Imagen: El Canciller Jorge Faurie junto a su par británico Jeremy Hunt

El 13 de septiembre del 2016, Cancillería dio a conocer un nuevo comunicado conjunto entre Argentina y Gran Bretaña. Desde entonces, desde diferentes espacios, se denunció tal acuerdo como una entrega de soberanía, situación que es real. Dicho “comunicado conjunto” continúa una larga historia de  tratados,  pactos y acuerdos que lesionan los intereses nacionales.

Imagen: El Canciller Jorge Faurie junto a su par británico Jeremy Hunt

Podríamos mencionar el “Acuerdo de amistad, comercio y navegación” de 1825, así como el pacto Roca-Runciman de 1933. Mediante ellos, Gran Bretaña logró un fuerte control de la política y de la economía argentina y desplegó una fuerte influencia cultural. Pero no es la intención de esta nota desarrollar aquellos acuerdos; nos interesa, en cambio, centrarnos en los de las últimas décadas.

La recuperación de las Islas Malvinas, el 2 de abril de 1982, y luego el enfrentamiento entre ambos países congeló las relaciones bilaterales. Durante la presidencia de Raúl Alfonsín hubo intentos por restablecerlas pero esto no fue posible. El 8 de julio de 1989 Carlos Saúl Menem asumió como presidente y no tardó mucho en lograr un acuerdo con Gran Bretaña.

Las relaciones carnales

Se afirma y se repite que durante la década de 1990 Argentina tuvo relaciones carnales con Estados Unidos. Como siempre, Londres consigue quedar en las sombras mientras saquea nuestros recursos naturales, a menudo con el aval de Gobiernos argentinos. En efecto, las “relaciones carnales” durante los 90 fueron no solo con Estados Unidos sino también con Gran Bretaña.

El Presidente Menem en Londres junto a la Reina Isabel II. 1998

El 19 de octubre de 1989, se emitió un nuevo “comunicado conjunto”,  mediante el cual la Argentina y Gran Bretaña retoman relaciones. En este primer comunicado conjunto pos Conflicto  apareció el “paraguas de soberanía” que implicaba que ambos gobiernos podían discutir y acordar asuntos sobre el Atlántico Sur y otros asuntos sin renunciar al reclamo de soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y el mar circundante. Pero en los hechos, a partir de ese momento la Argentina renunció al reclamo de soberanía y acordó con el usurpador, quien logró consolidar sus intereses en estas latitudes. Desde octubre de 1989, Gran Bretaña le podía mostrar al mundo que, en un territorio en disputa, ellos dominaban no solo militarmente sino también con un acuerdo que había logrado firmar con el país en litigio.

En febrero de 1990 Argentina firmó la verdadera rendición del Conflicto del Atlántico Sur bajo la forma de, como no podía ser de otra manera, comunicado conjunto. Este segundo comunicado conjunto se firmó durante el primer gobierno de Carlos Menem.  Quizás uno de los comunicados  con mayores consecuencias no sólo militares sino también geopolíticas. Sobre este acuerdo el Doctor en Relaciones Internaciones David Pellicer remarca: “Provocó la apertura de inversiones, sobre todo a los británicos, que trajeron un bienestar económico pasajero y unas tremendas ganancias a las empresas extranjeras, ganancias dolarizadas que marcaron la llamada fiesta de los 90 y que, en definitiva, permitieron, por ejemplo, la Ley de inversiones mineras que hoy produce un verdadero saqueo de cobre, oro y plata”. Es decir, las garras imperialistas cruzaban las Islas Malvinas para clavarse en la Cordillera.

De aquel comunicado conjunto haremos mención al punto  4 que dice:

La Delegación británica anunció la decisión de su Gobierno de dejar sin efecto la Zona de Protección establecida alrededor de las Islas Malvinas (Falkland Islands).

Dicho de otro modo, dejó de existir la “zona de exclusión” creada durante el Conflicto de 1982 donde buques y aviones (militares o civiles) podían ser atacados. El Gobierno argentino hizo de esto un gran triunfo, pero era una derrota.

El imprescindible libro Los tratados de Paz por la Guerra de las Malvinas. Desocupación y Hambre para los Argentinos de Julio C. González, afirma al respecto:

Este artículo, que fue publicitado como un logro del gobierno argentino, exhibe en cambio una supremacía total de Gran Bretaña sobre el territorio de nuestro país y una hegemonía no disimulada sobre la conducción política e institucional de la Argentina. En efecto desde el momento en que Inglaterra adquiere el derecho de Controlar todos los actos de las Fuerzas Armadas de la República Argentina (conforme lo establece el artículo 52 A — B y C del Tratado) es innecesario que se mantengan efectivos militares, navales y aéreos de Gran Bretaña para defender a las Islas Malvinas de un eventual ataque de las Fuerzas Armadas Argentinas.

Con esta estipulación el Tratado ha reconocido lisa y llanamente el derecho posesorio inglés sobre el Archipiélago de Malvinas (2004, página 66).

Gran Bretaña sostuvo que dejaba de existir la “zona de exclusión”, pero esto no fue real ya que todo avión y buque que pasara por esa zona debía notificar previamente a Gran Bretaña. Además quedaba establecida una zona de pesca: este fue el gran triunfo de la corona británica ya que de esta manera pasaron a tener el control de los recursos ictícolas.

La entrega de soberanía continuó bajo el mismo formato: comunicado conjuntos. Estos acuerdos sólo favorecieron  los intereses de la Reina Isabel II. A través de acuerdos de pesca y petróleo, la economía de las Islas se convirtió en uno de los mayores PBI per cápita de América Latina. Los grupos económicos se consolidaron rápidamente logrando el monopolio de la pesca y una depredación sin control, con sus consecuencias. Además, durante esos años los británicos avanzaron con la exploración de los hidrocarburos.

Un freno a los Comunicados Conjuntos

La consolidación del usurpador y el saqueo en el Atlántico Sur no se frenó hasta el día de hoy. Pero durante 12 años hubo una política que intentó contrarrestar los acuerdos firmados durante el menemismo e inclusive muchos se dieron de baja. Con la llegada de Néstor Kirchner a la Casa Rosada no hubo más “comunicados conjuntos”.  Además, el kirchnerismo denunció las políticas británicas en nuestras Islas del Atlántico Sur y adyacencias.

En el al año 2010, se realizó en la Universidad Nacional de Lanús (UNLa) el Primer Congreso Latinoamericano Malvinas, una causa de la Patria Grande, organizado por el Observatorio Malvinas de dicha institución. Se desarrolló del 28 al 30 de septiembre y fue declarado de Interés Nacional por la Presidencia de la Nación. Asistieron al encuentro pensadores, diplomáticos, políticos, periodistas y sindicalistas de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, México, Paraguay, Uruguay y Venezuela, además de docentes de la UNLa y veteranos de guerra. En dicho encuentro, Guillermo Rossi se pronunció sobre los acuerdos de la década del 90 y el nuevo rumbo político adoptado:

(…) Como ellos hacen y siguen haciendo su propia política desentendiéndose de los acuerdos con nosotros, en 2005 pusimos término a esta supuesta cooperación en materia pesquera, donde en el colmo de los absurdos llegábamos a poner hasta nuestros propios barcos de investigación y nuestros propios científicos para investigarles a ellos los recursos pesqueros. En doce años, entre 1993 y 2005, ellos jamás se tomaron la molestia de traer un barco de investigación pesquera. Y eso que cerca de la zona oriental de Inglaterra tienen en Lovestoft, uno de los institutos pesqueros más acreditados del mundo (..) (Página 142).

Gran Bretaña obtuvo una información valiosísima de parte de la Argentina. Con los estudios científicos realizados en nuestro mar, el usurpador pasó a tener conocimiento de los recursos allí disponibles, en especial del calamar. Con estos datos, los ingleses comenzaron a restringir la cantidad que podíamos pescar en nuestro mar y así asegurarse la llegada del recurso al área que ellos controlan.

Durante el kirchnerismo, no se pondría fin solo a la cooperación pesquera sino también a la explotación de hidrocarburos. Federico Bernal, director del Observatorio OETEC, en su libro Malvinas y Petróleo. Una historia de piratas, señala lo siguiente en relación al acuerdo de hidrocarburos:

A los pocos días del acuerdo de 1995, los kelpers concedieron 12 contratos de las 19 áreas en licitación a la que se presentaron cerca de medio centenar de compañías. El único consorcio excluido de la compulsa fue el de YPF (recientemente privatizada) con British Gas. Un año después, los isleños siempre fieles a sus “deseos” e “intereses”, llamaron unilateralmente a licitación para iniciar las tareas de exploración y explotación al norte y sur de las islas. (2011: página  85)

El 27 de marzo del 2007, el canciller Jorge Taiana dio por concluido el acuerdo. Por supuesto los británicos no frenaron su campaña por los hidrocarburos. Para contrarrestar la prepotencia inglesa, en el 2013 fue promulgada la Ley 26.195 que impuso penas de prisión de cinco a diez años y multas equivalentes a entre 20 mil y 100 mil barriles de petróleo e inhabilitación especial a quien encargue o realice “por cuenta propia o de terceros, cualquier actividad de búsqueda de hidrocarburos mediante la exploración en el lecho o en el subsuelo del mar territorial o en la plataforma continental argentinos”.  Argentina tomaba medidas soberanas.

El retorno de un gobierno PRO británico

Londres festejó el triunfo electoral de Mauricio Macri, a la Casa Rosada volvía un representante de la corona británica. El gobierno comenzó una nueva etapa de las relacionas carnales con Gran Bretaña. Entre ellas podemos mencionar el “comunicado conjunto” del  13 de septiembre del 2016, que en definitiva implicó una continuidad de todos los acuerdos firmados bajo los gobiernos de Menem.  Nuevamente se fomentó la cooperación científica, orientada a “remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos”. En dos renglones se retomaban varios “comunicados conjuntos” y este nuevo acuerdo tendría una gran provocación “Ambas partes enfatizaron los beneficios de la cooperación y de un compromiso positivo de todos los involucrados”.

En Twitter festejaron el triunfo de Macri

Las políticas de Mauricio Macri son una mezcla de las de Bernardino Rivadavia y las de Carlos Saúl Menem: deuda y acuerdos con los británicos.  Londres, que nunca es lento para aprovechar los momentos políticos, va por más. Ya logró retomar los acuerdos de la última década del siglo pasado, retomando todo el control de los recursos naturales en el Atlántico Sur con el aval de Argentina. Pero esto no es suficiente, los ingleses reflotan acuerdos de 1971. El canciller Jorge Faurie viajó a Londres para reunirse con su colega Jeremy Hunt y participar de una conferencia sobre América Latina en Chatham House, entre otras actividades políticas y económicas.

Entrevista de Clarín del 24 de octubre de 2018

Como bien  dice la nota de Clarín “como antes de la guerra” y ¿a qué se refiere? A un Comunicado Conjunto de 1971

Recordemos que en 1965 se aprobó en las Naciones Unidas la resolución 2065, uno de los mayores triunfos diplomáticos de la República Argentina. Tiempo después ambos países comenzaron negociaciones. En agosto de 1968 se logró el borrador de un “Memorando de Entendimiento sobre la cuestión Malvinas” donde se establecía que los ingleses aprobarían la transferencia de soberanía. En ese momento apareció un lobby fuerte por parte de grupos económicos británicos en el Atlántico Sur, logrando que el gobierno inglés desista de las negociaciones con Argentina. Desde entonces hubo un estancamiento en las mismas.

Desde Argentina se intentó avanzar y se puso como estrategia romper el aislamiento que sufrían los kelpers, pues Londres tenía a sus ciudadanos en completa marginalidad; inclusive los nacidos en Malvinas no eran considerados ciudadanos británicos. Gracias a dicha estrategia se firmó el “comunicado conjunto de Buenos Aires”, del 1 de julio de 1971, mediante el cual se empezaba a implementar la “tarjeta blanca”: se dejaba de lado el pasaporte y todos los que viajen entre las islas y el continente necesitarían la tarjeta blanca.

 

Pero el mayor logro de aquel comunicado conjunto fue la instalación de empresas del Estado argentino en Malvinas. Rubén Oscar Moro, uno de los mayores especialistas de la Cuestión Malvinas, en su libro Historia del Conflicto del Atlántico Sur, dice:

La Argentina se comprometió a establecer enlaces aéreos y marítimos, brindar facilidades para la salud y educación de los isleños, prestar asistencia técnica y logística y constituirse en proveedor –a precio reducidos- de combustibles líquidos y gas envasado. Debería además construir una pista en las proximidades de Puerto Stanley –capital de las islas- para posibilitar los vuelos regulares  (Página 53).

Moro agrega:

Ello promovió el caso de estoppel a un grado mayor de responsabilidad, ya que indujo a la Argentina a una amplia política de gastos en infraestructura y comunicaciones con las islas, a un costo superlativo, haciendo incurrir al Reino Unido en el mucho más grave jurídica y éticamente caso de estoppel de propiedad (Página 53).

De esta menara se iniciaron los vuelos del continente a las Islas con los aviones anfibios Albatros. El 15 de noviembre de 1971 se inauguró el Stanley Airport, construido por la Fuerza Aérea Argentina. Ese día las dos banderas flamearon en Malvinas

Los habitantes de las Islas Malvinas mejoraron su calidad de vida gracias al Estado argentino. No solo se conectó a las Islas con el continente, además se instaló YPF.

1982. Un depósito de YPF, que ya no existe en las islas. (Miguel Durán) (Publicada en La Voz)

Pero esta presencia Argentina, verdaderos actos de soberanía, hacía que las islas tuvieran una mayor dependencia del continente, lo cual comenzó a afectar a los grupos económicos británicos que necesitaban contrarrestar esto. Con el triunfo de Margaret Thatcher, en 1979, su preocupación aumentó ya que la “Dama de Hierro” llevó a cabo una fuerte política de ajuste que aspiraba a descolonizar -por una cuestión de gastos no de antiimperialismo- varios territorios; además, en 1981 el gobierno de Londres decidió desmantelar a la Royal Navy, incluyendo el HMS Endurance, buque que operaba en el Atlántico Sur y no tendría reemplazo. Ante esta situación comenzó una propaganda para utilizar en su favor el caso de los obreros de Constantino Davidoff. Este  empresario había comprado a Christian Salvensen Co. de Edimburgo, el material que se encontraban en las Georgias del Sur. Una vez que los obreros argentinos desembarcaron en  las Georgias del Sur las acciones de presión para lograr torcer el brazo de Londres aumentaros, con el objeto de romper toda idea de “negociación”  con la Argentina por las Islas Malvinas. La operación fue tan fuerte, también operada por la Royal Navy, que produjo el desembarco militar argentino.

El Conflicto del Atlántico Sur  de 1982 interrumpió los avances que se estaban logrando con el “comunicado conjunto” de 1971. Pero es una lectura simplista responsabilizar únicamente a la Dictadura Genocida.  Aquel desenlace tuvo una gran implicancia esos grupos económicos que hoy están operando en el Atlántico Sur y necesitaban cambiar la política británica con respecto a Malvinas a fin de desarrollar sus actividades tanto en hidrocarburos como en pesca. Ese cambio de postura también implicaba una decisión definitiva que Londres nunca negociaría la soberanía.

El saqueo

Federico Bernal asegura que el gran impulsor del interés británico por los hidrocarburos fue Colin Phipps: “El geólogo enviado por la Pérfida Albión en 1975 con el objetivo de investigar la presencia de crudo en Malvinas es un emblemático y contundente ejemplo del origen del interés británico por el petróleo de las islas. Sus reportes de 1977 confirmaron el potencial petrolero de las islas; en 1982 participó de la reunión de gabinete en la que M. Thatcher decidió declarar la guerra a la República Argentina; y en 1996 fundó Desire Petroleum, la empresa que contrató la plataforma semisumergible que perforó en busca de crudo alrededor de las islas”.

Los grupos económicos británicos necesitaron de los acuerdos entre Gran Bretaña y Argentina, que lograron con Carlos Sául Menem, para obtener las inversiones necesarias y operar con tranquilidad y sin obstáculos. Desde el 2003 al 2015 se dieron por finalizados algunos de esos acuerdos, pero los británicos ya habían consolidado sus garras y eso no los frenaría. En pesca, el gran negocio del Atlántico Sur, vendieron licencias, esto casi no se denuncia y tampoco se sanciona a los países o empresas que compran las licencias: ¿de esta manera se está reconociendo soberanía británica?, ¿hay leyes para denunciar la venta de licencias en una zona en disputa?, ¿se puede imponer multas a las empresas que pescan allí?

En hidrocarburos los británicos tampoco se detuvieron, pero, como mencionamos, en el 2013 se promulgó la Ley 26.195 y demostró ser efectiva –al menos en parte-. En el 2015 el Estado argentino denunció penalmente a cinco empresas que operaban en el Atlántico Sur y este año se vieron los resultados.

Los “comunicados conjuntos” hay que denunciarlos, en especial el del 2016, ya que estos no traen ningún beneficio para la Argentina y solo consolidan la posición del usurpador. Pero más importante es avanzar con medidas soberanas que dificulten la presencia de los británicos y en  especial afecten sus negocios. Lograr más vuelos del continente a Malvinas es un pedido reiterado de la Corona británica y esto es para bajar los costos. Más vuelos es más conectividad con el continente ¿qué beneficio trae para nuestro reclamo? Ninguno. Pero, con más vuelos, Londres logra que las Islas no estén aisladas y romper esos 12.686 km que separan Malvinas de Gran Bretaña. Además, más vuelos representan mayores ingresos al archipiélago ya que fomenta el turismo, otro de los grandes negocios.

Se deben tomar decisiones soberanas. Denunciar, multar y perseguir a las empresas que pescan en el Atlántico Sur. Lo mismo con las empresas que intentan la explotación de hidrocarburos. En este sentido, el especialista Federico Bernal lo propuso el 2 de abril del 2018 en su excelente informe: Petróleo en Malvinas: el crucial 2018 para la gran usura hidrocarburífera colonialista (o su gran bloqueo).

El único banco que opera en Malvinas, con las dos petroleras británicas posicionadas allí, es el Standard  Chartered y tiene sede en Buenos Aires. Nosotros creemos que habría que expulsar a este banco o por lo menos sancionarlo.

Pero una de las decisiones estratégicas del Estado argentino por las Islas del Atlántico Sur sería recuperar e impulsar una política pesquera y un desarrollo soberano de nuestro mar. No se puede seguir señalando con el dedo mientras no ocupamos el espacio que nos pertenece.

 

Por Juan Franscisco Natalizio / Malvinas Causa Central

Fuente: Megafón UNLa

 

Fuentes

OETEC

http://www.noticiasenvuelo.faa.mil.ar/articulos.asp?idn=1941

https://www.argentine-embassy-uk.org/PDFs/Lista_Acuerdos_esp.pdf

http://tratados.mrecic.gov.ar/tratado_archivo.php?tratados_id=14514&tipo=1&id=4837&caso=pdf

http://www.oetec.org/nota.php?id=%203157&area=%201

 

 

Fuente: Me

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